México prohíbe la siembra de maíz transgénico, pero no las importaciones

El gobierno de AMLO muestra su apoyo al movimiento contra los transgénicos, pero se resiste a prohibir por completo la importación de maíz genéticamente modificado, ante el temor de que pueda desestabilizar la economía

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Hand holding corn cob Mexico

Un manifestante sostiene una mazorca de maíz en una protesta contra Monsanto liderada por la campaña Sin Maíz No Hay País en Ciudad de México en 2014. Los cultivos modificados genéticamente han sido durante mucho tiempo un tema controvertido en México, y recientemente el gobierno ha mostrado su apoyo al movimiento antitransgénicos. (Imagen: Henry Romero / Alamy)

El pasado mes de octubre, México se negó a permitir la importación de maíz modificado genéticamente (MG) por primera vez en su historia. El gigante farmacéutico y químico Bayer -actualmente propietario de la pionera de los transgénicos Monsanto- impugnó posteriormente la decisión del regulador mexicano del consumo de rechazar su solicitud de importar el maíz para la alimentación animal, e interpuso un recurso ante el Tribunal Supremo apoyado por otros pesos pesados de la agricultura, entre ellos la empresa de capital chino Syngenta. 

La Corte Suprema de Justicia de México rechazó el recurso de Bayer, confirmando una sentencia de 2013 conocida como "el principio de precaución", que permite a las autoridades rechazar las solicitudes de permisos para plantar cultivos transgénicos sobre la base de que pueden dañar la salud de los mexicanos y el medio ambiente.

20 millones de toneladas

de maíz fueron importadas a México desde Estados Unidos desde 2018/19 y 2019/20 hasta marzo, según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos

Para el ya experimentado movimiento antitransgénico de México, la reciente sentencia de la Corte Suprema supuso una importante victoria, al consolidar la cautela contra los cultivos transgénicos como norma legal al más alto nivel del poder judicial del país.

En diciembre de 2020, el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, conocido popularmente como AMLO, emitió un decreto para promulgar la prohibición del maíz transgénico para el consumo humano en 2024. La orden también pedía la eliminación del uso del glifosato, un controvertido pesticida que está sujeto a un polémico debate sobre sus efectos potencialmente cancerígenos. El decreto de AMLO lo convirtió en el primer presidente mexicano que apoya abiertamente el movimiento antitransgénico. 

La noticia de este decreto presidencial habrá causado consternación en Estados Unidos, dado que México importa cada año millones de toneladas de maíz amarillo modificado genéticamente de su vecino, para alimentación animal y uso industrial, como la producción de jarabe de maíz de alta fructosa.  

AMLO también se enfrentó a la resistencia dentro de México, con unas 17 impugnaciones legales presentadas por empresas de semillas y organismos de la industria contra la prohibición propuesta, ninguna de las cuales prosperó. El Consejo Nacional Agropecuario (CNA), con el apoyo de Bayer, argumentó que la prohibición podría amenazar a la industria ganadera si se impedía la importación de alimentos transgénicos para animales. 

El ministro de Agricultura, Víctor Villalobos, aclaró públicamente que estas importaciones no serían tocadas por la prohibición de transgénicos, tras las acusaciones de que violaría el tratado de libre comercio entre Estados Unidos, México y Canadá (USMCA).

Las importaciones de transgénicos, ¿prohibidas a futuro?

Los críticos de la propuesta de AMLO dicen que la redacción del decreto sigue siendo demasiado ambigua y deja la puerta abierta a una prohibición de las importaciones de transgénicos. Pero también hay un fuerte apoyo dentro de la administración del presidente para cualquier prohibición de maíz transgénico que incluya tales importaciones. El subsecretario de Agricultura, Víctor Suárez, se opone abiertamente a la entrada de maíz transgénico a México, mientras que la directora del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), María Elena Álvarez-Buylla, fue una asesora clave en la sentencia de 2013.

Rúben Montalvo Morales, presidente de la dirección nacional de la Cámara Nacional de la Industria de la Harina de Maíz y la Tortilla, dijo a Diálogo Chino que cualquier prohibición que incluya la importación de maíz amarillo podría tener efectos adversos para la industria.

"Habría escasez, especulación y un aumento del precio tanto del grano como de la tortilla", dijo Montalvo.

El histórico rechazo de México al maíz transgénico

Nadie puede discutir la importancia del maíz para México. Desde alimentos básicos como las tortillas y las frituras de maíz, hasta la creencia indígena de que todos somos "hijos del maíz", un cultivo que comenzó como una hierba silvestre que se cultivó por primera vez en el centro del país hace al menos 9.000 años está ahora totalmente entrelazado con la identidad y la cultura mexicanas.

Hoy en día, México alberga más de 60 especies distintas de maíz y miles de variedades: una abundancia colorida y nutritiva que es el orgullo de la nación, y que se atribuye al desarrollo de la biodiversidad durante siglos. Como dice un refrán popular, "Sin maíz, no hay país", frase que también se ha convertido en el nombre de la campaña contra la siembra de maíz transgénico a nivel nacional.

"La siembra de maíz transgénico en México, centro de origen del maíz, afecta a la biodiversidad de las generaciones presentes y futuras: es irreversible", afirma la doctora Mercedes López Martínez, que dirige la organización de investigación y defensa Vía Orgánica.

La principal preocupación de los activistas contra los transgénicos es la polinización cruzada: si se planta maíz transgénico en México, se cruzará de forma natural con el maíz autóctono, alterando y debilitando su propia composición genética. Esto, dicen activistas como López, afecta a la salud del consumidor, borra el conocimiento cultural y obliga a los campesinos a depender de las empresas agrícolas multinacionales para sus semillas y su sustento.

En 2013, explicó López, el entonces presidente de México, Enrique Peña Nieto, se dispuso a conceder permisos a gigantes de la agricultura como Monsanto, que tenía planes para sembrar alrededor de 2,5 millones de hectáreas con maíz transgénico en programas piloto experimentales y precomerciales.

Las autoridades mexicanas ya se habían enfrentado a reacciones en contra del tema dentro del país, como en 2001, cuando se descubrió que el maíz transgénico crecía en las parcelas de campesinos indígenas en el estado sureño de Oaxaca. En 1998 se estableció una moratoria sobre el cultivo de maíz transgénico en México, por lo que el incidente fue inesperado - y no deseado. 

En respuesta a los planes de Peña Nieto de 2013, 22 organizaciones civiles y 53 personas presentaron una demanda colectiva contra el maíz transgénico, relata López, quien es el representante oficial del grupo que lleva el caso contra las secretarías de Medio Ambiente y Agricultura de México.

A finales de 2013, un juez federal de la Ciudad de México dictaminó que debía aplicarse una suspensión temporal de cualquier nuevo permiso de maíz transgénico, ante la falta de pruebas científicas de que la siembra de semillas transgénicas en el país no perjudicaría la salud de los mexicanos: el principio de precaución.

La demanda colectiva aún no ha llegado a un fallo definitivo, pero mientras tanto esta sentencia ha impedido de hecho que se cultive maíz transgénico en el país.

¿Son malos los cultivos transgénicos?

La campaña Sin Maíz No Hay País ha encendido el debate en la sociedad mexicana sobre los pros y los contras de la ingeniería genética de los cultivos. La postura del grupo contra los transgénicos ha reunido muchos partidarios de alto nivel, mientras que el consumo de maíz autóctono ha aumentado en los últimos años. Por su parte, quienes están a favor de que los cultivos transgénicos se realicen en México afirman que el país debe tener en cuenta sus futuras necesidades de abastecimiento y seguridad alimentaria, especialmente con la creciente prevalencia de la sequía y otros efectos del cambio climático.

La modificación genética viene del hecho de que tenemos que cubrir las necesidades alimentarias en todo el mundo, lo cual es positivo, pero hay un problema si eso provoca la contaminación del maíz autóctono

Alberto Daniel Vázquez es un ingeniero bioquímico afincado en Milpa Alta, un barrio rural de Ciudad de México, donde también dirige un banco de semillas autóctonas con otros miembros de la comunidad. Hablando desde una habitación llena de frascos transparentes que contienen varias semillas de maíz amarillo, rojo, blanco, negro y azul, Daniel dijo a Diálogo Chino que "ve los dos lados" del debate sobre si México puede prescindir en última instancia de los cultivos transgénicos. 

"La modificación genética viene del hecho de que tenemos que cubrir las necesidades alimentarias en todo el mundo, lo cual es positivo", dijo. "Pero hay un problema si provocan la contaminación del maíz autóctono".

En los últimos años han surgido informes que apoyan los argumentos a favor de los cultivos transgénicos, con nuevas pruebas que sugieren que no tienen efectos negativos para los seres humanos y los animales. El estudio "Cultivos obtenidos por ingeniería genética: Experiencias y perspectivas", de la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU., reconoce las limitaciones de las pruebas -la comprensión de los efectos sobre la salud de cualquier alimento, modificado genéticamente o no, es compleja-, pero concluye que aún no hay pruebas suficientes para afirmar que son perjudiciales. Además, el informe reconoce los beneficios, como la resistencia al cambio climático y los efectos positivos para la salud en los cultivos diseñados para apoyar funciones específicas. 

Las cuestiones relacionadas con los transgénicos, como el monopolio de las semillas por parte de las grandes empresas agrícolas y el uso de pesticidas perjudiciales para el suelo, así como la polinización cruzada, seguirán siendo polémicas en México, pero el debate sobre los impactos de los transgénicos está evolucionando lentamente. Mientras el país y un mundo que se calienta se enfrentan a amenazas inminentes de inseguridad alimentaria, el debate no desaparecerá pronto.