China analiza ampliación de puerto en Colombia

China investirá en puerto colombiano (imagen: leonc27)

China analiza ampliación de puerto en Colombia

Este es el cuarto artículo de una serie especial que analizará el rol de China en la promoción del desarrollo pacífico y sostenible en Colombia

Colombia es el único país de América del Sur con acceso a los océanos Pacífico y Atlántico. Sin embargo, el gobierno colombiano nunca ha aprovechado esta posición única para el impulso del desarrollo económico. Históricamente, el país ha favorecido a la infraestructura comercial a lo largo de la costa del Caribe, en ciudades como Barranquilla, Santa Marta y Cartagena, ya que ofrecen una mayor facilidad en el acceso para sus socios comerciales más importantes como Estados Unidos y Europa. Pero a medida que los mercados asiáticos crecen y Colombia comienza a reconocer las oportunidades económicas asociadas, este desarrollo se ha trasladado hacia el Pacífico.

El proyecto estrella destinado a impulsar el desarrollo de la costa del Pacífico de Colombia es el Centro de Actividades Económicas de Buenaventura (CAEB). La promesa del CAEB se basa en el rápido crecimiento de ciudades como Shenzen. Su objetivo es capitalizar el dinamismo del Puerto de Buenaventura con el fin de estimular la actividad económica que beneficiaría a Colombia y a sus socios comerciales en el Pacífico. El Puerto de Buenaventura se ha convertido en el enlace más importante de Colombia con los mercados internacionales, generando el 27% (PDF Pag 6) de los ingresos totales aduaneros del país. El potencial del puerto para facilitar el comercio con sus socios latinoamericanos es enorme, dada su equidistancia entre México y Chile.

Sin embargo, hasta el momento el puerto se ha desarrollado por sí mismo, generando un escaso impacto económico en la ciudad de Buenaventura. “Buenaventura no es una ciudad portuaria, sino que es una ciudad que se encuentra al lado de un puerto”, dijo Julio Cesar Alonso, director del Centro de Investigación en Economía y Finanzas de la Universidad ICESI en Cali. Según Alonso, debido a su pobreza extrema y su bajo nivel de empleo e industria, las autoridades de Buenaventura poseen una baja recaudación de impuestos y el gobierno central tampoco ha invertido en la ciudad. En este marco, no ha podido desarrollar la infraestructura que las empresas relacionadas con los puertos necesitan para sobrevivir. Por lo tanto, la riqueza generada por el puerto se ha redirigido hacia otras ciudades con una mayor solidez en su infraestructura, como es el caso de Cali e incluso de la capital, Bogotá, a unos 500 kilómetros de distancia. “Cualquier inversión de desarrollo en la costa del Pacífico debe vincularse con una estrategia social”, aseguró Alonso, y agregó que este proyecto sólo podrá convertirse en un éxito para sus inversores si se erradica la pobreza.

El CAEB es el remedio del Departamento Nacional de Planeación para el malestar económico crónico de Buenaventura. Es el proyecto piloto de su ambicioso Programa de Nuevas Ciudades, cuya meta es crear nuevos centros económicos en todo el país y generar crecimiento en la era posterior al conflicto. El objetivo del proyecto es sacar a miles de personas de la pobreza y posicionar a Buenaventura en el mapa mundial, asignando vastas áreas al desarrollo residencial, industrial, científico y tecnológico. La renovación de la infraestructura para carreteras, agua y electricidad también es fundamental para el CAEB. Este modelo parecía lo suficientemente atractivo para que los gobiernos de China y Colombia firmaran un memorando de entendimiento en el cual China expresara su intención de invertir alrededor de USD $ 16 millones en el proyecto.

Alonso, dijo que, bajo el modelo propuesto, una empresa china dedicada a la fabricación de automóviles recibiría incentivos fiscales para establecer una planta de ensamblaje en Buenaventura. Además de crear empleo local, también se beneficiaría de los costos de envío más baratos de toda América. Al invertir en el CAEB, el gobierno chino podría crear una nueva plataforma de lanzamiento para las empresas chinas en Colombia y a lo largo de América del Sur.

A partir de ahora, el proyecto se encuentra en las etapas iniciales de planificación. Pero el gobierno colombiano lo considera lo suficientemente importante como para haber nombrado a su primer gerente, el nativo de Buenaventura, Didier Sinisterra. “Es una realidad que Buenaventura se encuentra años atrás en comparación con otras ciudades portuarias como Panamá”, dijo Sinisterra a Diálogo Chino vía telefónica desde Washington DC, desde donde regresará a Buenaventura para encabezar el proyecto. Mientras estuvo en Washington DC, Sinisterra tuvo la oportunidad de comparar su ciudad natal con otras ciudades durante la conferencia realizada este año en el marco de la Semana de las Ciudades Inteligentes. Él tiene una gran confianza en la capacidad que tiene este proyecto para transformar a Buenaventura. “A través de este proyecto, Buenaventura se convertirá en una ciudad de nivel mundial capaz de competir con otras ciudades como Singapur”, afirmó.

Sin embargo, hay problemas subyacentes en torno al proyecto. Una de los más apremiantes es la amenaza a la seguridad. Buenaventura ha estado sumida en la violencia asociada al conflicto de décadas que ha atravesado Colombia y que aún hoy persiste. La minería ilegal y el narcotráfico no han cesado desde la histórica firma del acuerdo de paz con el grupo guerrillero Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Además, los grupos armados ilegales, en su mayoría consisten en organizaciones paramilitares que no se han desmovilizado bajo el plan de desmovilización aplicado por el ex presidente Álvaro Uribe y están luchando para llenar el vacío de poder que las FARC han dejado vacante.

El CAEB exhibe la difícil situación de seguridad en Buenaventura con una posible resolución. La ciudad padece una tasa de desempleo del 62% y muchos habitantes de Buenaventura recurren a medios ilegales de supervivencia. A principios de este año, los residentes de Buenaventura expresaron su desesperación en una de las mayores protestas que Colombia ha vivido en los últimos años. Los manifestantes exigieron una mejora en la situación de seguridad, más empleos y un mayor acceso al agua potable. El gobierno los apaciguó prometiendo millones de dólares en la mejora de la educación, la salud y el acceso a la electricidad, así como la optimización de la infraestructura del agua. Algunos líderes de la protesta se oponen al CAEB y exigen que el gobierno primero centre su foco en aliviar las necesidades más acuciantes de la ciudad. En respuesta, el gobierno se ha comprometido a mejorar las condiciones básicas de vida, pero sugiere que el principal problema de Buenaventura es el desempleo. Algo que Sinisterra asegura que se abordará con mayor efectividad a partir de la realización del proyecto del CAEB. “El proyecto creará 150 compañías en 20 años y más de 60,000 empleos”, dice. “Esas cifras dejan en claro que este es un proyecto para la comunidad”.

Otro posible obstáculo para los inversores chinos es la complejidad en torno a la propiedad de la tierra donde se construirá el proyecto. La legislación colombiana reconoce los derechos de las minorías negras e indígenas, que suelen organizarse en consejos comunitarios, otorgándoles autoridad y derecho a la propiedad colectiva sobre los territorios que ocupan. Como el escenario de la gran diáspora africana sucedida en la época en la cual Colombia obtuvo la independencia a principios del siglo XIX, la costa pacífica se adapta a muchos de esos consejos. Aproximadamente el 70% de la tierra que el CAEB ocuparía es propiedad de dos de estos consejos, conocidos como Caucana y Gamboa.

Para que un proyecto como el CAEB se materialice, el gobierno primero debe consultar a los consejos que, tal como lo exige la ley colombiana, son dueños colectivos de la tierra. Los territorios ocupados por estos consejos se encuentran todos en la zona rural de Colombia, que es notoriamente subdesarrollada en comparación con centros urbanos. Por lo tanto, las consultas generalmente se asemejan a una fase de negociación, en la cual los consejos presentan demandas como la construcción de escuelas y hospitales, en una etapa previa a que se otorgue la aprobación al proyecto. Sin embargo, el CAEB dirigirá sus acciones de una manera diferente. Será el primer proyecto de infraestructura en convertir a estos consejos comunitarios en socios comerciales, contribuyendo al desarrollo del proyecto.

Los concejos de Gamboa y Caucana ya aprobaron el proyecto, pero en marzo de 2017 un juez anuló los títulos de propiedad de la tierra de los consejos comunitarios, generando dudas sobre quién es el propietario de la tierra. Se ha iniciado un largo proceso de apelaciones, y se espera un dictamen final previsto aproximadamente para los próximos cinco años. Si los consejos pierden la apelación, aún tendrían el poder de negociar en un proceso de consulta, a pesar de que la tierra pasaría a ser propiedad del gobierno nacional.

Representantes de la Fundación para el Desarrollo Integral de la Región del Pacífico Colombiano, una ONG que trabaja por el desarrollo sostenible en la costa pacífica de Colombia, aseguró que el concepto sobre los consejos comunitarios y su derecho a la tierra que habitan ha sido muy difícil de explicar al gobierno chino. Temen que los inversores chinos sean disuadidos durante el tiempo que dure la resolución de este problema. Pero el gobierno colombiano está buscando una solución. Mientras se espera la decisión final, ha encargado un nuevo plan de zonificación de Buenaventura que gira en torno al desarrollo del CAEB. También le ha ordenado a la agencia de registro nacional que lleve a cabo una auditoría de los terrenos alrededor del proyecto y así llevar adelante un plan de factibilidad para ser presentado a los inversores extranjeros.

En mayo de este año, las delegaciones chinas visitaron el sitio del CAEB. Su evaluación de los costos y beneficios del proyecto podría determinar si ofrecerán una alternativa económica a las actividades ilegales y una oportunidad única para empoderar a las comunidades negras desfavorecidas en una región atravesada por los conflictos y la pobreza.

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