Bolivia, sueños y pesadillas por el boom del litio

Salar de Uyuni, en Bolivia, el salar es el más grande del mundo y contiene las mayores reservas de carbonato de litio que cualquier otro sitio (image: Jo VH/ Flickr )

Bolivia, sueños y pesadillas por el boom del litio

El Salar de Uyuni, ubicado en Bolivia,  ya no es el de siempre. El alguna vez inmaculado salar de la región de Potosí y segundo atractivo turístico de Bolivia, con 10,582 kilómetros cuadrados, tiene hoy un paisaje desconocido. Tiempo antes, recorrer su superficie tan blanca que enceguecía implicaba dejarse sorprender por espejismos y resplandores hasta topar con lagunas de colores y flamencos o con geiseres. Hoy, no sorprenden ni espejismos ni oasis, sino las incontables lagunas artificiales, obreros y bramante maquinaria.

Es el proyecto que soñó emprender más de una generación de políticos. El retazo desportillado del salar hoy suma laboratorios, plantas experimentales, pozos de prospección y piscinas que cubren casi 27 kilómetros cuadrados. El complejo se halla al sur este de la mayor planicie salina del mundo y a unos 140 kilómetros de Uyuni.

Aquí avanza una de las mayores apuestas económicas del Gobierno boliviano. “Con la explotación del litio en 400 kilómetros cuadrados, tenemos para mantenernos un siglo”, se jactó recientemente el presidente de Bolivia, Evo Morales acerca de la extraño territorio destinado a la fabricación teléfonos inteligentes y baterías de autos eléctricos, entre otros usos. El Gobierno estima que Bolivia posee el 70% de las reservas de litio a nivel mundial reuniendo unos 100.000 millones de toneladas métricas. El Servicio Geológico de Estados Unidos  calcula que las reservas suman unas 9 millones de toneladas.

Pero en el marco de una  industria naciente, a la cual empresas de tecnología de China y Alemania ayudarán a desarrollar, existen más incógnitas que certezas – especialmente en relación a los impactos ambientales de la extracción de litio y la separación de sus compuestos.

Morales anunció que su gobierno invertirá US$ 995 millones en el desarrollo de la industria del litio hasta el año 2019. Es la segunda mayor inversión estatal después de los US$ 1.000 millones invertidos hace 6 años atrás en el sector del gas. El 16 de agosto, Morales firmó un contrato con la compañía alemana  K-UTEC Ag Salt Techonologies para el diseño de una planta piloto de carbonato de litio y Linyi Dake Comercio de China ya ha construido en el terreno una planta piloto de baterías de ion y litio – ion, que fue inaugurada en marzo de de 2014.

Además, el 13 de julio de este año otra empresa china, CAMC Engineering, firmó un contrato para construir una planta industrial de sal de potasio.

Chinos y alemanes

El desarrollo de las salinas está cobrando impulso. Luis Echazú de la Gerencia Nacional de Recursos Evaporíticos (GNRE), adelantó que pronto “habrá otro anuncio importante” de Bolivia. Los boletines del Ministerio de Minería informaron sobre lobbies con alemanes y chinos realizados antes de este año. También apuntaron a la formación de “cámaras mineras binacionales” y decenas de visitas de delegaciones comerciales.

La relación de Bolivia con China se ha acentuado durante el  2015.El 3 de julio el embajador chino, Wu Yuanshan, destacó que la cantidad de empresas de ese país en Bolivia tendía a duplicarse. Añadió que su Gobierno “ejerce controles indirectos como directos sobre ellas”. Más de 35 emprendimientos chinos se orientan a infraestructura y a recursos como el gas y el hierro.

Según los registros de GNRE, 86 delegaciones de 15 países visitaron la planta de carbonato de litio; con 28 visitas de Alemania y 12 de China.

Geopolítica de tierras extrañas

China produce litio desde 1960, cuando los geólogos descubrieron altas concentraciones de sales de litio excepcionales  en los lagos evaporados al oeste de Tíbet. Durante años, el uso de pequeñas cantidades de litio en antidepresivos y grasas industriales significaba que este el recurso no era de una gran importancia estratégica.

Pero el creciente uso de litio en el sector de fabricación de alta tecnología llevó a China a aumentar la producción con una escasa preocupación por los malos efectos ambientales  en el uso de disolventes tóxicos durante el proceso de separación.

En 2012, Japón presentó una denuncia ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) alegando que China introdujo aranceles contrarios a la exportación de sus abundantes tierras extrañas con el fin de suprimir el desarrollo propio (y de los otros países) en tecnología e industrias nucleares. La respuesta de China fue que debía restringir las exportaciones ante las presiones ambientales de la producción.

La OMC falló a favor de Japón y China que incrementaban su presencia en el extranjero para garantizar el suministro de litio y otras tierras raras  con el fin de mantener la productividad y la competitividad de sus industrias de alta tecnología.

“Las montañas de lodo”

El Salar ha dejado de ser un confín exclusivamente para los ecologistas y los turistas y las autoridades todavía se ocupan de asesorar ante los cambios que la explotación industrial traerá. Pero los vehículos pesados, residuos tóxicos y líneas eléctricas plantearán una situación común y para todos cuando las operaciones comiencen en 2018.

La investigación realizada por el Centro de Estudios de Desarrollo Laboral y Agrario advirtió sobre la preocupación generada por los impactos ambientales esperados del proyecto de Uyuni. Citando las declaraciones del jefe de la GNRE, CEDLA advirtió sobre el riesgo de contaminación masiva, incluyendo la calcinación de suelos que pondría a la flora y fauna del Salar en un inminente riesgo.

“Echazú nos contó que le causaba pesadillas la tecnología del encalado (uso de cal aplicado entonces en la planta piloto). Dijo que generaría no un cerro, sino ´una coordillera de lodos residuales´”, explica Ricardo Calla, autor de la investigación.

Pero Echazú rechazó enfáticamente  estas denuncias. “Yo les dije a los del CEDLA que habría cordilleras de residuos, pero si se usaba la técnica del encalado. Cambiamos el proceso por razones económicas y ambientales”, dijo, agregando que implementarán tecnología de sulfato que utiliza mucho menos cal.

“Hoy aplicamos la técnica de sulfatos que utiliza mucha menos cal. Si con el encalado íbamos usar 10 toneladas de cal, con la nueva técnica, sólo usaremos 0,3 toneladas”, explica Echazú. -¿A cuánto llega el impacto ambiental con el nuevo proceso?, preguntamos. “Es mínimo –responde-. El sulfato es fertilizante y además es insoluble, otros residuos esperamos vender en unos años”.

Graciela León, jefa de planta de Llipi, refuerza y señala que el impacto máximo del proceso “es casi cero”.

Calla asegura que no se han hecho estudios sobre el impacto ambiental de las técnicas con sulfatos. Alerta que el trabajo se realiza en una planta piloto, con personal de escasa experiencia. Ninguno de los técnicos reconoció tener estudios de postgrado y en su mayoría muy jovens. Calla recuerda que un estudio anterior, realizado hace cinco años por el disuelto Comité Científico del Salar, compuesto por doctorantes, no llegó a completarse. “Echaron a quienes desarrollaban la tecnología de los sulfatos”, cita. No se conoce a ciencia cierta cuáles serán sus consecuencias de la producción industrial con tecnología de sulfato.

Un mundo a pilas de litio

Pero la apuesta al litio está avanzando a buen ritmo. “Ésas son las fresadoras”, señala Raúl Martínez, el responsable de prensa. “Cada una vale US$ 1,5 millones”. Estos vehículos de orugas cortan horizontalmente la corteza salina. Labran el complejo de piscinas cuyas interconexiones articulan filtrados que separarán, vía evaporación solar, los compuestos de litio y potasio. En otros extremos de la zona, aparecen trépanos, buscan ricas salmueras que serán bombeadas a las piscinas.

“En el mundo sólo existen 12 como ésta”, aclara Martínez, al describir la fábrica de carbonato de litio donde los técnicos muestran con orgullo el proceso que lleva hacia el producto estrella. En los laboratorios, junto a ingenieros químicos y sofisticados equipos, el guía finalmente muestra dos baterías l: “Éstas ya fueron fabricadas en Bolivia, logramos el carbonato de litio con 99,6% de pureza”.

En Bolivia, hay siete lagos de sal que en sus 16,000 km suman un combinado lleno de litio, el metal más ligero del mundo. Incluso la infraestructura aeronáutica y la industria nuclear dependen de litio, recuerda Echazú.

¿Estamos viviendo ya el boom de litio? “No”, dice Echazú. “De acuerdo a los estudios, el auge de litio comenzará alrededor de 2020. Y Bolivia está entrando en el momento adecuado. El consumo en los últimos cinco años ha crecido a no mucho más de un 5% o un 6%”.

Desde hace 18 años, Bolivia depende económicamente de sus exportaciones de gas. Pero, el ritmo de consumo no ha podido ser compensado con descubrimientos de nuevos reservorios desde el año 2000. El litio se muestra como la apuesta económica para reemplazar al gas. Un estribillo vuelve a repetirse: “La Arabia Saudita del litio”.

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