Entrevista a fotógrafo ganador del Premio Pulitzer sobre las víctimas del cambio climático

Las imágenes de Josh Haner capturan la pérdida visceral del cambio climático desde el aire y el mar

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(imagen: Josh Haner/The New York Times)

Durante los últimos cuatro años, el fotógrafo del New York Times, Josh Haner, ha usado imágenes de drones y fotografías para documentar los efectos del cambio climático alrededor del mundo.

Se ha enfocado en fotografiar a las personas desplazadas por el aumento del nivel del mar, las inundaciones, la sequía y la deforestación, y en capturar la pérdida natural y cultural que esto conlleva.

Una selección de su trabajo fue exhibido este mes en Photo London en Somerset House. Haner habló con Chinadialogue en una conversación paralela al evento.

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(imagen: Josh Haner/The New York Times)

Beth Walker (BW): ¿Cómo surgió este proyecto? ¿Creció orgánicamente a partir de lo que estaba viendo o tuvo una gran visión de lo que estaba ocurriendo?

Josh Haner (JH): Cuando comencé, estaba tratando de utilizar una nueva tecnología. Había estado estudiando drones durante casi todo un año y estaba tratando de encontrar la primera historia en la cual un dron podría aportar una narración con mayor riqueza. Así que cuando viajé a Groenlandia para seguir al embajador de los Estados Unidos, utilicé esto como una excusa para llevar un dron y buscar una historia. Encontré a algunos investigadores que observaban lagos y ríos de aguas de deshielo sobre la capa de hielo más grande de Groenlandia y llevé mi dron en un helicóptero hasta su campamento. Cuando recuperé el video, fue tan visceral e hizo que el impacto del cambio climático fuera tan palpable que decidimos dedicar más recursos a contar historias sobre el cambio climático. Como resultado, hemos cambiado la forma tradicional en la cual la contarían los periodistas. En lugar de realizar una serie dirigida por escritores, fue dirigida por los fotógrafos.

BW:  Algo sorprendente de esta exposición es cómo ha capturado la escala del cambio climático con imágenes de drones, pero también a través de las historias humanas que están detrás de esto. ¿Cómo pudo combinar ambos factores?

JH: Creo que mucha gente en el canon de la fotografía aérea se enfoca en las abstracciones. Encuentro esto hermoso, pero al mismo tiempo alejado del aspecto humano, de una conexión emocional. Así que en todos los lugares a los que fui me aseguré de fotografiar imágenes fijas desde el suelo y contar historias más personales. Creo que esto es realmente efectivo para mostrar la amplitud de la historia: que el cambio climático no solo está afectando al medio ambiente, sino también a las personas que están lidiando con ello.

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(imagen: Josh Haner/The New York Times)

BW: ¿Hay alguna historia personal que realmente se haya quedado contigo?

JH: Esta foto [abajo] es de una mujer de Buariki [una isla en el Océano Pacífico] cuya casa está en el borde de una playa que está retrocediendo. Ella junto con otras nueve mujeres de su ciudad decidieron cosechar árboles jóvenes de los manglares cercanos y plantarlos sobre la marea baja a lo largo de las fronteras con sus hogares. Estos son pequeños actos que no generarán un efecto sobre su historia, pero sí impactarán a las generaciones futuras. Cuando estos manglares comienzan a crecer, su estructura de raíz se adhiere a la tierra para evitar la erosión. Para mí, ver a las comunidades que no solo están pensando en su propia  vida, sino también en la de sus hijos y en la de los hijos de sus hijos, y en tratar de prepararse para una futura degradación de su entorno, fue realmente inspirador.

BW: En China ha visitado Ningxia y el interior de Mongolia. ¿Cuál fue su enfoque allí?

JH: Nos enfocamos en la desertificación y los “migrantes ecológicos”. En China, analizamos imágenes satelitales tan lejanas [en el pasado] como pudimos llegar a las fronteras del desierto de Tengger e identificamos siete ubicaciones a lo largo de la frontera sur donde habíamos visto el avance del desierto. Fui a los siete lugares para tratar de averiguar dónde se vieron más afectadas las personas. Encontramos una familia que estaba lidiando con los efectos de la desertificación.

En China, el gobierno ya había reasentado a muchas personas en estas aldeas de reubicación y [la familia] había decidido quedarse atrás. Creo que China recorta toda la financiación estatal a estas áreas, en términos de agua y asistencia, para alentar a las personas a mudarse a estas comunidades de reasentamiento que son muy modernas y estructuradas. Así que, si eligió quedarse atrás, lo hizo bajo su propio riesgo.

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(imagen: Josh Haner/The New York Times)

BW: Otra cosa que estás tratando de mostrar es la pérdida de cultura junto con el cambio climático. ¿Lo has encontrado en las comunidades de reasentamiento?

JH: China es exitosa moviendo a mucha gente muy rápido. En lo que tienen menos éxito es en la planificación de las diferencias individuales en las comunidades que están reubicando. Esta es una población étnica [hui] musulmana que ha sido removida, sin embargo, sus duchas e inodoros se colocaron en la misma habitación. Hubo una falta de comprensión de lo que se necesitaba para esas culturas particulares. También observé que no había suficiente previsión en las oportunidades de empleo para este pueblo.

La mayoría de las personas provenían de un entorno agrario donde cultivan sus propios alimentos y crían sus propias ovejas. Y ahora tenían un terreno de aproximadamente 10 metros cuadrados para cultivar los cultivos que podían. Se pueden observar personas paseando sus ovejas por un vecindario construido en un lugar igualmente árido. Las mujeres del pueblo estaban haciendo la mayor parte del trabajo. Caminaban hacia una plantación de sandías donde pasaban agotadoras horas trabajando mientras muchos de los hombres se quedaban en casa porque no había profesiones para ellos en esta nueva área.

Espero que veamos algunas mejoras porque estamos viendo este [desplazamiento] en todo el mundo. La gente tiene que ser reasentada en los Estados Unidos. En Louisiana [tomé fotos] de una comunidad que recibió el primer financiamiento federal para reubicarse [debido al cambio climático]. Y la logística de traslado para tan solo 80 familias en una sola comunidad desde un terreno, una franja de tierra aislada, fue enorme.

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(imagen: Josh Haner/The New York Times)

BW: Para su último proyecto se dirigió a las Islas Galápagos, donde el cambio climático está afectando a los corales y peces, y a los leones marinos y aves que dependen de ellos. ¿He escuchado que aprendió a bucear para tomar estas fotos?

JH: No quería bucear. Tuve problemas masivos de presión en los oídos cuando era niño. Pero cuando comenzamos a investigar los efectos del cambio climático en las Galápagos, se hizo evidente que la mayoría de los cambios ocurrían bajo el agua. Así que no solo tuve que aprender a bucear, sino a usar una cámara bajo el agua. Tuve un gran maestro en California, que también era un fotógrafo subacuático. Pensé que iba a hacer más calor en las Galápagos, pero no fue así y las corrientes eran muy intensas. [Teníamos que] esquivar a las iguanas marinas que se aferran a las rocas para alimentarse de las algas. Esta fue una de nuestras historias principales: cómo las iguanas marinas se ven afectadas por la falta de alimentos en el océano. Son una de las especies más espectaculares del mundo. No sabemos mucho sobre ellas, pero el tamaño de los esqueletos se contrae durante los períodos de estrés alimentario. Entonces supe que necesitaba documentar su estilo de vida.

Durante esta temporada nadan durante una hora al día y el resto del tiempo toman sol en las rocas porque son de sangre caliente y tienen que alimentarse en aguas heladas. Así que tuvimos que programar nuestra llegada a estos lugares con una ventana de una hora de tiempo. Las comunidades se han reducido a lo largo de los años, por lo cual es muy difícil encontrarlas y están camufladas.

También pasamos meses lidiando con los permisos para poder visitar lugares fuera del límite establecido para los turistas y acompañados en todo momento por un guardaparques para monitorear nuestro impacto en el medio ambiente y en las especies y asegurarnos de que no estuviéramos molestando a los animales.

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(image: Josh Haner/The New York Times)

BW: ¿Qué está planeando a continuación?

JH: En lo que me gustaría centrarme de aquí en adelante ahora que hemos mostrado el escenario apocalíptico de cómo el cambio climático está afectando las vidas de las personas, es en buscar soluciones. La parte difícil de gran parte del trabajo sobre el clima es tratar de visualizar algo que es tan abstracto y sucede en una escala de tiempo glaciar. El único lugar que visité donde sucedía algo era en Yakarta, donde los muros marinos fallaron mientras caminaba por un vecindario. [La capital indonesia se está hundiendo rápidamente, con el 40% de la ciudad ya por debajo del nivel del mar]. Luego vimos a todas estas personas corriendo con chalecos azules para arreglar la pared del mar.

La mayor dificultad para cubrir el cambio climático es encontrar imágenes llamativas con las que la gente pueda relacionarse y que no sean el canon usado en torno al cambio climático y que ya hemos llegado a prever, como el oso polar en el último trozo de hielo en el Ártico o el derretimiento de los glaciares.