Brasil llega a la COP de la biodiversidad debilitado

Deforestación de la Amazonia y otros problemas ambientales ofuscan el protagonismo del país más biodiverso del mundo

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Un perezoso en la isla de Itamaracá, en el estado de Pernambuco. Brasil participará en negociaciones internacionales para proteger la biodiversidad, pero enfrenta desafíos diplomáticos luego de revertir las protecciones ambientales. (Imagen: Alamy)

Líder histórico en negociaciones multilaterales y poseedor de la mayor biodiversidad del planeta, Brasil deberá contornar los recientes retrocesos de su política ambiental si no quiere llegar debilitado a la próxima convención de la ONU, que se realizará en China.

La COP15, o Décimo Quinta Convención de las Naciones Unidas sobre Diversidad Biológica (CDB), definirá en los próximos meses un acuerdo global de preservación de la biodiversidad para la próxima década. La conferencia se llevaría a cabo en octubre en la ciudad de Kunming, pero se pospuso debido a la pandemia del nuevo coronavirus. No se ha establecido una fecha cierta de realización del encuentro todavía.

La ambiciosa meta le otorga a la CDB, que había sido relegada a un segundo plano entre las convenciones de la ONU, un inédito protagonismo. “Este es momento de arriesgar”, comenta Mariana Napolitano, que desde 2009 viene haciendo un seguimiento de la agenda de conservación en la ONG WWF-Brasil.

Napolitano agrega que un acuerdo ambicioso también podría revertir la tendencia no solo de extinción masiva de las especies - un millón de plantas y animales se encuentran bajo amenaza en todo el mundo - como también podría contribuir para un balance climático, para controlar enfermedades, para la producción de alimentos y para garantizarle el agua a todos los habitantes del planeta.

Sabía que…?


Brasil posee un 20% del total de las especies del mundo

En conferencias similares a la COP15, la mirada internacional invariablemente se posaría en Brasil, ya que el rumbo del país megadiverso podría impactar en el futuro de todas las naciones. Brasil posee un 20% del total de las especies del mundo.

Un claro ejemplo de esa complicada relación es la deforestación de la Amazonia. Científicos alertan que si sigue siendo destruido al ritmo actual, el bioma podría sufrir un proceso irreversible de sabanización. Además de la pérdida biológica que podrían sufrir los países de su entorno, la devastación de la selva haría que el control del calentamiento global se torne imposible.

“Hasta 2018, Brasil ejercía el liderazgo [de las conferencias], se lo respetaba, tenía políticas de avanzada”, comenta Carlos Joly, profesor de la Unicamp y uno de los principales especialistas en biodiversidad del país. “De repente cambió completamente, se aisló”

Brasil frena negociación

En las reuniones previas a la COP15, según una noticia reciente publicada en Folha de São Paulo, la diplomacia brasileña estaría frenando las negociaciones del acuerdo global. Según algunas fuentes, en el encuentro que se llevó a cabo en febrero en Roma, Brasil habría hecho “propuestas absurdas”. La nota que el Ministerio de Relaciones Exteriores brasiler, conocido como Itamaraty, le envió al diario afirmó que la estrategia del país se orientaba a obtener más recursos financieros para la agenda de la CDB.

De hecho, Brasil ha venido insistiendo sobre la responsabilidad de los países desarrollados de apoyar acciones de financiamiento destinadas a la conservación, restauración y compensación ambiental.  “A algunas delegaciones eso les sonó antipático”, explica Braulio Souza Dias, científico que estuvo presente en la reunión de Roma.

Souza Dias resalta que en las últimas tres décadas Brasil avanzó mucho en la implementación de la agenda de la biodiversidad. Como ejemplo, cita el último informe que el país presentó a la secretaría de la CDB sobre el cumplimiento de las Metas de Aichi - acciones acordadas entre las partes de la convención para desacelerar a pérdida de biodiversidad y que deberían implementarse hasta 2020.

La expectativa es que Brasil alcance diez de las 20 Metas de Aichi y que el nivel de implementación de las otras diez sea considerable. Eso incluye, por ejemplo, la meta 11, una de las más discutidas, sobre la protección de áreas esenciales para la biodiversidad y los servicios ecosistémicos. Aunque el país tenga serias deficiencias en su gestión, las áreas protegidas representan un 18% del suelo y un 26% de los mares - por sobre lo establecido.

En lo que respecta a la meta 12, que también es una de las protagonistas de las COP, con un reclamo relativo a la lucha por la extinción de las especies, sería cumplida por Brasil en forma parcial. A pesar de reconocer avances, el informe afirma que “las presiones de extinción todavía deben reducirse en forma significativa”.

El documento, que entregó este año En forma atrasada por el Ministerio de Medio Ambiente, evalúa el escenario de Brasil hacia 2018, es decir, no toma en consideración los actos realizados durante los dos últimos años. El diagnóstico cuenta con la participación de entidades independientes del gobierno.

Retrocesos internos

Sin embargo, la elección del presidente Jair Bolsonaro, llevada a cabo a fines de 2018, desencadenó una gran transformación. Para Claudio Maretti, vicepresidente de la Comisión Mundial de Áreas Protegidas para América Latina, la nueva gestión interrumpió un proceso de cuatro décadas en las estrategias nacionales de conservación ambiental.

“Hubo oscilaciones, pero en general el avance era creciente y progresivo”, dice el investigador.

En la década de 1980, se empezaron a delinear y se definieron esfuerzos y marcos institucionales por la preservación de la Amazonia, como, por ejemplo, una política nacional de medio ambiente.

En los años 1990, además de ganar relevancia por haber sido sede de la Río 92, Brasil crea las primeras reservas extractivas e inicia un proceso de demarcación de territorios indígenas, que empieza a desacelerar el avance de las fronteras agrícolas y la urbanización de las selvas nativas.

En los años 2000, uno de los proyectos pioneros y de mayor importancia de conservación de la biodiversidad mundial, el Arpa, definió acciones -que todavía se están implementando- para el desarrollo sostenible de la región amazónica. En los años 2010, Brasil nuevamente fue sede de una convención de la ONU, la Río+20, y salió fortalecido de la COP10, la conferencia de la biodiversidad de Japón, que logró un acuerdo internacional y estableció la dirección de políticas ambientales de la década siguiente.

Sin embargo, durante el último año hubo un fuerte retroceso en la conducción de la política ambiental nacional, según opinaron todos los especialistas entrevistados.  El gobierno federal pasó a defender la reducción de las unidades de conservación y también autorizó la realización de actividades de minería y de otras actividades contaminantes en el interior de las reservas indígenas.

39%

fue el aumento en la cantidad de incendios en la Amazonía brasileña entre 2018 y 2019

La Unión también limitó la acción de los organismos de protección, como el Ibama, el ICMbio y la Secretaría de Biodiversidad. Y, mediante la MP 910 (medida provisoria), facilitó la llamada grilagem, es decir, la venta de tierras públicas deforestadas en forma ilegal. Mientras tanto, la deforestación experimentó un aumento del 30% y las quemadas, en la Amazonia Legal, un 39% durante el lapso que va de 2018 hasta 2019. “La política nacional de medio ambiente está siendo desmantelada”, resume Jaime Gesisky, de la WWF-Brasil.

Gesisky agrega que Brasil dará respuestas eficaces a los retrocesos ambientales nacionales para, hasta que la convención se realice, se pueda asumir una posición de negociación y solicitar los recursos financieros necesarios para implementar las metas acordadas.

La sociedad civil toma las riendas

Antes de las convenciones, la tradición era que el Ministerio de Medio Ambiente promoviera consultas públicas para subsidiar al Itamaraty en las negociaciones multilaterales. Pero este año, en la ausencia de una pauta ministerial, grupos independientes vienen tomando las riendas del asunto.

Se viene articulando una red de científicos, que integran la plataforma BPBES. En vísperas de la COP14, con sede en Egipto en 2018, el grupo lanzó un primer diagnóstico sobre la biodiversidad brasileña, que apoya a los tomadores de decisiones en relación a cómo actuar y cómo emplear la diversidad ecológica en forma productiva.

“Como siempre, hemos propuesto discusiones; y muchos de nosotros incluso ya integramos la delegación brasileña en las convenciones”, explica Carlos Joly, coordinador de la plataforma. “Pero no hemos logrado tener influencia a nivel federal”. Según Joly, la salida ha sido reforzar las representaciones subnacionales, formadas por los estados y municipios.

Otro ejemplo fue el Bio2020, un encuentro realizado en febrero al cual asistieron 350 personas, entre políticos, científicos, activistas y empresarios, que definió la Carta de SP, con propuestas para la COP15.

“La carta no tiene peso formal, pero puede llegar a hacer la diferencia en forma política”, comentó Claudio Maretti, quien estuvo al frente de una de las discusiones que se llevaron a cabo en el encuentro de São Paulo. La iniciativa puede servir para presionar al ministerio para que actúe en forma más proactiva y como una respuesta interna para los países que están preocupados con el rumbo que está teniendo Brasil en la conducción de su política ambiental.