El dueño de las mayores reservas de carbón de Brasil busca inversiones de China

Inversiones irían contra la política doméstica china de reducir el consumo del mineral

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Tianjin power plant

imagen: ADB

Con el 90% de las reservas de carbón de Brasil, y en medio de una larga y profunda crisis financiera, el estado de Rio Grande do Sul (Río Grande del Sur) decidió ampliar la explotación del mineral y crear un polo carboquímico. La iniciativa permitiría al gobierno, perjudicado por deudas de miles de millones, crear empleo e ingresos.

Entonces, salieron a buscar inversiones externas. Y se encontraron con China.

“Sabemos que China, como un todo, viene invirtiendo en el sector de la energía”, afirma Susana Kakuta, secretaria de Minas y Energía de Río Grande do Sul. “Existen tecnologías consolidadas en todo el mundo y que China utiliza, entonces se trata de un gran win-win, para ellos y para Brasil, en especial para Río Grande do Sul, es una nueva oportunidad para el carbón gaúcho”.

La inversión todavía no se ha confirmado. Pero, según la secretaria, existe interés en futuros emprendimientos en el polo carboquímico por parte de empresas que ya invierten en el sector energético brasileño, tales como Zhejiang Electric Power Construction Co (ZEPCC).

Alberto Wiebbelling y Tarsi Pires, consultores de ZEPCC a través de las empresas IAB y Buriti respectivamente, confirmaron que los chinos están interesados en invertir en carboquímica, pero que las negociaciones todavía no avanzaron.

La inversión seguiría una tendencia firme. Según un reportaje realizado por el diario Zero Hora, empresas estatales chinas ya controlan aproximadamente el 70% del sistema de distribución de energía en el Estado, además de tener participación en centrales hidroeléctricas y parques eólicos.

Ésta no sería la primera vez que China invierte en carbón de origen gaúcho. La fase C de la Usina Presidente Médici, localizada en Candiota (también conocida como Candiota III), se construyó con inversiones chinas y una gran parte del equipamiento, valuado en aproximadamente en R$ 1.500 millones, proviene de China.

“Actualmente, el sector carboquímico de Brasil está en la mira del inversor chino, esto está relacionado con la meta de Xi Jinping de internacionalizar la industria china,” afirma Wiebbelling, de IAB.

Sin embargo, el movimiento contrasta con la política doméstica de China, que viene haciendo esfuerzos para desacelerar el sector carbonífero en forma interna, mientras hace grandes inversiones en tecnología de energías renovables.

Como demuestra el caso de Brasil, el movimiento no fue acompañado por las iniciativas chinas a nivel internacional. China viene financiando la explotación de carbón en diversos países.

Por más que las inversiones sean bienvenidas para la economía local, los ambientalistas están asustados. Hay miedo de que las nuevas inversiones aten a Rio Grande do Sul a actividades que impactarán en la salud de sus habitantes y en la preservación del medio ambiente durante décadas.

“En el caso de la producción de carbón, existen problemas significativos de contaminación del aire a nivel local y mundial”, explica Kevin Gallagher, director del Centro para la Política de Desarrollo Global de la Universidad de Boston. “Eso puede significar un perjuicio significativo para los medios de subsistencia de comunidades ubicadas en las proximidades y una contribución para el calentamiento global”.

Un estado en crisis

La estrategia de Rio Grande do Sul choca contra la de movimientos internacionales que están a favor de reducir el uso de los recursos fósiles.   Pero el gobierno estima que se podría generar un incremento de 5.000 millones de dólares en el PBI y 5.400 empleos directos e indirectos entre 2019 y 2042.

Para que estos planes sean viables, en 2017, el gobierno gaúcho promulgó una Política del Estado de Carbón Mineral. La norma crea un Polo Carboquímico en el cual se engloban complejos industriales de extracción de carbón mineral y producción de derivados.

Existen dos procesos principales para producir energía a partir del carbón. Uno de ellos es la quema directa del mineral, el modo más contaminante. El otro es la producción a partir de la gasificación del mineral, lo que resulta en el llamado «gas de síntesis» o sintegás, que sirve tanto para la producción energética como para la de otros derivados, como el amoníaco y la urea, utilizados como bases para fertilizantes.

La ley abre un margen para ambos procesos de producción, pero la secretaria de Minas y Energía de Rio Grande do Sul Susana Kakuta afirma que la propuesta del gobierno es reemplazar la combustión directa por la producción de sintegás.

Sin embargo, para poner en práctica el plan es necesario invertir, algo imposible para un estado que se encuentra atravesando una grave crisis financiera. Hace tres años que Rio Grande do Sul viene superando los límites de endeudamiento previstos en la ley.

Tampoco han podido obtener recursos de otros entes gubernamentales. El Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), viene siguiendo la crisis generalizada de Brasil y sufre por la caída de las financiaciones. En el presente año, perdió un 13% de su capacidad de inversión, comparado con 2017.

China era el aliado ideal.

China está interesada en el carbón

Sin duda, China es el mayor productor mundial de carbón. Según datos de la Administración Nacional de Energía (NEA), actualmente el país posee una capacidad de producción de aproximadamente 3.500 millones de toneladas anuales, es decir, su producción es más de cuatro veces mayor a la de los Estados Unidos, segundo productor mundial.

Los chinos también son los mayores consumidores del mineral. Según un relevamiento realizado por la empresa alemana Statista, en 2017 China consumió más carbón que todos los otros 14 mayores consumidores juntos.

Para Pires e Wiebbelling, el gran interés de China por invertir en carbón en otros países tiene que ver con la obtención de ganancias y con la venta de tecnología.

En contrapartida, los chinos ya se han convertido en los mayores inversores del sector de energías renovables. Y vienen estudiando maneras de reducir las emisiones de gases contaminantes provenientes del carbón, una fuente de energía de la cual tienen dependencia.

“Ahora China está haciendo un gran esfuerzo para utilizar el carbón en la forma gasificada, en lugar de hacerlo en combustión,” afirma Alexandre Grigorieff, Director Operativo de la minera Copelmi.

“China invirtió en tecnologías para bajar la contaminación y la emisión de gases y contaminantes y obviamente desea maximizar el retorno, exportando esas tecnologías,” observa Ilan Cuperstein, ambientalista y ex-representante de Brasil en el Centro Brasil-China del Cambio Climático.

Para Kevin Gallagher, director del Centro para la Política de Desarrollo Global de la Universidad de Boston, la estrategia china se explica a partir de tres factores:

En primer lugar, el sector carbonífero de China está operando más allá de su capacidad, mientras que hay regulaciones ambientales cada vez más rígidas en el seno del país. En segundo lugar, las empresas chinas aprovechan su competitividad en el sector dado que se encuentran en la frontera tecnológica de la explotación del carbón. Por último, obtienen ventajas de sus conexiones políticas con los grandes bancos estatales chinos, que poseen capacidad para ofrecer financiación a valores competitivos.

Brasil representa sólo una pequeña fracción de las inversiones chinas en carbón en el extranjero. La mayor parte de las inversiones tiene por destino los países de la Belt and Road Initiative (BRI), cuyo objetivo es fortalecer la infraestructura, comercio e inversiones entre China y aproximadamente 65 países.

Según el Instituto Global del Medio Ambiente (GEI), China ha participado en la financiación de 240 proyectos relacionados con el carbón en los países de la BRI entre 2001 y 2016. Los principales beneficiarios fueron India, Indonesia y Mongolia.

El 90% de las reservas de carbón del país se encuentran en el Río Grande do Sul. (Imagen: Sarita Reed)

Más empleos y recursos, a costa del medio ambiente

Para la secretaria de Minas Susana Kakuta, el Polo Carboquímico traerá tres beneficios principales: generará empleo e impuestos, dinamizará la industria y reducirá la dependencia de otras fuentes de energía, como, por ejemplo, el gas boliviano. El arribo de empresas de alto nivel tecnológico también significaría una mejora para la economía del sur gaúcho, el área más pobre del estado.

“El sector carboquímico representa un enorme futuro para la región, con un potencial para generar 5, 10 y hasta 20 mil millones de dólares al año”, estima Sergio Meth, coordinador de la carrera de Ingeniería Química de la Universidad Federal de la Pampa (Unipampa).

Pero los beneficios llegarían a costa del medio ambiente. A pesar de que los procesos industriales han mejorado, existen daños imposibles de controlar en forma total, como la grande demanda de agua que el proceso implica, la perforación del suelo y la emisión de gases de efecto invernadero, aunque, en el caso de la gasificación, el último impacto sea bajo.

“Pero si tomamos como ejemplo el informe del IPCC, que muestra qué sería necesario para evitar que el calentamiento global aumente 1,5 grado, es inconcebible pensar en construir nuevas usinas a carbón”, argumenta Ilan Cuperstein, ambientalista y ex-representante de Brasil en el Centro Brasil-China del Cambio Climático.

Durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Clima (COP23) que se llevó a cabo a fines del 2017 en Bonn, Alemania, 20 países liderados por el Reino Unido y Canadá se comprometieron a abandonar en forma progresiva el uso de carbón como fuente de energía.

Sin embargo, grandes consumidores de carbón como China, Alemania y Estados Unidos no adhirieron a la alianza. Brasil, a pesar de ser un actor menor en el sector, también optó por quedarse afuera.

También existen algunos riesgos de orden técnico. Según información provista por el Servicio Geológico Nacional, el carbón brasileño posee particularidades que hacen que la gasificación en ciclo combinado sea más compleja si se la compara con el mineral de otros países. Sería necesario realizar estudios para garantizar que el carbón brasileño sea aprovechado en forma adecuada.

“Debemos analizar cuál sería el método de gasificación elegido; existen técnicas más o menos adecuadas para nuestro carbón”, afirma Meth.

El investigador considera que es un riesgo importar tecnología extranjera sin que se realice un estudio de las condiciones de producción. La Unipampa, ubicada en la región que posee los yacimientos de carbón más importantes de Brasil, ya realizó estudios y desarrolló tecnologías para que la gasificación del carbón gaúcho sea viable. Sin embargo, Meth afirma que el gobierno no viene teniendo contacto con la universidad.

Para el investigador, no hay manera de compatir con la tecnología china, pero considera que la opinión de los técnicos de las universidades regionales debería tomarse en cuenta. «Es muy importante dar señales a los inversores chinos, pero es lamentable que la cuestión política se ponga por delante de la cuestión técnica», argumenta Meth, refiriéndose a las últimas misiones que el Estado realizó en China, en las cuales los miembros de la Unipampa no estuvieron incluidos.

La preocupación se basa en que la explotación del carbón gaúcho ya generó problemas en tiempos pasados. En 2014, la caldera de la Usina de Candiota III, desarrollada por la empresa china Citic Group, presentó un acentuado desgaste debido al exceso de abrasividad de las cenizas del mineral, lo que forzó a la usina a operar en un 58% de su capacidad instalada.

Finalmente, existe el problema del llamado lock-in o de la dependencia del proveedor. “Se trata de inversiones que tardan para dar retorno”, afirma Cuperstein. “Entonces uno queda atado a aquella infraestructura construida, lo que genera un tipo de compromiso para utilizar carbón durante las próximas décadas, y eso también es muy preocupante”.