Hacia la descarbonización de la economía mundial

Secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, en la Climate Action 2016 (magen: Fabíola Ortiz)

Hacia la descarbonización de la economía mundial

La descarbonización de la economía mundial debe ser el nuevo mantra, en especial en los grandes países contaminadores como China, que alcanzará el pico máximo de emisiones de gases de efecto invernadero en 2030. El gigante asiático además enfrenta importantes desafíos para generar energía baja en carbono, según especialistas que participaron en la cumbre Climate Action 2016, que se realizó en  Washington (EE.UU.), durante los días 5 y 6 de mayo. Según los participantes, China debe poner mucho más empeño para descarbonizar su economía.

China tendrá “un gran desafío por delante”, según admitió Xiliang Zhang, director del Instituto de Energía, Medio Ambiente y Economía de la Universidad de Tsinghua. El académico chino fue uno de los autores de los informes número 4 y 5 del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) y contribuyó con la coordinación del capítulo del informe sobre energía relacionado con China, además de integrar investigaciones relativas a metas de mitigación organizadas por el ministerio de Ciencia y Tecnología chino.

En 2015, China desplazó a Alemania del primer lugar mundial como el país con la mayor capacidad instalada de energía solar. En China, mientras que la capacidad eléctrica para generar energía eólica se cuadruplicó, la solar creció 168 veces. Sin embargo, hacia 2015, la energía producida por fuentes renovables no había sido conectada al sistema de energía eléctrica a través de las redes de transmisión.  Además, el 10% de la energía eléctrica producida por fuentes eólicas se desperdició.

Todavía “falta claridad” en relación a cómo se integrarían las energías renovables al sistema eléctrico, advierte un estudio realizado por el World Resource Institute (WRI). El gigante asiático dio señales de que va a revertir las emisiones de CO2, elevando a un 20% la cantidad de energía proveniente de fuentes neutras en carbono hacia 2030. A pesar de que el país en forma progresiva viene incrementando la magnitud de su compromiso, tal compromiso “no es proporcional al impacto que tendrá el crecimiento de las emisiones en el largo plazo”, evaluó Carlos Rittl, secretario ejecutivo del Observatorio del Clima, en una entrevista concedida a Diálogo Chino.

“No se observa ninguna indicación de cuándo China comenzará a hablar de descarbonización”, se quejó Rittl.  Sin embargo, reconoció que el gobierno chino viene teniendo actitudes “interesantísimas”, tales como la decisión de no abrir nuevos yacimientos de carbón y de incrementar las inversiones en energías renovables, cifra que aumentó de U$S 39 mil millones a U$S 111 mil en un lapso de cinco años. En las últimas semanas, Pequín se mostró interesada en ratificar el Acuerdo de París todavía este año, lo que representa un “paso político interesante” y puede estimular a que otras economías hagan lo mismo, analizó.

Barreras políticas y culturales

Debido a su fuerte poder de decisión, el gobierno chino termina reflejando sus elecciones en las acciones que llevan a cabo las empresas que, ocasionalmente, han optado por rediseñar sus estrategias de emisiones y de consumo energético de fuentes más limpias.

Es el ejemplo de tres grandes corporaciones chinas (China Steel Corporation, Broad Group y Yingli Green Energy Holding Company Limited), que han resuelto integrar una iniciativa que fue anunciada durante la semana pasada por el WRI y organizaciones aliadas tales como el WWF y el  Global Compact de las Naciones Unidas. Más de 150 multinacionales se comprometieron a reducir sus emisiones de carbono. El deseo de la iniciativa “Science Based Targets” es sumar un total de 250 corporaciones hacia 2018.  Entre las que ya integran el programa, 34 están localizadas en Asia.

Cynthia Cummis, una de las responsables por la iniciativa del WRI, admitió a Diálogo Chino que a pesar de que China es prioridad, todavía existen “barreras políticas y culturales” que impiden que las compañías asuman dicho compromiso.  La idea es hacer que las empresas impulsen metas cada vez más ambiciosas y que éstas estén alineadas con el discurso científico.  Nuestra intención es que dicha iniciativa se transforme en una práctica habitual en el mundo de los negocios, y China es prioridad”, comentó.

“Hasta el momento, éstas son las empresas chinas que hemos logrado reunir, pero quisiéramos que más empresas se involucraran.  Se trata de una señal positiva, nos sorprendió haber logrado sumar estas tres empresas. Ahora debemos concentrar nuestros esfuerzos todavía más para colocar el foco en China durante los próximos años”, anunció Cummis.

La actuación de las corporaciones que se unan a este programa será evaluada según los compromisos asumidos, y en el caso de que los cumplan, recibirán una certificación y serán reconocidas en el mundo de los negocios.

El sector privado y la ciencia

Las metas firmadas en el Acuerdo de París en diciembre de 2015 no pueden valer sólo para gobiernos nacionales, sino que también deben ser apoyadas por la ciencia y la innovación y transformarse en un objetivo para el sector privado.

Las industrias y corporaciones transnacionales son actores importantes que pueden ayudar a resolver la ecuación global del clima. La transformación hacia una economía baja en carbono va de la mano de la innovación tecnológica, algo que habitualmente falta en las economías en desarrollo, argumentó Zhang”. Las instituciones académicas de los países en desarrollo carecen de capital humano y de personas calificadas. Como académico, quisiera destacar la importancia que posee que cada país elabore políticas climáticas para que esta transformación se lleve a cabo”, destacó.

Aproximadamente 700 líderes de organismos multilaterales, gobiernos, empresas y del tercer sector se reunieron durante dos semanas luego de que 175 países hubieran firmado, en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, el Acuerdo de París. En junio de 2015, Zhang participó en una investigación realizada en colaboración con la escuela de Administración del Massachusetts Institute of Technology (MIT), para estudiar los posibles escenarios en los cuales China podría invertir, en dos décadas, su trayectoria ascendente de emisiones. En su opinión, se deben estrechar los lazos de cooperación entre las instituciones académicas y los tomadores de decisiones, ya que no basta trazar metas que sean sólo políticas sin involucrar lo que los sectores de ciencia e innovación son capaces de realizar.

El pensamiento del investigador chino coincide con la opinión de especialistas, como Alden Meyer, director de estrategia y política de la Union of Concerned Scientists, y de Jeffrey Sachs, economista director del Instituto Earth de la Universidad de Columbia.“Debemos cambiar nuestra mentalidad y ver a la necesidad de descarbonizar la economía a largo plazo como una oportunidad. Estamos a punto de lograrlo, pero necesitamos de todos los esfuerzos. Debemos apalancar las inversiones en colaboraciones e iniciativas que utilicen tecnologías bajas en carbono.

Por otro lado, según Sachs, el tiempo ya se agotó y “hasta el momento nadie hizo ninguna evaluación realista de cómo podemos descarbonizar”. Actualmente, la palabra planificación pareciera ser bastante odiada, ironizó. “Lo que estamos necesitando es una planificación a largo plazo y no una magia de mercado que pueda resolver lo que los países necesitan”, argumentó criticando las Contribuciones Previstas y Determinadas a nivel nacional (INDCs) que se hicieron en París, por ser “insuficientes, inadecuadas y por no indicar qué es necesario para frenar el calentamiento global”.

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