La cooperación entre China y Latinoamérica debe intentar y resolver los problemas medioambientales

Las ciudades de América Latina están creciendo y enfrentan varios desafíos como transporte y energía límpia y escasez de agua. China tiene un papel en entregarlos (foto: Gabriel White ).

La cooperación entre China y Latinoamérica debe intentar y resolver los problemas medioambientales

La interacción económica y política con China y Latinoamérica será una fuerza decisiva para esta década y, podría decirse, para este siglo; una tendencia que fue reconocida en la cooperación más cercana anunciada la semana pasada en el Foro China-CELAC en Beijing.

En la reunión, adonde asistieron varios líderes latinoamericanos, el presidente chino Xi Jinping se comprometió a inyectar US$250 mil millones en inversiones en la región durante los próximos 10 años y acordó cooperar de forma más cercana en áreas importantes, como energía, comercio y economía.

El punto medio entre China y Latinoamérica es imperativo porque los países necesitan entregar soluciones innovadoras en relación al desarrollo para una población en expansión que tiene mayores expectativas.

Ya sea se trate de Tianjin o Lima, los ciudadanos cada vez comparten más aspiraciones similares: vivir en una ciudad cuya calidad del agua o del aire no los mate prematuramente.

Al tomar decisiones equívocas en torno a la urbanización tanto en Latinoamérica como en China, los gobiernos experimentarán cada vez más reacciones molestas entre los ciudadanos si la contaminación, los embotellamientos de tráfico y la escasez del agua empeoran.

No obstante, si emerge un desarrollo nuevo y sostenible desde esta nueva avenida de la cooperación, entonces la escala del impacto no tendría precedentes y cambiaría el estilo de vida de cientos de millones de ciudadanos.

La historia de vínculos más cercanos es sin duda, atractiva para muchos. Sin embargo, la realidad básicamente hace un llamado a la prudencia. Los proyectos específicos que el China-CELAC va a promover podrían determinar si los ciudadanos chinos y latinoamericanos se van a beneficiar de un mejor desarrollo y de estándares más elevados de vida. O talvez no.

Los anuncios iniciales en el foro no fueron inmediatamente alentadores y descuidaban algunos de los temas de desarrollo más urgentes en la región.

A medida que la segunda economía del mundo lucha por superar a los EE.UU., China está hambrienta de recursos. Ya de por sí, miles de millones de dólares están vertiéndose a Latinoamérica a cambio de petróleo venezolano, soya argentina y brasilera, y cobre peruano y chileno. China se ha convertido en el segundo mayor socio comercial de la región y en la tercera mayor fuente de inversión.

Pero Latinoamérica no está creciendo tan rápido como hasta hace unos cuantos años, aumentando la importancia de compromisos de la inversión extranjera y apuntando a aumentar el volumen del comercio entre la asociación de US$500 mil millones.

Así que esta atención cada vez más intensa de China debe cumplirse con una claridad de propósito.

Energía, transporte y agua

Tres áreas principales: energía de bajo carbono, transporte sostenible y desarrollo urbano, y conservación de agua, deben integrarse explícitamente.
La energía limpia ha sido un gran potencial a lo largo de Latinoamérica; la región se considera “una de las grandes fronteras para la inversión en energía limpia”. De 2006 a 2013, Latinoamérica atrajo un acumulado de US$132 mil millones (US$93,4 mil millones de los cuales fueron a parar a la construcción de nuevos proyectos).

China representará casi el 40% de la expansión global del lanzamiento de la capacidad de energía renovable. Entre 2003 y 2011, la generación de electricidad renovable aumentó en casi 12%, mientras que la tendencia global fue de solo 5%. El Foro China-CELAC necesita acelerar la marcha de esta transición de energía y no ser un obstáculo. Sería un error anclar esta plataforma a los combustibles fósiles contaminantes.

Sin embargo, los foros China-CELAC para la energía y la tecnología, anunciado por el jefe de estado de Ecuador, Rafael Correa, podría entregar algunos resultados sobre energía de bajo carbono para septiembre.

China añadirá un estimado de 350 millones de residentes a sus ciudades en los próximos 20 años. El Gobierno ya se enfrenta a una protesta pública debido a la contaminación atmosférica, lo que se está traduciendo en protestas medioambientales (han crecido en promedio un 29% cada año y el número aumentó en 120% de 2010 a 2011). Latinoamérica también se está enfrentando a grandes desafíos a medida que cada vez más parte de la población migra hacia las ciudades. El Foro podría ofrecer una plataforma colaborativa en torno a la planificación urbana a largo plazo y las ciudades de bajo carbono y transporte limpio. Otra cuestión es ver si se incluye dentro del Foro los planes para construir un tren entre Perú y Brasil. Elegir esto por votación colectiva dentro del China-CELAC tendría sentido.

A medida que China trata de resolver sus crisis crónicas de agua y Latinoamérica lucha contra la escasez de agua que cada vez empeora más, el Foro China-CELAC podría insertar la conservación de este recurso tan esencial y acelerar las soluciones a un problema que afectará a los gobiernos, las personas y los comercios por igual. También podría crear consciencia sobre los vínculos entre el agua, los alimentos y la energía.

Capturando la oportunidad

Latinoamérica está más democrática y urbana que nunca antes. Esta década, la región debe trabajar en base a las victorias ganadas con esfuerzo: una clase media más grande, menos pobreza extrema y estabilidad política, para poder entregar prosperidad a una gran mayoría de latinoamericanos.

En la actualidad, la región debe hacer elecciones críticas que ataquen algunos problemas fundamentales. Tomemos por ejemplo, la urbanización. Latinoamérica tiene el mayor porcentaje del mundo de personas que viven en las ciudades, el 80%, y hoy en día nuestras ciudades no están preparadas para tal propósito. Los países latinoamericanos necesitan llegar a nuevos consensos nacionales en cuanto a las inversiones privadas y públicas en infraestructura: ¿Qué tipos de energía potenciarían los hogares, los edificios y las fábricas? ¿Cómo deberían expandirse las ciudades y modernizarse las ciudades urbanas existentes? ¿Cómo usar nuestros recursos naturales con el paso del tiempo?

Los gobiernos y el sector privado (exportadores, importadores, el turismo) deben resistirse a la lógica de que “todo puede ser” que a menudo se ve cuando las decisiones solo toman en cuenta los resultados a corto plazo. Cada país debe definir de internamente las estrategias a largo plazo para que la energía, la infraestructura de transporte y las ciudades puedan alcanzar de la mejor forma los objetivos a nivel nacional. El punto es el siguiente: China sabe lo que quiere de Latinoamérica: recursos, influencias, aliados, pero, ¿acaso sabe la región lo que quiere de China?

No Comments

Sorry, the comment form is closed at this time.