¿Qué impacto ambiental puede significar una alianza entre Paraguay y China?

Productores de soja y carne miran a China, mientras surgen temores por el impacto ambiental

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Una plantación de soja en el este de Paraguay (imagen: Mathias Malgarejo Salum)

Una constante reflexión en el sector agroexportador de Paraguay es la necesidad de negociar con China. Ambos estados no mantienen relación diplomática porque el país sudamericano reconoce a Taiwán como República desde 1957. Sin embargo, las principales producciones, como carne y soja, llegan hasta la nación asiática a través de otros mercados.

La intención de los productores es el envío directo. El propósito cobró mayor fuerza en los últimos tiempos debido a la guerra comercial entre EEUU y China, además de los cultivos golpeados por adversidades climáticas. Un grupo de productores de soja oficializaron el pedido al Gobierno meses atrás.

El camino para negociar con China será el Mercado Común del Sur (Mercosur), pero no se romperán relaciones con Taiwán, confirmó semanas atrás el presidente de la República del Paraguay, Mario Abdo Benítez.

“Se está trabajando para un tratado de libre comercio con China – Mercosur, es una propuesta de Uruguay. Ese seré el camino para que Paraguay llegue a ese mercado pero no aceptará condicionantes para romper relaciones”, refirió el mandatario.

De concretarse algún acuerdo, se abre la pregunta del impacto ambiental que significaría en Paraguay abastecer a China. Espercialmente considerando que leyes como la de Deforestación Cero y las normativas para la fumigación y preservación de cauces hídricos son generalmente letra muerta en el país, de acuerdo a las frecuentes denuncias ciudadanas.

La agricultura y el cambio de uso de suelo de la tierra se posicionan como los principales emisores de gases de efecto invernadero en Paraguay, con el 53% y el 31% de aporte respectivamente, según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADES).

A nivel país, desde agosto del 2017 al mismo periodo en el 2018 se registran 265.589 hectáreas  con cambio de uso de suelo, según el Instituto Forestal Nacional (Infona).

Un reciente diagnóstico del Banco Mundial sobre Paraguay señala la necesidad de una mejor utilización de los recursos naturales.

“La actual concentración del sector agrícola y la deforestación reducen la riqueza del país, perjudicando a los jugadores más pequeños y comprometen la integridad y la funcionalidad de los activos naturales. Una mejor gestión del capital natural permitirá destrabar la productividad de la economía rural mientras preserva los recursos naturales del país”, indica el informe.

“Exportamos el problema”

Negociar con China es clave, pero se deben buscar alternativas para que el crecimiento no sea a costa de daños a la población, señala el sociólogo Ramón Fogel, quien cuestiona firmemente el sistema de agronegocio extractivista.

“Los productores tienen el control de instituciones públicas claves. Para un país que cultiva mucha soja es un problema. Las tasas de cáncer y la mortalidad infantil con deformaciones escalan de año en año. Esto no solo está vinculado a la exposición directa del cultivo, también es por los residuos de pesticidas que  llegan a través de los alimentos”, asevera Fogel.

Casualmente a los chinos también enviamos el problema, agrega Fogel. “Los residuos quedan en todo lo que resulte de la soja, en este caso en la carne de cerdo que ellos consumen, cuyo balanceado es a base de soja”, sentencia el sociólogo.

A pesar de la falta de relación entre Paraguay y China, la oleaginosa llega a través de otros mercados, principalmente por Argentina. El envío al vecino país significa el 67% de las toneladas exportadas desde Paraguay, hasta diciembre del 2018.

La carne vacuna también llega hasta China del mismo modo. Los envíos seguirán fluyendo aún más ya que el frigorífico Concepción anunció recientemente que exportará carne paraguaya a China a través de Bolivia, donde cuentan con una planta industrial.

Un uso no sustentable

Victoria Peralta, ingeniera en ecología y y coordinadora del proyecto “Alianza por el cumplimiento local para el cumplimiento de leyes ambientales”, cuestiona la falta de cuidados ambientales en la producción agropecuaria de Paraguay.

“No se cumplen normativas para fumigaciones, tampoco se tienen en cuenta los horarios y condiciones climáticas. Hay cultivos de soja alrededor de escuelas o puestos de salud. Tampoco la ley de Deforestación Cero se cumple, hay desmonte inclusive en áreas protegidas,” sostiene.

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el porcentaje de las emisiones de gases de efecto invernadero que provienen de la agricultura

Otro hecho preocupante –señala- es la expansión de soja en tierras sensibles como las áreas de recarga de una de las reservas de agua dulce subterráneas más grandes del mundo: el acuífero Guaraní.

“El vertido de agrotóxicos termina por contaminar la superficie y los cursos de agua ya que se escurren al no existir cobertura boscosa”, resalta.

La superficie de soja cubre el 80% de las tierras agrícolas. La Región Oriental es la principal zona de producción, como resultado de la masiva deforestación y acelerada degradación del Bosque Atlántico, del cual sólo queda un remanente del 13%, señala un informe de la ONG WWF Paraguay.

El sistema silvopastoril para la ganadería, que conserva zonas de bosque, la agroecología y la zonificación para los cultivos intensivos, y cuidar además pendientes y cursos de aguas son algunas claves que cita la ingeniera como alternativas para la producción sustentable en el país.

En busca de un acuerdo comercial con China

El área de cultivo de soja en Paraguay, hasta mayo, comprende 3.736.158 hectáreas, según la Cámara Paraguaya de Procesadores de Oleaginosas y Cereales (Cappro). El país exportó un total de 6.237.190 toneladas en la cosecha 2017/2018.

“Tenemos un potencial de producción y más de eso no podemos servir. Venderemos lo que tengamos a China. La frontera de producción se podría expandir entre un 5 y 10%,, tal vez en el Chaco”, comenta el presidente de la Coordinadora Agrícola de Itapúa, Dante Servián.

Al no tener relaciones con China es como que no vivimos en el mundo globalizado

La organización que preside Servián, en el sur de Paraguay, fue la que presentó el pedido al Ministerio de Agricultura y Ganadería para negociar con China. Fue una iniciativa interna del sector, pero hasta el momento no han logrado tener acercamiento con empresarios chinos.

“Al no tener relaciones con China es como que no vivimos en el mundo globalizado”, expresa.

Ante la fiebre porcina en China, Servián sostiene que es clave un acuerdo comercial para que Paraguay, un país altamente agropecuario, pueda ser un importante proveedor de alimentos.

Entender al consumidor al que apunta

Explorar y entender mejor el mercado asiático, los canales y la toma de decisiones de sus autoridades son aspectos que se precisan como punto de partida, puntualiza el analista del  Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (Cadep), Gustavo Rojas. Hay que establecer una agenda de prioridades y definir interlocutores, sostiene.

El déficit comercial de Paraguay con China es de US$3.424 millones y corresponde al 17,4% del flujo comercial paraguayo con el mundo.

“Nada impide que el Gobierno promueva la ida de productores paraguayos hacia China, que facilite el visado o establezca un sistema más accesible para la llegada de inversores chinos en el país. Son medidas unilaterales que pueden realizarse”, considera Rojas.

Para Fogel, el comercio debe darse de una manera sustentable, apuntando a alimentos que sean lo más cercano a lo inocuo y no a lo transgénico. Señala que la contaminación química comenzará a generar rechazo de los mercados más exigentes que consideren la alimentación como derecho y no equiparable a una mercancía, reflexiona.