Cumplir los objetivos de la Ley de Reducción de la Inflación implica replantear la demanda de minerales

La demanda de minerales clave puede ser un obstáculo para los nuevos planes climáticos de Estados Unidos. La economía circular podría ofrecer soluciones

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Joe Biden da un discurso en una fábrica de autos eléctricos

El presidente Joe Biden visita una fábrica de vehículos eléctricos en Detroit, en noviembre de 2021. La Ley de Reducción de la Inflación de su administración, aprobada en agosto de 2022, busca estimular el crecimiento de las tecnologías de energía limpia en los EE.UU., lo que significa una mayor demanda de minerales clave (Imagen: ZUMA Press / Alamy)

El mes pasado, el Congreso de Estados Unidos aprobó finalmente una legislación significativa sobre el cambio climático, después de que un acuerdo sorpresa entre los demócratas diera lugar a la Ley de Reducción de la Inflación. La medida destina casi 370.000 millones de dólares a la energía limpia, la eficiencia, los vehículos eléctricos (VE), la eliminación del carbono, la justicia medioambiental y la protección de la naturaleza, así como a inversiones en sanidad, reformas fiscales y reducción del déficit público.

Es uno de los mayores avances climáticos de los últimos años y, aunque la ley dista mucho de ser perfecta, constituye un cambio histórico para Estados Unidos. También es una lección de comunicación: tras los fracasos anteriores en el Congreso, su renovación para luchar contra la inflación ha demostrado que el cambio climático no solo tiene que ver con el medioambiente, sino también con el empleo y la reducción de los precios de la energía

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Además de otros objetivos económicos y sociales, la ley pretende reducir en un 40% las emisiones de carbono de Estados Unidos para 2030, en comparación con los niveles de 2005. Su éxito, por lo tanto, se verá respaldado por un suministro seguro de los minerales necesarios para las tecnologías de energía limpia que promueve, como los paneles solares, las turbinas eólicas y los vehículos eléctricos.

Dada la situación actual del negocio de minerales clave como el cobre, el hierro, el litio, el aluminio y las tierras raras, así como la perspectiva de nuevos cuellos de botella, la Ley de Reducción de la Inflación podría quedarse corta para alcanzar sus objetivos. La ardua tarea de aplicar su paquete de políticas también se hace evidente tras considerar las restricciones geopolíticas de la ley y el accidentado historial de la minería en materia de justicia medioambiental y social.

Sin embargo, estas cuestiones crean oportunidades para repensar la forma en que abordamos los minerales en nuestra economía, para redefinir cómo los gestionamos y para debatir cómo las políticas pueden hacer que el aumento de la minería sea innecesario en primer lugar.

La minería, un arma de doble filo

El hecho incómodo es que las tecnologías con bajas emisiones de carbono hacen un uso intensivo de los minerales, lo que presiona a la industria minera cuando el mundo busca la transición hacia el abandono de los combustibles fósiles. Una turbina eólica terrestre, por ejemplo, utiliza cuatro veces más peso de minerales por megavatio de capacidad que una central eléctrica de carbón, lo que supone una contrapartida por su producción limpia y libre de fósiles una vez que está en funcionamiento.

El Banco Mundial prevé que para 2050 la demanda anual de minerales en el mundo se triplicará, y podría aumentar aún más si los objetivos climáticos son más ambiciosos. Sin embargo, la minería es un negocio lento, con nuevas minas en Estados Unidos que tardan entre siete y diez años en ponerse en marcha. Los propios representantes de la industria han expresado su incertidumbre sobre si serán capaces de satisfacer la demanda. Por lo tanto, confiar en el aumento de la producción de minerales podría no ser suficiente.

La Ley de Reducción de la Inflación no solo aumenta la demanda de minerales por parte de Estados Unidos, sino que es muy clara a la hora de permitir que solo ciertos países los proporcionen, ilustrando una vez más cómo el clima y la geopolítica están estrechamente relacionados. En concreto, los célebres créditos fiscales para vehículos eléctricos solo son aplicables si un porcentaje de los minerales de las baterías se obtienen o se procesan en Estados Unidos o en uno de sus socios del acuerdo de libre comercio, y los umbrales también se hacen más estrictos con el tiempo. Esta combinación de consideraciones comerciales y geopolíticas excluye importantes reservas de los créditos fiscales, como el níquel de Indonesia y el litio de Argentina.

Estaríamos depositando el destino de una transición energética limpia y justa en una industria que no es ni limpia ni justa

Aplicando lo aprendido sobre la seguridad de los recursos de los tratos con Rusia desde que lanzó su guerra en Ucrania, la Ley de Reducción de la Inflación también excluye del beneficio a cualquier automóvil cuyos minerales para las baterías se hayan obtenido, procesado o reciclado en una "entidad extranjera preocupante", como China, un país que alberga casi el 60% de la capacidad mundial de procesamiento de litio, y que recientemente canceló las negociaciones climáticas con Estados Unidos tras la visita de Nancy Pelosi a Taiwán. Esto añade complejidad a una industria de los vehículos eléctricos que ya considera que asegurar el suministro de minerales es uno de sus mayores obstáculos para la expansión.

Además, para que la ley promueva realmente una transición justa en medio de la crisis medioambiental, la minería tendrá que hacer frente a dos de sus principales fallas: la contaminación y los conflictos con las comunidades locales. Solo en Estados Unidos, las comunidades de todo el país están luchando para no ser sacrificadas en nombre de la transición energética. Chíchʼil Bił Dagoteel, o Oak Flat, en Arizona, es uno de esos focos de tensión, con comunidades de nativos americanos que se oponen a una mina de cobre, un mineral cuya demanda se prevé que al menos se triplique para 2040, en relación con 2020.

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Esta misma preocupación es válida a nivel mundial, lo que significa que Estados Unidos no podrá simplemente exportar estas tensiones medioambientales más allá de sus fronteras. Chile, el mayor exportador de cobre del mundo, ha anunciado recientemente el cierre de una fundición de cobre de propiedad pública, y los nuevos proyectos -como Dominga, una mina de cobre y hierro propuesta cerca de un punto crítico de biodiversidad- se enfrentan a una fuerte oposición. Mientras tanto, en Perú, el segundo mayor exportador de cobre del mundo, las operaciones de la enorme mina de Las Bambas se han visto obstaculizadas por años de conflictos y protestas.

Podría decirse que la minería es un mal necesario dada la urgencia de la crisis climática. Sin embargo, promoverla mientras siga siendo una industria contaminante y llena de conflictos significa que estaríamos depositando el destino de una transición energética limpia y justa en una industria que no es ni limpia ni justa. Además, aunque la sustitución de los combustibles fósiles por tecnologías limpias intensivas en minerales suponga una reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, detener el cambio climático exige la neutralidad del carbono. Sin embargo, las prácticas actuales de la industria hacen que la minería contribuya a las cuentas de carbono, con alrededor del 8% de las emisiones mundiales, lo que significa que la industria minera no solo debe expandirse, sino que debe descarbonizarse mientras lo hace.

Circularidad y eficiencia

La reducción de la dependencia a las materias primas y de la necesidad de nuevas minas podría contribuir a reducir las tensiones mencionadas anteriormente. Esto liberaría la presión de las cadenas de suministro de la minería y disminuiría la carga de los conflictos socioambientales. ¿Y si la demanda de materias primas no fuera tan alta en primer lugar? Esto reduciría aún más el problema. La economía circular y la eficiencia son dos paradigmas que pueden ayudar a conseguirlo.

El primero implica un cambio de los enfoques lineales de producir-consumir-desechar, a los de economía circular, en los que los minerales se reciclan y reutilizan. Esto implica reforzar los índices de circularidad al final de la vida útil y la capacidad de procesamiento, pero, sobre todo, incorporar los principios de diseño de la economía circular cuando se crean las tecnologías, facilitando la reintegración de esos minerales en la economía. Sin embargo, si la demanda de minerales sigue siendo tan alta como se prevé, ni siquiera las tasas de reciclaje del 100% podrían cubrirla. Entonces, ¿qué tal si se reduce la demanda?

Un enfoque que dé prioridad a la eficiencia podría disminuir la necesidad de energía en los edificios, los vehículos y la industria, y reducir las tensiones de la cadena de suministro minera

La demanda de minerales podría ser mucho menor si se tienen más en cuenta a los servicios que estas políticas pretenden proporcionar. En el caso de la energía, las medidas de eficiencia, y un enfoque que dé prioridad a la eficiencia, podrían disminuir la necesidad de energía en los edificios, los vehículos y la industria, reduciendo drásticamente -o incluso eliminando- la dependencia de Estados Unidos de los combustibles fósiles, alcanzando los objetivos del Acuerdo de París y contribuyendo a reducir las tensiones de la cadena de suministro minera mencionadas anteriormente.

Esto también implica ir más allá de las soluciones más intuitivas, hacia una política creativa que vaya a la raíz del problema. Por ejemplo, la ciudad de Cleveland optó por dar prioridad al transporte público y a una ciudad más transitable y amigable para bicicletas, antes de impulsar los vehículos eléctricos. Así se combaten los problemas climáticos y de equidad al mismo tiempo. Pero sorprendentemente, a pesar de sus beneficios, el transporte público, el ferrocarril, la bicicleta y las ciudades transitables están ausentes de la Ley de Reducción de la Inflación.

Es de esperar que esta ley sea uno de los muchos ejemplos de legislación climática en Estados Unidos en los próximos años. Los esfuerzos futuros deben incorporar un enfoque de eficiencia, transición justa y economía circular, asegurando que las curas para la crisis climática no traigan su propia enfermedad, y que nadie se quede atrás. En lo que respecta a los minerales, deberíamos empezar por preguntarnos si realmente los necesitamos, antes de replantearnos de dónde y cómo los obtendremos.