Opinión: El sector financiero debe intervenir para frenar la deforestación en el Gran Chaco

Un nuevo informe denuncia a la "Docena de la deforestación", comerciantes que controlan el 89% de las exportaciones de soja del Gran Chaco. Sus financiadores pueden, y deben, tomar acción para evitar la pérdida de bosques

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Deforestación en el Gran Chaco, cerca de Mariscal Estigarribia, Paraguay. Alrededor de una cuarta parte de la superficie del Gran Chaco ha sido deforestada desde 1985. La producción de soja y la ganadería son los principales impulsores de la pérdida de bosques. (Imagen: Michael Edwards / Alamy)

La región del Gran Chaco -el mayor bosque seco de Sudamérica- está sufriendo una tasa de deforestación devastadora, impulsada por la creciente demanda mundial de soja, la inadecuada protección legal y los insuficientes avances en la eliminación del riesgo de deforestación de la cadena de suministro. Y, sin embargo, la región ha recibido una atención preocupantemente escasa por parte de los actores empresariales y los inversores.

Todavía hay una oportunidad de revertir el daño causado. Si los inversores y los principales actores de la región trabajan en conjunto para garantizar un cambio real, pueden evitar un daño irreversible al ecosistema, y salvar la industria de la soja del Gran Chaco del colapso.

Sufrimiento en silencio

El Gran Chaco se está convirtiendo rápidamente en la principal frontera de la deforestación, y dado que su superficie es una cuarta parte de la de toda la Unión Europea, no es un asunto menor. Impulsado por el aumento de la producción de soja, el Gran Chaco, que se extiende desde el sur de Bolivia hasta el oeste de Paraguay, el norte de Argentina y el sur de Brasil, ha visto cómo se deforesta aproximadamente una cuarta parte de su superficie para la agricultura desde 1985.

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Pero, a pesar de ello, la destrucción que se está produciendo en el Gran Chaco no ha recibido tanta atención como la de la Amazonia o el Cerrado, ni por parte de las empresas ni de los inversores. Ni el Gran Chaco argentino ni el paraguayo están adecuadamente protegidos de la deforestación impulsada por las materias primas blandas. Y si las tendencias actuales persisten, para 2028 podrían perderse otros 4 millones de hectáreas de bosque en el Gran Chaco, lo que provocaría unas emisiones de gases de efecto invernadero equivalentes a 277,2 millones de toneladas de CO2.

La intensificación de la producción de soja está teniendo un efecto drástico en el medio ambiente local, y ya no se puede ignorar el mayor riesgo de un cambio climático regional significativo.

La docena de la deforestación

Sin duda, los inversores tienen un papel fundamental que desempeñar, no sólo en su obligación de proteger este ecosistema vital, sino también de proteger sus rendimientos asegurándose de que sus inversiones no se hundan.

Sin embargo, la responsabilidad no recae únicamente en los inversores. Sus esfuerzos deben ir acompañados de los mayores comerciantes de materias primas del Gran Chaco, responsables de la gran mayoría de las exportaciones de la región. De hecho, los 12 mayores comerciantes de soja, "la docena de la deforestación", como los denomina el reciente informe de Planet Tracker, representan más del 89% del total de las exportaciones de soja del Gran Chaco y, sin embargo, no consiguen evitar la deforestación provocada por la soja en la región.

Algunos de estos comerciantes, como Archer Daniels Midland, Viterra y Cargill, son miembros de iniciativas dirigidas por comerciantes, como el Foro de Materias Primas Blancas, cuyo objetivo es avanzar en la acción colectiva sobre una cadena de suministro de soja libre de conversión forestal. El problema es que el foro aún no incluye informes sobre el Gran Chaco.

Gran Chaco: el último de la clase

Los esfuerzos realizados en la región se quedan cortos en casi todos los niveles si se comparan con los de la Amazonia o el Cerrado. Una reciente evaluación de las actividades de los principales comerciantes de soja realizada por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) ha valorado la disposición de los comerciantes a no deforestar. Los 12 comerciantes relacionados con el Gran Chaco fueron calificados según los criterios de los cinco temas principales siguientes: establecimiento y fortalecimiento de los objetivos; aplicación de cadenas de suministro éticas; notificación de los avances; aumento de la transparencia; y colaboración para el cambio.

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Menos del 3% de la producción de soja de Argentina en 2020 recibió la certificación de la Mesa Redonda de la Soja Responsable

Sorprendentemente, sólo una empresa del grupo obtuvo una puntuación superior al 50%, y la mitad obtuvo una puntuación inferior al 10%. Los resultados fueron especialmente pobres en las secciones de transparencia de la evaluación, con poca o ninguna inversión en certificación o trazabilidad.

Las cifras de certificación también son especialmente preocupantes. La Asociación de la Mesa Redonda de la Soja Responsable (RTRS) certificó menos del 3% del total de la producción de soja en 2020 en Argentina, Brasil y Paraguay, lo que significa que menos del 3% del total de la soja producida en ese año fue certificada como libre de deforestación.

Si las cosas no cambian, las empresas que comercian en la UE correrán un riesgo especial, ya que los organismos reguladores empiezan a centrarse en el tema, con una nueva normativa que podría prohibir la importación a Europa de soja vinculada a la deforestación, entre otras materias primas. El reglamento propuesto impondrá normas obligatorias de diligencia debida a los importadores, avanzando hacia una trazabilidad más estricta. Y a menos que los comerciantes de soja del Gran Chaco puedan demostrar que los suministros están libres de deforestación, este nuevo panorama normativo resultará traicionero.

Una oportunidad para el cambio

Actualmente, de los 20 mayores inversores de capital y financiadores de deuda que financian a los comerciantes que operan en el Gran Chaco, sólo uno reconoce explícitamente la región como un bioma de alto riesgo. Ninguno ha asumido compromisos específicos para este ecosistema. Esto significa que las empresas que buscan financiación no se enfrentarán a los mismos controles sobre la deforestación en el Gran Chaco que en otros biomas.

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Sin embargo, esto supone una oportunidad única para que las empresas y los inversores apliquen políticas sólidas y aborden la deforestación antes de que este bioma sufra un daño irreparable.

Las entidades crediticias y los inversores deben desempeñar un papel crucial en el apoyo a este esfuerzo, garantizando que las actividades de financiación estén supeditadas a que las empresas adopten y apliquen compromisos y políticas integrales de deforestación. También deben comprometerse activamente y apoyar iniciativas como la Financiación Innovadora para la Amazonía, el Cerrado y el Chaco (IFACC), para alejar la financiación de las actividades vinculadas a la deforestación en el Gran Chaco, y exigir a las empresas comerciales que revelen la ubicación de los silos de soja y las granjas de origen en sus cadenas de suministro. Esto ayudará a la trazabilidad como condición para la financiación, y exigirá a las empresas que compren únicamente soja certificada por la RTRS.

Si los inversores y las instituciones financieras no exigen transparencia y hacen esfuerzos tangibles para cambiar de política pronto, el Gran Chaco tal y como lo conocemos será destruido.