Mesa redonda: ¿qué esperar en el 2017

El presidente de Estados Unidos es motivo de preocupación (imagen: wikimedia )

Mesa redonda: ¿qué esperar en el 2017

El año pasado ha sido testigo de acontecimientos políticos inesperados y desestabilizadores que podrían tener serias implicancias para las relaciones internacionales y la acción climática en el 2017. Expertos dicen cuáles son las cuestiones claves a tener en cuenta ese año.

Carlos Rittl, Secretario Ejecutivo del Observatorio del Clima

El año pasado, el Acuerdo de París entró en vigor en tiempo récord. Pero hemos finalizado el 2016 como el año más caluroso registrado, con un nivel de calentamiento global que alcanzó alrededor de los +1,3°C en comparación con los niveles preindustriales (casi el “centro del objetivo” del acuerdo, 1,5°C). La necesidad urgente de acelerar la acción climática convierte en crítica la observación cuidadosa del comportamiento de los mayores emisores de gases de efecto invernadero.

Las noticias de estos países son diversas. Por un lado, se encuentran India y China. En diciembre del año pasado, la administración Modi informó que alcanzará el 57% de energías renovables en la matriz energética de India en 2027, muy por encima de su meta de París. Y a principios de 2017, China anunció que espera alcanzar el equivalente a más de dos “Brasiles” en materia de energía eólica (220GW) y de energía solar (110GW) en 2020.

Por otro lado, están los Estados Unidos, donde el presidente Donald Trump ha reunido el gabinete más amigable al combustible fósil de la historia. Intentará llevar a cabo sus amenazas contra la agenda climática nacional y global, y probablemente, sus primeros pasos incluirán nuevos incentivos para el carbón y el petróleo. La retirada del Acuerdo de París, como él mismo ha prometido, no será fácil, ya que el sector privado y los gobiernos estatales se beneficiaron como nunca antes de la expansión de la energía solar y eólica.

Pero Estados Unidos no es la única fuente de malas noticias. La alerta climática también llegó a Brasil en 2017. En tan sólo dos años, la devastación de la Amazonía ha aumentado casi un 60%; solamente en el 2016 unos 8.000 km2 fueron destruidos. El objetivo de 2020 (una reducción del 80% en la tasa anual en comparación con el promedio histórico) está en riesgo. En el congreso brasileño, el movimiento ruralista está conectado a todos los temas, y sus primeros esfuerzos serán contra la concesión de licencias ambientales. A continuación se abocarán a los derechos de los pueblos indígenas y a las áreas de preservación, incluso revocando decisiones en áreas que ya se habían establecido. Mientras tanto, las prioridades de la administración Temer para el  2017 no incluyen una sola palabra sobre clima, el medio ambiente, el desarrollo sostenible y la energía renovable. No hay una falta de atención al petróleo Pre-Sal y a la facción ruralista.

En 2017, paralelamente al Acuerdo de París y a la creciente emergencia climática, será importante monitorear lo que sucede en Brasil, un país que sigue apostando por la economía del siglo pasado. Esto destruirá sus activos naturales y desperdiciará su enorme potencial para ser un líder en la ambición climática, los bosques, la energía limpia y la producción agrícola.

Andrew Light, distinguido alto miembro del Instituto de Recursos Mundiales

Una de las cuestiones más importantes a tener en cuenta en el  2017 será cómo los EE.UU. y China aprenderán a trabajar juntos bajo la próxima administración estadounidense. Primero, el presidente electo Trump aceptó una llamada del líder de Taiwán y cuestionó públicamente la política de “una sola China”. Entonces,  China se apoderó de un drone naval estadounidense – todo esto sucediendo antes de que Trump se instale en la Casa Blanca.

Si estos dos países se disponen a mantener una relación productiva, los líderes de los Estados Unidos y China necesitarán zonas seguras para poder discutir temas tan delicados como estos. Si bien puede parecer contraproducente, el lugar al cual pueden acudir es su sorprendentemente exitosa relación en cambio climático y energía limpia.

Estados Unidos y China estuvieron en el centro de todas las iniciativas climáticas exitosas que se han forjado en los últimos años, desde la creación del Acuerdo de París hasta el acuerdo sobre la eliminación de los hidrofluorocarbonos y el lanzamiento de un nuevo programa para reducir las emisiones en la aviación civil. Igualmente  importante, esta asociación permitió que los dos países se involucraran de manera productiva en otras cuestiones más complicadas. Estados Unidos y China están ahora involucrados en docenas de proyectos cooperativos sobre temas como la contaminación del aire, la energía solar y  la retención de carbono.

Dado que  el presidente Trump dijo tener una “mente abierta” sobre el cambio climático, él podría llegar a reconocer que es capaz de proporcionar nuevamente la estabilidad necesaria a la relación con China. Si elige este camino, entonces podrá fomentar una mejor recepción de otros países del G7 y del G20. Si no lo hace, veremos si la quita del respaldo de los Estados Unidos en los compromisos climáticos crea un obstáculo adicional para lograr sus otros objetivos de política exterior.

Matt Ferchen, profesor asociado del Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad de Tsinghua

En medio de un año de agitación política internacional en 2016, China puede surgir como un relativo bastión de calma. De hecho, dado el decidido alejamiento de la apertura y la cooperación internacional por parte del Reino Unido y EE.UU., China ha intentado posicionarse como líder en temas como el comercio y la cooperación climática. Sin embargo, es probable que el 2017 traiga consigo  grandes desafíos para China generando que cualquier esfuerzo que haga para  tomar una posición de liderazgo, incluso entre los países en desarrollo, se convierta en una lucha cuesta arriba.

En cuanto al comercio, China seguirá intentando llenar el vacío creado por un Estados Unidos que se volverá cada vez más hacia adentro bajo la presidencia de Trump, pero el superávit comercial de China y sus permanentes problemas de sobrecapacidad industrial dejan a China expuesta a fricciones comerciales cada vez mayores. En sus relaciones comerciales con países en desarrollo en lugares como América Latina, África y el Sudeste Asiático, China tendrá dificultades para cambiar las commodities por una estructura basada en manufacturas, tema que preocupa cada vez más a sus socios comerciales y diplomáticos en el hemisferio sur.

De manera similar, en cuanto al cambio climático, China buscará promover su propia marca de liderazgo, especialmente si un presidente como Trump retrotrae los compromisos mundiales de Estados Unidos y las iniciativas bilaterales con China. Sin embargo, en el plano interno, los desafíos ambientales de China continúan creciendo y su industria extractiva y sus vínculos con los países en desarrollo tan geográficamente diversos como Perú y Myanmar seguirán planteando desafíos para los gobiernos anfitriones y las sociedades civiles de esos países.

Es probable que el 2017 exponga una brecha entre la retórica y la realidad en la evolución actual de China como una potencia global.

Zhang Haibin, profesor de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad de Beijing

El estado de los asuntos globales se volverá claramente más impredecible en el 2017. Debe prestarse especial atención a cómo China puede desempeñar un papel “estabilizador” en la gestión ambiental global en este contexto.

Después de que Trump fuera elegido presidente de los Estados Unidos, debido a su evidente escepticismo sobre el cambio climático, es casi seguro que Estados Unidos se despedirá del compromiso asumido por Obama que habría convertido a los Estados Unidos en un líder mundial en la lucha contra el cambio climático.

Debido a que el Acuerdo de París es esencialmente un acuerdo de reducción de emisiones de “abajo hacia arriba”, es difícil imaginar que podría ser implementado sin un líder.

Actualmente, la comunidad internacional puso sus expectativas en China. ¿Cómo debería responder China? Este es un tema importante que enfrenta el país en 2017 e inevitablemente generará un gran debate interno. Los resultados de este debate tendrán un profundo impacto en la dirección de la futura participación de China en la gestión global del clima, así como en otras áreas de la gobernabilidad mundial.

En 2017, por primera vez, China será la sede de la Conferencia de las Partes (COP) de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación. ¿China podrá dar una buena impresión sobre cómo demuestra su liderazgo, ofrece propuestas, aporta reflexiones y honra sus compromisos con la Convención? Esta será una preocupación general para China y el resto del mundo en 2017.

China también celebrará su primera cumbre de cooperación internacional “Un Cinturón, Una Ruta” (OBOR, por sus siglas en inglés). En este foro, los líderes nacionales se reunirán para promover la iniciativa. Será de interés ver cuáles son las políticas que China introducirá para hacer más verde a OBOR.

Por último, el gobierno chino comenzará a construir un mercado nacional de carbono en el 2017. Debido a la escala potencialmente masiva de este mercado, el éxito o fracaso de su operación no sólo afectará la capacidad de China para reducir sus emisiones, sino que también será un poderoso ejemplo para el resto del mundo.

Lo Sze Ping, CEO de la Federación Mundial de Fauna China

En los últimos años, un número cada vez mayor de científicos ha acordado que la humanidad ha entrado en una nueva era geológica, una era “hecha por el hombre”, la Antropocéna, una era en la que la actividad humana se ha convertido en la fuerza principal detrás de los cambios en los sistemas planetarios. Además, estos cambios son geológicamente duraderos, y peor que esto, son irreversibles. A partir de un estudio de la teoría de los “límites planetarios”, la actividad humana ha empujado a cuatro de los nueve sistemas críticos de apoyo de nuestro planeta, pasando por límites operativos seguros: el clima, la integridad del ecosistema, el ciclo de nitrógeno fósforo y el uso del suelo. El impacto de la actividad humana está empujando a nuestro planeta a sus propios límites.

El último informe de WWF titulado Reporte Planeta Vida 2016 revela la escala de la actividad humana y su influencia en la biosfera. Estamos utilizando los recursos de 1.6 terrenos para satisfacer nuestras demandas de productos y servicios cada año; el número de especies silvestres en todo el mundo ha disminuido en un 67% en los 50 años comprendidos entre 1970 y 2020. En síntesis, estamos frente a una crisis planetaria sin precedentes. Pero también estamos observando un consenso cada vez mayor sobre este tema, y la oportunidad de cambiar nuestro futuro está a nuestro alcance.

Mirando hacia el futuro, China debe hacer frente a las presiones e impactos ambientales causados por su rápido crecimiento económico, la urbanización y los estilos de vida insostenibles de los consumidores. A nivel internacional, esperamos que el gobierno chino continúe desempeñando un papel positivo en la gestión ambiental global. Seguirá fomentando la lucha contra el cambio climático y la consecución de los objetivos de desarrollo sostenible cuando celebre la cumbre de los BRICS; impulsará la ejecución conjunta del Programa 2030 para el Desarrollo Sostenible con su proyecto OBOR y seguirá aplicando el Acuerdo de París.

Parte de ese artículo se publicó primero en chinadialogue.net

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