Oportunidades en el sector energético mexicano

En los próximos 25 años, la capacidad instalada de energía eólica de México debe cuadruplicarse (image: Enrique Mendez)

Oportunidades en el sector energético mexicano

México fue uno de los primeros países en presentar su plan de acción para combatir el cambio climático (o INDC, por su sigla en inglés) ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). En marzo de este año la segunda mayor economía latinoamericana se comprometió incondicionalmente a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y los contaminantes del clima de corta vida (CCCV) en un 25 % para 2030 a partir de los niveles de emisión habituales, una reducción que podría llegar al 40 % si obtiene recursos financieros a bajo costo. Aunque algunas de las demandas de México –como un mecanismo de precios mundial unificado para el carbono– casi con seguridad quedarán excluidas de cualquier acuerdo que se firme en París, sus esfuerzos nacionales tienen, de todas formas, una incidencia importante para aumentar las metas ambicionadas.

De manera similar a Chile, México ha comenzado el proceso para desarrollar una estrategia financiera climática que pueda demostrar a los responsables de las decisiones la forma en que las inversiones verdes pueden apoyar la transición hacia las bajas emisiones de carbono. E3G está trabajando con la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales de México y el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático para desarrollar un enfoque estratégico para las finanzas climáticas.

Un análisis del INDC de México indica que el sector energético es fundamental en el esfuerzo de reducción de las emisiones de ese país. Este es el sector que deberá asumir la mayor parte de la responsabilidad en las reducciones de GEI: un 31 % para 2030.

México se ha comprometido a obtener el 35 % de su energía de fuentes «limpias» para 2024. Sin embargo, esto no solo incluye las energías renovables, sino también la energía nuclear, e incluso el gas natural con plantas generadoras más eficientes con ciclos combinados (que usan el calor excedente de las turbinas a gas para alimentar turbinas a vapor y generar energía adicional). Esto indica que el gobierno todavía no ha reconocido en su totalidad el potencial de las energías renovables para lograr una transición asequible a las bajas emisiones de carbono.

México está transitando un proceso histórico de reforma energética, impulsado por la necesidad de aumentar la eficiencia, reducir los costos en el sector de generación de energía eléctrica, y ampliar los sectores petrolero y gasífero del país. Después de casi 80 años, el gobierno está desmontando sus monopolios energéticos estatales y abriendo nuevamente sus reservas de petróleo y gas natural –en su mayor parte sin explotar– a inversores extranjeros.

Si bien el apoyo al sector petrolero y gasífero claramente no está motivado por un «reverdecimiento» de la economía, el gobierno destaca que las reformas energéticas ofrecen oportunidades para mejorar la eficiencia energética y las inversiones en energías renovables al incorporar a nuevos actores, con un acceso no discriminatorio a la red eléctrica y nuevos incentivos de mercado y subastas.

El proyecto se centra en el potencial de energías renovables de México y las posibilidades para orientar inversiones en el sector energético hacia fuentes con bajas emisiones de carbono o sin ellas.

Por ejemplo: México ha experimentado en los últimos años una gran bonanza de la energía eólica, una tendencia que parece destinada a continuar. En los próximos 25 años, el gobierno mexicano espera que la capacidad instalada de energía eólica se cuadruplique e incorpore 22 GW adicionales, que requerirán una inversión de 46 mil millones de USD. Los créditos de los Fondos de Inversión Climática multilaterales, con menores tasas de interés, han estimulado el ingreso de la inversión privada con un elevado coeficiente de apalancamiento.

A pesar de su enorme potencial, la energía solar aún está poco desarrollada y solo representaba el 0,1 % de la capacidad energética instalada total en 2013. Sin embargo, los proyectos solares autorizados en 2015 implican una generación de 4490 MW (un aumento de casi el 1000 % de la capacidad), que significarán unos 15 mil millones de USD en nuevas inversiones.

En septiembre, E3G se reunió con actores clave, que incluían a inversores, desarrolladores de proyectos, bancos multilaterales y diversos ministerios para conocer sus opiniones sobre los obstáculos que enfrenta la energía solar y los desafíos para descarbonizar al sector energético y aprovechar el capital privado para financiar los INDC.

Se descubrió que hay mucho interés entre los inversores por la energía solar en México debido a la elevada irradiación solar que recibe país y la reducción en los costos de esa tecnología. Todavía existen desafíos para atraer a más inversores institucionales a través de mecanismos como los FIBRAS (fideicomisos de inversiones en bienes raíces a través del mercado de valores mexicano) y contar con mayor certeza sobre la forma en que se comportarán en la práctica los mercados energéticos y los precios relacionados.

Además, debido a la elevada liquidez del mercado, los bancos multilaterales y bilaterales, que habitualmente participarían para mitigar los riesgos que enfrenta el sector privado, se encuentran con dificultades a la hora de competir con las condiciones crediticias favorables que ofrecen los bancos comerciales. Enfrentan así crecientes desafíos para implementar líneas de crédito concesionales para la reducción de emisiones de carbono. Además, los bancos comerciales no se ven atraídos hacia el financiamiento de proyectos de energías renovables que carecen de antecedentes en el mercado, ya que los perciben como excesivamente riesgosos. Tampoco enfrentan demasiada presión para internarse en nuevos mercados desconocidos.

Por otra parte, se encontró que los bancos nacionales de desarrollo, como el NAFIN, están asumiendo un papel más preponderante en el financiamiento de proyectos para la eficiencia energética y geotérmica, a través de estructuras innovadoras y con el apoyo de los Fondos de Inversión Climática, que recientemente emitieron un bono verde para la energía eólica.

Se encontró  que los ministerios y el sector privado necesitan coordinar y entender mejor las finanzas climáticas para garantizar el uso eficiente de la asistencia técnica disponible, estructurar mejor los proyectos y las propuestas, y garantizar su alineamiento con una visión estratégica.

Estos hallazgos indican la necesidad de aumentar la colaboración y el diálogo entre los sectores público y privado. En un taller que se llevará a cabo en México en febrero del año próximo, E3G reunirá a partes interesadas del sector público con bancos del sector privado, inversores y desarrolladores de proyectos, para crear una agenda común que pueda conducir al desarrollo de medidas e instrumentos públicos para reunir más recursos privados.

Si bien nuestro proyecto considera las circunstancias específicas del país, también incorporamos las mejores prácticas internacionales y las lecciones aprendidas en otros sitios que pueden guiar el enfoque nacional estratégico mexicano para las inversiones verdes. Es un esfuerzo oportuno del país, que contribuirá a aprovechar oportunidades para «reverdecer» al sector energético e implementar los compromisos de México para el cambio climático.

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