China y Brasil en la lucha contra el cambio climático

El personal de la Universidad de Tsinghua y COPPE / UFRJ en una ceremonia de re apertura del Centro de China y Brasil (imagen: Ilan Cuperstein)

China y Brasil en la lucha contra el cambio climático

Recientemente, China y Brasil reconocieron –cuando ambos países «emergentes» presentaron su declaración conjunta sobre el cambio climático– que abocarse al cambio climático mediante la coperación en energías renovables, eficiencia energética, silvicultura y agricultura es el eje de un modelo de desarrollo sostenible. El documento, firmado el 19 de mayo durante el primer tour en Latinoamérica del primer ministro Li Kequiang, reveló pocas especificidades más allá de su compromiso para desarrollar el sector de la energía solar. Pero, aunque esta última afirmación puede dar la impresión de ofrecer tan solo unos pocos avances, la cooperación científica y para la transferencia de conocimiento entre China y Brasil sobre tecnologías con bajas emisiones de carbono en realidad existe en instituciones académicas desde hace algún tiempo, con algunos resultados impresionantes.

En su calidad de primera plataforma permanente de cooperación científica entre una universidad brasileña y una china, el Centro Chino-Brasileño de Innovación Tecnológica para el Cambio Climático y la Energía, ha recibido mucha atención desde que los expresidentes Lula da Silva y Hu Jintao lo refrendaron oficialmente en 2010. El Centro une a dos universidades conocidas por su liderazgo en las investigaciones sobre el cambio climático y las ciencias ambientales en sus respectivos países: la brasileña COPPE-UFRJ y la china Tsinghua, y busca funcionar como puente entre los dos países aliados.

«El Centro desea ayudar a los brasileños y a los chinos a conocerse mejor e identificar proyectos mutuamente beneficiosos», afirmó Liu Dehua, director chino del Centro y profesor de ingeniería química en la Universidad de Tsinghua.

Las investigaciones de Liu, que incluyen la producción de biodiésel con enzimas en vez de con productos químicos –como el metanol– para convertir los aceites y las grasas vegetales en combustible, ha resultado uno de los proyectos más prominentes y exitosos del centro.

El proceso desarrollado por el grupo Liu ha logrado obtener biodiesel de alta calidad en base a aceites de baja calidad con altos índices de acidez. Esto significa que aceites tales como el aceite de cocina ya utilizado, que China tiene en grandes cantidades, se puede convertir en combustible. Una planta de biocombustibles especializada en procesos enzimáticos a través del procesamiento de aceite de cocina desechable obtenido de restaurantes, ya está en pleno  funcionamiento en la provincia de Hunan. Otros dos están en su etapa final de construcción.

Esta tecnología puede contribuir solucionar  la escasez  energía en China  y presionar así en el incremento de la producción de biodiesel sin comprometer su política de seguridad alimentaria, que tiende a impedir el uso de los aceites comestibles para el consumo de energía, como es el caso de los aceites en  base de soja o maíz. Tampoco incide sobre los mismos impactos ambientales adversos relacionados con la producción de biocombustibles de primera generación, es decir, las plantaciones de cultivos de combustible en expansión.

El departamento de ingeniería química en COPPE/UFRJ se enteró del proyecto y rápidamente entendió que constituía la oportunidad para una provechosa cooperación. En 2011, dos investigadores que habían estado trabajando los laboratorios de biodiésel en la universidad brasileña fueron enviados a China para aprender este nuevo proceso. Al año siguiente, con el apoyo del Ministerio de Ciencia y Tecnología de Brasil y donaciones de equipos de Tsinghua, se inauguró oficialmente el proyecto bilateral en la planta piloto de biodiésel de COPPE/UFRJ.

Según Rejane Rocha, investigadora a cargo del proyecto del lado brasileño, la idea es adaptar la antigua planta de biodiésel para que funcione tanto con la vía química tradicional como con la enzimática, no solo para comparar resultados, sino también el consumo energético, la duración del proceso y el desempeño de las distintas materias primas. Los resultados han mostrado un mejor rendimiento con la vía enzimática para producir biodiésel a partir de materias primas con mayor acidez o humedad. El desempeño ambiental también es prometedor: el proceso enzimático consume menos energía y reutiliza las enzimas en múltiples ciclos. Como las enzimas rompen el contenido ácido del aceite, este proceso también produce menos residuos tóxicos.

«De esta manera, podemos explicar al sector [de biodiésel brasileño], ya bien establecido, que las fábricas no tienen que cambiar ni construir nuevas plantas empezando de cero; ambas tecnologías se pueden adoptar simultáneamente», dijo Rocha.

Esto permitiría a los productores de biodiésel cambiar entre métodos sin esfuerzo, según las materias primas u otras preferencias.

Aunque tal vez este sea el proyecto más desarrollado hasta el momento, de ninguna manera constituye la única iniciativa impulsada por el Centro. También se está investigando la cooperación en energía termosolar y la eficiencia de la energía eólica a escala de generación distribuida, y existe un proyecto que compara indicadores de sostenibilidad urbana en Pekín, Río de Janeiro y Washington D. C.

El proyecto que compara indicadores de sostenibilidad urbana, en el que también participa la Universidad de Virginia, procura estandarizar indicadores de desempeño en áreas como intensidad energética y emisiones de gases de efecto invernadero. Busca identificar las áreas más prometedoras para la cooperación científica entre esas tres ciudades según lo que cada una de ellas hace mejor o peor en términos de sostenibilidad. Los resultados se anunciarán más adelante en este año.

El personal del Centro también está ocupado en la organización del Simposio Mundial de Bioenergía (WBS, por su sigla en inglés), que se lleva a cabo alternadamente en China y Brasil y tendrá lugar en Brasilia en noviembre. Se espera que asistan más de 50 oradores de todo el mundo. El Centro cuenta con el apoyo de la Corporación para la Investigación Agrícola Brasileña (EMBRAPA, por su sigla en portugués), que además cuenta con un laboratorio virtual en Pekín y desempeña un importante papel en la colaboración científica y agrícola entre ambos países.

Esta vez se espera que la proximidad con los funcionarios oficiales en la capital administrativa brasileña genere más atención y participación de distintas agencias gubernamentales y responsables de políticas, y que esto fortalezca nuevos y más ambiciosos proyectos de cooperación bilateral sobre cuestiones como el cambio climático, las energías renovables y la política agrícola.

La cooperación bilateral en ciencias climáticas no es una alternativa a las negociaciones internacionales de la CMNUCC sobre el clima, sino un importante complemento que ayudará a cada uno de los países a encontrar las maneras más adecuadas para alcanzar ambiciosos objetivos.

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