Correa no termina de fingir su falta de preocupación por el medioambiente

Indígena en una sesión de la ONU (imagen: Cancillería de la República del Ecuador)

Correa no termina de fingir su falta de preocupación por el medioambiente

En el territorio Shuar, en la provincia amazónica ecuatoriana de Morona de Santiago, Ecuador, ocurre una desmedida intervención y militarización, producto de un conflicto entre pueblos indígenas y la empresa minera china Explorocobres (EXSA) a causa de la falta de consulta sobre los impactos ambientales de su proyecto.

El estado de emergencia se impone en la región mientras en todo el país los ecuatorianos se preparan para ir a las urnas el próximo 19 de febrero para elegir de entre los ocho candidatos que concurran a la sucesión del presidente de Ecuador, Rafael Correa, primer mandatario desde 2007. Según la encuestadora Centro de Estudios y Datos (CEDATOS), el candidato oficialista Lenín Moreno (Alianza País) y el líder de la alianza centrista CREO – SUMA, Guillermo Lasso, llegarían a una segunda vuelta el día 2 de abril.

La tensa situación en Morona de Santiago, demuestra la desintegración de las relaciones del actual gobierno con los movimientos indígenas y sociales. Al principio, ellos creyeron encontrar en Correa a un líder que representaría sus propuestas y que recuperaría el control del Estado de las políticas neoliberales que habían reducido al gobierno a un simple tramitador de concesiones y privatizaciones.

En aquella época, se encontraron reservas del petróleo crudo y pesado en áreas protegidas. Hasta entonces, las compañías mineras no lograron consolidar sus proyectos de extracción porque necesitaban de inversiones importantes para abastecer de agua, energía y acceso de carreteras.

Al final de una década, que se encontró fue a un economista clásico que progresivamente se desmarca de los movimientos sociales, más rápidamente en los escenarios locales y nacionales que en el internacional. Para las empresas, este rol del Estado les garantizaba la extracción a pesar de la resistencia y creó las condiciones para hacer rentables los proyectos extractivos.

10 años de confrontaciones

Algunos de los primeros síntomas poco sutiles de ese desmarque con los movimientos sociales comenzaron en la inauguración de la Asamblea Nacional Constituyente – una asamblea que constituía la principal agenda para estos movimientos cuya principal tarea fue anular una nueva constitución ecuatoriana.

Correa inició la Asamblea Nacional Constituyente con el miedo de un conservador que quiere controlar cualquier cambio. En el discurso inaugural fustigó a quienes proponían la moratoria petrolera, a quienes hablaban de la despenalización del aborto o del matrimonio igualitario. Con este discurso inició lo que sería uno de sus recursos más repetidos, el de acusar a los movimientos sociales de infantiles y considerarlos su mayor peligro.

“Lo dije el 29 de noviembre del 2007, en la inauguración de esta Asamblea: el mayor peligro para nuestro proyecto de país es el izquierdismo y el ecologismo infantil. Temo que no me equivoqué, aunque tal vez me faltó añadir el indigenismo infantil,” dijo en 2008.

Pocos días antes de constituirse la Asamblea Nacional Constituyente, también a finales del mes de noviembre del 2007, los pobladores de la parroquia de Dayuma  protagonizaron la ocupación de una plataforma petrolera como forma de presión por varias demandas de convenios incumplidos.

Correa declaró la emergencia en la provincia amazónica de Orellana, puso a Petroecuador bajo control de la fuerza naval y dispuso un enorme operativo militar signado por la agresión y humillación a los pobladores, con la búsqueda puerta a puerta de los dirigentes del paro. Al poco tiempo se detuvo a la prefecta de la provincia de Orellana, Guadalupe Llori, señalada como la responsable de  protestas y así fue como estuvo presa durante un año en base a distintas acusaciones que no lograron probarse.

En una visita del presidente a Dayuma, éste afirmó en un discurso público: “Quítense esa imagen romántica, de Robin Hood, de indígenas defendiendo su selva”, dijo, añadiendo; “lo que hay aquí son mafias, terroristas, sicarios extorsionadores, colonos recién llegados venidos de Loja o Manabí que vinieron por el petróleo ¿Aprendieron? ¿Ya vieron que no hay que hacer paros? ¡Saben que tienen una prefecta presa, acusada de sabotaje y terrorismo!”, dijo Correa.

Fracasa Yasuní

La propuesta de conservar el crudo de los bloques conocidos como Yasuní ITT en el subsuelo de uno de los sitios más biodiversos del mundo se convertiría en una política emblemática dentro y fuera de las fronteras.

Rafael Correa había afirmado originalmente que la explotación del ITT sería una realidad al margen de la oposición de los “grupos ecologistas radicales“. En realidad, si hubiese sido por él, habría comenzado inmediatamente con la explotación del ITT. Aceptar la propuesta de dejar el crudo en el subsuelo del ITT se convirtió en una puja dentro del Consejo de Administración de Petroecuador, entre el entonces Ministro de Energía y Petróleo Alberto Acosta y el Presidente de Petroecuador, Carlos Pareja Yanuselli, hoy acusado de gigantescos atracos a las arcas del Estado y al mismo tiempo, acusador en otros casos de corrupción de funcionarios de alto rango del gobierno.

Sin embargo, el mayor motivador de la ruptura con los movimientos sociales fue la política minera. Con la aprobación de una nueva ley, se abrían las puertas a la minería a cielo abierto y al uso del agua preferencial para estas actividades,  tirando por la borda aquello que se acababa de lograr con la nueva Constitución y los reconocidos derechos a la naturaleza.

Con todos estos antecedentes, muy tempranos en el gobierno de Rafael Correa, ¿quién mantenía la ilusión de que movimientos sociales fueran escuchados?  ¿Qué hacía pensar a los intelectuales de izquierda sobre la posibilidad de un cambio?

Giro hacia China

Fue seguramente la política internacional de confrontación con los Estados Unidos, país que daba señales de poder e intimidación global, acompañado por los discursos internacionales que recogían palabras y conceptos construidos desde la izquierda y algunas señales nacionales en política social.

En la misma época se consolidó el giro hacia China. Para muchos, fue el resultado de un encuentro estratégico. Ecuador necesitaba recursos, China necesitaba un anclaje estratégico en América Latina. Una lógica comercial, económica y también geopolítica.

En las visitas de las autoridades gubernamentales a China, así como las de las autoridades chinas al Ecuador, se negociaron créditos, con altos intereses. Además se ofertó un “amplio catálogo” (en palabras de la vicepresidencia) de proyectos mineros y petroleros (como la Refinería del Pacífico), hidroeléctricos y carreteras que se entregaron bajo un régimen de excepción. Es decir, este proceso se realizó sin mediar una convocatoria pública  y hoy son motivo de escándalo por haber superado en dos, cinco o siete veces más el presupuesto inicial.

El problema es que Ecuador pasó a depender de China y  este país pide garantías. Una de ellas es que el gobierno aplaque las resistencias, incluso un nuevo intento de cierre de la ONG Acción Ecológica.

La alianza con organizaciones sociales fue electoral, no programática. Correa era de un lado el candidato y del otro el gobernante, que aunque con discursos,  señales simbólicas, canciones al Che Guevara en las “sabatinas” televisivas, apostaba por el extractivismo, era autoritario y despreciaba a la sociedad civil.  Durante los primeros años, estas señales simbólicas se convirtieron en una venda en los ojos que impedía ver (sobre todo a nivel internacional) que se continuaba favoreciendo a las empresas, independientemente de su país de origen, por encima de los derechos o de la búsqueda de nuevos rumbos económicos.

Se evidenció que Dayuma no fue un hecho aislado sino que se convirtió en el anuncio de lo que estaba por venir: la instalación del miedo para imponer obediencia. Al miedo se sumó la censura. El cierre de Acción Ecológica en el 2009, que aunque fuera reabierta después de las reacciones de rechazo, era ya una señal que imponía la censura, y que se volvió a aplicar el 2013 con la cláusula de la Fundación Pachamama.

El Ecuador vivió una ola de autoritarismo y represión, dirigido con especial dureza contra quienes impulsan luchas ambientales, muy en la línea de lo que anuncia el gobierno de Trump – que el movimiento ambiental actualmente constituye la “mayor amenaza” a la libertad y prosperidad, según lo expresado por uno de sus consejeros.

La búsqueda de nuevas formas de convivencia, la defensa de la naturaleza y los territorios, las luchas por el respeto a los derechos continúan en las agendas de los movimientos sociales, quienes deberán buscar fisuras en los escenarios institucionales y de poder, mantener estrategias de resistencia y aplicar transformaciones con más certeza, desde abajo.

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