El cambio climático favorece la acción de grupos terroristas

Amal, 17 años, transporta el água en el Sudan del Sur (imagem: UNICEF )

El cambio climático favorece la acción de grupos terroristas

Cuando surgieron las primeras palabras de protesta en contra del gobierno de Siria, en 2011, las paredes de una escuela de Daara, ciudad rural del sur del país, eran testigos de una larga sequía que azotaba la región. Fragilizados por la falta de apoyo para resolver el problema de la escasez del agua, indignados por la brutal prisión de estudiantes que habían pintado grafitis en la escuela y por la corrupción, los habitantes de la ciudad salieron a las calles a protestar contra el régimen del presidente sirio Bashar al-Assad. Había comenzado uno de los conflictos más violentos y largos de la actualidad.

A partir de entonces, Siria presenció la muerte de más de un millón de personas, la huida de más de 10 millones de refugiados y el aumento de las acciones del grupo terrorista Estado Islámico (EI). Antes del comienzo de la guerra civil, más de 30 mil familias de productores rurales habían sido afectadas por la extrema sequía que azotaba al país desde 2007.

De a poco, los investigadores fueron encontrando un número cada vez mayor de evidencias que mostraban que el cambio climático constituye una amenaza creciente para la seguridad global. Un estudio publicado el jueves 20 de abril llega a la conclusión de que los riesgos e impactos provocados por el cambio climático pueden contribuir para el crecimiento de grupos terroristas tales como el Estado Islámico, que actúa en todo el mundo, y Boko Haram, que ataca básicamente en el continente africano.

“Territorios que ya están viviendo una situación de vulnerabilidad son llevados hacia un círculo vicioso que produce el surgimiento de grupos terroristas que terminan encontrando mayores facilidades para operar, lo que trae consecuencias para todos nosotros”, afirma Lukas Rüttinger, uno de los autores del informe “Insurgencia, Terrorismo y Crimen en un Mundo en Proceso de Calentamiento” (traducción libre), de la organización alemana  Adelphi.

Presiones por todos lados

En el caso de Siria, además de las fallas del gobierno y de las tensiones entre las diferentes sectas, otros factores han llevado el país al caos. La lista incluye eventos climáticos extremos, crecimiento de la población, deficiencias en la gestión de los recursos hídricos, urbanización y desempleo.

Según el estudio, el impacto del cambio climático ha facilitado, de diversos modos, el dominio del EI. “La escasez de agua debido a la sequía tuvo un papel importante en el reclutamiento de combatientes que habían perdido todo y que recibieron la oferta de tener una perspectiva económica, además de un sentido de pertenencia y valoración de parte del EI”, alerta el informe.

El control del agua se transformó en un arma de guerra en el conflicto. Los especialistas en climatología prevén que el período de sequías severas y la temperatura de la región aumenten hacia 2100. “Siria podría ser vista como el escenario más pesimista y una señal de alerta”, afirman los autores sobre los impactos del cambio climático y el surgimiento de conflictos armados.

Más allá de Siria

En Guatemala también hay preocupación por la violencia que provocan grupos armados. Poseedor de elevados índices de pobreza extrema, inseguridad alimentaria y un legado de conflictos, el país centroamericano además está sufriendo debido a la degradación de sus recursos naturales, tierras improductivas a causa de la deforestación y el uso abusivo del agua, lo que deja a la población todavía más vulnerable.

“Los impactos adicionales del cambio climático traerán todavía más inseguridad a la población rural, dejando a los ciudadanos más propensos a adherir a alternativas tales como cooperar con redes de traficantes de drogas”, evalúa el informe sobre el caso Guatemala.

En la opinión de los autores, diversos casos de conflictos actuales prueban que los riesgos complejos resultantes del cambio climático, poblaciones fragilizadas y conflictos contribuyen para que surjan grupos armados rebeldes.

En el entorno del lago Chad, en el continente africano, la disputa por el agua y la tierra alimentó tensiones sociales y conflictos violentos, un clima que favoreció la instalación de Boko Haram.

“Nuestro estudio muestra que el cambio climático y sus impactos de larga escala contribuyen para crear un ambiente que favorece la acción de esos grupos, un espacio abierto que facilita su acción”, argumentan.

No sólo países más fragilizados o en conflictos pueden perjudicarse debido a acciones terroristas de grupos armados. También gobiernos más estables podrían sufrir por la sobrecarga resultante de las presiones del cambio climático, urbanización, degradación ambiental y aumento de las diferencias socioeconómicas, afirman los autores del estudio.

Una de las estrategias recomendadas para combatir el explosivo poder de esa combinación es entender mejor los impactos del cambio climático y aumentar la capacidad de adaptación de las ciudades.

“El objetivo es crear estados y sociedades más resilientes que sean capaces de absorber los choques, en un significado más amplio. Y transformar los desafíos mediante procesos políticos y, al mismo tiempo, mantener la estabilidad política y social, previniendo la violencia”, recomienda Rüttinger.

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