Cambio climático: pérdidas y daños, aquí y ahora

Tifón Yolanda, que se abatió sobre las Filipinas en 2013, obligó a 800.000 personas a desplazarse (imagen: EU/ECHO, Arlynn Aquino)

Cambio climático: pérdidas y daños, aquí y ahora

Sabemos ahora que las sociedades humanas no son capaces de adaptarse a todos los impactos del cambio climático. En la actualidad, es tal la cantidad de gases de efecto invernadero adicionales en la atmósfera y la escasez de esfuerzos para mitigar las emisiones —menos todavía para la adaptación—, que los impactos existen y continuarán haciéndolo con mayor gravedad y frecuencia.

Las inevitables consecuencias asumen la forma de pérdidas y daños. Un informe reciente del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) evalúa el grado de las pérdidas y los daños que puede esperar el mundo, y qué podemos hacer al respecto.

El informe más reciente del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) reconfirma que con la suba de temperatura de 0,85 grados Celsius desde fines del siglo XIX, el cambio climático hace que las tormentas, inundaciones y sequías sean más graves y frecuentes, y eleva el nivel del mar. Debido a esto, los países —especialmente los de la zona tropical— enfrentan pérdidas y daños por el cambio climático desde al menos la década de 1990.

El IPCC pronosticó que para el  2100 la producción neta de cereales en el sur de Asia puede caer entre el 4 y el 10 % si la temperatura del mundo aumenta 3 grados Celsius respecto de la era preindustrial. En la India, los pronósticos sobre la disminución del rendimiento del arroz también varían entre el 4 y el 10 %; la cantidad de maíz producida durante el monzón puede no verse afectada en absoluto o bien, caer hasta un 35 %, según el nivel de calentamiento global. Pakistán puede perder entre el 16 y el 19 % de su cosecha de arroz, y entre el 6 y el 8 % de su trigo.

¿Qué está pasando?

El primer estudio sistemático de esas pérdidas y daños después de un evento tuvo lugar con posterioridad a la ola de calor de 2003 en Europa, que mató alrededor de 30 000 personas, derritió el 10 % del hielo en los glaciares alpinos, descongeló el permafrost en Siberia y Escandinavia, y produjo pérdidas agrícolas por 14 700 millones de USD tan solo en la Unión Europea.

En gran parte de Asia, Europa y Australia, las olas de calor son más frecuentes desde 1950. Estudios recientes sugieren que podemos esperar que las olas de calor fuertes —que antes tenían lugar dos veces por siglo— ocurran dos veces por década.

Los autores del informe del PNUMA han estado estudiando los distintos efectos del tifón Yolanda, que se abatió sobre las Filipinas en 2013, mató aproximadamente a 6300 personas y obligó a 800.000 a desplazarse. El tifón produjo la pérdida de 260 000 toneladas de arroz cuando los arrozales fueron inundados por marejadas ciclónicas. Estas marejadas fueron peores porque en las Filipinas el nivel del mar en 2013 ya era 30 cm superior al de 1993. En muchas islas, las marejadas afectaron la provisión de agua potable por la inundación de estanques y acuíferos. Pasarán años antes de que la sal se diluya lo suficiente como para que la población pueda volver a usar esa agua.

Trastornos repentinos

Las pérdidas y los daños pueden ser consecuencia de eventos repentinos como tormentas, riadas y deslizamientos de tierra. Otra causa puede ser  los lentos efectos del cambio climático: el aumento de la temperatura promedio, la elevación del nivel del mar, las sequías, la salinización del suelo y la acidificación del océano. Todos estos problemas perjudican la producción de alimentos, la provisión de agua, la infraestructura y los asentamientos; y con ello, las vidas humanas y su sustento.

A principios de 2015 se estimaba que 20,4 millones de personas sufrían graves problemas de seguridad alimentaria en Níger, Nigeria, Mali, Chad, los países vecinos en la región del Sahel y los secanos semiáridos del este de África debido a la sequía, según el informe del PNUMA. Las temperaturas cada vez más altas que secan el ambiente —otro efecto del cambio climático— han contrarrestado parcialmente la recuperación de las precipitaciones desde la gran sequía de la década de 1980.

En EE. UU., California enfrentó su peor sequía en 1200 años entre 2012 y 2015. El informe del PNUMA destaca diversas investigaciones científicas que sugieren un vínculo entre el calentamiento de la atmósfera inducido por los humanos y un aumento en la ocurrencia, fuerza y duración de las sequías de alto impacto en esta región. Los impactos económicos de las sequías para la agricultura en California tan sólo en 2015 fueron estimados en 2700 millones de USD.

Aproximadamente el 60 % del suministro de agua en California proviene de aguas subterráneas, reservas que fueron sobreexplotadas durante muchas décadas. La prolongada sequía aumentó dramáticamente el uso de las aguas subterráneas y, en consecuencia, redujo su nivel y su capacidad de almacenamiento. Un menor nivel de precipitaciones también genera que los acuíferos se recuperen menos. Esto llevó a una compactación irreversible del sistema acuíferos, que produjo una depresión en la tierra. En 2014, una franja de tierra de 96 km se hundió 33 cm.

Con más del 60 % de los ecosistemas del mundo y sus servicios ya degradados o explotados de manera no sostenible, el cambio climático empeora las consecuencias perjudiciales, por lo que es importante que los responsables de las políticas sepan qué está ocurriendo y qué podemos esperar.

¿Qué podemos hacer?

El PNUMA sugiere diversas estrategias e instrumentos para la gestión de riesgos que se describen en el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres. Habitualmente, corresponden a fenómenos de acción lenta como el aumento del nivel del mar, pero pueden resultar muy útiles ante problemas repentinos como las marejadas ciclónicas. La supertormenta Sandy de 2012 pudo haber causado mucho más daño en Nueva York si las autoridades no hubieran estado preparándose para un evento de esta naturaleza desde 2008, afirma el PNUMA. El IPCC predice una suba de 1,3 metros del nivel del mar para 2100; esa planificación y acción —sea mediante la construcción de contenciones o la plantación de mangles a lo largo de la costa— resulta decisiva.

Existen métodos conocidos para transferir riesgos, como los seguros, que el PNUMA recomienda para los eventos repentinos como las tormentas. Pero no son una solución óptima cuando, por ejemplo, las planicies se inundan en cada monzón. Como se trata de un evento que ocurrirá casi con certeza, la prima sería prohibitivamente elevada, incluso si alguna empresa aseguradora estuviese preparada para asumir el riesgo.

Para esos eventos, lo mejor es enseñar a la población afectada a manejarlos y vivirlos, sostiene el informe. Los investigadores a menudo se han sorprendido por la profundidad del conocimiento tradicional disponible para enfrentar eventos como las inundaciones producidas por los monzones, pero los responsables de las políticas siempre pueden ayudar. Una de las sugerencias del informe es establecer fondos de reserva locales que los residentes pueden usar durante las épocas problemáticas.

Objetos perdidos en las conversaciones sobre el clima

Durante muchos años, las pérdidas y daños fueron un tema tabú para los delegados gubernamentales de los países ricos en las negociaciones de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Los negociadores del gobierno de EE. UU. fueron especialmente asesorados por sus colegas abogados para bloquear todo lo relacionado con las pérdidas y daños por el cambio climático, ya que aceptarlos abriría la puerta a juicios por compensación en los tribunales estadounidenses.

Pero los representantes de las ONG´s  en las negociaciones climáticas, así como los delegados de algunos de los países pobres, continuaron insistiendo. A raíz de ello se estableció el Mecanismo Internacional de Varsovia para Pérdidas y Daños en la cumbre de 2013 de la CMNUCC llevada a cabo en la capital polaca. El acuerdo de París de 2015 sobre el cambio climático lo convirtió en una institución permanente.

El acuerdo de París también generó algunas sugerencias específicas para evitar o minimizar las pérdidas y daños, como los sistemas de alerta temprana para tormentas e inundaciones; la preparación para emergencias; la evaluación y gestión integral de riesgos; los mecanismos de seguros de riesgos; la mancomunación de riesgo climático y otras soluciones de seguros; y sobre la forma de mejorar la capacidad de recuperación de las comunidades, su sustento y los ecosistemas.

El comité ejecutivo,  conformado bajo el mecanismo de Varsovia,  se ha reunido dos veces este año y tiene programada una reunión mucho antes de la próxima cumbre climática en noviembre. Harjeet Singh, de la ONG ActionAid —que ha estado trabajando en el área de pérdidas y daños durante muchos años y asistió a esas reuniones en calidad de observador— contó a thethirdpole.net / indiaclimatedialogue.net que la acción ahora se centra principalmente en la forma de ocuparse de las personas desplazadas por los efectos del cambio climático y la transferencia de riesgos a través de diversas formas de seguros.

“Tal vez no haya muchos progresos en cuanto a las pérdidas y los daños a nivel político para la próxima cumbre”, dijo Singh, “pero en términos operativos, el comité ejecutivo está logrando algunos avances”, agregó. El comité cuenta con 20 miembros: 10 de países desarrollados y 10 de países en vías de desarrollo.

Ese artículo se publicó primero en thethirdpole.net / indiaclimatedialogue.net

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