Ministro de Ambiente de Perú: “Los inversionistas chinos tendrían que ser más claros”

Sobre conflictos sociales, inversión, desconfianza generalizada, apuestas por nuevas energías y más, conversó con Diálogo Chino, el actual ministro de Ambiente de Perú, Gabriel Quijandría.

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Peru environment minister

Gabriel Quijandría propone mirar al ambiente como un factor que genere valor a las empresas. (imagen: Ministerio del Ambiente de Perú)

La pandemia del covid-19 no solo ha golpeado fuertemente a Perú, sino que ha mostrado un sistema económico frágil y muy debilitado. El crecimiento económico del país no ha ido de la mano con la mejora en la calidad de vida de los peruanos, sino que se ampliaron las brechas sociales, las desigualdades, los conflictos y así también los impactos ambientales.

El 11 de abril fueron las elecciones presidenciales. Se presentaron 18 candidatos, mostrando la gran polarización que vive el país. Un ejemplo de ello, fue que Keiko Fujimori y Pedro Castillo, quienes competirán en la segunda vuelta (6 de junio), no sumaron más de 35% de los votos. En el parlamento, el panorama es totalmente fragmentado: 10 bancadas se reparten 130 curules. Los próximos gobernantes tendrán la responsabilidad de intentar unir un país que luce quebrado por todos los costados.

Para conocer los retos ambientales que tendrá Perú en los próximos años, Diálogo Chino dialogó con la actual cabeza del Ministerio del Ambiente de Perú (Minam), Gabriel Quijandría, que en dos oportunidades ha sido viceministro de Desarrollo Estratégico de los Recursos Naturales del Minam, y también ha ocupado importantes cargos como co-presidente del Fondo Verde del Clima, representante en Perú de The Nature Conservancy y Jefe del Departamento Técnico del Fondo Nacional para Áreas Naturales Protegidas por el Estado de Perú (Profonanpe).

El principal motivo de los conflictos socio-ambientales en Perú es el agua. (imagen: Ministerio del Ambiente de Perú)

Diálogo Chino (DC): ¿Cuáles son los retos que tendrá el próximo gobierno en materia ambiental?

Gabriel Quijandría (GQ): El gobierno entrante tiene que entender al ambiente como una condición de competitividad, como un factor diferenciador, que genera valor. Cada vez más, el mundo te exige la incorporación de temas ambientales en los procesos productivos, que sean procesos que generen bienestar en las personas, que solucionen problemas de pobreza y ayuden a alcanzar una mejor calidad de vida. Esta es una tendencia que poco a poco se volverá una exigencia. Si fomentamos inversiones que tengan la variable ambiental seremos más competitivos. En muchas industrias, como en la agroindustria, el impacto ambiental es cada vez más grande, y la neutralidad de carbono se está convirtiendo en una exigencia. Comprar uva o mango carbono neutral se va a terminar convirtiendo en la norma. Entonces, el país tiene que estar preparado para ese momento.

DC: ¿Cómo cambiar la forma de pensar del Estado y de las empresas?

GQ: Cambio climático, gestión de residuos, conservación, el uso sostenible de biodiversidad, cada vez están más presentes en la discusión de desarrollo. Saldrán de la esfera ambiental y se incorporarán en la discusión de cómo producimos y cómo hacemos políticas sociales. También tenemos que tener en cuenta que, en el Perú, el recurso hídrico es muy escaso y los tiempos para adaptarnos son muy cortos. La población peruana está concentrada en una zona donde tenemos menos del 2% del agua disponible. Se nos viene una crisis inminente e inmediata. Mientras más pronto incluyas la mirada ambiental, más rápido vas a poder enfrentar este nuevo escenario.

DC: Si desde hace muchos años Perú es destacado como uno de los países que más sufrirá la crisis climática, ¿por qué no se ha avanzado?

GQ: Hemos venido avanzando. Por ejemplo, la introducción de energía renovable en nuestra matriz eléctrica no ha sido suficientemente destacada, pero hemos pasado de tener menos de 2% en el 2012 a casi 8% en este último año. Hemos alcanzado precios muy competitivos con las formas tradicionales de generación eléctrica. Pero no hemos seguido creciendo porque no hemos dado las señales adecuadas en el sector energía. Hay una necesidad de reimpulsar estos temas.

DC: ¿Qué le falta al país para aprovechar más las energías renovables?

GQ: Chile ha tenido un gran desarrollo en energía renovable para abastecer al sector minero. Apuestan por generación eólica, solar, el hidrogeno. Todas estas plantas las han instalado en la zona norte, que tiene una continuidad con la zona sur de Perú, en términos de cantidad de insolación solar y de viento. Nosotros seguimos pensando en que el sistema eléctrico integrado nacional va a llegar a todos lados y no es así. Tenemos que buscar soluciones localizadas. Seguimos pensando como hace 20 o 30 años atrás. El mundo se está moviendo a una velocidad mayor y nos estamos quedando atrás.

Menos del 8% de toda la matriz energética de Perú proviene de energías renovables. (imagen: Ministerio de Energía y Minas de Perú)

DC: ¿Por qué cuesta tanto el cambio?

GQ: Cuando ves cómo funciona la lógica pública en Perú, notas una forma de hacer las cosas que es inamovible. Todo requiere un proceso de negociación súper complicado. Cuando te enfrentas a esto, te están diciendo: mejor no innoves. Es como si los funcionarios públicos tuviéramos el mandato de no innovar.

DC: Y a eso le agregamos los conflictos sociales...

GQ: Tenemos un tema complejo en el país. La principal razón por la que se generan los conflictos sociales es el acceso al agua. Hay otros temas como el acceso a la electricidad, las vías de comunicación y demás, que en muchos casos no son temas ambientales. Pero todos los problemas persisten por una deficiente llegada del Estado y muchas necesidades básicas que no han sido cubiertas. Hace unas semanas estuvimos en Espinar, donde hace 50 años existe la actividad minera, pero las comunidades no tienen agua potable. Toneladas de relave y desechos de la mina impactan el paisaje, se acumulan formando cerros de mil metros, pero la calidad de vida no ha mejorado. Es entendible que las personas desconfíen. Si varias generaciones no se han beneficiado en todo este tiempo, ¿por qué ahora sería distinto?

DC: Es entendible la falta de confianza…

GQ: Hay una crisis de credibilidad generalizada y lo vemos reflejado en los resultados de las últimas elecciones. No confiamos en nadie. Es un tema pendiente que le queda al país, para ir discutiendo hacia adelante. Pero también considero que hemos ido progresando en varios aspectos. En lo ambiental estamos a años luz de los años 90, tenemos mucho más control y fiscalización. Ahora tenemos el Minam, que puede sugerir políticas en distintos sectores, como el agrícola, económico, pesquero. Tener esta posición es invaluable.

En la actualidad, en todo el territorio peruano existen 128 conflictos socioambientales, según la Defensoría del Pueblo de Perú. (imagen: Ministerio del Ambiente de Perú)

DC: ¿Cómo mejorar la calidad de vida de la gente?

GQ: Hay esfuerzos, pero en un escenario como el actual es difícil. Ahora todo es un caos. La caja fiscal estuvo saludable y generamos grandes ahorros en los últimos años. Pero con la pandemia nos hemos quedado al límite. Como decimos, no hay tela de dónde sacar más camisas. Estamos en una situación muy complicada. Pero mientras no mejoremos la capacidad de gestión y de brindar al menos los servicios básicos a la gente, todo seguirá siendo cada vez más complicado. Volviendo al caso de Espinar, es una de las provincias que recibe más dinero por canon minero, ¿pero en dónde está el dinero? Los gobiernos locales, municipales y provinciales no tienen la capacidad para estructurar proyectos y mejorar la vida de la gente. Y a pesar de todos estos problemas, seguimos siendo un país atractivo para las inversiones extranjeras. Sin embargo, como te mencionaba, tenemos que ver al ambiente de otra manera y explorar líneas de inversión que no estamos explorando.

DC: ¿Qué líneas?

GQ: Debido a los compromisos internacionales de cambio climático, la industria de los hidrocarburos, vinculados a combustibles fósiles, la va a tener muy difícil. Los yacimientos quedan en zonas remotas, de naturaleza prístina, y el impacto que se genera es muy alto. Y todo se vuelve más complicado y costoso. Hay que explorar otras opciones con respecto a la producción de energía. Por ejemplo, China es un gran productor de los panales fotovoltaicos, los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí andan buscando dónde colocar los recursos de sus fondos soberanos en temas que puedan tener un rendimiento interesante. Y no estamos aprovechando ello para la búsqueda de grandes proyectos de energías renovables que podrían tener un cofinanciamiento de China o de estos nuevos actores.

Cuando uno llega a un nuevo barrio, tiene que ganarse a los vecinos o al menos no pelearse con ellos

DC: China es uno de los principales inversionistas en el país en los últimos años…

GQ: Sin duda. Nosotros hemos visto un crecimiento de las inversiones chinas en el sector pesquero y minero, principalmente.

DC: ¿Cómo se ven a los inversionistas chinos en Perú?

GQ: En lo personal, creo que debería haber una comunicación más explícita sobre cuáles son los estándares ambientales que están practicando. China es un país que cada vez es más exigente en su propia legislación ambiental y ha tenido avances grandes en gestión ambiental. Tienen una promoción muy grande en energías renovales, por ejemplo, pero creo que tendrían que ser más claros en qué medida sus inversiones siguen esa misma lógica fuera de sus fronteras.

DC: En los últimos años se vincula la inversión china a conflictos sociales…

GQ: Hay conflictos, pero muchos de ellos están vinculados a prácticas que vienen de las empresas que estuvieron antes que las chinas. Lo que tienen que hacer es ver cómo abandonan esas mismas prácticas y mejoran su relación con sus vecinos. Cuando uno llega a un nuevo barrio, tiene que ganarse a los vecinos o al menos no pelearse con ellos. Las empresas que invierten en Perú tienen que tener la sensibilidad para invertir en mejorar las relaciones con las poblaciones que ya no confían en nadie. El problema es que muchas empresas sienten eso como un gasto, cuando en realidad es una inversión.