¿Cerdos o peces? Repensando la inversión china en Argentina

El gobierno de Alberto Fernández tiene la oportunidad de regularizar el negocio pesquero de China en el Mar Argentino

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Un barco pesquero en el Mar Argentino (imagen Greenpeace Argentina)

Argentina se enfrenta a una disyuntiva singular. Avanzar en el desarrollo de un proyecto de producción de carne de cerdo con inversiones chinas, o regularizar el negocio pesquero que buques chinos llevan adelante a tasa cero, sin control y de manera ilegal en la Zona Económica Exclusiva (ZEE) en el Mar Argentino.

Las dos actividades tienen distinto peso en la balanza, ya que el negocio de pesca es más grande en términos comerciales y ya está en funcionamiento, mientras que el porcino está recién plasmado en un documento borrador, lo cual implica todavía un largo camino hasta entrar en operación.

500

Barcos extranjeros operan en el Atlántico Sur

Veamos los números en perspectiva. El acuerdo que la Argentina podría eventualmente cerrar en el sector porcino prevé inversiones por casi US$3.800 millones durante los próximos cuatro años. Apunta a incrementar en 882 mil toneladas la producción y a generar exportaciones por US$2.500 millones.

En simultáneo, se estima que las flotas de bandera china extraen del Mar Argentino un equivalente a 950 mil toneladas anuales por un valor estimado cercano a los U$S 2.470 millones al año, sólo en términos comerciales, sin contabilizar la evasión fiscal resultante.

Operar sin control y regulación le permite a China, con ingreso libre de aranceles y volúmenes de captura superlativos, volcar producto en mercados internacionales, inclusive en los principales destinos de la propia exportación Argentina, con precios fuertemente distorsionados por la incidencia de sus bajos costos operativos y comerciales.

De los 500 barcos extranjeros que operan en el Atlántico Sur, aquellos que portan la bandera de China continental representan el 45% del total. Su captura se centra en especies como merluza y calamar gigante o pota. Y aunque es un tema problemático para América latina, no es exclusivo, con otros países también afectados.

Argentina, en un momento histórico de la relación con China, que se posicionó este año como su primer socio comercial, tiene la oportunidad de intervenir en este tema, en especial ante la potencial visita del presidente Alberto Fernández a Beijing en el marco de la China International Import Expo.

Para echar luz sobre este agujero negro comercial, ambiental, productivo y de soberanía, será necesario oficializar la pesca ilegal de China en Argentina y transformarlo en un proyecto que implique el desarrollo gradual y conjunto de la industria ictícola con destino final al mercado interno chino, tal como se quiere hacer con los cerdos.

Sólo un proyecto chino-argentino para el correcto aprovechamiento de los recursos del mar argentino puede asegurarle a China una provisión de largo plazo, cuidando el ecosistema para que pueda rendir y recuperarse. Si finalmente los chinos aspiran a construir una red de seguridad alimenticia, son pasos que debe considerar.

Los buques chinos carecen de condiciones laborales y humanas, además de no contar con parámetros fitosanitarios. Justamente es por la falta de esos parámetros a nivel doméstico que hoy China busca diversificar su producción de cerdo en Argentina, ya que por el último brote de fiebre porcina africana en su territorio debió sacrificar millones de animales.

Será muy difícil ver avances en este sentido sin un esfuerzo ejemplar para sostener el tema dentro de la agenda

El embajador de China en Argentina, Zou Xiaoli, recientemente resaltó la posición de tolerancia cero de su país frente a la pesca ilegal, y destacó la colaboración con las autoridades argentinas. Sin embargo, sólo en el Atlántico sudeste y sudoeste, China elevó las capturas en un 800% en cinco años, invirtiendo más en subsidios a la pesca que cualquier otro país, con el 90% de esos fondos destinados al combustible para sus embarcaciones.

Medidas como estas reflejan que el de la pesca es un sector en el que China tiene menos interés en coordinar políticas e inversión, por lo cual, más allá de las declaraciones diplomáticas, será muy difícil ver avances en este sentido sin un esfuerzo ejemplar para sostener el tema dentro de la agenda de asuntos primarios a normalizar.

La violación a la soberanía argentina que esto representa, una falta que China no avalaría en su propio territorio, es también razón suficiente para que este tema gane peso dentro de la agenda de trabajo. Ello aportaría contenido práctico a conceptos como “Una comunidad de futuro compartido para la humanidad” propuestos por Xi Jinping como consigna espiritual de la Iniciativa de la Franja y la Ruta.