La producción de salmón se expande en Chile y Argentina

Las granjas de salmón chilenas buscan incrementar las ventas a China (imagen: Sam Beebe)

La producción de salmón se expande en Chile y Argentina

Luego de la rápida expansión en Chile, Argentina quiere avanzar en la instalación de granjas de salmón en la Patagonia. El proyecto, en una etapa de pruebas, es cuestionado por organizaciones ambientales por su modelo de producción e impactos en la biodiversidad.

El interés de los países del Cono Sur en la industria salmonera llega en respuesta a una mayor demanda del producto en diversas partes del mundo, entre ellas China. El gigante asiático es el mercado que más ha crecido para el salmón chileno, duplicando en el primer semestre del año la cantidad exportada, de acuerdo a cifras oficiales. 

“China es un mercado muy relevante y somos optimistas de que va a seguir creciendo. El consumo está en aumento y el salmón ya es parte de su dieta. Hace muchos años estábamos esperando que esto ocurriera”, sostuvo Arturo Clement, presidente de SalmonChile, cámara que agrupa a las empresas productoras de Chile.

Argentina impulsa la industria del salmón

Con miras a dicho interés, Argentina comenzó estudios de factibilidad para iniciar la producción en el país, específicamente en el Canal de Beagle, en Tierra del Fuego. El primer paso será evaluar los sitios potencialmente adecuados para la producción, de acuerdo a voceros de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura.

Pero dichos estudios son vistos como una mera formalidad para especialistas en biodiversidad y organizaciones ambientales, que vienen siguiendo hace años el interés de expandir la producción en la Patagonia.

Su desarrollo, aseguran los expertos consultados, viola el Convenio de Diversidad Biológica, un acuerdo internacional firmado por Argentina y Chile que prohíbe la introducción de especies exóticas como el salmón.

“Hay grandes chances de que se instalen las salmoneras. Tienen el capital y los inversionistas interesados. Estamos sumamente preocupados: avanzar con su desarrollo provocaría daños irreversibles al ambiente”, sostuvo Alexandra Sapoznikow, coordinadora del Foro para la Conservación del Mar Patagónico y Áreas de Influencia.

Organismos invertebrados únicos de la región, como corales de agua fría y esponjas, se verían afectados por la introducción de esta especie, afirman especialistas.

En Chile y Noruega, principales productores mundiales de salmón, los pescados viven a base de alimento balanceado a base de harina de soja y gran parte de este termina en el fondo marino, generando exceso de nutrientes y baja cantidad de oxígeno en el mar.

“Cada jaula contiene entre 30.000 y 50.00 salmones, los cuales defecan todo el día y contaminan el mar. Las feces se descomponen y producen nitrógeno y oxígeno, alterando la calidad del agua y y favoreciendo el desarrollo de algas”, sostuvo Juan Carlos Cárdenas, director de la ONG chileana Ecoceanos.

Además, los salmones frecuentemente se escapan de las jaulas y amenazan los pescados nativos.

“El salmón no es una especie nativa y eso trae problemas. Como es carnívoro, devora a otras especies alrededor y compite con ellas”, afirmó Estefanía González, coordinadora de Océanos en Greenpeace Chile. “La Patagonia tiene condiciones geográficas únicas y una gran diversidad ambiental. Una actividad industrial e intensiva de una especie exótica no es compatible con esa diversidad”.

Argentina y Chile podrían aprender mucho de sus experiencias pasadas. Un siglo atrás, ambos introdujeron la trucha a los ríos patagónicos, principalmente para pesca deportiva. Sin embargo, la reproducción descontrolada llevó a que los números de la especie invasiva crecieran rapidamente, generando impactos devastadores en los ecosistemas acuáticos locales.

Chile, el mayor productor regional
La mayor parte del salmón rosado que se come hoy en América Latina proviene de criaderos chilenos. El país trasandino exporta principalmente dos especies: Salmon salar (más conocido como salmón del Atlántico) y Salmon coho (también llamado salmón del Pacífico).

Las cifras oficiales marcan que Chile exporta 820.000 toneladas de salmón por año al mundo, que representan unos u$s 4.700 millones de dólares. Estados Unidos, Japón, Brasil y Rusia son los mayores destinos de exportación, con un rol creciente de China, habiendo enviado 24.000 toneladas al gigante asiático en la primera mitad del año.

Se espera que las exportaciones chilenas a China crezcan todavía más de la mano de un mayor consumo de productos de mar. China actualmente consume 37% de la producción global de productos de mar, una cifra que superará el 50% en la próxima década. Sin embargo, hay una relación inversa con la calidad de la comida importada.

“Chile ofrece un salmón más económico y de peor calidad que el noruego. Sus ventas a los mercados más exigentes como Estados Unidos están cayendo, mientras que las exportaciones a los países con reglas más débiles no paran de crecer”, sostuvo Alex Muñoz, director para América Latina de la iniciativa Océanos Prístinos de National Geographic.

Diversas prácticas utilizadas en la producción de salmón son frecuentemente cuestionadas por especialistas.

Por ejemplo, las jaulas de producción están rodeadas de redes con pinturas en base a metales pesados como el cobre, para así evitar que se adhieran organismos marinos. Dichas sustancias son altamente tóxicas y dañinas para la biodiversidad.

Al mismo tiempo, se utilizan colorantes para que la carne del salmón sea rosada, ya que en realidad al producirlo de manera industrial la carne es de color blanco. El salmón silvestre se alimenta de camarones y cangrejos y eso es lo que le da su particular color.

Consumo de antibióticos
La producción industrial de salmón puede significar problemas para la biodiversidad, pero también para los consumidores, expuestos a los altos niveles de antibióticos que se usan en la producción.

Oceana, una ONG chilena, estima que por peso, Chile usa alrededor de 700 veces más antibióticos que Noruega para producir salmón. Mientras que Chile produjo 727.8 toneladas de salmón usando 382.5 toneladas de antibióticos en 2016, el último año del que se tiene información, Noruega produjo casi el doble (1.233 toneladas) usando 523 kilos, o media tonelada, de antibióticos.

De acuerdo con la cámara salmonera chilena, el salmón llega a los consumidores sin antibióticos, los cuales se usan como promotores de crecimiento y no de manera preventiva.

El productor debe respetar un período de carencia, es decir, dejar pasar un lapso para que el pez metabolice el químico y lo elimine de su cuerpo. Sin embargo, esto no ocurre en todos los casos y los antibióticos a través de la ingesta de salmón pueden generar resistencia a los mismos.

Es por ello que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) han pedido a las empresas que utilicen los antibióticos de manera responsable.

“Se usa una cantidad exorbitante de antibióticos y no hay regulaciones que controlen su uso. La industria le da antibióticos a salmones sanos para evitar que se enfermen”, sostuvo Cárdenas.

China comenzó a importar salmón chileno luego de un conflicto diplomático de más de cinco años con Noruega. Mientras tanto, las preocupaciones acerca de la seguridad alimenticia crecieron en el país asiático, considerando las nuevas regulaciones que autorizaron categorizar y vender a la trucha como salmón.

Pero mientras que Chile y Argentina buscan capitalizar el crecimiento del consumo del salmón y las reglas flexibles de China, en otras partes del mundo las importaciones están cayendo.

Grandes cadenas de supermercados de Estados Unidos y Canadá han rechazado en los últimos años las importaciones de salmón de Chile por su alta cantidad de antibióticos. El caso del estado de Washington, en Estados Unidos, es el más reciente respecto a la prohibición instalar centros de cultivo.

Para Muñoz, ignorar todo esto generaría un desastre ambiental.

“La Patagonia argentina es uno de los últimos ecosistemas salvajes y prístinos del mundo. Argentina cometería un error histórico si desarrolla la salmonicultura. Es una especie exótica e invasora que genera un problema ambiental difícil de resolver”

 

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