Diálogo Chino en Canning House

(de izquierda a derecha) Prof. Rhys Jenkins , Gabriela Moya, Isabel Hilton, Cristina Veiga and Liu Jianqiang reponden a los delegados en Canning House (imagen: Lushan Huang/chinadialogue).

Diálogo Chino en Canning House

“Es una catástrofe ambiental”, afirmó de manera contundente una voz desde el auditorio haciendo referencia a los impactos generados por los proyectos de infraestructura de  capital chino  sobre tierras indígenas originarias  en América Latina.

La preocupación por los efectos de la creciente presencia e influencia de China sobre el medio ambiente latinoamericano fue el tema central de una mesa redonda organizada por Diálogo Chino en Canning House, un foro con sede en Londres para el debate sobre la política, la economía y los negocios en América Latina.

China  podría ser el último chivo expiatorio para los problemas endémicos de la región como la corrupción y la mala gestión económica, sostuvo Rhys Jenkins, un miembro del jurado y profesor de economía del desarrollo en la Universidad de East Anglia,  quien se manifestó en  contra de caer en la tentación de culpar a China de todos los males.

Brasil se encuentra actualmente atravesada por un escándalo que involucra a la empresa petrolera estatal Petrobras, que está siendo investigada por la ejecución de un plan de sobornos a través del cual el partido de gobierno se encuentra acusado ​de  desviar dinero procedente de los contratos con empresas de ingeniería.  En este sentido, el profesor Jenkins recordó que, “la corrupción no empezó  en Brasil, cuando China llegó”

En 2011, la compañía de petróleo y gas  China Sinopec acordó otorgar  un préstamo de 10 mil millones de dólares a Petrobras  para desarrollar el campo petrolero de presal Atlántico. Desde entonces, China se convirtió en el segundo mayor prestamista de la región, superando tanto al Banco Mundial  como al  Banco Interamericano de Desarrollo.

Aunque China no  se encuentra implicada en el escándalo de Petrobras, la percepción del gigante asiático se vio perjudicada por este hecho. Los gobiernos de América Latina han considerado a China como un prestamista de “grandes bolsillos y  pocos requisitos“, y  además corrieron  el riesgo de tratar como temas menores a las buenas prácticas, la transparencia y la rendición de cuentas.

No sólo se trata de Brasil: en noviembre del año pasado, México canceló un contrato con China Railway Construction Corp (CRCC)  que iba a construir una línea ferroviaria de alta velocidad entre la Ciudad de México y Querétaro. Las dudas planteadas se focalizaron en la legitimidad y en los plazos del proceso de licitación, y así fue como el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, se ocupó rápidamente de la organización  de  una nueva ronda de licitación.

Las inversiones chinas no mejorarían la mala gestión de gobierno en América Latina, pero los caminos de acceso, los  puentes, las vías férreas interoceánicas y hasta los canales que China financia están modificando profundamente la geografía física de la región.

Uno de los proyectos sobre los cuales se hizo referencia en el evento fue el ambicioso y muy controvertido Canal de  Nicaragua, cuya inversión es de $ 50 mil millones  a través de una concesión  a 50 años al desarrollador HKND con sede en Hong Kong que, de completarse dentro de su plazo fijado, se creará una Nicaragua Norte y una Nicaragua Sur para el año 2020.

Gigantescos sistemas de líneas de transmisión de energía podrían atravesar  el país centroamericano con relativa facilidad, pero la comunidad  nicaragüense desplazada por el canal podría tener que viajar muchos kilómetros para llegar a un punto de cruce que les permita visitar a amigos y familiares que antes solían estar unos pocos minutos. Dragar el Lago Nicaragua – la mayor reserva de agua dulce en América Central – pondrá en riesgo el agua potable disponible  para más de 500.000 personas, y también expondrá al  peligro a diversas especies  acuáticas en vías de  extinción.

Robert Capurro, el director ejecutivo de Canning House (imagen: Lushan Huang/chinadialogue).

Robert Capurro, el director ejecutivo de Canning House (imagen: Lushan Huang/chinadialogue).

Pero Gabriela Moya, también miembro del jurado y asesora principal de políticas para el medio ambiente para el organismo de pensamiento E3G, se mostró optimista sobre la cooperación entre China y América Latina, y argumentó que, si se hace correctamente, puede limitar los efectos adversos sobre el medio ambiente.

Moya destacó el potencial de nuevos bancos de desarrollo para financiar proyectos sostenibles como el Banco BRICS y además sostuvo que los Bancos Centrales en Perú y Brasil ya comenzaron a adoptar políticas similares a las aplicadas por la  Directiva de Crédito Verde de China – un conjunto de garantías en vigor en China cuyo objetivo es limitar los impactos sociales y ambientales de las inversiones bancarias.

Sin embargo, en la práctica, a pesar  que las regulaciones bancarias chinas pueden ser eficientes en  su país, han demostrado ser difíciles de aplicar en el exterior, sobre todo en lugares tan remotos como la Amazonía ecuatoriana.

Los bancos chinos se han mostrado reticentes  a dar respuesta a las solicitudes de información sobre los potenciales  impactos de los proyectos que financian como la mina El Mirador ubicada en el área de biodiversidad de la Cordillera del Cóndor en Ecuador, lo que ha potenciado su reputación de ocultamiento  y falta de transparencia.

La forma de implementación de las  directrices de crédito verdes en América Latina es un trabajo en pleno  progreso,  ya que sólo fueron aplicadas a las inversiones chinas en el extranjero  partir de 2012.

En China, la mala aplicación de las normas  a nivel interno ha desencadenado la oposición popular. Para los bancos y las empresas chinas, que operan en el extranjero, con todas las diferencias culturales que puedan surgir, esto presenta nuevos desafíos.

Existen indicios  que las empresas chinas se preocupan por generar una imagen positiva en América Latina. Décadas de minerías de cobre  a cielo abierto mal reguladas, cerca de la ciudad peruana de Morococha, han dejado como saldo cantidades peligrosas de residuos tóxicos. Pero cuando la empresa estatal china Chinalco, adquirió el sitio en 2006, gastó $ 50 millones de dólares en la reubicación de la comunidad a nuevos  hogares en una ciudad nueva y pujante.

Además de la  empresa minera Shougang para  el desarrollo de una mina de cobre de Perú en 1992, China sólo entró  a la región de manera significativa sobre finales del cambio de siglo. Las empresas chinas no tienen la experiencia en América Latina  como si la tienen sus homólogos europeos o norteamericanos. Los operadores europeos y norteamericanos también han cometido errores y padecen  percepciones negativas.

Las empresas de construcción de China están ayudando América Latina a  reducir su brecha en infraestructura. La necesidad de superar las diferencias culturales  e informativas es también de vital importancia si ambas partes se benefician.

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