La dependencia al petróleo ya no es una opción para América Latina

La dependencia al petróleo ya no es una opción para América Latina

El sistema energético a nivel global está experimentando una transformación. El año pasado, la energía renovable se convirtió en la mayor fuente de capacidad instalada en el mundo y Bloomberg Energy Finance estima que para el año 2040 los vehículos eléctricos representarán el 35% en las ventas de automóviles. Además, el CFO de Shell sostuvo que espera que petróleo llegue a su pico antes del suministro de petróleo, proyectándolo en un plazo de cinco  a 15 años. Sin dudas, esto tendría repercusiones para el mercado del petróleo.

Esta expansión de la energía limpia y el transporte sólo está prevista para acelerar lo establecido sobre el cambio climático en el Acuerdo de París, en el cual la decisión de los gobiernos fue limitar las temperaturas mundiales muy por debajo de los 2C, y de esforzarse por alcanzar los 1.5C. El acuerdo apunta a lograr cero emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a nivel mundial para la segunda mitad de este siglo.

Los países productores de petróleo en América Latina ya están sintiendo la presión.

La caída de los precios del petróleo ya ha afectado las exportaciones y los saldos  presupuestarios de los países productores de la región. La exposición de un país a un mercado cambiante como el del petróleo se encuentra en función de la fortaleza de las industrias no relacionadas con el petróleo como también de su posición en la curva de costos de producción de petróleo. Los efectos relativos están determinados por el nivel de dependencia del petróleo que varía a lo largo de toda América Latina. Venezuela es la más vulnerable a los choques externos desde que el crudo representa el 95% de sus exportaciones totales, constituyendo casi la mitad de sus ingresos fiscales totales y además, actúa como una fuente importante de divisas. Aunque menos vulnerables que Venezuela, Ecuador, Colombia y México no han salido ilesos al desplome de los precios.

En la actualidad, la disminución de los ingresos petroleros en América Latina dependió principalmente de la oferta y la demanda en el mercado del petróleo. Sin embargo, el Acuerdo de París sobre el cambio climático puede introducir otro factor en la ecuación del precio del petróleo, que podría tener un impacto desproporcionado en los exportadores de petróleo latinoamericanos.

La innovación tecnológica y los crecientes esfuerzos para evitar el peligro del  cambio climático y la reducción de la contaminación atmosférica suprimirán la demanda mundial de petróleo crudo, ya sea a través de impuestos o regulación (incluyendo los instrumentos de precio del carbono). Noruega, por ejemplo, ya anunció este año la prohibición absoluta de vehículos a base de gasolina para el  2025. A pesar de que la Organización de Economías Exportadoras de Petróleo (OPEP) acordó recientemente reducir la producción de petróleo en un intento por elevar los precios (con cierto éxito), se debe a que países no miembros como Rusia están haciendo lo mismo. Esto no está garantizado. Por otra parte, el surgimiento de otros actores como el gas de esquisto encontrado en EE.UU. y el otros países significa que la OPEP ya no puede dominar la producción global de la forma en que lo hacía antes y cualquier suba de los precios tendrá probablemente una corta duración.

Esto es particularmente crítico para los países productores de petróleo en América Latina, ya que la mayoría de su producción actual de petróleo y sus reservas están hechas  sobre la base de crudo pesado. Transformar petróleo crudo pesado en productos de petróleo utilizables es una actividad que requiere de forma extrema el uso de energía intensiva y necesita de grandes instalaciones industriales e inversiones colosales. Cualquier tipo de régimen de precios de carbono para los  países de manera individual y/o a partir de regulaciones climáticas más estrictas, probablemente impactaría en la exclusión del crudo pesado – así como otras formas de extracción de petróleo de uso intensivo de energía como las arenas de alquitrán – en beneficio del crudo más ligero, como el que fue hallado en Arabia Saudita. De hecho, incluso bajo el régimen actual, sin precios de carbono, el crudo pesado de América Latina ya está rezagado respecto a otros tipos de petróleo dentro de las curvas de costo de la industria.

Petróleo poco competitivo

Los “activos bloqueados” son una consecuencia probable para América Latina bajo estas condiciones. Por lo tanto, es hora de obtener un conjunto adecuado de políticas para hacer efectiva la transición en la dependencia de las exportaciones de petróleo. A medida que aumentan los riesgos económicos para los productores de petróleo, las inversiones financieras serán más difíciles. Por otra parte, el informe de Nueva Economía del Clima 2016 estima que, para transformar el sector energético y hacerlo compatible con la temperatura media mundial estimada por debajo de los 2 C, la inversión en petróleo, carbón y gas debería disminuir alrededor de un tercio para el 2030. Bajo este escenario, es difícil justificar nuevas inversiones en la extracción de crudo pesado.

La dependencia a los combustibles fósiles no es un motor sostenible para la economía en el siglo XXI. Los países latinoamericanos podrían tener que afrontar decisiones que se le escapan de sus manos, ya que los altos costos de producción del sector la hacen poco competitiva. Esta exposición podría sentirse más agudamente en América Latina, ya que la producción y la refinación de petróleo en muchos países de la región está dominada por las compañías petroleras estatales. Esto tiene claras implicancias políticas. Desde el punto de vista de los gobiernos individuales, privatizar la producción de petróleo para limitar la exposición fiscal puede tener sentido. Pero, lo cierto es que una mayor inversión en el procesamiento del crudo pesado parecería entrar en contradicción con la fuerza más amplia del Acuerdo de París.

Hay muchas buenas razones para diversificar una economía lejos de las exportaciones de combustibles fósiles, incluyendo aquellas que tienen poco que ver con el cambio climático o con la dinámica del mercado del petróleo. Sin embargo, la combinación de estos dos factores significa que la producción petrolera en América Latina sentirá probablemente los efectos de la revolución energética sostenida por el Acuerdo de París mucho más rápido de lo que la industria pueda darse cuenta.

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