América Latina debate su acción climática en medio de la pandemia

La región deberá presentar compromisos climáticos más ambiciosos a lo largo del año

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Solar Energy Power Plant, Atacama Chile

Planta de energía solar Amanecer Solar CAP en el desierto de Atacama, Chile (Imagen: Alamy)

La expectativa de la comunidad climática internacional estaba puesta en este año, 2020, como una real oportunidad de avanzar ante el principal desafío de nuestro siglo: el cambio climático. Pero otro desafío apareció y la agenda climática no fue ajeno a él.

El nuevo coronavirus obligó a posponer la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP26) que se iba a realizar en Reino Unido en noviembre. Pero su postergación para 2021 no significa que la acción climática se frene a nivel global, incluyendo a América Latina.

Antes de que termine el año, los países firmantes del Acuerdo de París deberán presentar sus nuevas contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC), más ambiciosas que las anteriores. En América Latina, algunos países ya han declarado su intención de hacerlo, pero por ahora sólo Chile lo hizo efectivo.

Qué son las NDC?


NDC significa Contribución Nacionalmente Determinada. Esto se refiere a las promesas que hacen los países para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero bajo los términos del Acuerdo de París.

Las NDC son planes de acción climática a través de los cuales los países establecen sus metas de mitigación -reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEIs)- y de adaptación a los efectos del cambio climático. Se espera que permitan limitar el aumento de la temperatura en 1.5°C para fin de siglo, a fin de evitar sus impactos más devastadores.

Según un reporte de 2016 de Naciones Unidas, América Latina y el Caribe representa el 5% de las emisiones mundiales de estos gases, pero con una tendencia en alza. Los efectos del cambio climático los siente en carne propia de múltiples maneras, desde extensos períodos de sequías a intensas precipitaciones.

Pero la acción climática difícilmente es la prioridad en una región donde priman las crisis económicas y sociales, y donde el apoyo financiero se convierte en una necesidad para implementar políticas climáticas más ambiciosas. Todo ello se vio acentuado por el coronavirus, que re-direccionó la atención

Chile, el único país de la región con un plan actualizado

“Gracias Chile por una NDC más ambiciosa, que reconoce la necesidad de actuar con urgencia ante el cambio climático, en contexto de retos actuales”. Así, la secretaria ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas en Cambio Climático (CMNUCC) Patricia Espinosa, felicitaba a Chile en abril en la presentación de su plan climático actualizado.

Tras presidir la COP25, pero en Madrid debido al estallido social local, Chile recibió elogios de distintos actores por su reciente presentación en el contexto del coronavirus y por el hecho de que ésta fue el resultado de un proceso de consulta pública con actores de la sociedad civil y académicos.

En líneas generales, Chile se comprometió a un nivel de emisiones de 95 toneladas de dióxido de carbono equivalente (MtCO2eq) para el 2030 y a alcanzar un máximo de emisiones (pico) para el 2025. Al mismo tiempo, entre 2020 y 2030 las emisiones no deberán superar 1.100 MtCO2eq.

carolina schmidt presents Chile's update NDC
La ministra de Ambiente de Chile Carolina Schmidt presenta la NDC actualizada del país en una videoconferencia (Imagen: Ministerio del Medio Ambiente)

Aún reconociendo las mejoras de esas cifras respecto de su plan anterior, la actualización le valió a Chile un cambio en la evaluación realizada por Climate Action Tracker de “muy insuficiente” a “insuficiente”. Las metas propuestas no son aún compatibles con los esfuerzos para limitar el calentamiento global a 2°C ni mucho menos con el escenario de 1.5°C.

“Incluyeron algunos elementos señalados durante la consulta pública y eso ha sido valorado”, reconoce Pamela Denise Poo Cifuentes, coordinadora de política y regulación de la iniciativa Chile Sustentable, pero aclara: “Hay varios compromisos de la NDC que requieren de política pública, como proyectos de ley, que luego pueden encontrar su oposición a avanzar”.

¿Las otras miradas críticas sobre la acción climática en Chile? El compromiso de plantar 200,000 hectáreas de bosques y la real contribución de ello para reducir emisiones, sumado a que aún hay 28 plantas de energía a base de carbón funcionando. Las mismas se cerrarán en dos tandas: 10 antes de 2024 y el resto antes de 2040.

¿Habrá otras presentaciones este año?

Muchos son los que miran a Chile con cierta admiración por haber presentado ya su plan actualizado, aún y considerando el pleno contexto de la pandemia. Muchos son los que imitarán ese proceso participativo de trabajo que caracterizó al país andino.

Del otro lado de la cordillera, Argentina inició el proceso de revisión de su plan climático junto con cambios de gobierno. Luego de la asunción del presidente Alberto Fernández en diciembre de 2019, el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible Juan Cabandié viajó a la COP25 en Madrid y se comprometió a mejorar la ambición de la NDC.

De acuerdo a su compromiso actual, Argentina deberá reducir sus emisiones en un 18% de manera incondicional (es decir, sin dependencia de apoyo externo) a 2030. Una versión preliminar de la NDC actualizada sería presentada en septiembre.

Durante los últimos cuatro años, Argentina ha trabajado algunos temas de las negociaciones climáticas en conjunto con Uruguay, que en 2018 generó el 35% de su energía del viento; y Brasil, el país de América Latina que más emisiones de GEIs genera.

Para Cláudio Angelo, coordinador de comunicación del Observatório do Clima, las expectativas para la NDC de Brasil, no son buenas. O no presenta una actualización este año o cumple en presentar una nueva NDC, pero más débil que la anterior. “No hay una estructura para desarrollar esta política, nadie elabora aún un plan para implementar las NDC”, sostiene.

“No hay que olvidar que una de las promesas, o amenazas, de la campaña presidencial de Bolsonaro fue que sacaría a Brasil del Acuerdo de París, pero luego por presiones del agronegocio no lo hizo,” sostuvo Angelo. En Brasil, el sector que más emisiones genera es la agricultura.

Los Estados tienen que ir preparando su visión colectiva a 2050: cuál es ese país descarbonizado y cómo lo vamos a alcanzar

México le sigue a Brasil en el ranking de emisiones en América Latina, especialmente por la electricidad y el transporte. En abril, el gobierno inició el “Diálogo intergubernamental sobre la actualización de las NDC” con la presencia de 160 representantes de gobiernos estatales, como parte de un proceso participativo de actualización de su NDC.

En Perú se iniciará “un proceso ampliamente participativo, descentralizado e inclusivo” para actualizar su NDC este año, de acuerdo a Laura Secada Daly, directora general de Cambio Climático y Desertificación. “El proceso debe ayudar a identificar propuestas que contribuyan a fortalecer su implementación”, agrega. Transparencia, coherencia con visión a largo plazo, y oportunidades para la reactivación post-pandemia, son los otros ejes que considera clave.

Del mismo modo, Costa Rica ya lanzó el proceso de actualización de su plan climático que contará también con la participación de diversos actores. Por las medidas ante la pandemia, se están redefiniendo los formatos de esa participación. El objetivo será presentar la NDC a fin de este año, basada en el plan de descarbonización a 2050 y la política nacional de adaptación.

Andrea Mezamurillo, directora de Cambio Climático, no pasa por alto el complejo contexto actual de la pandemia: “Las sensibilidades están a flor de piel, tanto para quienes ven las similitudes entre las crisis sanitaria y climática y las lecciones que dejan, como para quienes sienten que hay que acelerar medidas económicas que no necesariamente son coherentes con las metas climáticas. Estamos ante una situación que puede ser una oportunidad o un reto”.

Entre la fragmentación regional y la descarbonización a largo plazo

“América Latina está fragmentada desde hace 20 años o un poco más. No sólo se ve en la ideología y la política de cada uno de los países, sino también en la capacidad de articular decisiones, en consensuar cuestiones mínimas y eso tiene anestesiadas a gran parte de las entidades de la región”, explica Manuel Pulgar Vidal, líder global de Clima y Energía del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).

La cuestión climática no es ajena a esa fragmentación. Lejos de imitar el trabajo más integrado y coordinado de los países africanos, los latinoamericanos participan del proceso de negociaciones climáticas en múltiples grupos distintos. “El desafío para América Latina sigue siendo unificar una agenda común en el clima”, subraya Pulgar Vidal.

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Para el ex ministro de Ambiente de Perú (2011-2016) y presidente de la COP20 en 2014 en dicho país, la actual pandemia puede ser la oportunidad de unificar una agenda común en la región en torno a la salud y otros temas fundamentales asociados como clima, naturaleza, economía y desarrollo.

Pulgar Vidal subraya otro elemento a considerar para la acción climática en la región: los planes de descarbonización a 2050. “Los Estados tienen que ir preparando su visión colectiva a 2050: cuál es ese país descarbonizado y cómo lo vamos a alcanzar”, explica y argumenta: “Eso nos ayudará a superar las dificultades políticas que significan cambios continuos de mandato”.

Si bien algunos países, como Argentina, han anunciado comprometerse a realizar planes de descarbonización de su economía, y otros han enunciado estar trabajando en su elaboración, al momento sólo Chile y Costa Rica han presentado planes concretos para alcanzar cero emisiones netas de carbono en 30 años.

El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, subrayó que, aún en el contexto de la pandemia, la otra emergencia latente es la crisis ambiental y que la salida de recuperación post-pandemia debe ser invirtiendo en una economía verde. Los planes de acción climática durante este 2020 tienen la oportunidad de acompañar ese camino.