Las raíces de la problemática oceánica están en la tierra

No se salva los oceános sin la participación de China (imagen: wikipedia )

Las raíces de la problemática oceánica están en la tierra

En el 2006, un puñado de personas en Londres y Beijing lanzaron chinadialogue.net. En ese momento, era el único sitio web bilingüe en chino e inglés a nivel mundial, y su objetivo era promover el intercambio de ideas sobre el cambio climático y el medio ambiente, trascendiendo las enormes barreras del idioma, la cultura y la geografía.

A través de pequeños equipos en Londres y Beijing, enfrentamos una crisis de escala planetaria. ¿Qué pensamos que estábamos haciendo, y qué aprendimos del proceso de diálogo?

Comenzamos comprendiendo que nuestro planeta pertenece a cada uno de los ciudadanos que viven en él y todos los ciudadanos del planeta tienen derecho a sostener y expresar su punto de vista sobre cómo lo tratamos.

Pero en un diálogo real, la contraparte igualmente importante para hablar es escuchar. Es a través de la escucha que aprendemos unos de los otros y somos capaces de discernir de qué manera podemos avanzar.

Desarrollamos un sitio web completamente bilingüe ya que consideramos que la incorporación de principios necesarios para el diálogo como el respeto y la imparcialidad, determinan que ningún idioma debe privilegiarse por encima del otro: en la medida de lo posible, cada lector del sitio debe tener la misma experiencia, independientemente de su idioma.

¿Por qué este tipo de enfoque fue tan importante? Porque, en ese momento, China se estaba acercando a su status actual como el mayor emisor mundial en volumen de gases de efecto invernadero, y todavía se dirigía hacia un camino de alto desarrollo de carbono, todo esto acompañado por la generación de residuos y contaminación. Si esto continúa, la catástrofe del cambio climático no podría evitarse.

Pero desde Beijing, las personas observaron las emisiones per cápita mucho más altas por parte de los países más desarrollados, y su larga historia de contaminación, y reclamaron el derecho, tal como lo interpretaron, de continuar en ese camino hacia el desarrollo.

Por el otro lado, en Nueva York o Londres las personas observaron la magnitud de las emisiones chinas y sintieron que cualquier acción que pudieran tomar, o convencer a otros para que reduzcan sus propias emisiones sería inútil si China no actuaba de la misma manera. Aquellos que se resistieron a la idea del cambio climático inducido por el hombre justificaron la inacción al señalar que las emisiones anuales totales del Reino Unido eran una pequeña fracción de las emitidas por China.

De hecho, ambas perspectivas tenían cierta base, pero esa conversación no estaba conduciendo hacia un futuro habitable para nadie. No hay otro planeta, y todos debemos vivir en él. El primer paso para cambiar nuestro comportamiento es cambiar nuestro punto de vista.

Es sólo a través del diálogo que podemos llegar a una comprensión compartida de los desafíos que enfrentamos. Esos desafíos siguen siendo verdaderamente inmensos, pero el progreso que hemos logrado en los últimos 12 años también es impresionante. En China, se inauguraba chinadialogue, “desarrollar primero, limpiar después” era una visión común. Hoy, la civilización ecológica y la economía circular son principios rectores. Esto es un tributo a la tenacidad y a la persistencia de los hombres y mujeres con visión de futuro que pudieron ver que un futuro sostenible exigía un enfoque diferente y llevaron adelante su poder de persuasión para convencer al resto. Todavía queda un largo camino por recorrer, pero ahora China está en condiciones de ayudar a otros a impulsar un futuro mejor, más limpio y más sostenible.

Hoy, chinadialogue se embarca en un nuevo e igualmente desafiante proyecto llamado chinadialogue ocean.

El paralelismo con nuestro comienzo en el diálogo climático es sorprendente: la vida del planeta depende de la salud del océano y el océano está en crisis. Cubre el 70% de la superficie del planeta y lo observamos como vasto e inagotable. Damos por hecho sus beneficios y olvidamos cuán vital es para la supervivencia de la vida en la tierra: cada segundo de aliento que tomamos es proporcionado por el océano; ha absorbido la mayor parte del exceso de calor y un tercio del dióxido de carbono que hemos producido; contiene el 80% de la biodiversidad mundial en ecosistemas complejos e interdependientes; suministra redes de alimentos y transporte y determina tanto nuestro clima planetario como los sistemas climáticos.

Sin embargo, continuamos abusando de él, tratándolo como un enorme basurero. Como nunca antes, hoy tenemos la capacidad de explorar y descubrir más sobre el océano. La noticia no es buena. Las profundidades oceánicas se están calentando, la contaminación plástica está en todas partes, hay vastas zonas muertas en donde la eutrofización garantiza que la vida no sobreviva, la acidificación amenaza la supervivencia de criaturas que forman las conchas, la destrucción de los arrecifes de coral, con sus criaderos y viveros esenciales, la sobrepesca y la degradación las aguas – todos los males del océano que las actividades humanas han producido – amenazan ahora la integridad de un ecosistema del que depende la vida terrestre.

Justamente, cuando China se convirtió en el mayor emisor mundial de gases de efecto invernadero, hoy China es la fuente de impactos oceánicos más importante del mundo: China tiene la flota pesquera más grande del mundo; China consume, procesa y exporta más pescado que cualquier otra nación en el planeta. China también es una fuente importante de contaminación oceánica – desde la escorrentía de fertilizantes hasta la contaminación de plásticos y productos químicos. Sin China, no hay solución, pero China tampoco está sola.

El océano es un recurso común: todos lo hemos explotado y tenemos la responsabilidad compartida de protegerlo. La forma en que nos acercamos a la preservación y protección de la vida oceánica determinará si el océano continuará sustentando la vida – o si progresivamente dejará de brindarnos el oxígeno que respiramos, la comida de la que dependemos y el clima que necesitamos.

Desde el 2006, chinadialogue publicó continuamente en chino e inglés sobre los principales desafíos ambientales y climáticos que afronta la humanidad, con la convicción de que una comprensión común de los problemas complejos es la base esencial para la cooperación requerida para resolverlos. Nuestro enfoque sobre China y el océano global cuenta con el mismo espíritu y parte de la premisa innegable de que, sin China, ninguno de los distintos aspectos de la crisis oceánica mundial puede abordarse de manera efectiva.

Restaurar la salud de los océanos del mundo es un desafío global que requerirá esfuerzo, ideas y buena voluntad de muchos sectores, incluidas las empresas, el gobierno, la sociedad civil, la ciencia y los consumidores de todos los días. Publicaremos sobre temas claves vinculados a la contaminación, la pesca, el cambio climático, la gestión los océanos y la conservación, explorando los impactos de la crisis oceánica en todo el mundo, así como en China.

Los problemas del océano tienen su origen en la tierra. Allí es donde las soluciones también deben comenzar, y empiezan por el diálogo. Esperamos que pueda acompañarnos en este viaje.

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