2020 será el año del vuelco de América Latina

América Latina pide ayuda para lograr las metas de París (image: MoyanBrenn).

2020 será el año del vuelco de América Latina

Los años que anteceden al 2020 son cruciales para América Latina. Las previsiones indican que la próxima década registrará las mayores tasas de crecimiento del mundo en las ciudades de la región, la población en edad activa será mayor que la de jóvenes y de la tercera edad y la economía regional tendrá estará bien posicionada en el escenario mundial, como indica un informe del centro internacional Woodrow Wilson financiado por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).

Al mismo tiempo, si todo sale como esperado en la Conferencia del Clima de París, el 2020 será el año en el cual el acuerdo global que limita las emisiones de gases de efecto invernadero empiece a tener validez. Hasta aquel momento, la expectativa es de que todo el planeta experimente una transición hacia una economía de bajo carbono, es decir, que toda la producción de energía, productos y alimentos adopte procesos con baja emisión de gases de efecto invernadero.

“Los países deben efectuar cambios transformadores que involucren a todos los sectores. Si logran hacerlo de modo correcto, será una oportunidad para que los gobiernos incrementen la generación de empleos y abran nuevos mercados que traigan crecimiento económico”, analiza Amal-Lee Amin, jefe de la División de Cambio Climático y Sostenibilidad del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Una parte importante de la solución se encontraría en el involucramiento efectivo de los ministerios que se ocupan del presupuesto, lo que se traduciría en acciones para mitigar el cambio climático, como por ejemplo, inversiones en fuentes de energía renovables. “Es necesario garantizar que el dinero para financiar dicha transformación fluya a gran escala y no en proyectos aislados, uno por aquí y otro por allá. Es necesario obtener financiamiento para garantizar un cambio sectorial, además de políticas y regulaciones que atraigan inversiones del sector privado”, especifica Amin.

Por otro lado, muchos países de América Latina no estarán en condiciones de promover tal transformación solos. Por ejemplo, en el Caribe, naciones como Haití, Jamaica y República Dominicana están entre las más pobres y más vulnerables al cambio climático.

“Entiendo que los países latinoamericanos están muy preocupados con la cuestión del acceso a los fondos internacionales de financiación. Ellos cuestionan si los países desarrollados cumplirán lo prometido para financiar especialmente acciones de adaptación. Mitigar es el tema principal, pero adaptarse también es importante”, afirma Lisa Viscidi, directora del Programa de Energía, Cambio Climático e Industrias Extractivistas del centro de estudios Inter-American Dialogue, con base en Washington.

Para los países caribeños, la falta de una estrategia eficiente para enfrentar los impactos del cambio climático puede ser especialmente perjudicial. Los territorios de tales países, que poseen superficies pequeñas y su economía posee una fuerte base turística, pueden sufrir pérdidas irreparables como la elevación del nivel del mar y fuertes tormentas.

Según la tesis de Amal-Lee Amin, que ya integró la delegación británica de negociadores en conferencias anteriores, si los líderes globales realmente quisieran limitar el aumento de la temperatura en 2 grados hacia fines del siglo, es indispensable que América Latina reciba apoyo financiero internacional.

“Los países latinoamericanos más avanzados ya hicieron bastante en términos de mitigación. Pero también van a necesitar financiación internacional para aumentar el nivel de ambición de la Contribución Prevista y Determinada a nivel nacional que ya presentaron (INDC en su sigla en inglés).

Promesas diversas

Según los especialistas que siguen las promesas de reducción de emisiones, los compromisos asumidos por los latinoamericanos en sus INDCs han sido, en general, fuertes. “Entre ellos, se destacan México y Brasil. Venezuela decepcionó, no ha presentado ningún documento”, comenta Viscidi.

El cumplimiento de la meta del documento no será una misión muy sencilla para el total de los países de la región. En lo que respecta, por ejemplo, a la generación de energía, Colombia está reemplazando algunas represas hidroeléctricas por usinas de carbón. “Observamos que están siguiendo el rumbo de una matriz más ‘sucia’, el uso de carbón está creciendo”, agrega.

Ocuparse de las emisiones producidas por el sector del transporte, que están creciendo en toda América Latina, también será un factor decisivo hasta que llegue 2020. Especialistas evalúan que una medida muy importante es la implementación de estándares de eficiencia de los combustibles. “Estados Unidos lo hizo y hubo un enorme impacto en la reducción de emisiones, mediante la caída de la demanda de petróleo”, ejemplifica Viscidi.

En forma para el 2020

El BID, una de las instituciones que apoyan el desarrollo regional, promete trabajar para que los latinoamericanos estén en “buena forma” cuando llegue el 2020 y para que diversos sectores de la economía ya hayan registrado una caída significativa en las emisiones de los gases que provocan el calentamiento global.

A pesar de todo el empeño que han colocado los gobiernos, algunos países deben lidiar con el poder que detentan las grandes industrias, que intentan impedir los cambios, afirma Viscidi. “Algo bueno que sucede en América Latina es que la región no es tan dependiente de los combustibles fósiles si la comparamos con Asia y algunas partes de Estados Unidos. Muchos países generan energía a partir de represas hidroeléctricas”.

Ante el cambio climático que está sucediendo, el uso de la fuente hídrica para generar energía trae otro desafío: hay que pensar en cómo aumentar la resiliencia de las represas. Y las recientes sequías, que ocurrieron principalmente en la región Sudeste de Brasil, ya muestran cuáles son las dificultades que pueden surgir en los próximos años.

La búsqueda de energías alternativas parece ya haber comenzado. A partir de la COP de Copenhague de 2009, los países de la región pasaron a considerar seriamente otras fuentes renovables y se experimentó en América Latina un aumento de la participación de usinas solares y eólicas, que se hicieron más competitivas.

“Si miramos hacia China, Sudáfrica y otros países asiáticos, podemos afirmar que los latinoamericanos están bien a la vanguardia, en especial Chile, Brasil y México. Muchos líderes políticos son oriundos de la región”, concluye Amal-Lee Amin.

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