Morococha: el pueblo peruano reubicado por los chinos

Morococha: el pueblo peruano reubicado por los chinos

Los titulares han sido duros: una compañía china trasladó un pueblo peruano de 5.000 habitantes a 8 km de distancia para instalar una nueva mina.

Se percibe como otra historia sobre una corporación extractiva que pasa por encima de las vidas locales. Pero la realidad es más compleja. La decisión de trasladar el pueblo realmente fue previa a que la compañía china, Chinalco, asumiera el control. Y, para sorpresa de muchos puede ofrecer un modelo de inversión exitoso para otras partes del mundo.

El pueblo de Morococha no es ajeno a las compañías mineras. Ubicado en la provincia de Yauli, el lugar de nacimiento de la minería peruana a tan sólo 144 km al este de la capital, Lima, Morococha se desarrolló en respuesta al boom de la minería local que comenzó en la década de 1930.

El pueblo yace bajo la sombra de Toromocho, una montaña con un estimado de 5,7 millones de toneladas de cobre y el potencial para convertirse en una de las minas de cobre más lucrativas del mundo.

Décadas de minería mal regulada en los alrededores de Morococha han dejado un legado peligroso: un depósito de relaves mineros tóxicos totalmente al descubierto en medio de la ciudad. “Morococha está construida sobre un sitio de desechos tóxicos”, señala Cynthia Sanborn, una erudita de la universidad peruana El Pacífico y experta en compañías mineras chinas en Latinoamérica. El pueblo también carece de un sistema de drenaje apropiado y los residentes usan letrinas comunitarias.

Traslado de un pueblo entero

En 2006, la firma exploratoria Perú Copper aplicó al gobierno peruano el derecho a convertir a Toromocho en una mina de tajo abierto. El terrible estado de Morococha y su proximidad a Toromocho significaba que la reubicación del pueblo era la única solución realista, según sostuvo Sylvia Matos del grupo consultor minero peruano Social Capital Group, contratado por Peru Copper para realizar el análisis de factibilidad y el exámen medioambiental del proyecto a comienzos del 2006.

No obstante, trasladar un pueblo de ese tamaño era algo que nunca antes se había intentado. Cuando Perú Copper abrió la licitación para la concesión, sólo una compañía mostró interés: Chinalco. “Ninguna otra compañía estaba preparada para gastar US$ 50 millones en un proyecto social incluso antes de ver un sólo centavo de retorno”, explica Cynthia Sanborn. “No existe otra empresa con bolsillos tan grandes como las chinas”.

Luego que Chinalco adquiriera la concesión, rápidamente volvió a contratar a Social Capital Group para que se ocupara de los aspectos vinculados a la comunidad, especialmente en relación al traslado. A cada paso, Chinalco, una compañía estatal  que hacía sus primeras incursiones en Perú, tuvo el cuidado de construir y mantener una reputación positiva dentro de la comunidad, según sostienen sus partidarios.  Se espera que la producción en la mina comience a fines de este año.

El mal legado de Shougang

El enfoque de Chinalco llama la atención por su contraste con la otra compañía principal china en la región: Shougang.  A inicios de 1990, Shougang era la primera firma china en expandirse hacia Latinoamérica, con una operación de hierro en Perú. Su historia desde entonces estuvo signada por la hostilidad de la comunidad local. “Shougang protagonizó numerosas tragedias medioambientales y cometió varios errores en las relaciones comunitarias” dice Kevin Gallagher, autor de El dragón en la habitación: China y el Futuro de la Industrialización en América Latina.

Los grupos medioambientales locales y peruanos han acusado a Shougang de volcar desechos químicos al mar. En la década de 1990, el gobierno peruano multó a la compañía por US$14 millones a causa del incumplimiento de sus promesas de invertir en infraestructura local. En 2005, durante una de las muchas protestas contra la compañía, los trabajadores peruanos afirmaban que Shougang los trataba como “esclavos”, trabajando en turnos de 15 horas por US$13 al día.

La tórrida experiencia de Shougang aumentó la resistencia para los actores chinos, dice Cynthia Sanborn. “Las compañías chinas han tenido una mala reputación en África y Shougang realmente tuvo mala prensa. Chinalco, como compañía china, tenía mucho que probar”.

En años recientes, la oposición local ha detenido proyectos mineros potenciales, como el proyecto cuprífero Rio Blanco de Zijn en el norte de Perú.  La situación fue tan seria que Toromocho sería la primera empresa minera china operativa en Perú desde Shougang. Gran parte de la carga de reparación de la reputación de las firmas chinas ha recaído en Chinalco.

¿Un formato para las compañías chinas?

Aunque todavía es muy pronto para decirlo con certeza, los observadores sugieren que hasta ahora Chinalco ha manejado bien la tarea. “El proceso de consulta, el cuidado con el cual ellos [Chinalco] han estado tratando de consultar a todos y con enfásis en la transparencia creo que es un hecho sobresaliente para Perú”, dice Sanborn. Además, señala que parte del éxito de Chinalco proviene del aprendizaje de los errores de compañías como Shougang. “Pienso que cada compañía china ha aprendido de otras empresas. Tienen un grupo informal que se reúne y conversa acerca de sus experiencias”.

Una de las lecciones claves está vinculada a la visibilidad del personal chino. La estrategia de Shougang de emplear a ejecutivos e incluso a trabajadores chinos ha generado una amplia protesta. En contraste, todos los miembros del equipo de administración senior de Chinalco Perú, aparte del ejecutivo en jefe designado recientemente, son peruanos. Social Capital Group, en conjunto con los representantes peruanos de Chinalco, han dirigido el proceso consulta, la mayoría de las relaciones laborales y las decisiones a futuro para el nuevo pueblo de Carhuacoto.

“Los chinos muy sabiamente han dejado a su experimentado equipo peruano a cargo del proceso”, señala Matos de Social Capital. “Las grandes decisiones, como por ejemplo cuántas casas se construirán y cuánto dinero se gastará, dependen de la aprobación de los chinos, pero nosotros sólo hemos tenido contacto con los peruanos”.

La decisión de contratar gerentes con experiencia local también demuestra un alejamiento de la dependencia en una interacción de alto nivel con el gobierno central para asegurar que los proyectos mineros avancen sin problemas. “Otros inversionistas chinos llegaron a Perú y confiaron cuando los presidentes y primeros ministros dijeron: “No se preocupen, todo va a estar bien”,  afirma Sanborn. “Pero Perú no es un país donde el Estado puede resolverte todo”.

Estas declaraciones a su vez indican que el proyecto aun está excento de problemas o que Chinalco carezca de críticas en Perú. Aunque más de la mitad de la población de Morococha ya se ha trasladado a un nuevo pueblo, un grupo significativo de partidarios se ha rehusado a reubicarse y ha encabezado protestas contra la firma china.

En un escándalo de alto perfil, el alcalde de Morococha abandonó una mesa redonda que él mismo había organizado para hablar sobre el tema y denunció que todos los representantes de la ciudad habían sido comprados por Chinalco. La acusaciónincluía a Javier Barrera, obispo de Junín y gran opositor de las compañías mineras con malos registros medioambientales, quien había sido invitado para colaborar en el proceso de mediación. Chinalco y Social Capital Group culparon del hecho al alcalde así como a sus exigencias de recibir más dinero de Chinalco.

Sanborn considera que pronto se llegará a una solución. “Creo que algo se puede hacer, Chinalco asumirá un compromiso y lograráconcretar un acuerdo con el alcalde”. Morococha es un pueblo que depende de las minas para su existencia, “la protesta no sólo es sobre la mina en sí sino que su objetivo es conseguir el mejor acuerdo posible con la compañía”, detalla.

Las protestas exhiben las dificultades en las cuales se encuentran las compañías mineras en pos de satisfacer las necesidades y demandas de los afectados ante sus proyectos. A pesar de todo, Chinalco inaugurará la segunda mina operativa, dirigida por chinos, en la historia peruana. Su éxito, no obstante, podría ser un prototipo para otras compañías chinas que se están expandiendo en Perú.

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