Clima

¿Por qué importa mantener la cumbre de cambio climático de 2019 en América Latina?

América Latina y el Caribe compiten por albergar la cumbre sobre clima de 2019

Varios países de América Latina y el Caribe compiten por albergar la cumbre de Naciones Unidas sobre clima de 2019. Esa es una buena noticia para la región y el mundo.

Albergar las negociaciones de la ONU sobre el cambio climático constituye un esfuerzo monumental. El presidente de la conferencia anual debe guiar a 195 países hacia un resultado exitoso mientras organiza una sede destinada a 20,000 personas durante dos semanas. La conferencia también puede ser de gran ayuda para la acción climática local, ya que los bancos, los inversionistas y las agencias de desarrollo se centran en la nación anfitriona.

La decisión de Brasil de abandonar su oferta de ser la sede anfitriona de la conferencia del 2019 (conocida como COP25) no tiene sentido y es desafortunada. El mes pasado, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, bajo la presión de la administración entrante, anunció que estaba rescindiendo su oferta de mantener las conversaciones sobre el clima de la ONU, aduciendo al precio de 100 millones de dólares que implica la organización de la conferencia y el período de transición en el cual presidente electo Jair Bolsonaro prepara su administración y políticas.

En el camino hacia el 2020, habrá una presión considerable pero también oportunidades, para el país que sea seleccionado como el anfitrión de las conversaciones del 2019. En la actualidad, cinco países de América Latina y el Caribe (Barbados, Chile, Costa Rica, Guatemala y Jamaica) han expresado su voluntad de asumir los desafíos y beneficios de la conferencia del 2019. Su disposición refleja el deseo a largo plazo de construir sobre el liderazgo de la región en las negociaciones sobre el clima de la ONU, que contribuyó a asegurar el Acuerdo de París, y utilizar la conferencia para ayudar al aceleramiento de la acción climática a nivel nacional y regional.

La pérdida de Brasil podría convertirse en una victoria tanto para una nueva nación anfitriona como para el mundo en general. Si bien en algunas ocasiones, Brasil ha sido un país líder en el cambio climático -desempeñó un papel clave en el diseño del Protocolo de Kioto y el Acuerdo de París, y realizó importantes esfuerzos para reducir la deforestación desde el 2005 al 2012- igualmente el mundo puede hacerlo sin que el gobierno de Bolsonaro organice una conferencia sobre el clima.

Durante la campaña presidencial, Bolsonaro amenazó con abandonar el Acuerdo de París y se comprometió a abrir las selvas tropicales del Amazonas a madereros, ganaderos y al agronegocio, incluso cuando las cifras oficiales evidencian que la deforestación está aumentando rápidamente debido a la falta de cumplimiento de las medidas de protección forestal. Ernesto Araújo, elegido por el presidente electo como Ministro de Relaciones Exteriores, dijo que considera que el cambio climático es parte de un complot de “marxistas culturales” para sabotear la economía y reivindica que la ciencia del clima es simplemente un “dogma”.

El momento en el cual Bolsonaro toma la decisión de abandonar la COP25 es significativo. Las conversaciones sobre el clima de la ONU de 2018, actualmente en curso en Polonia, se encuentran en un momento frágil y que probablemente continuará hasta el 2019. El progreso en la definición del reglamento del Acuerdo de París este año y el próximo determinará si el acuerdo puede ser exitosamente puesto en marcha. Negociadores y ministros en Polonia necesitan trabajar ahora sin descanso para terminar esa guía y obtener un fuerte apoyo de las presidencias de la COP para establecer el plan de acción.

Mientras tanto, los países están revisando el progreso en sus esfuerzos nacionales de reducción de emisiones, como parte de un proceso para elevar el nivel de ambición para el 2020. Este proceso se desarrolla en el contexto de dos advertencias severas. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) afirma que las reducciones de emisiones rápidas y profundas deben ocurrir antes del 2030, si el mundo quiere evitar el calentamiento global de 1.5 grados centígrados. Al mismo tiempo, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente asegura que, bajo el actual grupo de países comprometidos, el mundo verá un calentamiento de alrededor de 3 grados centígrados para 2100.

Todavía es posible lograr el objetivo de 1.5. Tenemos los conocimientos técnicos, la tecnología y las finanzas, pero debemos superar rápidamente los obstáculos políticos, entre ellos el escepticismo y la negación del clima, a menudo financiados por la industria de los combustibles fósiles y sus aliados en el gobierno, los medios y los centros de opinión.

Esta es la razón por la cual la elección del próximo anfitrión de la COP es una decisión crítica. Es el turno de la región, razón por la cual las discusiones mantenidas por diplomáticos del Grupo de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe (Grulac) en Katowice y Nueva York están en plena marcha.

La semana pasada, el presidente de Costa Rica, Carlos Alvarado, anunció el entusiasmo de su país por convertirse en el anfitrión. El mismo interés expresó el gobierno de Guatemala. Chile, Jamaica y Barbados también están considerando lanzar sus candidaturas. Las discusiones en Grulac para seleccionar a un candidato deberán finalizar antes de la conclusión de la conferencia en Katowice, para que otros países puedan designar formalmente al próximo presidente de la COP.

La lección de la candidatura de Brasil sugiere que estas discusiones serán complicadas. Venezuela inicialmente se opuso a la oferta brasileña (y luego se hizo a un lado) debido a la participación de Brasil en el Grupo de Lima junto con Costa Rica, Chile, Perú, México y otros. Esto ha conducido a una parálisis regional debido a que el Grupo de Lima y Venezuela y sus aliados se enfrentaron por todos nombramientos y nominaciones de los estados de la región. Esta vez podría ser aún más difícil dado el deterioro de la situación en Nicaragua.

A pesar de estas divisiones y dificultades regionales, es crucial que los países de América Latina y el Caribe acuerden un candidato. Los casos recientes de un país anfitrión de América Latina o el Caribe —México en el 2010 y Perú en el 2014— demuestran el potencial de la región para promover las conversaciones sobre el clima de la ONU. En ambos casos, estos países actuaron como un puente entre los países en desarrollo y los desarrollados, un papel que ayudó a avanzar significativamente las conversaciones.

Alojar una COP también puede impulsar la agenda nacional del clima. La COP mexicana ayudó a alentar a los legisladores a aprobar la Ley General sobre el Cambio Climático, que se está utilizando para inspirar leyes similares en toda la región. Las naciones anfitrionas también pueden capitalizar el enfoque adicional de los bancos, inversionistas y agencias de desarrollo para impulsar los sectores bajos en carbono, como los sistemas de metro y proyectos de energía limpia, que crean empleos y atraen inversiones.

Fracasar en el respaldo a un candidato en Katowice probablemente conduciría a uno de dos escenarios: una decisión pospuesta, lo que dejaría poco tiempo para que el presidente de la COP25 pueda coordinar con la presidencia polaca a principios del 2019 y prepare una conferencia muy técnica y diplomáticamente desafiante a finales de ese mismo año; o culmine en un acuerdo para intercambiar turnos con otra región, lo que conlleva el riesgo de perder las oportunidades que puede brindar una COP para la acción climática y el liderazgo en el área.

A medida que nos acercamos a la fecha límite del 2020 para presentar planes climáticos nacionales más ambiciosos, necesitamos un presidente de la COP que pueda demostrar un fuerte compromiso con la implementación del Acuerdo de París, respaldado por el objetivo de 1.5 grados, e invertir el capital político suficiente para alentar la unidad global sobre la acción climática. Este esfuerzo debe ir acompañado por una exhibición de los beneficios de la acción climática en el terreno. Varios países de América Latina y el Caribe están bien posicionados para hacerlo.

Para promover las conversaciones sobre el clima de la ONU, cumplir con los objetivos de París e impulsar la acción nacional y regional, es imperativo que el Grulac tome una decisión rápidamente. Los beneficios potenciales para la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y la región son considerables.

Guy Edwards es codirector del Laboratorio sobre Clima y Desarrollo de la Universidad de Brown. Isabel Cavelier es codirectora de Transforma y asesora de Mission 2020. Esta columna apareció originalmente en The Global Americans.