Clima & Energía

Avinash Persaud: ‘En algún momento China deberá contribuir a la financiación climática’

En la COP28 hablamos con el enviado especial financiero de Barbados, la persona detrás de la Iniciativa Bridgetown que busca reformar las finanzas mundiales para apoyar a los países en desarrollo
<p>Avinash Persaud, enviado especial en temas financieros de la primera ministra de Barbados, habla con los medios de comunicación en la cumbre COP28 en Dubái, Emiratos Árabes Unidos (Imagen: Rafiq Maqbool / Alamy)</p>

Avinash Persaud, enviado especial en temas financieros de la primera ministra de Barbados, habla con los medios de comunicación en la cumbre COP28 en Dubái, Emiratos Árabes Unidos (Imagen: Rafiq Maqbool / Alamy)

La COP28, la cumbre climática de la ONU de este año, arrancó con el pie derecho el pasado jueves con un acuerdo para poner en marcha un esperado fondo para ayudar a compensar a los países vulnerables por los impactos del cambio climático. Según datos oficiales de la COP28, hasta el 4 de diciembre los gobiernos se comprometieron colectivamente a aportar más de 700 millones de dólares a este fondo de “pérdidas y daños”.

La creación del fondo, anunciada por primera vez en la COP27 del año pasado, es una de las principales demandas de la Iniciativa Bridgetown, un plan liderado por Barbados para reformar el sistema financiero global de manera tal que brinde más apoyo a las naciones más pobres del mundo. El plan exige la reestructuración de la deuda y de los préstamos al desarrollo, así como una mayor inversión privada en energías limpias. Además, pretende movilizar 1 billón de dólares adicionales para aumentar la resistencia y respuesta de los países en desarrollo a los efectos del cambio climático. Algunos estudios estiman que las pérdidas y daños anuales causados por estos efectos en estos países pueden ascender ya a 400.000 millones de dólares.

La Iniciativa Bridgetown ha sido impulsada por la primera ministra de Barbados, Mia Mottley, junto con su enviado especial para asuntos financieros, Avinash Persaud.

Persaud, economista con experiencia en los ámbitos académico, empresarial y político, habló con Diálogo Chino en la COP28 sobre los avances de la iniciativa. Explicó que, desde su lanzamiento en la COP26 en 2021, se han empezado a tomar medidas concretas para cambiar el sistema financiero mundial. El enviado especial también habló sobre el camino a seguir después de la COP28, incluido el papel que China puede desempeñar en la financiación climática. La entrevista ha sido editada tanto en extensión como en claridad.

Diálogo Chino: El nuevo fondo para pérdidas y daños, puesto en marcha en la COP28, pretende ayudar a los países vulnerables a hacer frente a los impactos de la crisis climática. Pero, ¿cómo se define la vulnerabilidad?

Avinash Persaud: Para el fondo, nos fijamos en los fenómenos meteorológicos extremos o de evolución lenta, como la subida del nivel del mar, que le cuestan a países más del 5% de su PIB. Los países más pequeños tienen más probabilidades de alcanzar ese límite, pero los grandes también pueden ser parte del fondo si sufren un gran desastre. La junta del fondo de pérdidas y daños tendrá que definir el porcentaje exacto del PIB que se aplicará. Los países ricos querían que sólo los Estados pequeños o los más pobres pudieran ser beneficiados. Yo les dije que debería ser más amplio; nosotros, como Estados pequeños, lo aceptamos con los brazos abiertos. Cualquier país que sufra un fenómeno meteorológico extremo o un acontecimiento grave de evolución lenta debería poder acceder a la ayuda. Puede que no reciban fondos equivalentes a la pérdida de su PIB, si disponen de otros recursos, pero la clave está en la necesidad.

Los países desarrollados se comprometieron en 2009 a proporcionar 100.000 millones de dólares anuales en financiación para el clima a los países en desarrollo para 2020. No sólo no ha sido así, sino que los países en desarrollo y muchas organizaciones sostienen que las necesidades reales de financiación son ahora mucho mayores: al menos 2 billones de dólares al año. ¿Es factible alcanzar esas cifras?

Como países en desarrollo, a veces hemos hecho exigencias poco realistas. No podemos decir que queremos que se nos transfieran 2,4 billones de dólares de otros contribuyentes. Eso no va a ocurrir. La ayuda total que se da en el mundo es de 200.000 millones de dólares. Los gobiernos ni siquiera están financiando ahora a su propia gente: están reduciendo las prestaciones por desempleo y las pensiones.

Tenemos que ser mucho más realistas. Eso es lo que pretende la Iniciativa Bridgetown. Estamos diciendo: “No necesito su dinero para mitigación. No pido 2,4 billones de dólares. Para eso está el sector privado. Necesito su dinero para pérdidas y daños, ya que eso no puede financiarse de otra manera”.

También estamos abiertos a la idea de nuevos impuestos internacionales. Impuestos de ajuste fronterizo sobre la aviación, el transporte marítimo y el carbono. Queremos que sean lo más progresivos posible, en relación con la renta, para que no sean una carga para los países en desarrollo. Pero pagaríamos una parte.

Los objetivos de la Iniciativa Bridgetown, en palabras de Persaud

Hacer que el sistema financiero mundial absorba mejor los golpes

“Estamos sufriendo golpes más profundos a causa del cambio climático. La forma de hacer que el sistema responda mejor es incluir cláusulas de pausa en todos los instrumentos de deuda. Cuando ocurre desastre natural, puedes dejar de pagar los intereses durante dos años y luego devolverlos con el mismo nivel de interés inicial. Te da un respiro durante la catástrofe. Las cláusulas de pausa están ahora ampliamente aceptadas”.

Creación de un fondo de pérdidas y daños

“La cantidad de financiación que necesitamos es muy superior a la disponible. Tenemos que dividirla en dos: financiación para proyectos que dan ingresos o ahorros, y financiación para proyectos que son costo puro. Podemos conseguir que el sector privado financie las iniciativas que dan ingresos, y podemos conseguir que los bancos de desarrollo financien las que generan ahorros. Nos queda la otra parte: necesitamos que la comunidad internacional muestre solidaridad y apoyo globales creando elementos como un fondo de pérdidas y daños”.

Reforma de las instituciones de crédito al desarrollo

“Los bancos multilaterales de desarrollo tienen que hacerse más grandes y prestar a largo plazo y a bajo costo a los países vulnerables al cambio climático. Esto no significa que vayan a retirar el dinero que ahora se destina a los países pobres. Deberían prestarles más, pero también a los países vulnerables al clima. Por primera vez ha habido un movimiento en este sentido. Hay un plan para que los bancos presten 200.000 millones de dólares en los próximos 10 años. Pero necesitan prestar un billón de dólares”.

Garantizar el apoyo del sector privado a la mitigación

“La mitigación de los gases de efecto invernadero es lo más caro que tenemos entre manos. Pero el sector tiene ingresos, así que tenemos que conseguir que el sector privado lo financie. Los gobiernos no deberían financiar la mitigación. No tienen dinero y deberían utilizar sus fondos para cosas que el sector privado no financiará, como pérdidas y daños. Esperamos que los bancos de desarrollo puedan dar garantías al sector privado cuando inviertan en reducir los gases de efecto invernadero. En los países ricos, el 81% de las medidas de mitigación son financiadas por el sector privado. Pero en los países en desarrollo, es sólo el 14%, debido al riesgo monetario y al riesgo país. Este es el ámbito de la iniciativa que menos ha progresado”.

Las normas de la ONU clasifican a los países en desarrollados y en desarrollo, lo que afecta a su responsabilidad en la acción climática y a su elegibilidad para recibir financiación. La división se remonta a la creación de la Convención de la ONU sobre el Cambio Climático en 1992. ¿Deberían países como China, una economía grande pero aún considerada en vías de desarrollo, contribuir también al fondo de pérdidas y daños?

La financiación de la lucha contra el cambio climático se destina a los países en desarrollo vulnerables al clima que experimentan un fenómeno meteorológico extremo o de evolución lenta de gran magnitud.

En cuanto a las contribuciones, como países en vías de desarrollo, tenemos que defender que el calentamiento global no está causado por las emisiones actuales. Los gases de efecto invernadero pueden permanecer en la atmósfera durante mil años: el 79% de los gases de efecto invernadero proceden de los países que se definían como desarrollados en 1992. Gran parte de la otra parte restante de las emisiones procede de China. Me parece bien que pensemos en las responsabilidades comunes pero diferenciadas como un principio vital, pero no estancado en algún punto concreto de medición temporal. Deberían ir evolucionando las responsabilidades comunes pero diferenciadas.

China está llevando a cabo más transformaciones ecológicas que nadie en el mundo. No quiere que le digan lo que tiene que hacer. Pero actualmente es, con diferencia, el mayor emisor. Eso significa que, en algún momento, China debería contribuir.

Un instrumento ampliamente debatido entre los países de América Latina y el Caribe son los canjes de deuda por acción climática y canjes de deuda por naturaleza. Aunque recientemente se han acordado algunos nuevos canjes, su tamaño sigue siendo pequeño en comparación con la deuda total de los países. ¿Pueden ampliarse?

No es factible ampliarlos, no son una panacea. Los canjes de deuda por naturaleza son la fresa del pastel, pero no el pastel en sí. Por ejemplo, en Barbados, ahora pedimos préstamos al mercado con un 9% de interés. Si el Banco Interamericano (BID) interviene, puede garantizar que nos endeudemos con un 4% de interés. Seguimos teniendo que pagar ese 5%, pero sería por acción para la naturaleza. No resuelve nuestro problema de deuda, no es una condonación. Nadie puede garantizar toda nuestra deuda. Soy financiero, así que me beneficia que la gente piense que las finanzas son mágicas, pero la realidad es que no lo son. No se puede crear algo de la nada. Podemos utilizar las finanzas tanto como podamos, pero en última instancia, también necesitamos dinero de otras fuentes.

Uno de los principales puntos de la agenda de la COP de este año es el balance mundial de los progresos realizados en la lucha contra el cambio climático, cuyo objetivo es determinar qué más se necesita para limitar el calentamiento global a 1,5ºC. ¿Qué espera que acuerden los países?

Todos sabemos lo que dice el balance sin leerlo: el mundo está por detrás de donde tiene que estar, especialmente en mitigación, pero también en adaptación. Como resultado, ahora tenemos el fondo de pérdidas y daños. Hoy cuesta más de 150.000 millones de dólares al año, pero podría aumentar a 350.000 millones si no nos ponemos al día en mitigación. Tenemos que crear formas innovadoras de financiación y preservar el planeta. El año que viene tenemos que ampliar los préstamos de los bancos de desarrollo y conseguir defensores de estas nuevas formas innovadoras de financiación. Mia Mottley es una defensora de estos nuevos instrumentos financieros globales.

En la COP28 fue nombrado nuevo asesor especial sobre el clima del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). ¿Por qué decidió asumir ese cargo?

En los últimos 12 meses hemos contribuido a cambiar la agenda. La Iniciativa Bridgetown ha contribuido a poner en primer plano las cláusulas de pausa, que permiten a los países suspender el pago de la deuda en caso de desastres, y ha reforzado el mensaje de la necesidad de triplicar los préstamos de los bancos multilaterales de desarrollo.

También ha servido para que la gente se dé cuenta de que el sector privado no vendrá si no tenemos garantías para el riesgo macroeconómico y el riesgo cambiario. Ahora es el momento de ponerlo en práctica. Si instalamos un tema en la agenda y no hacemos nada, empezará a desmoronarse. Tenemos que aprovechar el momento y actuar. Trabajaré en esa implementación.

Lo que me gusta del BID es que está dirigido por alguien a quien le apasiona el clima y que tiene un historial de reflexión sobre el tema. También es más ágil que otras instituciones, por lo que parece un buen lugar para establecer esa agenda.

Brasil será el próximo presidente del G20 y será anfitrión de la COP30 en 2025. ¿Qué espera del país y qué papel puede desempeñar para impulsar la financiación de la lucha contra el cambio climático?

El mundo en desarrollo está entusiasmado con la idea de que Brasil presida el G20. Los líderes no pasan mucho tiempo pensando en el mundo; pasan tiempo pensando en sus propios asuntos. El proceso del G20 hace que los líderes piensen en el mundo. Los grandes países en desarrollo del G20 están atravesando un proceso de reafirmación en la escena internacional, con la esperanza de ser tratados con el debido respeto y preocupación. Pero Brasil no está hablando sobre cómo debe tratar el mundo a los Estados pequeños.

La Iniciativa Bridgetown ha llegado muy lejos. Ha surgido de Estados pequeños, y nosotros sí nos ocupamos de cómo el mundo debe tratar a los países grandes. Sabemos que no podemos preservar el planeta sin que los grandes países emergentes se impliquen. Hemos hecho campaña para conseguir financiación accesible para ayudar a Brasil en su transición hacia las energías limpias. Pero, ¿por quién está haciendo campaña Brasil? Es un proceso por el que tienen que pasar los países del G20. La Amazonía va a ser un factor importante y debería serlo; la Amazonía es fundamental para el mundo. Pero Brasil necesita desarrollar un plan que tenga que ver con el mundo, y no sólo con Brasil. Sería un error criticar a Brasil por no tener aún ese plan, ya que ningún país del G20 lo tenía cuando asumió la presidencia. Brasil cuenta hoy con un liderazgo dispuesto a asumir esa exigencia.

Este artículo se realizó en el marco de la Climate Change Media Partnership 2023, una beca de periodismo organizada por la red Earth Journalism Network de Internews y el Centro Stanley para la Paz y la Seguridad.