Industria brasileña de la carne aumenta ganancias, pero falla en la fiscalización de ganaderos

China impulsa exportaciones, pero no exige soluciones en el seguimiento del ganado; deforestación explota

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Marfrig Slaughterhouse Facilities in Brazil

La demanda china de carne brasileña aumenta las ganancias, pero preocupa a los ambientalistas. (Imagen: © Ricardo Funari / Greenpeace)

Brasil batió records de exportaciones de carne vacuna el año pasado, que fueron impulsadas por la demanda china y repetiría el resultado en 2020. El boom viene traccionado por JBS, la procesadora de carne más importante del mundo, que en 2019 anunció que había tenido el mejor resultado de su historia.

El año pasado, JBS  envió un 27,3% de sus exportaciones hacia la Gran China, y continúa expandiendo sus negocios en la región. En enero, firmó un acuerdo con el WH Group, un grupo minorista de Hong Kong, lo que le abrirá las puertas de 60 mil tiendas chinas.

Ambientalistas entienden que este escenario significará una oportunidad para que China ejerza su influencia para contribuir en forma indirecta con la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, un compromiso asumido por Brasil en el Acuerdo de París.

“Que exijan la trazabilidad de la carne y que no acepten productos asociados a la deforestación ilegal es lo que esperamos de los compradores chinos”, afirma Carlos Souza, coordinador del programa de monitoreo de la ONG Imazon.

La pérdida de cobertura vegetal es responsable por el 44% de las emisiones de Brasil. El momento no podría ser más oportuno: el acentuado aumento de la deforestación que experimenta la Amazonia brasileña este año debe ocasionar un período de “quemadas” todavía más intenso que el que chocó al mundo en 2019.

Pero mientras la carne relacionada con la deforestación ilegal empieza a encontrar obstáculos de parte de mercados como el europeo, China todavía no parece encaminada a adoptar una política similar.

53,2%

El aumento de las ventas de carne brasileña a China en 2019

“El país no va a dejar de comprar carne porque haya deforestación”, afirma Charles Tang, presidente de la Cámara Brasil-China. “China se preocupa por la preservación ambiental, pero no interfiere en los asuntos internos de los países”.

Eso significa reducir la presión por soluciones sobre gigantes como JBS, que ya tiene un historial de corrupción y enfrenta denuncias por compras en fincas irregulares, además de admitir deficiencias en el monitoreo de sus proveedores.

JBS afirma que fiscaliza mediante imágenes satelitales a sus 90 mil proveedores directos, de los cuales más de 50 mil se encuentran en la Amazonia Legal. Nueve mil fincas ya fueron excluidas debido a que se encontraban en situación irregular.

Una auditoría independiente de la DNV, contratada por JBS en 2019, llegó a la conclusión de que todos los proveedores directos de la Amazonia cumplen con los criterios socio-ambientales. La evaluación se realizó mediante un muestreo y no incluyó a los proveedores indirectos.

Es decir, la empresa no puede dar precisiones sobre dónde comienza su cadena productiva. Los ganaderos no siempre están involucrados en el ciclo completo, desde el nacimiento hasta el abatimiento de la res. En ciertos casos, algunos se encargan de la cría y otros del engorde del animal.

“El sector todavía no logra resolver el problema del proveedor indirecto”, afirma Erasmus zu Ermgassen, investigador en jefe de la plataforma Trase, un esfuerzo independiente para encontrar una solución para la falta de transparencia del sector ganadero brasileño.

Ermgassen reconoce que la industria ha hecho esfuerzos, pero afirma que “viene demorando para adoptar soluciones” y que actualmente se monitorea apenas “la punta del iceberg”.

Cattle in Livestock Farm in Brazil
Gran parte de la deforestación de la Amazonía está relacionada con el ganado. (Imagen: © Ricardo Funari / Greenpeace)

Una opción sería etiquetar los animales, un modelo empleado en el Uruguay y en la Unión Europea, pero que solamente se utiliza en un 2% del ganado brasileño. O, en su defecto, trazar el movimiento del ganado mediante la guía de tránsito animal (GTA), un documento que en Brasil es obligatorio.

JBS afirma que invierte en cuatro proyectos paralelos para hacer la trazabilidad de los proveedores indirectos, lo que incluye la utilización del GTA, y prevé una solución a mediano plazo.

Deforestación creciente

El ganado y la soja (alimento de la res), son los que ejercen mayor presión en las fronteras de la región del Cerrado y de la Amazonia. En 2019, la deforestación del Cerrado experimentó una leve desaceleración, mientras que la de la Amazonia fue récord. En la región, el 80% de las áreas deforestadas corresponden a pastizales.

Este año, la región de la Amazonia sigue sufriendo una acelerada destrucción, según datos del gobierno federal y de Imazon,  Las quemadas y el corte de árboles generalmente se dan en el período seco, a partir de mayo. Pero la curva ascendente comenzó más temprano.

“Es preocupante, porque en este primer trimestre de 2020, el ritmo viene en aumento, incluso en el período de lluvias”, comentó Carlos Souza. “Si la tendencia continúa, cerraremos el calendario con un aumento en relación al año anterior”.

En 2019, la cantidad de multas debido a deforestación ilegal fue la más baja en 15 años

La deforestación no solamente amenaza a bosques y al balance climático, sino también a la misma productividad agrícola brasileña. “La Amazonia es responsable por la mayor parte de las lluvias de la región productiva del sur de Brasil, mientras que varios ríos se originan en el Cerrado”, resalta Nathalie Walker, directora del sector de Bosques Tropicales y Agricultura de la ONG NWF.

La retórica antiambientalista del gobierno federal profundiza la crisis. En 2019, la cantidad de multas que aplicó el IBAMA, organismo público de protección ambiental, debido a deforestación ilegal fue la más baja en 15 años. Con el coronavirus, Souza afirma que la fiscalización ha disminuido todavía más.

Una de las principales acciones contra la devastación provocada por el ganado fue la firma de un acuerdo de ajuste de conducta, el TAC de la Carne, en 2009. En esa ocasión, varios frigoríficos de Brasil se comprometieron a no adquirir ganado de áreas deforestadas en forma ilegal.

Después de una década, el Ministerio Público Federal de Pará informó que ninguna empresa compradora de Amazonia está en condiciones de certificar que su ganado se encuentra libre de deforestación.

Trípode de la carne

En diciembre, 50 organizaciones alertaron sobre la escasa fiscalización que se realiza a los intermediarios de JBS y a los de la segunda gigante del sector, Marfrig, cuyas ganancias de 2019, a pesar de menores, también fueron impulsadas por la demanda china. Esta última empresa es la que posee la mayor cantidad de plantas habilitadas para exportar hacia China en América del Sur, con un total de 13.

Igual que JBS, Marfrig adoptó el método de fiscalización por satélite y contrata a DNV, que por séptimo año consecutivo no ha encontrado irregularidades en los proveedores de la multinacional. Marfrig viene solicitando, desde 2013, datos de vendedores indirectos a sus proveedores, pero la auditoría señala que estos “no son verificados en forma sistemática”. La mitad de las compras de ganado de Marfrig provendrían de intermediarios.

Minerva Foods, que también obtuvo ganancias a partir del mercado chino, es la tercera pata del trípode de la industria cárnica de Brasil. El trío de empresas es responsable por dos tercios de las exportaciones.

Gran parte de la carne vendida por JBS proviene del ganado en el Amazonas. (Imagen: © Ricardo Funari / Greenpeace)

Trase hizo una estimativa del riesgo de deforestación al cual se exponen las empresas exportadoras, que es evaluado tomando como base la región donde se cría el ganado. JBS posee un 36% del total del riesgo de deforestación de las exportaciones de carne vacuna, ya que una gran parte de estas proviene de la Amazonia. Marfrig y Minerva acumularon aproximadamente un 15% del total del riesgo.

Minerva monitorea a sus ocho mil proveedores directos de la Amazonia, pero también reconoce que existe un cuello de botella que dificulta la realización del seguimiento del total de la cadena. La empresa está evaluando implementar una herramienta de cruce de datos creada por la Universidad de Winsconsin y por NWF denominada Visipec.

Nathalie Walker dice que Visipec se encuentra disponible en forma gratuita para todos los frigoríficos brasileños. La plataforma realiza el seguimiento de proveedores indirectos de tres estados de la Amazonia Legal y se está expandiendo.

Riesgo chino

Los chinos consumen menos carne que los estadounidenses, que los europeos y que lo brasileños. Pero a partir del aumento que experimentaron sus ingresos el hábito viene cambiando, y la peste porcina de la Gran China aceleró la búsqueda de mercados en el exterior. De este modo, Brasil aumentó sus ventas a la región en un 53,2% en 2019.

El mercado brasileño todavía consume el 75% de la carne que produce, aunque está dando señales de retracción. Mientras tanto, el calentamiento de la demanda china alerta a los ambientalistas.

Trase concluyó que, en 2017, la producción que se enviaba a Hong Kong tenía relación con el 27% del riesgo de deforestación del total de exportaciones. El riesgo de China Continental constituía un 7%, pero viene aumentando.

En 2019, la región emitió permisos de exportación que beneficiaron a decenas de frigoríficos, entre los cuales por lo menos 14 están ubicados en la Amazonia Legal. Entre un 4,1 y un 6,5% del ganado que se cría en la Amazonia es exportado hacia China.

“Los datos provistos por Trase confirman que estos frigoríficos tienen un riesgo de deforestación mucho mayor al que tenían los que anteriormente abastecían a China Continental”, explicó Ermgassen.