Soja y carne presionan deforestación en la Amazonia

Especialistas creen que se puede aumentar producción sin deforestar, pero el 80% de la destrucción es para abrir terrenos de pastoreo

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Ganadería en Mato Grosso, uno de los estados amazónicos. (Imagen: Alamy)

En la ciudad amazónica de San Félix de Xingú, en el estado de Pará, hay casi 20 cabezas de ganado por cada habitante. Con más de dos millones de ejemplares, San Félix es la ciudad que posee el mayor rebaño bovino de Brasil.

También tiene el tercer mayor número de focos de “quemadas” de este año, de la crisis que está destruyendo la Amazonia y que aterroriza al mundo.

San Félix es un ejemplo de cómo gran parte del fuego que el mundo está observando en la Amazonia se utiliza para abrir espacios para el ganado. La ganadería es uno de los motores que impulsa la deforestación de la selva tropical más grande del mundo, en la cual casi el 80% de la destrucción forestal está asociada a la formación de pastizales.

Brasil es el mayor exportador de carne del mundo y China y Hong Kong se encuentran entre sus principales clientes. El país también lidera el ranking de la exportación de otro cultivo destinado a los chinos, la soja, que al expandirse hacia otras regiones del país presiona a hacendados y ganaderos a limpiar porciones cada vez mayores de la Amazonia.

El presidente Jair Bolsonaro insiste en afirmar que el desarrollo de la región -que está entre las más pobres del país- debe prevalecer por sobre las políticas de preservación de la selva. En una reunión con gobernadores de la Amazonia en la que se trató el tema de las quemadas de la semana pasada, afirmó que la creación de más reservas tendría como objetivo hacer que Brasil fuera “inviable”.

Pero existen investigaciones que demuestran que la destrucción de la Amazonia también puede destruir a la agroindustria brasileña, el pilar más importante de la economía local.

Según André Guimarães, director ejecutivo del Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonia, IPAM en sus siglas portuguesas, más del 90% de la agricultura brasileña no se irriga y depende de la lluvia que genera la Amazonia.  Pero la deforestación de la selva reduce la cantidad de agua que se produce por evapotranspiración y aumenta la temperatura, además de emitir más CO2.

“China es uno de los mayores interesados en garantizar el agua que produce la Amazonia porque eso abarata la producción de commodities”, afirma Guimarães.

División en la agroindustria

Algunos miembros de organizaciones que representan a la agroindustria de Brasil están tratando de distanciarse de las noticias de deforestación en la Amazonía. Los culpables, dicen, son los acaparadores de tierras que buscan beneficiarse de la especulación inmobiliaria, no de negocios legales y rentables.

Luiz Cornacchioni, director ejecutivo de la Asociación Brasileña de la Agroindustria, relata que viene conversando cada vez más con el gobierno sobre la posibilidad de que éste pueda llevar a cabo acciones más eficaces contra la deforestación ilegal y contra la venta de títulos de posesión falsos de tierras, una de sus mayores causas.

7.400

Los kilómetros cuadrados fueron la deforestación promedio entre 2007 y 2016

“El nombre del juego es sostenibilidad. El sector no puede sufrir perjuicios debido a acciones delictivas. La agroindustria brasileña ya probó que se puede producir y conservar. Tenemos un código forestal que hay que cumplir. El gobierno debe aplicar la ley y las sanciones previstas”.

En 2017, según un informe de la Moratoria de la Soja, (un pacto ambiental entre actores de la cadena productiva, el gobierno y la sociedad civil que está en contra de la adquisición o cultivo de áreas deforestadas de la Amazonia y de los estados de Mato Grosso, Maranhão, Tocantins, Pará, Rondônia y Amapá), el cultivo de soja en áreas arrasadas creció un 27,5%.

Aproximadamente un 76% del grano cultivado en áreas de selva deforestada se encuentra en el Mato Grosso, estado que lidera la producción del país. A pesar de eso, hay muchas evidencias de que la tregua está funcionando: luego de la moratoria, la tasa media de deforestación en los 89 municipios de el Mato Grosso es 6,5 veces menor que durante el período anterior y sólo un 1% de la soja de la Amazonia pertenece a áreas deforestadas recientemente.

Un estudio realizado por Ricardo Abramovay, economista de la Universidad de San Pablo, demuestra que la idea de que deforestar aumenta la producción es engañosa. La inversión, asegura, no debería darse en deforestación, debería hacerse en tecnología.

Según datos del Observatorio del Clima, entre 1991 y 2017 la producción de granos se incrementó en un 312% y la superficie plantada un 61%, lo que demuestra que se puede producir más en superficies menores.

Con respecto a la deforestación, no trae grandes resultados. Según un documento del Grupo de Trabajo por la Deforestación Cero presentado ante la 23ra. COP en Bonnix, entre 2007 y 2016, la media de 7.400 kilómetros cuadrados de deforestación anual resultó en un aumento del 0,013% del PBI brasileño.

“Por lo tanto, la destrucción forestal no es premisa para el aumento de la producción de soja”, escribió Abramovay en su libro “La Amazonia necesita de una economía del conocimiento de la naturaleza”, publicado en diciembre de 2018.

Para Guimarães, del IPAM, es necesario separar a la agroindustria productiva del delito ambiental que se comete en la Amazonia.

“Más del 90% de la deforestación es ilegal, resultado de acciones delictivas de vendedores de títulos falsos, madereros y “garimpeiros” (buscadores de oro)”, afirmó. “Si son delincuentes, las fuerzas que actúan bajo el imperio de la ley y en forma honesta deben alinearse en su contra, incluso los compradores de commodities brasileños”.

Algunos investigadores afirman que las regiones más vulnerables de la Amazonia producen mucha más carne y soja para el mercado local que para exportación. Pero, al mismo tiempo, la demanda externa de productos de otras partes del país, en las cuales la agricultura está menos asociada a la deforestación, empuja a los compradores domésticos hacia regiones con un alto índice de deforestación.

65%

De las áreas deforestadas se utilizan para pastos de baja calidad.

La complejidad de la cadena productiva de la carne y la falta de transparencia de los frigoríficos también favorecen malas prácticas -el denominado lavado de ganado- de frigoríficos y sus proveedores directos e indirectos.

Un relevamiento realizado por Repórter Brasil probó que grandes empresas del sector, como JBS, Marfrig y Frigol, le compran ganado a ganaderos de regiones con altísimos índices de deforestación que fueron multadas y que actualmente se encuentran en el epicentro de las quemadas de la Amazonia.

La ganadería de la Amazonia también se caracteriza por su falta de productividad. El IPAM reveló que el 65% de la superficie deforestada se utiliza para pastoreo de baja calidad. En la práctica eso significa que, en promedio, cada cabeza de ganado de la Amazonia ocupa una superficie semejante a la de un estadio de fútbol.

Mientras tanto, según un estudio realizado por Abramovay, la deforestación de la Amazonia ya alcanzó una superficie equivalente a dos territorios de la República Federal de Alemania.  Casi un quinto de la superficie de la Amazonia ya fue destruido, mientras que, en 1960, la superficie representaba un 1%.

Brasil ya probó que puede frenar la deforestación, tal como lo hizo entre 2003 y 2012, cuando las tasas cayeron en un 80%.

Sin embargo, desde 2012, el ritmo volvió a crecer, y Brasil pasó a inclumplir lo que había prometido en foros internacionales -llegar una superficie de deforestación de 3.800 kilómetros cuadrados en 2020.

Según proyecciones del Instituto Nacional de Investigación Espacial, la deforestación de la Amazonia podría pasar los 10 mil kilómetros cuadrados este año.

China se mueve

Distantes de la elocuencia del presidente francés Emmanuel Macron, que hizo de la protección de la Amazonia su bandera política, los chinos se vienen moviendo de forma más silenciosa.

Sin embargo, el gobierno chino subestimó las sugerencias de que el país tiene cierta responsabilidad para impulsar la deforestación en la Amazonía.

«La correlación es nueva para mí», dijo el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Geng Shuang, en una conferencia de prensa el 26 de agosto en respuesta a una pregunta sobre el consumo mundial de carne y los incendios, y el posible papel de China como un gran importador.

China estaba al tanto de los incendios y apoyó al gobierno brasileño en sus esfuerzos para combatirlos, agregó.

En una reunión con representantes de la agroindustria el mes pasado, Jingtao Chi, presidente de COFCO International, la mayor empresa comercial de China, que importa una cuarta parte de la soja brasileña, repitió la palabra «sostenibilidad» varias veces, según Guimarães do Ipam.

En enero de este año, el presidente de la empresa Jun Lyu ya había sorprendido en el Foro Económico Mundial de Davos al publicar un artículo en el que estimulaba a la comunidad internacional a unir esfuerzos para luchar contra la deforestación.

Según Isabel Nepstad, consultora senior de la Red Solidaridad, una organización internacional que hace 50 años que monitorea la sostenibilidad de las cadenas productivas globales, al entrar en el ranking de las grandes tradings internacionales, Cofco viene allanando el camino para que otras empresas chinas empiecen a dar buenos ejemplos.

“Sus anuncios han llamado la atención de otras empresas, tanto en China como en el exterior”, cuenta Nepstad. “Sin embargo, como las otras empresas todavía no tienen un departamento de sostenibilidad, y COFCO posee ventajas por ser una empresa estatal con operatoria global, va a llevar un tiempo para que un número mayor de jugadores chinos asuman ese compromiso públicamente”.

La organización internacional Global Canopy, que realiza mapeos de cadenas productivas que impactan en la deforestación de las selvas tropicales, intentó explorar las cadenas de provisión de carne vacuna y de cuero Brasil-China que están expuestas a riesgos de deforestación.

A partir de dichos mapeos, descubrieron que, a pesar del gran impacto que provocan, las 20 empresas chinas de mayor relevancia del sector no poseen políticas de sostenibilidad relacionadas con la deforestación.

“De hecho, se trata de un mercado consumidor que impacta directamente en la expansión de la agroindustria brasileña”, afirma André Vasconcelos, investigador del área América Latina de Global Canopy, responsable por Trase en conjunto con el Stockholm Environment Institute.

En el escenario político, la orden china parece ser poner paños calientes en la crisis. En una entrevista concedida a UOL, Qu Yuhui, ministro consejero de China, afirmó que la crisis actual fue “un poquito fabricada”, y que Brasil registra uno de los estándares de preservación ambiental más altos del mundo.

“Brasil, en lo que respecta a la protección del medio ambiente, viene actuando en forma consistente,” afirmó. “No soy yo el que lo reconoce, es la autoridad china”.