Moda rápida: ¿una tendencia pasajera?

Con los ojos puestos en Nueva York, Londres, Milán y París, un creciente grupo de activistas y diseñadores evalúan una mayor sustentabilidad para la industria textil

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Rebelándose contra la moda rápida, el movimiento de la moda lenta se basa en un modelo de producción que considera los procesos y recursos necesarios para hacer ropa, centrándose en el tratamiento justo de las personas y el planeta (Imagen: Luna Del Pinal)

La moda rápida es la alternativa más accesible de indumentaria, disponible en cualquier avenida o en la puerta de tu casa con solo presionar un botón.

Sin embargo, las prendas de baja calidad, la rapidez de los ciclos de producción, los precios competitivos y la replicación de tendencias contribuyen a un patrón de consumo excesivo y al despilfarro que generan consecuencias preocupantes para el medio ambiente.

A medida que las capitales globales de la moda se preparan para establecer las tendencias del próximo año en las semanas anuales de la moda en el mes de septiembre, defensores y activistas del medio ambientes reclaman un cambio radical de una de las industrias más rentables del mundo.

Los activistas del cambio climático global Extinction Rebellion han anunciado planes para interrumpir la semana de la moda de Londres (16-23 de septiembre), instando al British Fashion Council a cancelar el evento y a conformar una “Asamblea Popular de profesionales y diseñadores de la industria, como una plataforma para declarar la Emergencia Climática y Ecológica”.

El incremento del control también parece estar afectando las elecciones de los consumidores, ya que el mercado de ropa ética aumentó un 20% su valor el año pasado, según Ethical Consumer.

Pero cuando las grandes ganancias están aún en juego, ¿se puede persuadir a las potencias de la moda a que adopten la sostenibilidad?

Precio ambiental

El actual sistema para producir, distribuir y consumir ropa opera en gran medida en un modelo basado en “lleve-use-deshágase”, en el cual la afluencia permanente de ropa nueva puede dejar a los consumidores fuera de tendencia rápidamente. Incluso algunas marcas globales lanzan semanalmente nuevas colecciones.

Este sistema deja anualmente alrededor de 350,000 toneladas de textiles subutilizadas y desechadas solo en el Reino Unido. El costo de este desperdicio para la economía nacional está estimado en más de USD$ 1 mil millones.

25%

de las emisiones globales de GEI serán de la industria de la moda en 2050

A nivel mundial, la industria de la moda representa alrededor del 10% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, contribuyendo cada año y en mayor medida que los sectores de aviación y marítimos combinados, según la CMNUCC, el organismo a cargo de las negociaciones internacionales sobre el clima.

Se espera que la cifra aumente al 25% para el 2050.

Las actuales cadenas globales de valor requieren muchos recursos, utilizan infraestructura de transporte con alto contenido de carbono y agotan las reservas de agua dulce y de tierra cultivable.

La producción de fibras a base de celulosa y proteínas compite por la tierra cultivable, invadiendo a menudo los bosques de Indonesia, Canadá y el Amazonas.

Según el grupo de campaña forestal Canopy, esta es una tendencia que se duplicó en el trascurso de cinco años, 150 millones de árboles se talaron en el 2018 para la producción de fibras como la viscosa, uno de los productos más utilizados para la moda rápida.

Si quieres saber cuál es el color de moda esta temporada, solo mira el río

Los productos químicos tóxicos se utilizan en todo el proceso de fabricación textil, comenzando con la recolección de fibras como el algodón. Los pesticidas utilizados en el cultivo de algodón pueden deteriorar la calidad del suelo, contaminar el agua y presentar serios riesgos para la salud de los agricultores y las comunidades que viven cerca de las plantaciones.

Se utilizan grandes cantidades de colorantes, aditivos y estabilizadores para tratar los textiles. Las aguas residuales procedentes de la fábrica se descargan a menudo en fuentes de agua dulce.

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Una fábrica de tintura en Shaoxing, provincia de Zhejiang, 2012 (Lu Guang/Greenpeace)

En China, las zonas de fabricación de textiles, como Guangdong y Zhejiang, han enfrentado presiones para “desintoxicar la moda”. La contaminación del río se ha naturalizado de tal forma que dio lugar al dicho: “Si quieres saber cuál es el color de moda esta temporada, solo mira el río”.

Mientras tanto, el océano está inundado con 300 millones de toneladas de micro plásticos que se liberan de la ropa a través de los electrodomésticos.

Fibra inmoral

Las marcas de moda participan en una carrera para competir entre sí y reducir los costos en las líneas de suministro. Además de afectar el medio ambiente, esto a menudo se traduce en condiciones de trabajo más pobres y salarios bajos.

Las mujeres se ven desproporcionadamente afectadas. La industria de la moda con un capital de USD $ 1,3 billones, tiene una fuerza laboral de alrededor de 75 millones de personas, de las cuales el 80% son mujeres.

En las “maquiladoras” centroamericanas, los informes de violencia de género y las pruebas de embarazo forzadas son frecuentes. Si los resultados son positivos, se puede obligar a las mujeres embarazadas a tomar horas adicionales y a realizar tareas extenuantes para obligarlas a renunciar.

Qué son las maquiladoras?


Una maquiladora, o maquila, es una fábrica dirigida por extranjeros que en gran medida opera libre de impuestos y aranceles. Estas fábricas ensamblan, fabrican o procesan bienes y exportan a los mercados el producto terminado. Debido a la falta de regulación en zonas económicas especiales, a los trabajadores se les paga frecuentemente solo el 40% de lo que se necesita para mantener un estilo de vida saludable.

Según el Índice Global de Esclavitud, la industria textil es la segunda industria con mayor índice de riesgo, después de la electrónica, por su nivel de esclavitud y tráfico moderno. Estos problemas no son exclusivos de los países comúnmente asociados con los “talleres de explotación”, sino que ya han llegado al Reino Unido.

Para cumplir con los tiempos de respuesta de la “moda ultrarrápida”, en la que los ciclos de producción completos de 26 semanas se reducen a solo una semana, los productores británicos se están “reorganizando” para cumplir con las expectativas de entrega. Sin embargo, este modelo de negocio funciona con mano de obra barata, a menudo traficada.

En ciudades como Leicester, una investigación del Financial Times descubrió que a los trabajadores se les pagaba tan solo £3.50 por hora (US$4.27). Esto es menos de la mitad del salario mínimo nacional establecido en £8.21 (US US$10).

“El salario mínimo tiene que ser un salario digno, no un salario de pobreza”, dijo Phil Bloomer, director ejecutivo del Centro de Recursos de Empresas y Derechos Humanos.

Bloomer agregó que la industria textil debe adoptar un enfoque activo de la violencia sexual y de género y sostuvo que un salario digno sería la provisión más emancipadora para las trabajadoras textiles, lo que a su vez permite otros derechos fundamentales.

Tiempo de parar

Un número cada vez mayor de marcas de moda está rechazando los modelos de producción predominantes y está intentando iniciar una nueva era de “moda lenta”.

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Luna Del Pinal emplea a artistas y artesanos de Guatemala para crear sus colecciones éticas y sustentables (Imagen: Luna Del Pinal)

La marca de moda de lujo con sede en Londres Luna Del Pinal (LDP) se encuentra entre una nueva ola de diseñadores que conforman el movimiento de la moda lenta. LDP utiliza las prácticas tradicionales guatemaltecas de tejido de correa y trabaja para crear piezas sin desperdicio, utilizando telas orgánicas y sostenibles como el algodón reciclado suministrado por The New Denim Project.

“Creemos que hay una luz al final del túnel”, dijo la cofundadora de LDP, Gabriela Luna. Ella identificó a los consumidores con conciencia ecológica como parte de la solución a los residuos de la moda, aunque en la actualidad, en su mayoría, son los consumidores de alta gama los que están dispuestos a pagar más para saber si sus prendas se producen de manera sostenible y ética, dijo.

No obstante, estas oportunidades de mercado motivaron a LDP a ser transparente en su cadena de suministro, dijo Luna. La marca trabaja con asociaciones de tejido artesanal en Guatemala, lo que permite a los consumidores saber quién hizo su ropa.

Luna dijo que el desafío para las marcas de moda lenta radica en cambiar la mentalidad de los consumidores que aún priorizan la accesibilidad por sobre la sostenibilidad.

En China, se desperdician 20 millones de toneladas de textiles al año, a pesar de la existencia de un mercado de 100 mil millones de yuanes (13 mil millones de dólares) para ropa reciclada. Aunque hay un movimiento creciente de desperdicio cero, un cambio de actitud hacia la ropa reutilizada o reciclada podría resultar difícil.

“Para crear un movimiento, primero debes cambiar la mentalidad de los consumidores, y hasta entonces no puedes cambiar la inmensidad de la industria de la confección”, publicó un usuario que se identificó como Zhang Weidong en un foro en línea de preguntas y respuestas en China sobre moda lenta.

El desafío para las marcas de moda lenta radica en cambiar la mentalidad de los consumidores que aún priorizan la accesibilidad por sobre la sostenibilidad

La tradición del Año Nuevo chino también establece que la ropa vieja simboliza la mala suerte y habitualmente se descarta. También es frecuente la percepción de que la ropa de segunda mano no es higiénica, al igual que el escepticismo público sobre la trazabilidad de los materiales reutilizados, ilustrado por un caso reciente de bancos de ropa clandestinos.

Luna dijo que es más fácil para las nuevas marcas de moda incorporar la sostenibilidad desde el principio que para las marcas globales establecidas como H&M, que recientemente firmó un compromiso junto con más de otros 30 minoristas para convertirse en firmas neutrales de carbono para el 2050 y cambiar hacia modelos más ecológicos.

La Fundación Ellen MacArthur, que aboga por la economía circular, está solicitando a las grandes marcas y a la industria textil en su conjunto a que hagan una transición hacia un modelo de negocio totalmente regenerativo basado en cuatro pilares:

  • Eliminación de sustancias nocivas y liberación de microfibra
  • Aumento de la utilización de ropa
  • Mejora radical del reciclaje
  • Uso efectivo de recursos y cambiar hacia los insumos renovables

Según Orsola De Castro, cofundadora de Fashion Revolution, un movimiento global de moda sostenible establecido a raíz del colapso de 2013 de la fábrica de prendas de vestir Rana Plaza en Bangladesh, algunos de estos cambios ya están en marcha.

“La sustentabilidad no es una tendencia pasajera … El exceso es una tendencia pasajera, y esta es la tendencia que tenemos que enfrentar en este momento”, dijo.