Inversión china en el sector porcino despierta críticas en Argentina

Argentina busca duplicar su producción de carne de cerdo para exportar a China, lo que podría generar consecuencias ambientales y sanitarias

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China Argentina Pork

Argentina pasaría de ser un productor porcino minoritario a uno significativo a partir de la inversión china (imagen Flickr IAEA)

A pesar de cuestionamientos de organizaciones sociales y ambientales, Argentina espera concretar antes de noviembre un acuerdo con China para instalar 25 plantas productoras de carne de cerdo en el norte del país, lo que le permitiría duplicar sus exportaciones porcinas en seis años.

El proyecto significa una inversión de cerca de US$3.8 mil millones y generaría 50,000 empleos entre directos e indirectos, lo que el gobierno destaca considerando la economía en recesión de Argentina. La producción anual esperada sería de 900,000 toneladas, generando US$2.5 millones en exportaciones anuales.

900,000

toneladas de de cerdo se producirían por año por el proyecto

“Queremos aprovechar el maíz que producimos en el norte para que se transforme en carne de cerdo en ese mismo lugar. Serán establecimientos con frigoríficos y biodigestores, además de plantas de tratamiento de efluentes y desechos”, sostiene Jorge Neme, secretario de relaciones económicas internacionales en Cancillería.

Argentina es hoy un productor minoritario de carne de cerdo, destinando el 95% de 600,000 toneladas producidas por año al mercado doméstico. En lo que va del año exportó 18,000 toneladas, un 60% a China. Pero para el gobierno el potencial es mayor, en un país con amplias tierras y granos para alimentar al ganado.

La peste porcina africana (ASF, por sus siglas en inglés) redujo en un tercio la población de cerdos de China, una pérdida estimada en 20 millones de toneladas en 2019, e incrementó los precios de la carne. Como consecuencia, el país se ha volcado a mayores importaciones para suplir la demanda, especialmente de Brasil y México.

Los detalles del acuerdo

El acuerdo está actualmente en revisión, pero Argentina espera su firma en noviembre. El plan original era hacerlo antes, pero se decidió agregar a último momento un apartado donde se asegura la protección del ambiente. Luego de la firma se buscará un primer encuentro presencial en el marco de la Exposición Internacional de Importación en China.

Si bien todavía no fue oficializado, un borrador en inglés del acuerdo ya circula por redes sociales, difundido por organizaciones sociales y ambientales. El mismo resalta la relación cercana entre los dos países y asegura el “respeto por el ambiente y las legislaciones de protección de la naturaleza”.

Se prevé que la mayor parte de las inversiones sea de capitales chinos, pero con la inclusión de socios argentinos. Las plantas porcinas estarán en provincias como Chaco, Santiago del Estero, Catamarca, es decir, más allá de la región central del país, que hoy agrupa a casi el 70% de la producción porcina del país.

Argentina tiene actualmente 10 plantas para la faena con fines de exportación de carne de cerdo a China, siete de ellas habilitadas apenas en noviembre de 2019. A ellas se sumarían las 25 nuevas plantas a lo largo de un período de seis años, todas con China como destino exclusivo de exportación.

Se necesitan 6,000 litros de agua por cada kilo de cerdo. Así, exportamos carne, pero también agua

Lograr las más de 800,000 toneladas de carne porcina que busca el proyecto significaría incrementar el stock de animales en 10 millones y adicionar más de dos millones de toneladas de maíz y 750.000 de soja para la alimentación del ganado, de acuerdo a estimaciones de Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN).

“Será una producción exclusiva para China que no va a afectar el mercado interno y va a generar empleo y valor agregado”, sostiene Juan Uccelli, ingeniero y uno de los impulsores del acuerdo. “No vamos a deforestar para instalar las granjas y vamos a cuidar el ambiente, realizando estudios de factibilidad ambiental”.

Para sus promotores, el proyecto representa la oportunidad de generar trabajo genuino fuera de los grandes centros urbanos del país, afectados por mayores índices de desempleo. Del mismo modo, Argentina pasaría de venderle a China el maíz con las que alimenta animales a venderle directamente carne de cerdo de mayor valor.

Por su parte, China obtendría una producción de cerdo más económica. Hay granjas en Argentina que hoy producen a US$0.85 por kilo, mientras que en China el costo es de US$1.70, de acuerdo a estimaciones de Uccelli. Es por ello que incluso luego de desarrollar una vacuna contra la fiebre porcina todavía sería conveniente para China importar cerdo.

Más allá de eso, la enfermedad está todavía lejos de ser solucionada. El caso más reciente ocurrió el 24 de julio, cuando China detectó nuevamente ASF en la municipalidad de Chongqing. De un grupo de 24 cerdos que estaban siendo transportados, 4 estaban enfermos y uno muerto por la enfermedad.

Cuestionamientos en alza

Las críticas al proyecto de parte de organizaciones ambientales y sociales se incrementaron desde que el mismo salió a la luz a principios de año. El volumen de producción de carne de cerdo propuesto llevaría a un nivel de contaminación inédito en el agua y los suelos en las provincias argentinas, sostienen.

“Las granjas industriales son un peligro para la humanidad y concentran grandes focos de potenciales enfermedades y contaminación,” sostiene Soledad Barruti, periodista y una de las impulsoras de la campaña contra el acuerdo. “Se necesitan 6,000 litros de agua por cada kilo de cerdo. Así, exportamos carne, pero también agua.”

Barruti y las organizaciones involucradas comparan el proyecto con la introducción de la soja transgénica en Argentina en 1996, cultivo que hoy ocupa el 60% de la tierra cultivable del país. Su expansión llevó a un aumento de la deforestación, del uso de agroquímicos y de las emisiones de gases de efecto invernadero.

La intensificación de la producción porcina generaría similares resultados, aseguran. A ello se suma las condiciones de hacinamiento en las que viven los cerdos, el uso excesivo de medicamentos y la posibilidad de generar nuevas zoonosis, enfermedades transmitidas de animales a humanos.

“La instalación de estas granjas de cerdos en las provincias que más deforestaron durante las últimas décadas generará aún más presión sobre los bosques, ya que aumentará significativamente la demanda de maíz y soja para alimentarlos”, sostuvo Hernán Giardini, coordinador de la campaña de Bosques de Greenpeace Argentina.

La inversión en carne porcina de China duplicaría las emisiones de gases de efecto invernadero del sector porcino en Argentina de acuerdo a estimaciones de FARN. Además, demandaría unos 12.000 millones de litros de agua potable a lo largo de toda la producción, sin contabilizar el agua para la limpieza.

El acuerdo también es cuestionado por miembros de la cadena de producción porcina de Argentina, que reconocen que el plan de inversión excluye la participación de proveedores locales tanto de insumos como de los mismos animales. Eso significaría un golpe letal para la cadena de producción, sostienen.

“No aprovechar la inversión sería absurdo, pero aprovecharla mal sería suicida,” sostiene Alejandro Lamacchia, representante de productores porcinos pequeños y medianos de la provincia de Buenos Aires. “Nos podemos beneficiar del acuerdo o terminar perjudicando, todo depende de la letra chica”.