Nuevos bancos de desarrollo pueden ser los más ecológicos

Tren hecho en China llega al puerto en Buenos Aires, Argentina (image: Juan Enrique Gilardi)

Nuevos bancos de desarrollo pueden ser los más ecológicos

Con el surgimiento de dos nuevas instituciones de financiamiento multilateral lideradas por China, el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD, habitualmente conocido como el  Banco de Desarrollo del grupo BRICS) y el Banco Asiático de Inversión para Infraestructura (BAII), ese país está ampliando su papel de liderazgo tanto en la geopolítica como en las finanzas internacionales. El NBD y el BAII procuraron garantizar al público que mantendrán estándares de finanzas sostenibles, mientras buscan diferenciarse de los prestamistas multilaterales tradicionalmente occidentales.

El futuro director del BAII, Jin Liqun, ha prometido que la institución será «limpia, magra y verde» (libre de corrupción, eficiente y sostenible). Pero, que estas instituciones verdaderamente cumplan sus promesas de finanzas sostenibles depende en gran medida del liderazgo chino y de lo que en última instancia decidan financiar. Ninguna de las dos ha descartado las inversiones en plantas de generación eléctrica alimentadas a carbón.

Grupos de la sociedad civil de los BRICS y de otros países,  que podrían verse afectados por las inversiones del NDB, se encuentran preocupados por las credenciales medioambientales del banco y ayer publicaron una carta abierta instando a incluir normas sociales y ambientales sólidas en su marco de políticas.

Ambas instituciones priorizaron el financiamiento de infraestructura (el Convenio Constitutivo del NBD especifica que su propósito es «movilizar recursos para la infraestructura», un sector cuyos megaproyectos no solo son proclives a la corrupción sino también a los elevados riesgos ambientales y sociales. Esto lleva a que la necesidad de mantener estándares «limpios y verdes» resulte mucho más urgente y desafiante.

Aunque aún no está claro el grado en que el NBD invertirá en Latinoamérica, los analistas estimaron que la región necesitará unos 320 mil millones de USD anuales adicionales para cerrar su «brecha de infraestructura» y es probable que el banco participe en esto.

China se ha forjado un papel prominente en las finanzas internacionales en los últimos años y se ha convertido en el mayor prestamista para Latinoamérica, donde se prevé que invertirá 250 mil millones de USD adicionales durante los próximos 10 años. El historial ambiental y social de esas inversiones –como el de la inversión extranjera en general– es dispar. Algunos inversores chinos han «demostrado su capacidad para superar los estándares locales», aunque los investigadores también hallaron  que el comercio y las inversiones chinas en Latinoamérica se han convertido en grandes impulsores de la degradación ambiental y los conflictos sociales.

Los nuevos bancos

El Nuevo Banco de Desarrollo –creado formalmente en julio pasado– abrió una sucursal en Shanghái y se espera que comience a otorgar créditos a partir de  abril de 2016. Sin embargo, el banco no publicó aún ningún tipo de información sobre la situación o los avances en sus políticas internas y de gobierno, ni ha dicho nada todavía sobre la forma en la cual  tratará de integrar las consideraciones ambientales y sociales en su proceso crediticio.

Este mes, las ONG´s del grupo BRICS reclamaron a sus respectivos gobiernos por la falta de comunicación de los bancos con la sociedad civil. En una carta abierta al banco, las ONG´s  señalaron que el banco está programando proyectos a pesar de que aún no se han establecido políticas ni procedimientos para investigar adecuadamente sus riesgos financieros, ambientales y sociales. Algunas organizaciones señalaron la ausencia de consultas al público sobre políticas bancarias claves, como un marco ambiental y social, así como procedimientos para garantizar el consentimiento informado gratuito y previo durante el proceso crediticio. El hecho de que el Banco del grupo BRICS se haya mostrado tan inaccesible (sólo brinda una dirección de correo general en su sitio web, sin ningún teléfono o fax, ni siquiera una dirección postal) no es un buen augurio para el desarrollo de sólidas normas ambientales y sociales de financiamiento, mientras que todas las demás agencias de financiamiento multilateral han requerido un sólido compromiso con la sociedad civil.

Por el contrario, el Banco Asiático de Inversión para Infraestructura (BAII), creado formalmente en junio, publicó un borrador de su marco de políticas ambientales y sociales, y se sometió a un proceso de consultas públicas en septiembre y octubre de este año, aunque con graves imperfecciones. Considerando su objetivo de comenzar a operar a fines de 2015, la meta del BAII es claramente ambiciosa, aunque su logro parece más probable que en el caso del NBD, que da la sensación de estar estancándose.

China puede ser líder en los estándares de sostenibilidad

Las ONG´s esperan que estos nuevos bancos puedan ayudar a mejorar la sostenibilidad mediante la implementación de elevadas normas ambientales y sociales, y en este aspecto China sorprendentemente,  cuenta con una vasta experiencia. La urgente crisis de salud ambiental en su país ha llevado a las autoridades chinas a aprovechar el poder del sector financiero para «dotar de capacidad real» a los esfuerzos locales de protección ambiental.  Al menos desde el 2007, los reguladores han implementado políticas verdes para los créditos, que obligan a los bancos a considerar los impactos ambientales en sus préstamos.

Por ejemplo, uno de los primeros conjuntos de políticas exigía a los bancos que redujeran los préstamos a industrias intensivas en el consumo de energía y altamente contaminantes, como las del acero, el hierro y el carbón, entre otras. Otro ejemplo fue la creación de una «lista negra de crédito», mediante la cual se impidió el acceso al crédito a las empresas con malos registros ambientales. Estos tipos de políticas llevaron a los bancos chinos a comenzar a evaluar y categorizar sus carteras de crédito según los impactos ambientales.

La política china más famosa tal vez sean los Lineamientos para Créditos Verdes, que obligan a los bancos a negar créditos a los clientes con mal desempeño ambiental y social, y a suspender o poner fin al financiamiento si se descubren «riesgos y peligros importantes» en los proyectos. La versión de la política revisada en 2012 llegaba incluso a exigir a los bancos chinos que respetaran las prácticas o normas internacionales al invertir en el extranjero, algo que ni los gobiernos europeos ni el estadounidense exigen a sus bancos. Los Lineamientos para Créditos Verdes se han convertido desde entonces en un pilar del sector bancario chino y el gobierno ha desarrollado instrumentos legales y apoyo regulatorio para establecer un «sistema financiero verde». Aunque avanzar en la implementación completa y el potencial de políticas relativamente nuevas como los Lineamientos para Créditos Verdes continúa siendo un gran desafío, la dirección que ha tomado China al vincular el crédito al desempeño ambiental es, de todas formas, indudablemente positiva.

China tiene entonces la posibilidad de ampliar el alcance y el ejemplo de sus políticas internas de créditos verdes, pero todavía no parece estar aportando ni sus normas ni su experiencia en finanzas verdes al NBD o al BAII. Si China ignora sus propias experiencias estará desperdiciando la oportunidad de brindar un muy necesario liderazgo a nivel internacional.

Por otra parte, a medida que China asume más responsabilidad como líder mundial a través de nuevas instituciones como el NBD y el BAII, también deberá demostrar que está dispuesta a trabajar con todo tipo de partes interesadas –no sólo gobiernos o grupos industriales– y que es capaz de ello. Aunque el gobierno chino ha sido alabado por fomentar políticas de finanzas sostenibles, los propios bancos chinos han adquirido la reputación internacional de ser inaccesibles, especialmente para las comunidades perjudicadas por su financiamiento. Esto tuvo un impacto negativo sobre la reputación china en el extranjero y agravó las preocupaciones por la ambivalencia de los bancos chinos respecto del medioambiente y el bienestar de las comunidades de los países anfitriones.

Por supuesto, el liderazgo chino por sí solo no será suficiente para garantizar que el NBD y el BAII establezcan elevadas normas ambientales y sociales de financiamiento. Los países del sur tendrán que trabajar conjuntamente para demostrar que pueden mostrar iniciativa para fomentar finanzas más equitativas, transparentes y sostenibles para el desarrollo.

La experiencia interna china ofrece un punto de referencia para entender los nuevos modelos de desarrollo sostenible, pero también hay que tener en cuenta los esfuerzos de Brasil, Rusia, India y Sudáfrica. Para llegar a ser entidades financieras internacionales respetadas, el NBD y el BAII tendrán que generar una dinámica que lleve a los bancos liderados por el sur a implementar las mejores normas internacionales en vez de las peores.

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