El avance de la soja en Paraguay amenaza a comunidades rurales

La expansión del cultivo impacta la salud, la educación y el medio ambiente

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Paraguay soja

Juan Carlos Britez mira el mar de soja que rodea a la escuela San Roque González en el departamento de Alto Parana, Paraguay (imagen: Mathias Melgarejo Salum)

En la escuela primaria San Roque González de Santa Cruz, cada año las sillas ocupadas disminuyen. El ruido también se disipa. Mientras, las plantaciones de soja alrededor aumentan. Esta institución ubicada en la zona rural del departamento de Alto Paraná del Paraguay aún resiste a ser clausurada, como ya ocurrió con varias escuelas en otros puntos del país.

Cuando fue inaugurada, cerca de 18 años atrás, asistían un promedio de 70 estudiantes, recuerdan los padres de los alumnos. Hoy, en total son apenas 11 chicos, desde el primero hasta el sexto grado.

El pequeño grupo toma clases en un solo salón con un mismo profesor, quien a la vez es director. Desde la ventana del recinto impregnada de polvo colorado, se observa una canchita de fútbol y, al final de la pista de tierra, una gran extensión de cultivo de soja, sin franjas verdes de protección, a pesar de estar a pocos metros de la escuela.

Según los moradores este cultivo es el que termina desplazando a las familias campesinas de sus hogares. Por necesidad económica o por salud,  venden sus tierras a productores y migran hacia áreas urbanas. Esta realidad se replica en otros puntos del país donde avanza agricultura a gran escala.

El impacto de éxodo se refleja en las escuelas rurales. Ante la falta de suficientes alumnos, el Ministerio de Educación y Ciencias  las termina clausurando. Solo este año ya fueron cerradas más de 80 escuelas, por escasa matrícula.

En el 2011, según el Servicio Paz y Justicia (Serpaj), una investigación del Ministerio reveló que al menos 500 escuelas a nivel nacional están rodeadas de plantaciones de soja.

La superficie ocupada por soja es de 3.497.669 hectáreas y la producción de 9.806.355 toneladas, según la Cámara Paraguaya de Procesadores de Oleaginosas y Cereales (Cappro). En mayo de este año, el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) ubicó a Paraguay como el tercer mayor exportador, luego de Brasil y Estados Unidos. Actualmente vuelve a ocupar el cuarto lugar, como lo realiza desde la zafra 2014/2015.

“Ocupar un puesto tan alto entre los exportadores en estado natural debería preocupar a las autoridades. El agregado de valor no se está dando en las fronteras y los beneficios de la industrialización son disfrutados por otros países”, sostiene el informe de Cappro.

Para pobladores de Minga Porã, el avance de soja es un retroceso para la comunidad.

“30 años atrás en la comunidad de San Miguel, de Minga, teníamos 90 fincas ocupadas por familias, hoy solo 43. El resto se vendió o se alquila a brasileños que vienen a plantar soja en el país. Para pequeños productores no hay apoyo estatal”, indica Gerónimo Arévalos, uno de los primeros pobladores del sitio.

El secretario de la Asociación de Agricultores del Alto Paraná (Asagrapa), Tomás Zayas, reconoció que parte de estas tierras alquiladas a sojeros son propiedades que el Instituto de Desarrollo Rural y de la Tierra otorgó a familias campesinas.

Quienes deciden seguir en la comunidad afirman que deben enfrentarse a dificultades que ellos las asocian con los agroquímicos utilizados en los grandes cultivos. Problemas estomacales y hasta prevalencia de cáncer y abortos espontáneos es lo que denuncian campesinos asentados en varios lotes de Minga Porã.

“Aumentan los problemas de salud que antes eran escasos. Los doctores no dan explicación pero nosotros pensamos que es este modelo de producción el responsable”, desglosa el poblador Jorge Arévalos.

Zully Miranda, secretaria para las mujeres de la asociación de agricultores Minga Porâ, sostiene que las crecientes complicaciones con los embarazos y abortos son una gran preocupación ya que no hay acceso gratuito a la salud (image: Mathias Melgarejo Salum)

A los 9 años, Silvio Peralta, habitante de la zona, comenzó a sentir un fuerte ardor y dolor en los ojos. Describe que de a poco perdía la vista y tras ello dejó la escuela. Asegura que los médicos no dan explicación.

“Pensamos que es por los químicos de las plantaciones. Cuando era niño recuerdo que las fumigaciones eran más intensas. Me gustaría recibir ayuda para poder recuperar la vista”, expresa Silvio, quien ahora tiene 22 años.

Silvio Peralta, 22 años, perdió su vista (imagen: Mathias Melgarejo Salum)

“En Paraguay no hay estudios médicos porque nadie tiene el coraje de decir que estas frecuentes enfermedades se deben a glifosato. Las grandes investigaciones se hicieron en Argentina, donde también hay expansión de soja. Allí, los científicos afirmaron que el glifosato produce aborto porque es genotóxico, lesiona el ADN, y también publicaron que ocasiona  cáncer”, relata la doctora Susana Barreto, especialista en Nefrología.

Mientras en el Parlamento Europeo piden la eliminación del glifosato para el 2022, en Paraguay aumentó la importación en el 2017.

Esperanza Martínez, ex ministra de Salud Pública durante el gobierno presidencial del ex obispo Fernando Lugo (2008-2012) y actual senadora, sostiene que la falta de investigación desde el Gobierno es porque no hay decisión política.

Sin barreras naturales

La necesidad de usar barreras verdes en las cercanías de los cultivos figura en la Ley N° 3742 de Control de productos fitosanitarios de uso agrícola, cuya Autoridad de Aplicación es el Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (Senave).

La falta de esta protección se observa tanto cerca de instituciones educativas, viviendas rurales y en la ruta departamental.

El residente de Minga Porâ Gerónimo Arévalos en un campo de soja que, según él, se encuentra a 30 metros de un arroyo (imagen: Mathias Melgarejo Salum)

La normativa dice que en casos de cultivos colindantes a caminos vecinales poblados, objeto de aplicación de productos fitosanitarios, se deberá contar con barreras vivas de protección con un ancho mínimo de cinco metros y una altura mínima de dos metros.

En caso de no existir dicha protección, se dejará una franja protección de cincuenta metros de distancia para la aplicación de plaguicidas.

También exige una franja de protección de cien metros entre el área de tratamiento con productos fitosanitarios de cualquier clasificación toxicológica y todo curso de agua natural.

De Paraguay a China

Paraguay no cuenta con una relación diplomática con China pues es uno de los 17 países que reconoce a Taiwán, zona que el gobierno chino considera como una provincia rebelde. Sin embargo, a través de las naciones vecinas, gran parte de su producción de soja llega a China.

De manera directa envía productos como edulcorante natural y pieles de bovino, que del total de exportaciones solo significa el 0,31%, según datos del Banco Central del Paraguay (BCP). La principal dificultad para el envío directo de la soja sería la falta de registro fitosanitario.

El embajador de Uruguay en Paraguay, Federico Perazza, confirmó que su país es uno de los canales para que la soja paraguaya llegue hasta China. Afirmó que las principales ciudades utilizadas son Nueva Palmira y Montevideo.

Otra ruta es Argentina. De hecho, el país vecino pasó a ocupar el primer lugar en el ránking de los destinos de exportación de soja paraguaya, que anteriormente lideraba Rusia. Esto es debido a la sequía registrada en la citada nación.

El economista Gustavo Rojas señaló que la soja exportada de Paraguay a Argentina termina llegando al mercado chino, pero ello implica una intermediación y el beneficio de la negociación final con los compradores chinos no queda para el país de origen.

En cuanto a la carne paraguaya, Rojas comentó que llega a China continental vía Vietnam, Taiwán y Hong Kong.

“Es un caso singular porque somos el país del Mercosur donde un tercio del total de importaciones de Paraguay provienen de China, es el nivel más elevado, pero no exportamos de manera directa”, indicó.

Según el BCP, en todo el 2017, Paraguay vendió productos a China por un valor de USD 27.599.029 mientras que la importación proveniente del país asiático  significó USD 3.450.541.551.

Foto: Mathias Melgarejo Salum

En este mes (noviembre), senadores paraguayos de Patria Querida (PQ) y del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) presentaron un proyecto para conformar “una Comisión Parlamentaria de Amistad conjunta con la República Popular de China”.

“Exportamos casi el triple de lo que movemos con Taiwán y queremos aprovechar el volumen, sin romper las relaciones con este último. China es un mercado que necesitamos para el desarrollo del país y  debemos estudiar”, afirma el parlamentario Fidel Zavala de PQ, quien además es ganadero.

Zavala señaló que existen mitos y verdades sobre agroquímicos y que se debe apostar por la tecnología para el desarrollo agropecuario  e intensificar los controles ambientales.

El ingeniero agrónomo y ex presidente de Senave, Miguel Lovera, comentó que como los chinos no consumen directamente la soja transgénica, solo la introducen a la cadena alimenticia animal.

“En el Paraguay el efecto de la apertura del mercado chino sería fatal para los bosques remanentes y un aliciente para la expansión de la soja en la región del Chaco”, advierte.

Mientras el agronegocio mueve millones de dólares en el mercado mundial, entre los sojales de Alto Paraná todavía luchan para que la escuelita rural no cierre sus puertas a las semillitas del futuro.