El flirteo de China con las finanzas verdes

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El flirteo de China con las finanzas verdes

China ha experimentado con una serie de instrumentos financieros con el fin de incentivar al sector financiero en su apoyo a la sostenibilidad,  especialmente con uno en particular – bonos verdes – superando a los equivalentes convencionales

Este invierno, en las calles de Beijing fueron menos las personas que se cubrían su cara con mascarillas de filtración de aire. Este fue un gran cambio con respecto a años anteriores, y aunque pareció repentino, en gran parte fue gracias a un esfuerzo concertado en China para frenar la degradación ambiental.

Para lograrlo, China ha adoptado una plétora de políticas verdes que van desde la mejora de la gestión del riesgo ambiental hasta los esquemas de comercio de carbono. Sin embargo, hay una invención relativamente nueva que está generando grandes cambios tanto en el medio ambiente como en la economía: las finanzas verdes.

Esta rama de la economía pone su foco en que el medio ambiente es importante para las empresas modernas, y no sólo para sus departamentos de comercialización. El financiamiento verde tiene como objetivo cerrar la brecha entre las finanzas, el cambio climático y la protección del medio ambiente al financiar proyectos de sectores que abarcan desde el transporte a la energía, para que sean compatibles con objetivos de sostenibilidad a largo plazo.

De la negación a la acción

La historia del rápido desarrollo de China es bien conocida: el enfoque sobre el crecimiento de la economía ha tenido un impacto desastroso en el medio ambiente. Pero el segundo acto es menos conocido: la comprensión del problema y la magnitud del cambio de la política.

China se está convirtiendo rápidamente en un líder mundial en finanzas verdes gracias al respaldo de los más altos niveles de liderazgo político. “El cambio climático es un ejemplo de que la intención del máximo liderazgo de China coincide con la realidad sobre el terreno”, escribió chinadialogue hace tres años atrás.

Un gran paso en la suba del perfil de las finanzas verdes a nivel internacional se produjo cuando China, como sede de la Cumbre del G20 en 2016, incluyó las finanzas verdes en el comunicado oficial. En las siguientes reuniones del G20, Alemania y Francia han recogido el bastón de las finanzas verdes.

Además, en octubre de 2017, el presidente Xi Jinping se refirió a las finanzas verdes durante su discurso en el 19º congreso del partido, el encuentro quinquenal en el cual el partido describe sus prioridades políticas. Cuando un tema recibe el sello oficial del partido a ese nivel, las cosas se mueven rápido. Esto también ha sucedido con las finanzas verdes.

El crecimiento del mercado verde

Ma Jun, asesor especial del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) sobre Finanzas Sostenibles y copresidente del Grupo de Estudio de Finanzas Verdes del G20, supo resumir cómo las finanzas tradicionales en China niegan a apoyar el desarrollo verde: “Si miras el sistema bancario de China, descubrirás que la duración promedio de un préstamo es tan solo de dos años. Por lo tanto, si se necesitan fondos para un proyecto de diez años,  es necesario recaudar fondos unas cinco veces más. Esto aumenta los riesgos de inversión porque si no obtiene el próximo préstamo, el proyecto tendrá que cerrar.”

Ma agregó que muchos proyectos ecológicos, incluidos los subterráneos, los ferrocarriles, el tratamiento del agua, los desechos sólidos y las nuevas energías, poseen largos períodos de inversión. “Pueden pasar 10, 15 e incluso 20 años antes de que las inversiones obtengan un rendimiento. Esto va mucho más allá de los períodos de préstamo ofrecidos por los bancos en los países en desarrollo”.

Una de las herramientas financieras verdes que es clave para abordar el problema anterior son los bonos verdes y China se ha convertido rápidamente en un líder mundial en esta área. Los bonos verdes son similares a otros bonos en la medida en que el prestatario emite deuda a un tenedor de bonos para financiar un proyecto. La diferencia es que los bonos “verdes” generalmente se dirigen a proyectos ambientales, o aquellos que contribuyen a cumplir con objetivos climáticos más amplios, como la reducción de las emisiones de carbono. Sin embargo, las definiciones de aquello que califica como ‘verde’ a menudo difieren entre países y emisores.

En los últimos tres años, la emisión de bonos verdes ha crecido de casi cero a US$37.1 mil millones. En 2017, la emisión del mercado aumentó en un 4.5%. Esto puede parecer un aumento relativamente pequeño, pero en un mercado de bonos que supo ver un descenso del 85%,  sigue siendo impresionante. A nivel mundial, hoy China ocupa el segundo lugar detrás de los Estados Unidos por el monto total emitido en bonos verdes. Hay una serie de razones detrás de este repentino aumento.

Señales de políticas

Las señales de políticas claras son esenciales para que el mercado financiero se vuelva verde.

El Banco Popular de China (PBoC) y la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma (NDRC), el principal órgano administrativo responsable de diseñar e implementar una estrategia para el desarrollo económico y social, han hecho fuertes declaraciones sobre estas políticas. Éstas se implementaron en forma de directrices de bonos verdes para los inversores durante diciembre de 2015 y enero de 2016, respectivamente.

En el marco de estas directrices, dos reguladores, la Comisión Reguladora de Valores de China y la Bolsa de Valores de Shanghái y Shenzhen, establecieron qué tipos de bonos podrían etiquetarse como verdes, cómo lograr esta clasificación, quién calificaría el bono como verde y las pautas para un mayor desarrollo del mercado. Después de haberse creado las pautas, los reguladores y participantes pertinentes se propusieron definir cómo interpretarlas, y en dos años, el mercado de bonos verdes chino ha crecido a más de US$30 mil millones.

El mercado de bonos verdes de China sigue un camino de desarrollo similar al de su floreciente industria solar: una declaración clara de la autoridad central sobre sus intenciones, la inclusión del sector en la documentación del gobierno central, seguida de condiciones de mercado favorables para los participantes iniciales.

El tamaño y el crecimiento del mercado crediticio chino son los principales pilares del marco que comprende a los bonos verdes, dice Wang Yao, director general del Instituto Internacional de Finanzas Verdes. El gobierno central ha confiado en los gobiernos locales para testear y generar el crecimiento de esta industria naciente. Sin embargo, según Wang, el gobierno central está trabajando en la formulación de mecanismos de subsidio de financiamiento verde para crear incentivos para los inversores y las empresas.

Pero para aquellos inversores que optan por ‘el camino verde’, tienen actualmente su rentabilidad limitada, dice Wang: “Invertir en finanzas verdes parece tener un costo de oportunidad considerable, especialmente porque la tecnología verde es bastante costosa y la internalización del costo ambiental está aún en una etapa muy inicial “.

Las empresas todavía no han empezado a tener en cuenta los costos ambientales en su toma de decisiones porque los activos verdes todavía caen en la categoría de inversiones a largo plazo. No obstante, Wang cree que el beneficio de las inversiones verdes algún día superará sus costos de oportunidad.

Zonas piloto

En el verano de 2017, las autoridades chinas establecieron cinco zonas pilotos verdes en las provincias de Guangdong, Guizhou, Jiangxi, Zhejiang y Xinjiang. Estas zonas explorarán las innovaciones financieras para apoyar el crecimiento de las industrias verdes, cada una de las zonas tiene una subcategoría de finanzas verdes específica para explorar.

Las zonas piloto de las finanzas verdes en China

La provincia de Guangdong, en el sur de China, es un buen ejemplo de lo que se supone que deberían lograr las zonas piloto y cómo se ajustan a las condiciones específicas de la región. De las cinco zonas, Guangdong es la más grande en términos de población, tiene la mayoría de las instituciones financieras, los ciudadanos más ricos y la tasa de urbanización más alta. En el distrito de Huadu, al norte de la ciudad capital provincial Guangzhou, el proyecto piloto se centró principalmente en la industria de servicios financieros de la zona, incluidos los esquemas de comercialización de permisos de emisión, derechos del agua y cuotas en el uso de las energía.

Este contexto contrasta con Xinjiang, una provincia montañosa desértica localizada en el noroeste de China, que está estableciendo su zona financiera verde para atender las demandas específicas de la industria solar y la eólica.

Las cinco zonas piloto tienen una relativa libertad para la implementación de políticas de financiamiento verde bajo su propia consideración, razón por la cual perfeccionarán las mejores prácticas en el camino. Pero la especialización local es alentada ya que las provincias de China poseen diferentes capacidades y características. También tienen diferentes problemas ambientales y, potencialmente, ofrecen sus propias soluciones.

La ciudad de Guangzhou en la provincia de Guangdong (image: Tyler Sprague)

Una vez que los cinco programas piloto estén funcionando, será posible que el gobierno y los reguladores definan un enfoque de mejores prácticas y lo apliquen a la elaboración de políticas para todo el país.

Transparencia

Para que un mercado financiero verde sea saludable necesita transparencia. Los inversores en bonos verdes deben tener absoluta confianza en que sus fondos se destinarán a negocios ecológicos, o bien podrían elegir invertir en un bono convencional. Pero la transparencia en el sector de los bonos verdes ha dejado mucho que desear, tanto en China como a nivel mundial.

Al momento de certificar si el bono es verde o no, los emisores en China dependen principalmente de las directrices del PBoC. Las directrices son de 2016 y desde entonces han sido complementadas por políticas separadas, pero similares, de la NDRC y la Bolsa de Shanghái, que tienen como objetivo aclarar lo que es verde y lo que no.

De acuerdo con la política de bonos verdes del PBoC, un emisor debe informar trimestralmente cuáles son los tipos proyectos financiados por las ganancias de los bonos verdes. Este tipo de informe podría mostrar, por ejemplo, que mil millones de yuanes de un bono de dos mil millones de yuanes se destinaron a una granja solar y los siguientes mil millones de yuanes a una planta de tratamiento de agua. En este marco, se publica un informe especial realizado por un auditor externo para confirmar el uso de los fondos de los bonos.

El máximo auditor individual del mercado chino es Zhongcai Green Financing, una consultora afiliada al Instituto Internacional de Finanzas Ecológicas, mientras que los cuatro grandes auditores KMPG, EY, Deloitte y PWC representan el 58% del mercado. Hay 11 auditores aprobados que operan en China, pero se unirán más a medida que se abra el mercado. Su rol e importancia crecerán en paralelo con el mercado.

La mejora general en la divulgación de la información ambiental en China también proporciona una base más sólida para el desarrollo de las finanzas verdes. El Ministerio de Protección Ambiental, ahora parte del nuevo y más grande Ministerio de Ecología y Medio Ambiente, luego de una reorganización realizada en el mes de  marzo, ha ido ampliando gradualmente las regulaciones que obligarán a las compañías a publicar su información ambiental. También se han puesto a disposición del público más datos ambientales suministrados por el gobierno sobre dichas empresas.

Tal como observó Guo Peiyuan, presidente de la consultora Syntao Green Finance; “El intercambio de datos ambientales por parte de las autoridades ambientales ha jugado un rol muy positivo en el desarrollo de las finanzas verdes, y en particular en los préstamos verdes de los bancos privados”.

En algunas localidades de China, las autoridades intentan mejorar la calidad y la presentación de dichos datos para ayudar a las instituciones financieras a mejorar la evaluación del riesgo financiero de las empresas. Para el  2020 será obligatorio que todas las empresas chinas divulguen su información ambiental. Es un proceso gradual, pero las empresas ya pueden ver cuáles son los  cambios que tienen por delante.

Estándares e internacionalización

Unos estándares claramente definidos son cruciales para que exista un mercado eficiente, y son un gran problema en la etapa actual del desarrollo de las finanzas verdes porque varían demasiado a través de las fronteras, lo que perjudica el potencial de crecimiento. El financiamiento es global, pero si, por ejemplo, una administradora de fondos de pensiones alemana no está completamente segura si su inversión cumple con el mandato verde otorgado por sus inversores, cuando está comprando un bono verde en China, no puede cumplir con su inversión, lo que lleva a una menor demanda, menos inversión y, posteriormente, un crecimiento menos sostenible.

Sin embargo, tanto los inversores como las instituciones financieras están cada vez más convencidas de la importancia de la protección del medio ambiente y la resiliencia climática. Una mayor demanda de un bono significa una menor tasa de cupón (el interés pagado por el emisor en el bono) que también es más atractivo para las empresas y los bancos que están considerando emitir bonos verdes en el mercado.

Los fondos de pensiones europeos están a la vanguardia de la desinversión en combustibles fósiles y la inversión sostenible, pero se enfrentan a una oferta limitada de activos verdes para invertir en todo el mundo. El verano pasado, el grupo de expertos en banca de inversión, el Foro Oficial de Instituciones Monetarias y Financieras, le consultó a los administradores de fondos en qué estaban buscando invertir. La mitad respondió que estaban considerando ingresar al mercado de bonos verdes. Estas 237 compañías, con una capitalización bursátil combinada de US$6,3 billones, se han comprometido públicamente a apoyar al Grupo de Trabajo sobre Divulgaciones Financieras Relacionadas con el Clima, un grupo presidido por el ex alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, cuya misión es mejorar la transparencia en las finanzas verdes. Existe un claro interés en los activos verdes, los obstáculos son la información y el acceso.

Este es un desafío en China debido a la naturaleza cerrada de sus mercados financieros. Pero el otoño pasado, Beijing dio pasos legislativos hacia la apertura de sus mercados y parece que esto beneficiará al sector de las finanzas verdes. Los cambios de la política realizados en noviembre permitirán a las instituciones financieras extranjeras convertirse en accionistas mayoritarios de las compañías financieras chinas, y en el futuro se les permitirá convertirse en los únicos propietarios de las compañías.

Los mercados financieros de China aún están poco desarrollados tanto en su tamaño como en su sofisticación, y esto es particularmente cierto en el caso de las finanzas verdes. Uno de los próximos grandes desarrollos para el mercado financiero verde en China asumirá el formato de  Valores Respaldados por Activos: un activo que típicamente tiene un vencimiento más corto (el período de tiempo posterior al vencimiento final) y puede ser bursatilizado (agrupado y su flujos de efectivo vendidos a terceros) ayudando a los bancos a reducir el costo total del crédito verde. Este es un mercado cuya evolución podría beneficiarse del aumento de efectivo y experiencia a nivel global.

Jin Liqun, el presidente del AIIB (imagen: World Bank)

Mientras tanto, las finanzas verdes chinas también adoptarán un ‘standard’ global ya que se han convertido en una parte central de las directrices para invertir en la Iniciativa Una Franja, Una Ruta, así como también formarán parte del mandato oficial del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB, por sus siglas en inglés) con sede en Shanghái, en el cual China es un gran contribuyente.

El único inhibidor en pos de una mayor internacionalización es la diferencia en los tonos de la inversión verde que existen a través de las fronteras. China se ha separado del resto del mundo en su enfoque de ‘carbón limpio’ en las carteras de bonos verdes. Según todos los estándares, el carbón limpio no está limpio. En este sentido, Charles Bedford, director general regional de la región Asia-Pacífico para Nature Conservancy, dijo a Bloomberg Environment en febrero: “Hacer menos malo el carbón no los convierte necesariamente en un vínculo verde, pero hacer el carbón menos malo no es algo malo de hacer.”

Wang Yao no está de acuerdo en si se debe permitir que el carbón limpio aparezca en las carteras de bonos verdes. Esto es algo que los inversionistas tendrán que aceptar a medida que los mercados emergentes maduren, dice Wang. “Mi opinión es que no tendremos un estándar global unificado para las finanzas verdes. Los diferentes países se encuentran en distintas etapas de desarrollo, lo que significa que se encuentran con diferentes estructuras industriales, energéticas y económicas. Algunos países aún tendrán que depender del carbón, mientras que otros son 100% renovables. No se puede abandonar a los países que todavía usan carbón, pero se puede hacer que el carbón sea más limpio y desarrollar otras fuentes de energía más limpias”.

China aún obtiene un enorme 64% de su energía del carbón,  y aunque aminore su dependencia, ese número se mantendrá por encima del 50% en 2030, según un estudio de investigación publicado por la revista científica Engineering, en el 2016.

Ejemplo global

Muchos países desarrollados han seguido el ejemplo de China. Francia es un gran emisor de bonos verdes y su perfil ha crecido rápidamente desde la elección de Emmanuel Macron.

Australia, que alberga grandes fondos de pensiones que pueden significar posibles inversiones en bonos verdes, aún no ha emitido su primer bono verde. Los inversores dicen que la incertidumbre en torno a las políticas ambientales del país es perjudicial para el mercado.

Brasil, una economía emergente que actualmente se ubica justo fuera del ‘top 10’ en el ranking mundial de emisores de bonos verdes, ofrece un gran potencial para inversiones verdes, de acuerdo con la Corporación Financiera Internacional (IFC) del Grupo del Banco Mundial. Para cumplir los objetivos establecidos en su plan climático nacional, o contribución determinada a nivel nacional (NDC), presentada a la ONU, Brasil necesitará US$1.3 billones en carácter de financiamiento.

Brasil se ha comprometido a una reducción incondicional de las emisiones de gases de efecto invernadero del 37% para el 2025, alcanzando el 43% para el 2030 y sujeto a recibir financiamiento internacional. El NDC también tiene como objetivo aumentar el consumo de bioenergía al 18% y la participación general de las energías renovables en la combinación energética al 45%, así como recuperar los bosques y mejorar los medios de transporte sostenibles..

Sin embargo, recientemente el gobierno brasileño accionó para limitar el gasto público durante los próximos 20 años. Si la meta es cumplir con sus objetivos climáticos, el capital privado internacional será fundamental. “Los bonos verdes tienen el potencial de aprovechar las fortalezas de los sectores claves de Brasil y modificar la inversión hacia una economía baja en carbono”, establece un informe de la organización Climate Bonds Initiative.

“Brasil está en camino de posicionarse como un futuro líder en finanzas verdes. Ha superado la marca de los 11 mil millones de reales (US$3.7 mil millones) en emisiones de bonos verdes, enfatizando en inversiones en agricultura bajas en carbono, infraestructura sostenible y energía renovable”, aseguró Justine Leigh-Bell, directora de desarrollo de mercado de Climate Bonds Initiative, durante una reunión de la Iniciativa brasileña Financiación Verde de Brasil, en San Pablo durante el mes de diciembre.

Michel Temer, presidente de Brasil, con su homólogo chino Xi Jinping (imagen: Beto Barata/ PR)

En junio del año pasado, China y Brasil establecieron un fondo de US$20 mil millones para mejorar la infraestructura, y China asumió la responsabilidad del 75% de los proyectos que respaldará. Frente a un panorama político altamente incierto, las agencias calificadoras de riesgo Fitch y Standard and Poor’s han devaluado a Brasil este año. Aunque los inversores pueden considerar que el país latinoamericano tiene un riesgo demasiado alto para las inversiones a largo plazo, el informe asegura que el fondo Brasil-China podría proporcionar un buen punto de partida para apalancar los bonos verdes relacionados con la infraestructura.

Lazos verdes: ¿ganan todos?

La belleza de las finanzas verdes radica en que es local y global al mismo tiempo. Cuando el aire es fresco y limpio en Beijing, beneficia a los lugareños. Cuando China restringe las emisiones de carbono a nivel nacional mediante el aumento de la participación de las fuentes de energía limpia en su combinación energética, beneficia a todo el mundo.

Si hay algo que puede ayudar al crecimiento de un mercado, es la perspectiva de ganancias. Las empresas y los inversores que hablan de “volverse verdes” como un movimiento superficial para mejorar su imagen pasan por alto muchas de las oportunidades que el sector de finanzas verdes puede ofrecer. La experiencia china cuenta una historia convincente: un análisis reciente mostró que un índice de acciones verdes listadas en la conexión Hong Kong-Shenzhen, superó a las acciones convencionales en un 8%.

Como lo demostró el Acuerdo de París de 2015, la batalla contra el cambio climático se ha globalizado. En política, esto está conduciendo a una cooperación global para reducir la contaminación y disminuir las emisiones de carbono. La cooperación en torno a las políticas nacionales y mundiales sobre finanzas verdes tiene el mismo potencial. Requiere la creación de políticas y condiciones claras y focalizadas, y un campo de juego equitativo basado en intercambios abiertos de información; por lo tanto, se trata de dejar que el mercado haga su trabajo.

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