La agricultura 4.0 promete revolucionar la producción de alimentos

La tecnología busca resolver la seguridad alimentaria, pero persisten los riesgos de robo de datos y el dominio corporativo

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Los drones ahora se pueden usar para monitorear cultivos a distancia (imagen: Needpix)

Un dron sobrevuela un sembrado de papas en Sinaloa, México y le informa a un productor que está a 30 kilómetros que el nivel de humedad de su cultivo está bajo. Mientras, un servidor en San Diego, California procesa los datos para calcular el riego exacto que necesitan sus papas. 

En otra ciudad, un agricultor vende su cosecha de fresas en el mercado internacional con el apoyo de un blockchain –una bitácora electrónica que monitorea la fruta desde el campo hasta el comprador.

Esta es la agricultura 4.0, una nueva era de producción de alimentos que aprovecha la tecnología digital y el Internet de las cosas para satisfacer las necesidades de los cultivos, los agricultores y los consumidores con mayor precisión. Los voceros de esta tecnología prometen que solucionará los problemas de seguridad alimentaria del futuro.

El sistema de agricultura cuenta con drones equipados con sensores, estaciones meteorológicas, mapas de suelo y un comparativo histórico satelital

Empresas multinacionales agrícolas y biotecnológicas están luchando por conquistar esta tecnología, pero sus críticos advierten que sin un control estatal esto podría resultar en que unas pocas empresas adquieran el poder sobre las decisiones en la agricultura global.   

¿Es la tecnología para alimentar a la población del futuro?

El informe “Agriculture 4.0 - The Future Of Farming Technology” del 2018 lanzado en la Cumbre del Gobierno Mundial, alerta sobre un panorama urgente: aproximadamente 800 millones de personas en todo el mundo padecen hambre y para el 2050 tendremos que producir un 70 por ciento más de alimentos para abastecer a la población.

La agricultura enfrenta sequías prolongadas, empobrecimiento del suelo, disminución en la productividad, desperdicio de alimentos y el crecimiento de la demanda alimentaria.

Frente a este panorama los líderes de la agricultura ‘inteligente’ proponen un futuro en donde la tecnología solucione estos problemas, optimizando y haciendo más eficiente la forma cómo producimos alimentos. 

Agricultura 4.0 en México

En la ciudad Los Mochis en el estado mexicano de Sinaloa, el ingeniero Julio López  y el economista Manuel Richter crearon la empresa Luxelare, una plataforma que utiliza la tecnología agrícola 4.0 para que productores tengan mejor manejo de sus cultivos con la tecnología de drones y mapeo satelital.

“Nuestro sistema de agricultura de precisión cuenta con drones equipados con sensores, estaciones meteorológicas, mapas de suelo y un comparativo histórico satelital que captura en tiempo real el estado de las parcelas”, explicó Richter a Diálogo Chino. 

Con las imágenes satelitales un agricultor puede analizar el bienestar de su cultivo, ver dónde tiene problemas en particular, dónde está estresado o tiene plagas y así pueden tomar mejores decisiones. Con la información meteorológica puede prepararse para olas de calor, heladas y preparar el cultivo.

Esto reduce los costos y optimiza el uso de agro-insumos, químicos y agua, que a largo plazo también es mejor para el medio ambiente.

$10

dólares al año pagan los agricultores por servicios 4.0

Los agricultores pagan US$10 anuales por hectárea y tienen acceso a videos para aprender a usar la tecnología. La plataforma ya cubre más de 200,000 hectáreas sembradas de maíz, frijol, trigo, papa, frutos rojos, calabaza, zanahoria y cebolla en varios estados mexicanos y tiene alrededor de 500 usuarios.

“Pero hay que saber que esta tecnología no es una solución a todo, la agricultura tiene muchos problemas”, explicó Ritcher.

“Por ejemplo si estás en una zona en Sinaloa donde tienes el problema de suelos muertos por químicos, tienes que ver qué puedes hacer para que el suelo realmente se recupere. Y no vas a resolver solamente eso con la plataforma”, destacó.

Transparencia y el uso de datos

En el caso de Luxelare, los datos recogidos son propiedad del usuario y los creadores no venden ni comercializan la información de ningún agricultor, y únicamente utilizan los datos para mejorar sus servicios. 

Pero muchas grandes empresas que ofrecen un servicio gratis venden los datos de sus usuarios. Entre el 2017 y el 2018 empresas norteamericanas gastaron casi $20 mil millones de dólares en datos de terceros, un 17.5% más que en 2017.

“Las empresas tienen una enorme cantidad de datos que pueden manejar. Pueden convertir el uso de datos en otro negocio”, explicó Silvia Ribeiro, directora para América Latina del Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración (ETC, en inglés) a Diálogo Chino. 

“Los datos son el nuevo petróleo”, explicó Gabriel Cuéllar un académico experto en inteligencia artificial. “Las empresas hoy en día necesitan datos para que sus sistemas sean más poderosos. Por ejemplo, Uber no ha producido utilidad, pero han producido una colección de datos impresionantes porque sabe cuándo pide la gente, cuando les gusta, etc. y esos datos hacen que el sistema se haga cada vez más poderoso”. 

Los datos son el nuevo petróleo y las empresas hoy en día necesitan datos para que sus sistemas sean más poderosos

El lado positivo del Big Data en la agricultura, es que un sistema puede aprender de la gran cantidad de información recibida y puede volverse más efectivo en detectar plagas por ejemplo, ver fallas en los procesos agrícolas o entender las demandas del mercado para ayudar a los agricultores.

Pero la gran pregunta no es quién está recopilando los datos, sino quién puede analizar los datos y para el beneficio de quiénes, y en su lado más siniestro, para la desventaja de quiénes.   

Pat Mooney, en su informe “La insostenible agricultura 4.0. Digitalización y poder corporativo en la cadena alimentaria,” del grupo ETC presenta un panorama gris del futuro. Mooney cree posible que la conglomeración de poder del uso de datos agrícolas resulte en que unas pocas empresas que controlan datos patenten semillas, pesticidas, fertilizantes y maquinaria, dejando poca o ninguna opción para los agricultores y trabajadores de elegir qué compran-similar al caso de Monsanto. 

Mientras, el acceso a esas patentes podría estar regulado por blockchains, haciéndolas inaccesibles para los campesinos a pequeña escala, y las grandes empresas se beneficiarían por sobre los pequeños productores. 

Las grandes empresas avanzan 

El gigante chino de las telecomunicaciones Huawei se ha unido a otras corporaciones agrícolas e informáticas estadounidenses y europeas en la disputa por el nuevo terreno de la agricultura 4.0.

Huawei, junto con China Telecom y Yinchuan Aotoso Information Technology Co. Ltd. ejecutó un proyecto piloto en 2017 en la ciudad china de Yinchuan en el cual colgó un dispositivo de Internet a unas 50,000 vacas para monitorear sus movimientos y condiciones de salud.

50,000

Vacas fueron monitoreadas por Huawei

El llamado “Internet de las vacas” consiste en ponerles collares o chips en el cuello, las patas o la cola de cada vaca para medir su pulso, temperatura, pico de fertilidad, movilidad y otros aspectos y que le permite al productor vigilar al hato, disminuir la mortalidad en el parto y mejorar su rendimiento. El sistema también puede emplearse en burros, caballos, ovejas y cerdos.

Ahora Huawei tiene la vista puesta en Asia-Pacífico y América Latina. En 2017, Telefónica y Huawei anunciaron la creación de un laboratorio en Chile para promover esa tecnología en la región. En países como Costa Rica, Perú y Uruguay ya existen servicios locales de “Internet de las vacas”. 

Pero empresas como Huawei enfrentan tanto la competencia de conglomerados como de corporaciones locales como Luxelare que, al conocer mejor el mercado interno y las necesidades de los productores, pueden diseñar programas acorde con esos requerimientos.

En mayo de este año Microsoft presentó en México su paquete “Farmbeats”, que ofrece un sistema de monitoreo permanente de la condición de suelos, humedad y agua. Adicionalmente, ambos socios y Global Hitss, filial de la mexicana América Móvil –propiedad de Carlos Slim, el hombre más rico de México–, suscribieron un acuerdo similar en abril de este año, en otra muestra de cómo las empresas transnacionales quieren expandir su presencia en el nuevo terreno agrícola.

Pequeñas y medianas empresas también se han lanzado a integrar el ecosistema agrotecnológico.

El balance: lo bueno y lo malo 

Para Dennis Escudero, especialista de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la agricultura 4.0 implica ventajas.

“Hay muchos estudios que demuestran los impactos de la aplicación de tecnologías digitales en la actividad agropecuaria. Hay más rendimiento de cultivos y producción animal e ingresos”, declaró a Diálogo Chino.

“El perfil del agricultor está cambiando, es más digital. Hay que comprender las nuevas herramientas. No amenazan a los agricultores, los potencian”, dijo.

Por otro lado estas plataformas deben superar las barreras educativas, culturales y de interconexión existentes en países como México, donde en 2018 hubo 74.3 millones de usuarios de internet –detrás de Chile y Brasil– y de los cuales solo 40 por ciento está en zonas rurales. Además, 83 millones usaron un móvil –de una población total de unos 129 millones de personas.

El perfil del agricultor está cambiando, es más digital. Hay que comprender las nuevas herramientas. No amenazan a los agricultores, los potencian

Algunas estimaciones, como las del Instituto Global McKinsey en su reporte de 2017 “Empleos perdidos, empleos ganados: Transiciones de la mano de obra en tiempos de automatización”, también anticipan la desaparición de al menos un millón de puestos de trabajo en el campo azteca, ya que las máquinas se encargarían labores que suelen hacer los trabajadores.

Sin duda las nuevas tecnologías avanzan y requieren de una mirada crítica. Con un control público y políticas nacionales que apoyen a las redes campesinas a los agricultores, pescadores y pastores, la agricultura 4.0 podría actuar para el beneficio de los productores. De otra manera podría resultar en una herramienta que genere más desigualdad entre pequeños productores y grandes empresas en el campo agrícola.