OPINIÓN: China es una necesidad, no una opción

Maurício Santoro escribe sobre el primer viaje del presidente Jair Bolsonaro a China

Compartir

Bolsonaro China

Jair Bolsonaro se encuentra con Xi Jinping en su primer viaje a China. (imagen: Alan Santos)

Para Brasil, mantener buenas relaciones con China es una necesidad, no una elección. El primer viaje del presidente Jair Bolsonaro a ese país es una excelente oportunidad para ajustar su diplomacia con el mayor socio comercial de Brasil. Aunque haya abandonado la agresiva retórica contra los chinos que exhibió durante la campaña electoral, declaraciones conflictivas por parte de algunas autoridades de su gobierno confunden a interlocutores del país en China y crean obstáculos para negocios e inversiones.

$100

El valor del comercio bilateral entre Brasil y China el año pasado (US$)

El comercio bilateral alcanzó aproximadamente los 100 mil millones de dólares en 2018 y el stock de inversiones chinas en Brasil se estima en casi 60 mil millones de dólares. Son cifras que han crecido en medio de la guerra comercial que vienen librando Pekín y Washington, en la medida que los chinos vienen comprando una mayor cantidad de productos agrícolas brasileños para reemplazar los estadounidenses.

Sin embargo, en China, la falta de decisión por parte de las autoridades brasileñas acerca de su participación de sus empresas en la licitación del estándar 5G de internet causa una cierta aprensión. El vicepresidente afirma que no habrá ningún tipo de veto y el ministro de Relaciones Exteriores dice que el tema todavía está en estudio.

También hay preocupación ante eventuales restricciones a empresas estatales chinas que quieran invertir en infraestructura en Brasil o en el programa de privatizaciones. Este tipo de limitaciones se han hecho frecuentes en los Estados Unidos durante el gobierno de Donald Trump, que Bolsonaro suele citar como su modelo.

Las tensiones entre China y Estados Unidos en América Latina crecieron a partir de la decisión que tomaron los chinos de incluir a la región en la Nueva Ruta de la Seda, su proyecto global de inversiones en infraestructura. Diecinueve de los 33 países latinoamericanos adhirieron a la iniciativa, sobre todo las pequeñas naciones de América Central y del Caribe. El gobierno de Brasil manifiesta cautela ante la idea y afirma que desea los recursos que aportaría China, no obstante, a través del Programa de Asociación Estratégica de Inversiones.

En Pekín, el viaje de Bolsonaro genera expectativas positivas y la percepción que predomina entre representantes del gobierno y de empresas chinas es de que Brasil logrará identificar los intereses nacionales de largo plazo que lo vinculan a China. La continuidad de la asociación estratégica entre ambos países es fundamental para que la economía brasileña pueda volver a crecer y así superar la grave crisis que marca la década actual.