La postura de ayuda no intervencionista de China está por terminar

La creciente presencia de China y otras potencias en auge que se están desarrollando ha sido una bendición política para el apalancamiento y el poder de los países en desarrollo (Imagen de Powerplant786)

La postura de ayuda no intervencionista de China está por terminar

En julio, los cinco países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) se reunieron en su cumbre anual para realizarun anuncio muy esperado: establecimiento de un nuevo banco de desarrollo BRICS, una iniciativa multilateral  liderada completamente por los países del sur y consierada como una rival del Banco Mundial y del FMI que dominan Occidente.

Con un capital inicial de US$1.000 millones financiado equitativamente por los cinco socios, el Nuevo Banco de Desarrollo tiene entre sus objetivos abordar el déficit de financiamiento de infraestructura en el mundo en desarrollo e implementar el plan de Coordinación de las Reservas de Contingencia (Contingency Reserve Arrangement, CRA), que podría ofrecer liquidez de emergencia para los gobiernos meridionales ante la possibilidad de futuras crisis financieras.

El establecimiento del banco refleja el rol creciente (y la influencia financiera) de los BRICS en la generación conjunta de la cooperación financiera y el desarrollo. Su sede en Shanghái exhibe el peso de China en particular. Con un boom económico de 30 años y la acumulación de capital para tiempos difíciles, a partir de su superávit comercial, China,  junto a los países miembros de los BRICS, está buscando mayores y mejores vías para la inversión en el mundo en desarrollo.

Parte de esto es impulsado por la necesidad pragmática de petróleo, minerales y combustible para mantener el crecimiento económico a nivel nacional. No obstante, el creciente rol de China en África, Asia y Latinoamérica es también parte de una estrategia de expansión comercial para internacionalizar a las firmas multinacionales chinas y a las empresas de propiedad estatal.

El compromiso de China con el continente africano se ha intensificado en los últimos 10 años. Esta prominente relación geopolítica y económica está políticamente integrada a través de las reuniones de alto nivel del Foro para la Cooperación entre China y África (Forum on China-Africa Cooperation, FOCAC) realizadas cada tres años, entre los jefes de estado de China y África, y respaldada por miles de millones para la ayuda de inversión, infraestructura, volúmenes de comercialización y desarrollo. La migración masiva de trabajadores implicó el aumento de la población china en el continente. Además, se apuntó a una estrategia cultural que se materializó en la creación de nuevas plataformas de medios de comunicación chinos, incluyendo un canal africano de CCTV y estaciones de radio chinas en Kenia y otras partes de África Oriental.

Un documento informativo sobre ayuda extranjera publicado por el gobierno chino a comienzos de 2014, muestra que China ahora canaliza más del 50% de su ayuda hacia África. China ha otorgado casi 90.000 millones de yuanes en asistencia extranjera a los países africanos, mayormente a partir de préstamos libre de interés, préstamos en condiciones concesionarias y mitigación de la deuda para los países pobres altamente endeudados (Heavily Indebted Poor Countries, HIPC), así como acuerdos de tarifas preferenciales y algunas subvenciones.

En contraste con los principios del modelo de asistencia tradicional de los países desarrollados, China no reivindica principios altruistas en sus proyectos de cooperación para el desarrollo. Por el contrario, junto con Brasil, India y Sudáfrica, China enmarca su asistencia bajo una tradición de ‘Cooperación Sur-Sur’ que data de la década de 50 y enfatiza la contribución técnica y la transferencia de conocimientos por encima de la ayuda financiera.Las subvenciones, los proyectos y los préstamos son generalmente una rama de un paquete de inversiones que beneficia a China, habitualmente bajo la forma de recursos naturales, a cambio de equipos para actividades de extracción, infraestructura pública, como por ejemplo, caminos, edificios gubernamentales y hospitales u otros proyectos. La mayor parte del financiamiento para estas iniciativas está vinculada con los contratistas chinos y beneficia a las multinacionales y negocios propios en China. Opuesta a los principios de la OCDE con su retórica de ‘ganar ganar’,  la naturaleza condicionada de la asistencia china, le ha otorgado a este país cierta cuota de credibilidad como socio de desarrollo. El modelo chino, ofrece asistencia a partir de una plataforma más políticamente equitativa en comparación a los parámetros occidentales donante-receptor.

El compromiso económico chino impulsó el crecimiento y la confianza económica en muchas partes de África. La alta inversión en caminos, vías férreas y edificios estatales ha ayudado a atraer a la inversión extranjera de las fuentes chinas y de otros lugares. El modelo de recursos sustentado en la equidad que China ha adoptado en países ricos en recursos, como Angola y Nigeria, le ha permitido a los países acceder a recursos minerales que anteriormente no habian podido explotar y a la vez, exportar para beneficio propio.

De un modo más sútil, la presencia de China ha modificado la dinámica entre los países en desarrollo y los donantes de Occidente. La presencia de inversionistas alternativos alteró el equilibrio de poder para las naciones en desarrollo que negocian con Occidente y además generó el ascenso de África en las listas de prioridades para Occidente. La reciente cumbre de líderes de EE. UU. y África 2014, presidente por el presidentee de los Estados Unidos, Barack Obama, en Washington, sigue el modelo de los foros FOCAC de alto nivel de China y, es una demostración explícita sobre una nueva consideración de EE. UU hacia África.

Sin embargo, las actividades de asistencia e inversión de China han sido objeto de controversia política. Sus incursiones en los recursos naturales africanos fueron cuestionadas por su falta de transparencia y asesoría en el proceso de planificación y evaluación del impacto medioambiental. Este es particularmente el caso en los sectores de petróleo y minerales, así como en en área de energía hídrica, en la cual China ha estado involucrada en la construcción de represas claves en Sudán, Etiopía y otras regiones a lo largo de África.

Los estándares y disputas laborales en las firmas administradas por chinos también han sido objeto de controversia en países como Zambia. Acciones ilegales como la tala y la caza, – impulsadas por las exigencias de los consumidores chinos, han dañado la imagen de China en África.

Tales controversias han tenido un impacto – a nivel interno China es cada vez más consciente de su imagen pública en África y se muestra  más propensa a mejorar su poder de persuasión. En el exterior, muchas empresas de propiedad estatal chinas ahora enfrentan regulaciones laborales y medioambientales más estrictas que las establecidas en su propios país. Sin embargo, la diversidad y el enorme número de actores chinos en el mundo, desde empresarios individuales hasta multinacionales, hacen que el control y la ejecución de dichas regulaciones sean una lucha constante.

La no condicionalidad y no interferencia, como principios fundamentales de la política y asistencia extranjera de China, han sido particularmente polémicos y pueden perder sostenibilidad, especialmente para las naciones más frágiles de África. La crisis de 2007 en Sudán, puso a prueba el compromiso de China con la no interferencia y generó una reacción negativa en las relaciones públicas para un principio anteriormente promocionado como beneficioso . Las inversiones a largo plazo de China en el continente le dan derechos adquiridos a garantizar estados efectivos y estables. China deberá realizar mayores esfuerzos en los países donde opera. Especialmente deberá hacer foco en la consideración de temas como gobernabilidad y las relaciones estado sociedad. Además, la inversión e innovación nacional de bajo carbono le dan la oportunidad y los recursos para moldear el desarrollo sostenible de África.

La presencia creciente de China y otras potencias en auge ha sido una bendición política para el apalancamiento y el poder de los países en desarrollo. Sin embargo, a medida que estas potencias en auge se vuelva incluso más fuertes a nivel económico credibilidad del modelo de cooperación sur-sur se ve forzada y la no interferencia es cada vez menos factible. Entonces, a medida que progresan los programas de asistencia y desarrollo de China, no se puede evitar tener una convergencia con el modelo de desarrollo de Occidente.

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