Satélites sino-brasileños colaboran con la lucha contra la deforestación en Amazonia

En medio de la crisis ambiental el programa espacial se prepara para lanzar sexto satélite

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Las pruebas finales en el satélite antes del lanzamiento. (Imagen: Inpe)

A fines de este año, Brasil y China lanzarán el sexto satélite del programa CBERS (por sus siglas en inglés Satélite Sino-Brasileño de Recursos Terrestres). La fecha en la que el CBERS-4a va a enviarse al espacio debería aproximarse al vigésimo aniversario del CBERS-1, que ambos países lanzaron en octubre de 1999.

El CBERS-4a tiene la misión de dar continuidad y perfeccionar la parte tecnológica de un programa que exhibe como su triunfo más visible ayudar a Brasil en la lucha contra la deforestación en la Amazonia y en otros biomas vulnerables a través de imágenes de quemadas y otras formas de deforestación obtenidas en tiempo real.

Fue a través de información facilitada por los satélites CBERS que el INPE, Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales, pudo anunciar que la deforestación de la Amazonia había crecido un 88% desde junio de 2018 hasta junio de este año. En un raro ataque al trabajo de Inpe, un ministro de gobierno incluso sugirió que los datos habían sido manipulados.

En un momento en el que el gobierno del presidente Jair Bolsonaro recorta la financiación a los organismos públicos que luchan contra la deforestación, el programa demuestra su fuerza.

“Se trata de un programa a largo plazo que es un ejemplo de la necesidad que existe de implementar políticas públicas pensadas más allá de la próxima elección y más allá de las políticas partidarias”, afirma Mauricio Santoro, profesor de ciencias políticas y relaciones internacionales de la Universidad del Estado de Río de Janeiro.

Beneficios tecnológicos y ambientales

El CBERS-4a posee cuatro cámaras y tecnología más avanzada que las versiones anteriores, y va a producir imágenes con más detalles de las áreas afectadas por la deforestación, lo que puede ayudar para que la detección de problemas sea mejor y más rápida.

Desde su creación, el programa hizo que Brasil diera un salto de calidad en el monitoreo de la deforestación, a punto de proveer información que ayuda a los organismos de fiscalización en la aprensión de los deforestadores en el acto.  Dicho programa colabora con los sistemas de sensores remotos que monitorean quemadas, incendios forestales y emisión de gases de efecto invernadero.

La previsión es que, en el primer semestre de 2020, el satélite ya haya pasado la etapa de pruebas y comience a registrar imágenes más detalladas de la deforestación de la Amazonia.

La colaboración entre Brasil y China en el sector técnico-científico espacial comenzó hace más de treinta años en 1988. Pero recién en 2004 el Inpe decidió hacer públicas las imágenes del CBERS.

La iniciativa ayudó a democratizar la utilización de las imágenes satelitales, al transformarlas en productos hechos para la sociedad, además de dar respuesta a la alta demanda proveniente del sector privado.

A través del monitoreo, por ejemplo, un productor rural comenzó a poder identificar las plagas de sus cultivos. “Para un productor, ¿qué valor tiene el poder saber si [su plantación] está siendo atacado por alguna peste?” Inquiere Claudio Almeida, coordinador del programa de monitoreo de la Amazonia y demás biomas del Inpe.

Las imágenes pasaron a tener una mayor distribución entre municipios, gobiernos de los estados e instituciones académicas.

“[El programa] nos permitió crecer a nivel tecnológico”, evalúa Almeida. “El éxito de esta colaboración permitió que hubiera un cambio en toda la industria de producción de imágenes”.

Actualmente Brasil está preparando un satélite de total producción nacional para lanzarlo en 2020, el Amazonia-1. Su misión será colaborar en el monitoreo de la deforestación y de la agricultura.

Guerra comercial

Los anuncios sobre el sexto satélite sino-brasileño llegan en un momento en el cual en Brasil se está dando un debate sobre otra colaboración espacial, esta vez con los Estados Unidos, en la base de la localidad de Alcântara, estado de Maranhão. Algunos analistas interpretaron este acuerdo como un mensaje estadounidense para China, que además de tener un programa exitoso en Brasil también posee una controvertida base espacial en Argentina.

Santoro entiende que no existe ningún tipo de relación entre ambos proyectos. El profesor afirma que el alineamiento más cercano entre Brasil y Estados Unidos, que posee el apoyo del gobierno Bolsonaro, puede reflejarse de alguna manera en programas espaciales, pero ese no es su foco.

“Estados Unidos y Brasil hace 20 años que vienen intentado hacer un acuerdo en Alcântara, pero en esa época Brasil apostó por China”, afirma. “Se pensaba que había una relación más horizontal, menos asimétrica, sería más beneficiosa para Brasil”.

Para Gilberto Cámara, director del Group on Earth Observations (GEO), el programa espacial fue la manera que China encontró para tener una relación de alto nivel con sus socios estratégicos.

“Desde el punto de vista diplomático, eso es importante, es una agenda positiva”, afirma.

La Agencia Espacial Brasileña informó mediante nota que los conflictos entre China y los Estados Unidos no afectarán el programa brasileño. “No creemos que disputas comerciales puedan afectar proyectos que con objetivos de interés global al recolectar y distribuir información de uso abierto”.

Relaciones profundizadas

A fines de los años 1970, la relación entre Brasil y China era, más que nada, política, afirma Santoro. “En los años 1980, la relación tuvo un salto de calidad, cuando comienza el programa de cooperación espacial de construcción conjunta de satélites, el cual se va a transformar en el programa de cooperación científica y tecnológica más importante realizado entre países en desarrollo entre los años 1980 y 1990.”

En su opinión, el programa incorpora la esencia de lo que constituía la relación entre Brasil y China en aquella época: socios estratégicos que se reconocen en su condición de grandes países en el desarrollo del Sur global.

Hoy en día, Brasil se transformó en el principal proveedor de alimentos de China y algunos ambientalistas critican el impacto que dicha demanda tiene para el medio ambiente brasileño.

Pero, para Santoro, el programa prueba que, más allá de considerarlo como un proveedor de alimentos, China valoriza la cooperación con Brasil.

Según él, en la época en que se hizo el acuerdo tecnológico, la relación comercial entre Brasil y China todavía era frágil y sólo se transformó en realmente importante en la década de 2000. “Pero ya existía la percepción de la importancia que tenía, más allá del comercio”.