Una agenda ambiental para Brasil y China

La ex ministra brasileña Izabella Teixeira analiza las oportunidades de alianza entre los dos países

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Izabella Teixeira, Ex-Ministra De Medio Ambiente de Brasil (imagen: CMCC)

La armoniosa relación sino-brasileña debe darse más allá de los contextos económico, comercial, tecnológico y cultural. Brasil y China son dos países que poseen territorios extensos y sociedades plurales y diversas, pero además son naciones emergentes que se insertan en un mundo contemporáneo y multicultural.

La superación de las barreras geográficas entre Brasil y China ha sido determinante para construir alianzas estratégicas y para abrir nuevos caminos de diálogo dentro del objetivo de cooperación internacional ya establecido.

Hoy estamos viendo cambios en las relaciones internacionales que sugiieren la emergencia de un nuevo orden global multipolar. Que significa esto para la alianza China-Brasil? ¿Será importante y viable para estos países promover acciones en asuntos comunes de intereses globales?

Existen varias maneras de abordar esas perspectivas y de definir caminos innovadores de cooperación entre China y Brasil en el contexto de un mundo contemporáneo. Uno de esos caminos implica una arriesgada lectura política de la agenda ambiental, orientada al abordaje del medio ambiente como un activo económico y social.  

Para que podamos avanzar en la convergencia entre el medio ambiente y el desarrollo es fundamental constituir coaliciones o alianzas de composiciones variadas con otros países e instituciones

La cooperación de ambos países en la cuestión del medio ambiente es reciente y está motivada por asuntos globales tales como sostenibilidad, cambio climático, biodiversidad y recursos hídricos. Indudablemente, la agenda del cambio climático ha sido determinante para que ambos países estrechen su diálogo político-económico. Un ejemplo importante es el esfuerzo emprendido en 2015 en el seno del grupo BASIC, grupo de países constituido por Brasil, Sudáfrica, India y China, cuyo objetivo era viabilizar el Acuerdo de París.  

Para que podamos avanzar en la convergencia entre el medio ambiente y el desarrollo es fundamental constituir coaliciones o alianzas de composiciones variadas con otros países e instituciones considerando los intereses comunes que existen entre China y Brasil, que resulten en una conexión real y efectiva de la temática ambiental como parte de la ecuación doméstica e internacional de desarrollo y liderazgo.  

Esto requiere un compromiso político y económico y una visión innovadora de cooperación bilateral, determinantes para fortalecer la agenda multilateral global. Requiere además una necesaria coordinación entre las políticas interna y externa y un debate más profundo debate sobre los temas globales,  sus soluciones y su impacto en la calidad y estilos de vida de nuestras sociedades.

Tenemos que establecer algunos principios comunes y fundamentales para estructurar el marco de la cooperación ambiental. Las alianzas resultantes podrían llevar a beneficios que podrían ser alcanzados en tres perspectivas estratégicas, las cuales deben poner al medio ambiente como un asunto clave para ser abordado por los gobiernos. Los mismas son:

  1. adoptar perspectivas de largo plazo de cada país basadas en intereses y metas comunes;

  2. acciones coordinadas para la obtención de resultados y el fortalecimiento de acciones bilaterales;

  3. facilitar la construcción de posiciones conjuntas dentro del contexto multilateral.

Estos caminos deberían guiarse por el entendimiento de que la agenda ambiental es parte de las opciones de desarrollo económico y no debe guiarse por la falta de ambición política. Ambos países tienen un largo camino que recorrer en reducir los impactos ambientales negativos, en restaurar bosques y en alcanzar nuevas maneras de descarbonizar. Esta última meta puede alcanzarse, por ejemplo, al transisionar de energía obtenida de los combustibles fósiles a fuentes renovables, o al permitir que productos de la agricultura tropical baja en carbono de Brasil ingresen a los mercados de alimentos de China. 

Existen diversas posibilidades para ampliar los intereses comunes como cambio climático, mitigación, adaptación, seguridad del agua y conservación de la biodiversidad.

La seguridad alimentaria y energética, la calidad de vida en las ciudades, la infraestructura sostenible, el control de la contaminación en los sectores industriales, el saneamiento y transporte, además de la de bio-economía, cumplen un papel importante en promover nuevas y robustas soluciones para el desarrollo de ambos países.

También existen diversas posibilidades para ampliar los intereses comunes como cambio climático, mitigación, adaptación, seguridad del agua y conservación de la biodiversidad. Una mayor eficiencia hídrica en la producción sostenible de alimentos constituiría una contribución sin precedentes para obtener la seguridad alimentaria y para la erradicación del hambre en el mundo.  

Los sistemas de compliance de las legislaciones nacionales de medio ambiente y el acceso a nuevos mercados consumidores de alimentos y de bioenergía también constituyen ayudarían. Podemos producir proteína animal con un bajo impacto ambiental y simultaneamente preservar y remediar recursos biológicos, tal como es el caso con los recursos pesqueros y la protección de los océanos. La biodiversidad es esencial para la protección de especies.

El desarrollo sustentable puede agregar valor a China y Brasil, pero tenemos que asegurarnos que esta idea sea entendida. Tenemos que recolectar comentarios de diferentes sectores de la economía e ir más allá de los tradicionales pilares de la sustentabilidad establecidos en la Declaracion del Medio Ambiente y el Desasarrollo de Río 1992.

Para lograrlo, hay que superar los obstaculos que todavía separan a Brasil y China. Estos incluyen distintas formas de organización social y de interacción entre individuos y las pocas oportunidades de alto retorno en la práctica actual del comercio de productos básicos. La actual falta de interdependencia ofrece poco intercambio sustancial entre los dos países. 

Sin embargo, importantes transiciones tecnológicas, políticas y de otro tipo en el mundo moderno han empezado a elevar los asuntos ambientales a un estatus más elevado y con mayor prioridad. Dejaron de ser vistos como accesorios o obstaculos al desarrollo y se convirtieron en una parte más de nuestras decisiones políticas para crear países más inclusivos y justos. Debemos buscar sinergías en la agenca ambiental y en los intereses de las sociedades globales y nacionales y seguir esos caminos al desarrollo.

En 2020 China será sede de la Conferencia de las Partes de la Convención de la Diversidad Biológica. Será una ocasión ideal para que Brasil y China ofrezcan al mundo una nueva mirada política sobre los vínculos que existen entre la biodiversidad, el cambio climático y el bienestar individual y colectivo. Será una oportunidad única para la cooperación China-Brasil.   

Brasil y China pueden buscar nuevas metas políticas, económicas y tecnológicas e intereses comúnes y pueden formar un “G2 del medio ambiente” que promueva una agenda ambiental innovadora y armoniosa.