China aprende a abordar los problemas ambientales – de la forma más difícil

La huella ambiental de China en América Latina sigue estando marcada por una contradicción

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Trabajadores instalan paneles solares en la planta argentina Cauchari (imagen: Fermín Koop)

Marcada por conflictos por el uso del agua y las normas laborales, con la compra de Shougang de una mina de mineral de hierro en el distrito de Marcona en Perú en 1992, la primera gran inversión china en ese país, la empresa se ganó una reputación de opaca e indiferente cazadora de recursos naturales.

Hoy en día, en medio de su creciente presencia en América Latina, China todavía se ve asociada a un deficiente desempeño ambiental, aunque por otro lado también se le relaciona con la energía renovable y los compromisos climáticos internacionales.

Dos roles que son difíciles de conciliar.

Retórica versus realidad

Según Paulina Garzón, directora de la Iniciativa de Inversión Sostenible China-América Latina, la retórica de alto nivel en torno a la sostenibilidad no coincide con las realidades sobre el terreno.

“Escuchamos sobre el Acuerdo de París, sobre el florecimiento de la industria solar y los autobuses eléctricos, pero aún no han tomado en serio la importancia de los problemas ambientales en el escenario global”, dijo.

Garzón sostuvo que muchos de los problemas en el proyecto hidroeléctrico Coca-Codo Sinclair, valuado en USD $ 2.500 millones, en su Ecuador natal se deben al uso de estudios hidrológicos realizados hace décadas atrás en el río Coca. Su comportamiento desde entonces ha cambiado drásticamente, aseguró.

Construido por Sinohydro y financiado en un 85% por el Banco de Exportación e Importación de China (Exim, por sus siglas en inglés), ambos de propiedad estatal, Coca-Codo Sinclair comenzó a funcionar en el 2016, tras numerosos retrasos. El New York Times informó en diciembre que se está rompiendo. Tres años antes, una central hidroeléctrica colapsó y causó la muerte de 13 personas.

13

trabajadores murieron a causa de un accidente en la planta Coca-Codo Sinclair en 2015

A partir de los proyectos respaldados por China y la mala gestión de riesgo ambiental en toda América Latina, las empresas aprendieron las lecciones “dolorosamente” , según Ren Peng, del Instituto Global del Medio Ambiente (GEI, por sus siglas en inglés) con sede en Beijing.

“Fue una falta de conciencia durante su etapa inicial de salir al extranjero, pero ahora hay un mayor nivel de conocimiento”, dijo a Diálogo Chino.

Además, agregó que las compañías chinas son sensibles a los costos económicos y a los de su reputación, como sucede con cualquier tipo de compañía, independientemente de su nacionalidad. Aunque sostuvo que el “lenguaje” de las empresas aún no está alineado con los compromisos internacionales sobre sostenibilidad.

Kevin Gallagher, profesor de política de desarrollo global en la Universidad de Boston, dijo que aplazar las leyes de los países receptores sobre gestión ambiental ha resultado costoso para las compañías chinas:

“China está aprendiendo, por la vía más difícil, que necesita tener su propio conjunto de sistemas de gestión de riesgos ambientales y sociales aplicables para su financiamiento en América Latina”.

Denisse Linares, investigadora de la ONG peruana Derecho, Ambiente y Recursos Naturales (DAR), dijo que su gobierno ha flexibilizado sus criterios para las evaluaciones de impacto ambiental con el fin de atraer inversión extranjera.

Los acuerdos comerciales suscritos con China en 1988 y 2016 carecen de las garantías ambientales contenidas en acuerdos equivalentes con la Unión Europea, dijo.

“En 30 años, no hemos visto una evolución positiva”.

Pautas, no leyes

El gobierno chino ha introducido una serie de pautas para limitar los impactos de los proyectos de las empresas en el extranjero.

La Directiva de Crédito Verde de 2012 ordena a los bancos chinos a cumplir con las normas socioambientales internacionales. Los compromisos para estimular las finanzas verdes y una nueva política sobre gestión de riesgos ambientales en el extranjero continuaron en el 2016 y 2017, respectivamente.

Ninguno es legalmente vinculante.

Según Zhang Jingjing, una abogada ambientalista, no son efectivos: “¿Alguna vez han visto a un banco aplicar sanciones administrativas porque no se han seguido esas pautas?”

Se ha alentado a las empresas chinas a ‘salir’, y los abogados y las ONG chinas, también tenemos que salir

Zhang dijo que, a pesar de las buenas leyes de interés público en China, ningún caso se ha ocupado de las inversiones salientes, ya que no tienen la jurisdicción.

Katharine Lu, coordinadora sénior de finanzas sostenibles en Amigos de la Tierra en los Estados Unidos, coincidió en que la implementación es un problema de larga data, pero dijo que al menos las políticas muestran el reconocimiento de China de su impacto en el extranjero.

“Si nos fijamos en cualquier otro país, los Estados Unidos o los países europeos, no hay una política equivalente, por no hablar de un conjunto completo de políticas y un marco”, dijo.

Un elemento clave para Lu en la defensa de las políticas ambientales es involucrar a quienes monitorean los impactos de los proyectos.

Los prestamistas occidentales desarrollaron políticas ambientales y sociales en respuesta a la intervención de la sociedad civil. Muchas salvaguardias y mecanismos de rendición de cuentas nacieron a partir de las crisis de proyectos que se producen en el terreno. Los bancos chinos están aprendiendo que ellos también tienen que comprometerse.

Zhang dijo: “Se ha alentado a las empresas chinas a ‘salir’, y los abogados y las ONG chinas, también tenemos que salir”.

Los positivos

Un estudio reciente realizado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y la Iniciativa Leave it in the Ground (LINGO), destacó ejemplos positivos de la práctica corporativa responsable en China.

El estudio cita la salida de Sinohydro de la polémica represa de Aguas Zarca en Honduras, ya que la comunidad indígena local Lenca resistió ante la construcción en un río que consideran sagrado. Sinohydro se retiró antes de que lo hicieran los inversores holandeses y finlandeses.

“Incluso si es uno en cien, seguimos pensando que un movimiento hacia esa dirección es útil”, dijo el coautor del informe Kjell Khüne, de LINGO.

Liliana Jáuregui de la UICN dijo que los ejemplos positivos pueden ser útiles para las ONG latinoamericanas, cuya estrategia de “confrontación” no siempre es efectiva.

Huang Wei, un exactivista sobre el clima y energía en Greenpeace de Asia del Este, entrevistó a altos ejecutivos de bancos y empresas chinos sobre cómo poner en práctica las directrices del gobierno.

El pensamiento de los grupos verdes sobre el riesgo ambiental, que abarca tanto enfermedades sociales como la contaminación, difiere entre los profesionales, que consideran los riesgos múltiples y prestan atención a los parámetros regulatorios estrictos y los márgenes de ganancias, dijo Huang a Diálogo Chino.

“Es muy práctico. No lo consideran desde un punto de vista moral”.

Inversión energética

La política china de “volverse global” alentando a los inversores a buscar oportunidades en el extranjero, que el presidente Xi Jinping replanteó como la Iniciativa la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés) en el 2013, ha sido pensada en gran medida en la obtención de recursos energéticos y de alimentos.

A medida que el crecimiento nacional se ha desacelerado, se ha convertido cada vez más en un conducto para su exceso de capacidad industrial.



Huang dijo que muchas inversiones BRI se han canalizado hacia el carbón debido a las oportunidades limitadas a nivel local. Los proyectos de carbón en China con una capacidad combinada de 100GW se archivarán como parte de los planes para reducir las emisiones de carbono, anunció el gobierno en 2016.

No es un juego de suma cero. Más energía renovable, no genera menos carbón

Los bancos chinos respaldan la energía termoeléctrica en el estado brasileño de Rio Grande do Sul. Más allá de esto, las inversiones en energía de América Latina se centran en el petróleo y la energía hidroeléctrica.

De acuerdo con las últimas cifras del Diálogo Interamericano y la Base de Datos de Finanzas de China y América Latina de la Universidad de Boston, la inversión total en energía de América Latina realizada por Exim y el Banco de Desarrollo de China, los bancos estatales responsables de respaldar los objetivos de desarrollo de China, ha alcanzado los USD $ 97 mil millones desde el 2005.

Estos bancos también han destinado USD $ 1.3 mil millones a proyectos solares.

Según Huang, en lugar de constituir una evidencia de una transición por fuera de los combustibles fósiles, esto significa una evidencia de que las compañías chinas están diversificando sus carteras en el extranjero.

“No es un juego de suma cero. Más energía renovable, no genera menos carbón”.

También ha habido reducciones de energía solar en China, agregó.

La planta solar Cauchari de 300 megavatios respaldada por China en la provincia de Jujuy, en el norte de la Argentina, será la más grande de América Latina cuando comience a operar en mayo, según fue estipulado.

1,2millones

la cantidad de páneles solares chinos que incorporará Cauchari

La subasta de energía renovable RenovAr licitó el proyecto, que utilizará 1,2 millones de paneles solares de fabricación china y podría permitir una reducción anual de 325,000 toneladas en emisiones de carbono.

Ren dijo que China sufrió un empeoramiento de la contaminación del aire desde que realizó su apertura a los inversores extranjeros en la década de 1980, pero esta inversión extranjera china podría ayudar a los socios a evitar los mismos problemas.

“Podríamos querer ver un camino diferente para el desarrollo económico de otros países en desarrollo”, dijo.

Para Garzón, proyectos como Cauchari demuestran el potencial de China y América Latina para cooperar en proyectos sostenibles:

“Es un paso adelante que podría abrir una puerta de esperanza en la relación”.

Esta es una versión de un artículo encomendado por Americas Quarterly para su edición China-Latin America 2.0, ya está disponible