Brasil renuncia al liderazgo global bajo el gobierno de Bolsonaro

Con eventos cancelados y reducciones en políticas ambientales, el país se aparta de negociaciones multilaterales

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El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro (imagen: Palácio do Planalto)

En lo que tiene que ver con el medio ambiente, el presidente brasileño Jair Bolsonaro cree que lidera un ajuste de cuentas.

“Brasil no le debe nada al mundo en lo que tiene que ver con la preservación del medio ambiente” argumentó en su visita a Chile, inmediatamente después de que Brasil hubiera decidido rechazar la invitación para ser sede de la COP25, la cumbre de negociaciones sobre el cambio climático más importante de las Naciones Unidas. “Estamos preocupados por el desarrollo.”

Contrariamente, fuera del gobierno, ambientalistas, funcionarios de carrera del Ministerio del Medio Ambiente y otros observadores evalúan que el presidente está renunciando a la única área en la cual Brasil ejerció el liderazgo mundial en algún momento.

Construida desde 1992, cuando fue sede de la Eco-92, la buena reputación brasileña en el área ambiental hizo que el país actuase como vocero de otras naciones, en especial de los países en desarrollo que poseen selvas tropicales y de las naciones vecinas con las cuales comparte la selva amazónica.

“En el escenario de la diplomacia internacional, Brasil ciertamente lidera las negociaciones de esas temáticas. En la cuestión ambiental, relacionada con las temáticas de biodiversidad y clima, todo el mundo espera para escuchar lo que el país tiene para decir y, a partir de eso, tomar posiciones”, afirma Adriana Ramos, del Instituto Socio-Ambiental (ISA).

“Por ser una potencia ambiental, posee la prerrogativa de marcar agenda y dictar las reglas.”

A pesar de no haber seguido adelante con sus propuestas más polémicas, entre las cuales mencionamos la de salir del Acuerdo de París y hasta de la ONU, el gobierno de Bolsonaro se involucró en otras polémicas que van más allá del cancelamiento de la COP25 brasileña.

Las negociaciones multilaterales sobre el medio ambiente podría traer consecuencias negativas para la economía del país en el mediano y largo plazo

Brasil no envió representantes a una conferencia sobre gestión forestal y agricultura organizada por el PNUD, organismo que también pertenece a la ONU, que se llevó a cabo en Perú durante el mes de mayo. El gobierno también se retiró de la sabatina de la Revisión Voluntaria Nacional de la ONU, agendada para el mes de julio, y canceló la Climate Week América Latina y Caribe, evento de la Convención de la ONU sobre Cambio Climático agendado para el mes de agosto a realizarse en Salvador, Bahía.

Antonio Carlos Magalhães Neto, alcalde de la ciudad — cuyo partido forma parte del gobierno Bolsonaro —, se opuso al cancelamiento.

Después de unos días, el gobierno federal retrocedió, retomando su apoyo a la conferencia.

Consecuencias económicas

El apartamiento de Brasil de las negociaciones multilaterales sobre el medio ambiente podría traer consecuencias negativas para la economía del país en el mediano y largo plazo.

Estas reuniones sirven para definir cómo los países desarrollarán sus políticas económicas. Por ejemplo: si las discusiones avanzan sobre la necesidad de evitar la construcción de centrales termoeléctricas para reducir los gases que producen el efecto invernadero, la matriz energética de los países signatarios del acuerdo deberá planearse sin considerar la construcción de ese tipo de fuente de energía.

Lo mismo tiene validez para reglas relacionadas con el agronegocio, dado que varios países, en particular de la Unión Europea, poseen objetivos de importación de alimentos con una cadena productiva de bajo impacto ambiental comprobado.

Existe una tendencia mundial a vincular cuestiones ambientales con el comercio y ésta se refleja en los estándares que adoptan empresas privadas, que exigen productos con sellos ambientales y de certificación de origen. Las reglas dan aviso sobre las compras realizadas por los países y hasta por cadenas supermercadistas.

De este modo, al ausentarse de las convenciones internacionales sobre el medio ambiente, Brasil permite que otros países definan reglas a las cuales posteriormente deberá encuadrarse para negociar la exportación de sus productos.

Ambientalistas y economistas opinan que las metas de preservación se utilizarán cada vez más como una manera de imponer restricciones comerciales a los países que no cumplan los objetivos multilaterales para contener el calentamiento global, sobre todo si la temperatura climática continuara subiendo a lo largo de los próximos años.

“En el mundo actual, las represalias se hacen a través del comercio”, dice Fabiana Alves, especialista en cambio climático de Greenpeace.

Un eventual aumento de las restricciones a la exportación brasileña debido a la cuestión ambiental está en el radar de los grandes empresarios del país. Desde octubre del 2018, época de elecciones, el grupo Coalizão Brasil (Coalición Brasil) ya se ha posicionado a favor del Acuerdo de París y del desarrollo de una economía baja en carbono.

También se manifestó públicamente en contra del fin del Ministerio de Medio Ambiente -otra iniciativa de la que Bolsonaro tuvo que dar marcha atrás- y de los cambios legislativos del Código Forestal, que contenía reglas más duras para los deforestadores. El grupo reúne a 190 representantes del agronegocio, académicos y ambientalistas, e incluye a algunos de los exportadores de commodities más importantes de Brasil.

En otro frente de oposición, el gobierno brasileño criticó a la gobernanza del Fondo Amazonia y despidió a su gestora, que actuaba en una empresa estatal. El fondo, que desde 2009 aporta la mayor parte de los recursos contra la deforestación de la Amazonia, es financiado por Noruega y Alemania, que están entre los países con mayor índice de sostenibilidad del mundo.

La embajada de Noruega en Brasil se pronunció en contra de las críticas del equipo de Bolsonaro y afirmó su satisfacción con el trabajo efectuado por la gestora.

La velocidad del deforestamiento de la Amazonia del pasado mes es la peor en diez años: 19 estadios de fútbol por hora.

Cuestionado por el diario O Estado de São Paulo, Salles puso la culpa en gobiernos anteriores, y dijo que aún no ha habido tiempo hábil para que sus políticas públicas surten efecto.

Deconstrucción de políticas públicas

En sus primeros cinco meses de gobierno, el presidente no se limitó a retirar a Brasil del escenario de las negociaciones globales. También interfirió en políticas públicas domésticas, bloqueando recursos dedicados a la lucha contra el cambio climático y cortando recursos del IBAMA, la principal agencia de fiscalización ambiental del país.

Mientras tanto, la velocidad del deforestamiento de la Amazonia del pasado mes es la peor en diez años: 19 estadios de fútbol por hora.

En el Ministerio de Medio Ambiente, el clima actual es de incomodidad. Un funcionario, que pidió que su identidad no fuera revelada para evitar represalias, afirmó que, mientras Brasil renuncia a liderar esa área, China invierte para transformarse en referencia del sector y para obtener metas de reducción de las emisiones de carbono y reducir la contaminación del aire hacia 2030.

A contramano de Brasil, China será sede de la Convención de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad en 2020. El país posee grandes territorios para captar energía solar y metas de reducción del uso de carbón, financiar proyectos de economía verde e implementar zonas urbanas de desarrollo sostenible siguiendo los objetivos de la agenda de la ONU hasta el año 2030.

“China ya es líder global en tecnología limpia”, indica un informe de febrero de 2019 de IEA, la agencia internacional de energía. El texto destaca la acelerada transformación del sistema del país, que está alineada con las metas del Acuerdo de París para limitar el cambio climático, y que las soluciones implementadas por China pueden beneficiar a “países de todo el mundo, incluyendo aquellos en desarrollo, que percibirán un rápido aumento en la demanda de energía durante los años venideros”.

Según Alves, de Greenpeace Brasil, el discurso nacionalista contra el multilateralismo se remonta a un pasado de bipolaridad y Guerra Fría que en la sociedad actual ya no tiene cabida.

“Con este discurso Bolsonaro ganó las elecciones, pero en el exterior es irreal”, comentó. “Se está apartando de la agenda internacional, y eso significa alejarse del comercio internacional”.