Bosques

¿Es posible que la palma aceitera ayude a la conservación de la Amazonía?

Los productores deben compensar la pérdida de bosques y mantener los árboles en pie para obtener la certificación de sostenibilidad de la RSPO
<p>Un trabajador supervisa palmas aceiteras en una plantación del Grupo Palmas en el centro de Perú. La empresa está trabajando para obtener la certificación RSPO desde 2016 (Imagen: Grupo Palmas)</p>

Un trabajador supervisa palmas aceiteras en una plantación del Grupo Palmas en el centro de Perú. La empresa está trabajando para obtener la certificación RSPO desde 2016 (Imagen: Grupo Palmas)

Con su creciente presencia en nuestros alimentos, cosméticos y combustibles, el aceite de palma ha sido objeto de escrutinio por su historial de deforestación en las regiones tropicales donde se produce. Estas preocupaciones han dado lugar a iniciativas internacionales como la Mesa Redonda sobre Aceite de Palma Sostenible (RSPO), que supervisa uno de los sistemas de certificación de sostenibilidad más utilizados del sector.

Aunque son actores menores en el panorama mundial del aceite de palma, los países productores de América Latina han conseguido mantener registros relativamente decentes en materia de sostenibilidad, según explicaron expertos a China Dialogue. “Esta región tiene el mayor porcentaje de aceite de palma certificado del mundo, que ronda el 35%”, explica Yasmina Neustadtl, responsable de transformación de mercados de la RSPO para América Latina.

“Los grandes impulsores de la deforestación en países como Ecuador son la palma, el café, el cacao y la ganadería”, afirma Carolina Rosero, directora del programa amazónico de la organización Conservación Internacional en Ecuador. “Los únicos que se están preocupando por corregir los errores del pasado en busca de un futuro mejor son los del sector de la palma, con certificaciones como la RSPO”, afirma.

Además, las plantaciones de palma aceitera de la región “se desarrollan sobre todo en zonas forestales previamente degradadas”, según Gustavo Gómez, coordinador de conservación y uso del suelo de una organización sin ánimo de lucro que promueve la producción responsable de materias primas.

Sin embargo, a pesar de su buen historial, América Latina no ha escapado a los elevados riesgos que a menudo plantea el crecimiento de la producción de aceite de palma. Una reciente investigación de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) y la ONG Aid Environment, con sede en los Países Bajos, alertaba sobre las amenazas de la deforestación para el cultivo de palma aceitera en Colombia. Según el informe, entre 2021 y 2022 se quemaron 23.311 hectáreas de bosque alrededor de estas plantaciones para dar paso a la producción.

En respuesta, la Federación Nacional de Cultivadores de Palma de Aceite de Colombia (Fedepalma), la ONG Solidaridad y la organización internacional Tropical Forest Alliance enviaron una carta pidiendo una retractación y correcciones, alegando que el enfoque y la metodología del estudio habían sido inadecuados. La UICN retiró el informe de su sitio web, declarando que lo estaban revisando para volver a publicarlo “lo antes posible”.

Rosero afirma: “Lo más difícil es el control y la trazabilidad de estas plantaciones. Es algo en lo que hay que trabajar a todos los niveles, desde los gobiernos nacionales hasta los pequeños y medianos productores. No solo es importante frenar la deforestación, sino también que estos cultivos contribuyan a la conservación”.

Neustadtl explicó cómo la RSPO trabaja con distintos procedimientos para ayudar a prevenir la deforestación y propiciar la restauración. Según Neustadtl, la RSPO cuenta con unos 150 indicadores en sus Principios y Criterios que garantizan que “toda la cadena de valor sea sostenible, que respeta el medioambiente y los derechos humanos, y que no genera más deforestación. Uno de ellos es el Procedimiento de Remediación y Compensación (RaCP). Me gusta llamarlo la estrella de la RSPO”.

¿Qué es el RaCP?

El RaCP se aplica a las empresas que controlan tierras de alto valor de conservación (AVC) que han sido deforestadas para la producción de aceite de palma desde noviembre de 2005. Estas empresas están obligadas a restaurar estas zonas o a compensar los valores de conservación perdidos. El umbral es noviembre de 2005 porque fue entonces cuando la RSPO introdujo sus requisitos y directrices para la certificación. Los cultivos que hayan causado deforestación desde entonces no pueden certificarse.

¿Qué son las zonas de alto valor de conservación?

Las áreas de alto valor de conservación (AVC) son hábitats con un valor biológico, ecológico, social o cultural excepcional. Pueden incluir bosques, praderas, cuencas hidrográficas o paisajes enteros, que deben gestionarse adecuadamente para mantener o aumentar su valor. El enfoque de AVC fue desarrollado por el Forest Stewardship Council en 1999 y ahora es ampliamente utilizado por varios sistemas de certificación.

Para cumplir con los requisitos de certificación de la RSPO, los miembros deben presentar evaluaciones de AVC de sus tierras antes de desarrollar nuevas áreas para la producción. Si se descubre que han deforestado previamente zonas de AVC sin realizar esta evaluación, la RSPO retiene la certificación hasta que se complete un RaCP.

En primer lugar, se calculan las responsabilidades medioambientales y sociales causadas por la deforestación por parte de un productor que no ha cumplido con las normas, mediante un Análisis del Cambio del Uso de la Tierra (LUCA, por sus siglas en inglés), que incluye el número de hectáreas que deben ser remediadas o conservadas. A continuación, los productores deben presentar un plan en el que detallen las medidas que adoptarán para compensar sus pérdidas. Además de los requisitos de la RSPO, los productores “deben añadir un elemento adicional, es decir, hacer más de lo que se les exige”, afirma Neustadtl.

En el marco del RaCP se aceptan dos tipos de proyectos: aquellos en los que las empresas remedian directamente el lugar o las partes afectadas, y aquellos en los que apoyan proyectos de conservación dirigidos por terceros, normalmente ONG. Solo en América Latina hay actualmente unos 90 proyectos de RaCP activos, y cada uno de ellos debe ser financiado por la empresa durante 25 años.

Rosero afirma que, dado que el RaCP permite la reparación indirecta de la pérdida de zonas con altos valores de conservación, algunos pueden ver en este mecanismo “una especie de lavado verde, en el que se pasa por alto la deforestación”. Afirma que Conservación Internacional ha trabajado junto con otras normas de certificación de productos básicos para mejorar la calidad de las iniciativas de remediación, que, según ella, deben beneficiar a “las miles de familias” que dependen del aceite de palma.

mujeres sentadas en la orilla de un río
Miembros de una comunidad vecina a la zona de conservación de Palmas del Espino, en Perú. Muchas personas se asentaron allí con la esperanza de encontrar trabajo en las plantaciones de palma aceitera (Imagen: Grupo Palmas)

Conservar por su cuenta

Palmas del Espino es una filial del mayor productor y exportador de aceite de palma de Perú, el Grupo Palmas, y opera desde hace más de 40 años. Controla cerca de 34.000 hectáreas de tierra en tres regiones del centro de Perú. Tiene sus propios cultivos y, al mismo tiempo, extrae, refina el aceite y elabora productos como jabones y diversos insumos para la industria alimentaria. En 2021, la empresa produjo más de 172.000 toneladas de aceite de palma crudo. Sus principales clientes son Nestlé y Pepsico, y desde 2016 trabaja para obtener la certificación RSPO.

“En 2015 se publicó un artículo en The Guardian en el que se afirmaba que estábamos desarrollando un proyecto que generaría la deforestación de miles de hectáreas de bosque primario”, explica Sandra Doig, responsable de sostenibilidad de Palmas del Espino, recordando una de las motivaciones de la empresa para buscar la certificación.

Teníamos claro que la sostenibilidad es una ventaja competitiva
Sandra Doig, responsable de sostenibilidad de Palmas del Espino

“Ese bosque tenía todos los permisos en regla desde los años 70 porque el Gobierno quería desarrollar proyectos de palma, que al final no funcionaron. Cuando compramos el bosque [en 2015] ya había unas 700 hectáreas con plantaciones”, dice Doig.

La situación se convirtió en un punto de inflexión para la empresa. “Teníamos claro que la sostenibilidad es una ventaja competitiva”, recuerda, y afirma que la empresa decidió apostar por una producción menos dañina a pesar de ser “la parte más demandante” del mercado.

“Habría sido más fácil vender [la zona forestal], pero tras analizarlo y discutirlo con el equipo de la RSPO, después de hacer nuestro LUCA, decidimos conservar las 14.000 hectáreas”, dice Doig. Según los cálculos de la RSPO, en un principio la empresa debía conservar o restaurar 6.000 hectáreas.

Doig afirma que la empresa no se arrepiente de haber adoptado este enfoque, a pesar de que el desarrollo del proyecto le habría permitido aumentar sus ingresos hasta un 40%.

ancianas cortando plantas con machetes
Mujeres de una comunidad cercana al área de conservación de Palmas del Espino, en Perú, trabajando en las parcelas donde cultivan alimentos. Esta empresa busca promover actividades económicas más sostenibles en la región (Imagen: Grupo Palmas)

Unas 700 familias se habían instalado en la finca, impulsadas por la esperanza de trabajar en los proyectos de palma aceitera que el Gobierno planeaba desarrollar desde los años setenta. “¿Cómo íbamos a decirles que no tocaríamos el bosque si esperaban esta cosecha? Así que desde el año pasado trabajamos con ellos para encontrar actividades económicas alternativas que mantengan el bosque en pie”, explica Doig.

En la actualidad, gran parte de la población se dedica a la producción y venta de carbón vegetal, que puede contribuir a la deforestación. Palmas del Espino ha estado trabajando con el Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP) ―entidad vinculada al Ministerio de Medioambiente― y la Universidad Nacional Agraria de La Selva para promover investigaciones sobre los suelos y ecosistemas de la zona, con el fin de obtener los conocimientos necesarios para desarrollar planes de medios de vida alternativos.

Apoyo de ONG

En algunos casos de RaCP, las medidas compensatorias pueden acordarse y llevarse a cabo en un lugar distinto de donde se produjo la deforestación original y la pérdida de las áreas de alto valor de conservación.

NaturAceites es una empresa guatemalteca que opera en toda la cadena de suministro del aceite de palma: cultivo, procesamiento, refinado y fabricación de bienes de consumo. Está totalmente certificada cuando se trata de sus propias plantaciones, pero también procesa aceite de terceros. En total, alrededor de dos tercios de su aceite de palma está certificado, pero espera alcanzar el 100% en 2025.

trabajadores en un tractor, recolectando frutos de palma aceitera
Trabajadores recogen frutos de una palma aceitera en una plantación del Grupo Palmas en Perú (Imagen: Grupo Palmas)

Para controlar esta producción, NaturAceites ha contratado a la empresa Satelligence, que les envía informes cada tres meses indicando cualquier cambio en el uso del suelo que se genere en sus concesiones y en su base de suministro, incluidos sus cultivadores subcontratados.

“Tenemos un 100% de trazabilidad de la fruta porque no le compramos a cualquiera”, dice Héctor Herrera, responsable de sostenibilidad de la empresa. “Ellos [los proveedores] están debidamente auditados por nosotros y certificados por la RSPO”.

Herrera explica que el 3% de su producción procede de bosques deforestados o degradados después de 2005. Por este motivo, tuvieron que desarrollar un proyecto de conservación.

Su primera iniciativa fue el proyecto Perú-Peruito, que abarca una zona forestal de 9.400 hectáreas en el sur del Parque Nacional Laguna del Tigre, parte de la Reserva de la Biosfera Maya, que ocupa una quinta parte de la superficie de Guatemala. Posiblemente sea el último lugar de anidación del guacamayo rojo, que está en peligro de extinción a escala nacional, según la organización Wildlife Conservation Society (WCS) Guatemala.

“Necesitaban la financiación”, dice Herrera, refiriéndose a la alianza público-privada encargada de conservar Perú-Peruito, formada por WCS Guatemala, la ONG Solidaridad y el Gobierno guatemalteco. El Gobierno no podía asumir el costo y la financiación internacional no llegaba, añade.

dos guacamayos rojos en una rama
Los guacamayos rojos están en peligro de extinción en Guatemala. Como parte de sus compromisos con la RSPO, la empresa de aceite de palma NaturAceites financia un proyecto de conservación en la Reserva de la Biosfera Maya, que se cree es el último lugar de anidación de la especie en el país (Imagen: Doug Greenberg / Flickr, CC BY NC)

En este proyecto, que según los requisitos del RaCP será financiado por NaturAceites durante 25 años, también se trabaja en patrullaje y educación ambiental con el municipio de San Andrés Petén, una comunidad de 1.500 habitantes que linda con la zona.

“Debido a la certificación RSPO, estábamos obligados a conservar 260 hectáreas, pero solo con este proyecto estamos superando las 9.000”, afirma Herrera.

En la reserva natural de Bocas del Polochic se está desarrollando un proyecto de menor escala. En esta zona húmeda, NaturAceites apoya al grupo conservacionista Defensores de la Naturaleza en su labor de concientización de los pescadores artesanales para evitar la captura de manatíes, buscados por las supuestas cualidades afrodisíacas de su grasa.

El proyecto también incluye iniciativas para utilizar corredores biológicos que reconecten fragmentos de bosque y protejan las conexiones existentes entre bosques y ríos. Según Herrera, esto permite proteger la fauna salvaje sin afectar a sus fuentes de agua y zonas de anidamiento. Herrera añade que la empresa también está conservando 1.990 hectáreas de bosque primario alrededor de sus plantaciones en todo el país.

 No solo es importante frenar la deforestación, sino también que estos cultivos contribuyan a la conservación
Carolina Rosero, directora del programa amazónico de Conservación Internacional en Ecuador

Herrera destaca el importante papel que ha desempeñado en sus proyectos la colaboración con las ONG: “Para nosotros, implicar a las ONG y a la sociedad civil es la mejor forma de conservar y la más transparente. No somos especialistas en conservación, así que buscamos a terceros que sí sepan. Confiamos mucho en estas alianzas”.

El responsable de sostenibilidad afirma que el fondo a 25 años asciende a unos 780.000 dólares, de los cuales el 80% se dedica a la Laguna del Tigre y el 20% al proyecto de los manatíes. “Estamos protegiendo 36 veces más de lo que hemos impactado en el pasado”, dice Herrera. “Ahí radica la adicionalidad”.

Este artículo se publicó originalmente en China Dialogue.