El AIIB debe cumplir con su gestión para coincidir con su retórica

Jin Liqun, presidente del BAII (image: World Economic Forum)

El AIIB debe cumplir con su gestión para coincidir con su retórica

Cuando los banqueros lleguen a Mumbai la semana próxima para la tercera reunión general anual del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB por sus siglas en inglés), muchos se preguntarán si el banco de desarrollo multilateral más nuevo del mundo ha cumplido con las promesas desde su fundación en el año 2015.

Su retórica ha sido impresionante. La estrategia energética del banco acordada durante el año pasado se comprometió a “abrazar” el Acuerdo Climático de París y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Su jefe de inversiones D Jagatheesa Pandian, quien alguna vez junto al primer ministro indio Modi fueron llamados los “hombres que gobiernan Gujarat“, aseguró que éste sería un “banco del siglo XXI“.

Mientras tanto, el presidente de AIIB, Jin Liqun, dijo en mayo a Bloomberg: “promover una economía sostenida mediante la inversión en infraestructura sin dejar una huella ambiental, es nuestra misión sagrada“. El mantra de larga data del banco es ser “eficiente, limpio y verde”.

Sin embargo, están surgiendo señales de preocupación que indican que el banco está luchando con las tensiones entre ser eficiente y ser verde. El préstamo del AIIB a intermediarios financieros externos abrió una puerta trasera a la inversión en proyectos de combustibles fósiles, mientras que relega su responsabilidad de proporcionar supervisión ambiental y social. También hay inquietudes sobre la voluntad del banco de involucrarse en una consulta pública significativa y en la divulgación de información, y al mismo tiempo, asumir la responsabilidad ante las comunidades afectadas por sus operaciones.

Préstamo “no intervencionista”

En la reunión anual general del año pasado en la isla de Jeju en Corea del Sur, el presidente Jin declaró: “no tenemos previstos proyectos de carbón en nuestra agenda”. Solo un año después, esa declaración dejó de ser cierta.

Hasta la fecha, el AIIB ha desembolsado US$4,59 mil millones, de los cuales US$990 millones se han invertido en cinco proyectos destinados a los combustibles fósiles.

Como un banco fundado después del Acuerdo de París, el AIIB tuvo una oportunidad única para transitar un camino diferente al de los bancos multilaterales de desarrollo ya establecidos, como el Banco Mundial y el Banco Asiático de Desarrollo, que poseen legados de infraestructura altos en carbono. Pero en cambio, el AIIB parece estar repitiendo algunos de los errores de otros bancos.

Por ejemplo, el AIIB ha invertido en Emerging Asia Fund (EAF) a pesar de las advertencias realizadas por la sociedad civil. El fondo es administrado por la Corporación Financiera Internacional (IFC), que es el órgano encargado de los préstamos del sector privado del Banco Mundial.

El acuerdo de EAF es parte de una nueva tendencia en el AIIB para invertir en intermediarios financieros. Este préstamo “no intervencionista” es de alto riesgo porque los proyectos financiados por el fondo no están rutinariamente sujetos a la supervisión ambiental y social del AIIB, lo que significa que el dinero del banco puede terminar en proyectos controvertidos.

Esto ya está sucediendo. Un nuevo informe publicado por el Centro de información del Banco Europa y Desarrollo Inclusivo Internacional revela cómo la inversión del AIIB en EAF terminará duplicando la producción en una mina de carbón en Myanmar para alimentar una controvertida planta de cemento.

Uno de los principales accionistas del AIIB defendió la inversión, argumentando que el carbón no se quemará para generar energía, sino por motivos industriales. La autora del informe, Petra Kjell, respondió que esta distinción no es importante ya que, “el clima no conoce la diferencia”.

Incluso el Banco Mundial ahora reconoce los riesgos de los préstamos a través de intermediarios financieros (IF). La rama de préstamos del sector privado del Banco Mundial, IFC, recortó recientemente sus préstamos IF de alto riesgo, de 18 a sólo cinco inversiones, como consecuencia de los escándalos ante los abusos a los derechos humanos y al medio ambiente.

Avanzando con las inversiones

En Mumbai, la Junta del AIIB decidirá si respalda a un mega intermediario financiero, el Fondo Nacional de Inversión e Infraestructura (NIIF). Este “fondo de fondos” es en un 49%  propiedad del gobierno indio. Los grupos indios se encuentran instando a la Junta a rechazar la propuesta, argumentando que no existen garantías para que dichas inversiones no terminen causando diversos daños, especialmente porque la NIIF tiene como objetivo reiniciar proyectos “estancados” en la India.

A menudo, estos proyectos han fracasado debido a la oposición de la comunidad y una cuarta parte de ellos a causa de los conflictos en sus tierras. Todavía no hay información pública disponible sobre una inversión similar del Fondo de Infraestructura de la India (IIF), respaldado por el AIIB hace un año, a pesar del compromiso del vicepresidente senior del AIIB, Joachim von Amsberg, quien ha asegurado que “por su parte, el Banco se compromete a … divulgar documentación ambiental y social relevante sobre estos subproyectos”. Por lo tanto, para los ciudadanos indios preocupados por la situación, las comunidades potencialmente afectadas y para la sociedad civil es imposible evaluar si el AIIB está garantizando que sus derechos sociales y ambientales sean implementados en el marco de esta inversión.

La Junta también considerará nuevas estrategias durante la reunión anual sobre el transporte y las ciudades sostenibles, habiendo acordado estrategias energéticas y de capital privado. Estas estrategias guiarán la dirección futura del banco, aseguran los accionistas. Mientras tanto, la junta continúa aprobando las inversiones: con un total de 25 hasta la fecha, 18 de ellas cofinanciadas con otros bancos multilaterales de desarrollo.

Rezagado en la gobernanza

La Junta aprueba estas estrategias e inversiones antes de que el banco posea una política final sobre información pública y un mecanismo de rendición de cuentas: los cimientos de una institución moderna, transparente y responsable.

Estos mecanismos son los que permiten la divulgación pública y la consulta, y ofrecen soluciones a las comunidades afectadas en el caso de que sufran daños a causa de las inversiones del AIIB. La Política Pública sobre Información y el Mecanismo de Gestión de Reclamos vencían el año pasado, pero aún están en vigencia. Las últimas noticias son que se acordarán para diciembre de 2018, pero ya hemos escuchado esto antes.

Estas políticas preliminares han causado consternación. No existe un compromiso de divulgación de los documentos cruciales de los proyectos de alto riesgo antes de la consideración de la Junta. Esto difiere del Banco Mundial (60 días) y el Banco Asiático de Desarrollo (120 días). El AIIB también tiene barreras insuperablemente altas para la presentación de un reclamo. El banco propone eliminar los reclamos de las comunidades afectadas por proyectos cofinanciados, que actualmente representan el 72% de la cartera de AIIB.

Sin embargo, incluso ante la ausencia de requisitos básicos de transparencia y de rendición de cuentas, la Junta aprobó en abril un nuevo “Marco de Responsabilidad” en el cual  la Junta delega a la administración del banco la aprobación de ciertos proyectos. Más de 60 organizaciones de la sociedad civil han impugnado este paso, argumentando que “esta decisión llega al corazón de la cuestión de la gobernanza en el Banco. Los miembros de la Junta son responsables ante sus gobiernos constituyentes y los accionistas del AIIB, de sus decisiones. A su vez, los gobiernos accionistas son responsables ante sus ciudadanos de garantizar que el Banco defienda sus normas ambientales y sociales en sus operaciones crediticias”.

La brecha se está ampliando entre la retórica del AIIB y la realidad de lo que implican sus inversiones para las personas y el planeta. Cualquiera que se haya acercado al AIIB estará familiarizado con la excusa de que “solo tenemos un equipo de ‘X'” (la cifra actual ofrecida es 159). Pero si las cosas empiezan a salir mal, ser “eficiente” con respecto al número de empleados, dejará de parecer una excusa y se asemejará más a la causa de los problemas del banco.

 

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