La fiebre amarilla en Brasil se propaga debido a la deforestación

Existe vacuna contra la fiebre amarilla (imagen: flickr )

La fiebre amarilla en Brasil se propaga debido a la deforestación

Año tras año, los brasileños vienen sufriendo debido a enfermedades tropicales de las cuales la inmensa mayoría de los 207 millones de habitantes jamás escucharon hablar. Primero fue el dengue, después el zika, el año pasado la chikungunya y ahora la fiebre amarilla. Sin hacer distinción entre raza o clase social, estas enfermedades afectaron a casi dos millones de personas que viven en el campo y en la ciudad; de regiones más cálidas y más frías; del litoral y del interior de este vasto país que posee 8 millones y medio de km2 y es el más grande de América Latina. Todas estas enfermedades habían sido erradicadas a comienzos del siglo pasado. ¿Por qué volvieron?

Los especialistas afirman que no hay una única razón, sino que todas tienen algo en común: se transmiten a través del mismo mosquito, denominado Aedes Aegypti. Por ahora, la variedad de fiebre amarilla que se está propagando por Brasil es la silvestre, que es transmitida por el mosquito Haemagogus, que habita en los bosques. El mosquito primero pica al mono, su hospedador natural, y luego al hombre, pasándole el virus de la enfermedad.

Este mosquito habita la copa de los árboles, que también es el hábitat natural de los primates. Cuando el árbol es cortado, el mosquito pasa a infectar a aquellas personas que están en el suelo. La explicación proviene de una de las personas que más conocen sobre enfermedades tropicales y cambio climático de Brasil, el médico e investigador Ulisses Confalonieri, de la Fundación Oswaldo Cruz y uno de los ganadores del premio Nobel de la Paz de 2007 que se concedió al Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC).

“La deforestación siempre ha sido uno de los motivos que mayormente han originado la aparición de enfermedades tropicales en Brasil”, afirma el investigador, que vivió durante dos años en la selva en el Norte de Brasil estudiando específicamente el mosquito de la fiebre amarilla silvestre. Aunque actualmente no se encuentre haciendo trabajo de campo sobre este brote, a Confalonieri le parece probable que este nuevo ciclo de la fiebre amarilla silvestre haya surgido debido a la deforestación de los bosques.

Deforestación y enfermedades tropicales

Durante el año pasado, se deforestaron casi ocho mil km2 de bosques en Brasil. Según la ONG Observatorio del Clima, la cifra representa un aumento de un 29% si se la compara con los valores del año anterior. “Es el mayor aumento experimentado por la velocidad de la deforestación desde 2008. En el acumulado, sólo en esta década, la Amazonia perdió un equivalente a la mitad de la superficie de Panamá”, afirmó en el momento Claudio Angelo, de OC. “Entre los años 2000 y 2014, Brasil perdió una media de 2.700.000 hectáreas por año de bosques, pero la tasa de deforestación viene cayendo desde 2004”, afirma un reciente estudio del World Resource Institute (WRI), publicado el pasado 7 de febrero.

Sin embargo, el mismo informe prueba que la destrucción aumentó exactamente en la región donde ahora surge la fiebre amarilla silvestre: el estado de Minas Gerais. Se trata también del mismo lugar donde, en los primeros días del mes de noviembre de 2015, se derrumbó la represa de la minera Samarco. El desastre de Mariana, como se hizo conocida la mayor tragedia ambiental ocurrida en Brasil, mató a 19 personas, destruyó cinco pueblos, contaminó un área de 2.220 hectáreas y una extensión de 663,2 km que van desde el río Doce hasta el océano Atlántico. Los 32 millones de metros cúbicos de detritos de mineral de hierro arrasaron con todo lo que tenían por delante, inclusive con los sapos, que son predadores de mosquitos.

“Esa es una posibilidad que nunca lograremos probar. En teoría es posible, pero en la práctica no tenemos cómo probarlo. No hay modo de probarlo científicamente, porque no existen casos de monitoreo de fauna local que hayan sido realizados con anterioridad al accidente de Mariana”, afirma Confalonieri.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó sobre la posibilidad de que la enfermedad se disemine hacia países fronterizos que tengan el mismo tipo de ecosistema que Brasil, como Argentina, Venezuela y Paraguay. Según la OMS, hasta el pasado 2 de febrero sólo se había confirmado la existencia de fiebre amarilla en humanos en Brasil. En Colombia y Perú se habían registrado posibles casos. De acuerdo con el Ministerio de Salud de Brasil, entre el 1ro de diciembre de 2016 y el 6 de febrero, fueron notificados 1.006 casos sospechosos de la enfermedad, entre los cuales en 180 se confirmó la existencia de fiebre amarilla, 751 están siendo investigados y 75 fueron descartados. De los 157 óbitos notificados, 65 se confirmaron, 89 todavía están siendo investigados y tres fueron descartados. De los 1.202 primates muertos, en 259 se confirmó la existencia de fiebre amarilla.

La diferencia y el miedo

Contrariamente a las otras tres enfermedades tropicales mencionadas anteriormente, existe una vacuna contra la fiebre amarilla. Con apenas una dosis, y en un plazo de 10 días, la persona queda inmunizada para el resto de su vida. La Fundación Oswaldo Cruz produce nueve millones de vacunas por mes y llega a exportar vacunas para África y otros países de América Latina. El brote de fiebre amarilla fue detectado en forma tardía. Ni siquiera los médicos entendían qué estaba ocurriendo cuando los primeros pacientes comenzaron a llegar desde zonas rurales a los grandes centros urbanos refiriendo fuertes dolores abdominales y de cabeza, fiebre alta y vómitos. Algunos recién fueron diagnosticados correctamente cuando sus ojos ya se habían puesto amarillos y el hígado funcionaba mal. Otros ni siquiera llegaron a tener esa suerte.

Sin la orientación necesaria, y con casi un 8% de la población analfabeta (casi 13 millones de personas), nadie podía imaginarse lo que estaba sucediendo. Recién a comienzos del año los primeros alertas ya habían sido dados y los equipos de los nuevos alcaldes ya estaban al tanto de lo que sucedía en los puestos de salud, que es el primer lugar al que acude la población rural. El gobierno federal teme que la fiebre amarilla silvestre pueda transformarse en fiebre amarilla urbana, es decir, que se transmita por el mosquito Aedes Aegypti que infecta las ciudades más pobladas de Brasil como San Pablo y Río de Janeiro.

Erradicada en 1942, si la fiebre amarilla urbana volviera podría provocar una tragedia. El médico no cree que se produzca una tragedia porque Brasil produce la vacuna, tiene experiencia en campañas de vacunación y una parte de la población ya está vacunada. “El ministerio de Salud afirma que actualmente la vacuna posee una cobertura nacional del 63%. No es mala, por el contrario, es buena, pero en el momento en el que el virus vuelva a la ciudad, para evitar una epidemia a gran escala se necesitaría alcanzar un nivel superior al 90%”, advierte Confalonieri.

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