China y América Latina enfrentan grandes desafíos en 2019

Luego de un año turbulento, expertos identifican los desafíos para China y América Latina en 2019

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imagen: Alessandro Dias

América Latina fue testigo de profundos cambios sociales y políticos en 2018, generando dudas sobre las relaciones internacionales recientemente establecidas y la acción global en temas que van desde el cambio climático hasta los derechos humanos. Aquí, los expertos le dicen a Diálogo Chino los principales desafíos para China, América Latina y el medio ambiente en 2019.

Ariel Slipak, economista argentino especializado en las relaciones China-América Latina, profesor en la Universidad Nacional de Moreno

China en América Latina continuará una política orientada a tres tipos de propósitos geoeconómicos: proseguir con la expansión de proyectos primario-extractivos, que le garanticen a la propia China su seguridad alimentaria y energética; impulsar grandes obras de infraestructura, especialmente corredores bi-oceánicos Atlántico-Pacífico que reduzcan el costo económico y energético del traslado de los productos hacia Asia-Pacífico; y seguir expandiendo su cuota de mercado en el rubro de las manufacturas, en especial aquellas vinculadas con las industrias en las que EE.UU., las potencias europeas y China compiten y competirán durante los próximos años: robótica e insumos vinculados con energías post-fósiles.

En este sentido, los gobernantes latinoamericanos (de cualquier signo político), ven en China un mercado y/o una fuente de financiamiento, siguiendo políticas en las cuales se asocia el ingreso de divisas al bienestar. Si hablamos de “desafíos”, debemos identificar quiénes se plantean los mismos. En este sentido, creo que los intereses de las mayorías populares no se encuentran en la agenda de los gobiernos latinoamericanos y en especial cuando se discute la relación con China. En términos de “desafíos”, pero desde una agenda popular, debemos tener en cuenta las siguientes observaciones: el tipo de proyectos primario-extractivos que plantea la mayor parte de la IED china en América Latina son de gran escala y en muchas ocasiones implica desplazamiento de poblaciones campesinas o indígenas y/o condiciones laborales a la baja en relación a las históricas de la región; los proyectos de infraestructura planteados facilitan la extracción de los recursos y no es necesariamente una infraestructura de integración de los pueblos latinoamericanos; las inversiones y financiamientos en general carecen de transferencia tecnológica; los flujos comerciales profundizan el aprovechamiento de la biocapacidad de la región fuera de ella, exportando grandes cantidades de agua y energía virtual. El desafío parece ser la construcción de una agenda de RRII pensada genuinamente desde abajo hacia arriba.

Zhang Jingjing, profesora adjunta, Programa Carey de Derecho Ambiental, Universidad de Mayland

Para los diferentes actores que conforman intencionalmente o no la asociación entre China y América Latina, los desafíos son variados. En junio de 2018, di un testimonio oral a jueces en Cuenca, Ecuador, en apoyo de la lucha de las comunidades indígenas para proteger los derechos constitucionales de la naturaleza y su derecho a la consulta sobre la mina de oro Río Blanco, de propiedad china. Pero primero trabajé con ONGs en América Latina en 2015, luchando para detener el proyecto de bienes raíces de una compañía con sede en Beijing cerca del área de protección marina de Los Cabos en Baja California, México. Durante este tiempo, he visto a las compañías chinas convertirse en los actores más activos en la configuración de las relaciones entre China y América Latina y la imagen de China en la región. Su desafío es si están dispuestos a adaptarse a un entorno democrático en América Latina y seguir las normas internacionales sobre protección del medio ambiente y derechos humanos.

En China, las empresas se han acostumbrado al régimen de partido único y muchas han disfrutado de vínculos estrechos con varios niveles de gobierno. Las empresas chinas más grandes que operan en el extranjero, especialmente en sectores estratégicos clave como la extracción de recursos naturales y la infraestructura, son empresas estatales y están acostumbradas al entorno regulatorio chino relativamente laxo. Rara vez han tenido que lidiar con estrictas regulaciones ambientales o laborales, o con leyes o normas sobre transparencia. Muchas empresas chinas nunca han tenido que establecer relaciones con organizaciones de la sociedad civil de base que representan a las comunidades afectadas. Pero en América Latina enfrentan un entorno político muy diferente: organizaciones activas de la sociedad civil, pueblos indígenas que se resisten a las industrias extractivas, periodistas independientes y leyes de derechos humanos y ambientales más estrictas. Es hora de que las empresas chinas que actualmente invierten o que invertirán en América Latina enfrenten el desafío, aprender de las buenas prácticas globales, escuchar con sinceridad y responder a las llamadas de las comunidades afectadas. Solo así podrán desempeñar un papel positivo en la configuración de la imagen de China en la región. Para convertirse en un verdadero líder global que construye una comunidad de destino común, mi país, China, debe cuidar el planeta.

Zhang Jingjing con miembros de una comunidad que se opone a una mina de oro china en Ecuador

Enrique Dussel, coordinador de Cechimex (Centro de investigaciones México-China), Universidad Nacional Autónoma de México

Todo pinta a que la relación entre América Latina y China va a continuar creciendo. Sin embargo, ya que no hay suficientes monitores de calidad, va a seguir creciendo con grandes contradicciones. Por ejemplo, se estima que el próximo año China va a generar 2 millones de empleos en América Latina, lo cual es positivo, pero esto será con enormes retos porque más empleo en mayor cantidad implica más problemas. En Cechimex publicamos un informe donde analizamos 20 proyectos de infraestructura en América Latina: hay algunos que salieron muy bien y otros muy mal ¿Y que aprendimos? Si tenemos el doble de proyectos pero con las mismas tasas de fracaso es porque no hemos aprendido.

En el 2019 la inversión, el comercio y los proyectos de infraestructura van a aumentar, pero con serias limitaciones y con movimientos sociales locales regionales en contra de China.

Entonces no se trata de tener más delegaciones diplomáticas, sino que requerimos mejorar la calidad de los centros de investigaciones, públicos, privados, académicos en los dos lados: China y América Latina. Se requiere análisis, diagnósticos, evaluación de política de todos los sectores en temas de comercio, financiamiento y proyectos de infraestructura que permitan discutir explícitamente el impacto por ejemplo, de Una Franja una Ruta en los últimos 5 años.

Mi impresión es que todo indica que con la políticas de migraciones por parte de Trump que además, ha insultado a los países en América Latina, se están abriendo grandes espacios para la inserción de China en América Latina. Todo eso permite cuantitativamente incrementar la relación en Centro América, en México, en Brasil. No se trata de desplazar a Estados Unidos, que no va a desaparecer, pero China sí va a incrementar su presencia ante las contradicciones por las tensiones que Trump ha generado en América Latina. La relación por parte de China actualmente es mucho más constructiva, pero invitaría a ser cautos, la relación no es color rosa, y tiene sus particularidades únicas en Argentina, Brasil, México y en los demás países del continente.

Ernesto Fernández Taboada, Director Ejecutivo de la Cámara de Comercio Argentino-China

De México para el sur somos todos países que les interesamos a China por qué somos proveedores o potenciales proveedores de recursos naturales, materias primas, alimentos y minerales, que son las cosas que a China le faltan. A la vez somos receptores de productos de alto valor agregado que China nos está exportando. Son cosas que no podemos producir con competitividad como las computadoras, no tiene sentido fabricar hardware en Argentina por ejemplo.

China sigue con su deseo de una mayor inserción en América Latina. En el caso de Brasil veremos que pasa con el nuevo gobierno pero todo indica que siendo Brasil el principal socio de China en América Latina la relación debería crecer. Esperemos que ocurra lo mismo con Argentina. Pero nosotros tenemos una dificultad básica para que crezcan las exportaciones que es la estructura de nuestras empresas, en su mayoría pequeñas y medianas. El empresario tiene que asociarse o formar consorcios de exportación o buscar formas alternativas. Hoy a china le podemos vender 200 o 300% más de lo que le estamos vendiendo. Hay mucho potencial y eso quedó en evidencia en la China Import and Export Fair.

Se abre un panorama muy bueno para incrementar los negocios con China. La clase media china está ansiosa de comprar nuevos productos y ampliar gama de productos que consumen. El gobierno chino está tratando de seguir con la política de urbanizar más pobladores rurales para así aumentar la cantidad de personas que consumen y a la par busca mecanizar el agro y lograr unidades agrícolas más grandes. Si bien China cada año va a demandar más cantidad de carne y de soja, hay que tener cuidado porque también está aumentando su producción. No hay que perder de vista eso.

Fabiano Escher, investigador en la Universidad de Agricultura de China

La creciente relación entre China y Brasil abre un espacio para que los países se coordinen más en la agenda ambiental. Hay una serie de efectos negativos, o “externalidades” asociadas con el complejo China-Brasil de soja. En Brasil, estos incluyen la deforestación, las condiciones de trabajo degradantes, los altos niveles de contaminación por el uso de agroquímicos, entre muchos otros. Mientras tanto, China enfrenta la contaminación y la degradación del agua, el suelo y el aire.

Desde 2005, los gobiernos de China y Brasil han establecido acuerdos de cooperación ambiental. Para 2019, se espera que inauguren un sistema de monitoreo de satélites de deforestación operado conjuntamente. Además, China parece estar avanzando en su plan de adaptación al cambio climático, en energías renovables y en otras áreas. Mientras tanto, Brasil, que había seguido políticas ambientales acertadas, eligió un gobierno que parece ir en la otra dirección. Esto se ha demostrado en los discursos negacionistas y la transferencia de la gobernanza ambiental y la demarcación de los territorios indígenas al ministerio de agricultura, entre otras barbaridades.

Este momento histórico, marcado por declaraciones ciegas por parte de Brasil de alineación con los intereses de EE. UU e Israel y la hostilidad gratuita hacia países de gran importancia comercial, como los países árabes y orientales, principalmente China, es sumamente preocupante. Veremos si el gobierno puede enfrentar los desafíos económicos, geopolíticos y ambientales que la era actual exige. Si antes, en Brasil, solo hubo unos pocos proyectos de cooperación de gran alcance y algunas medidas inteligentes para tratar con China, aunque no con una estrategia clara, hay pocas esperanzas de que veamos algo positivo en ese sentido. Esto es, a menos que los líderes prudentes y pragmáticos de China logren abordar la relación de manera racional y razonable hasta que podamos reconstruir una política exterior seria y responsable.