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¿Se beneficiará China con la salida de Estados Unidos de América Latina?

El país asiático deberá ocupar el lugar dejado por EE.UU.
<p>Una protesta contra Trump en Ciudad de México (imagen: <a href="https://www.flickr.com/photos/127787973@N06/32393209236" target="_blank" rel="noopener">Adrian Martinez </a>)</p>

Una protesta contra Trump en Ciudad de México (imagen: Adrian Martinez )

Los latinoamericanos no pueden esperar cuatro años para ver cuándo Estados Unidos estará dispuesto a tener una conversación honesta y recíproca sobre la prosperidad económica en el Hemisferio Occidental. Afortunadamente, para los vecinos del sur de los Estados Unidos, en la última década América Latina ha encontrado un nuevo socio comercial importante: China. Cuando los lazos económicos con los Estados Unidos son más inciertos que nunca, América Latina haría bien en solidificar esos vínculos con China, pero con cautela.

En el 2016, las economías latinoamericanas se contrajeron por segundo año consecutivo y se prevé que crecerán a poco más del 1% en 2017, salvo grandes sorpresas. Además, el sector privado internacional está retrocediendo en la región a un ritmo alarmante, con flujos netos de capital negativos hacia América Latina por primera vez desde 1998.

Tradicionalmente, en tiempos de turbulencia, la región buscaba ayuda en los Estados Unidos para la inversión y financiamiento – ya sea a través del  financiamiento de instituciones respaldadas por Washington como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, o mediante negociaciones comerciales e inversiones.

Hoy, sin embargo, nadie parece tener ninguna certeza después de la elección de Donald Trump. Todavía es demasiado pronto para ver cuáles serán las políticas del presidente hacia los bancos de desarrollo, pero si sabemos que previamente los préstamos a la región han estado cayendo por parte de las instituciones tradicionales respaldadas por los Estados Unidos.

Y por supuesto, también sabemos que el Presidente Trump no perdió tiempo en  retirarse de la Asociación Transpacífica (TPP) y anunció planes para volver a negociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA).

Muchos latinoamericanos recibirían con beneplácito la oportunidad de renegociar el TPP y el NAFTA, si ese esfuerzo se realizara en igualdad de condiciones y con buena fe. Los negociadores chilenos sintieron que no obtuvieron un gran acuerdo con el TPP. En particular, las disposiciones que fuerzan al país a desregular sus mercados financieros y sus leyes de propiedad intelectual habrían dado a las grandes firmas estadounidenses un campo abierto para hacer negocios en el país con poca competencia o interferencia gubernamental.

En cuanto al NAFTA, el acuerdo comercial de 1994 ayudó a incrementar siete veces las exportaciones mexicanas a los Estados Unidos, y la inversión extranjera directa aumentó cuatro veces a los niveles previos al NAFTA. Sin embargo y a pesar de este nivel de comercio e inversión, el crecimiento promedio del PIB de México se mantuvo en el 15% en términos per cápita después del NAFTA, y el país perdió al menos dos millones de empleos agrícolas, debido a que las importaciones baratas de maíz y otras commodities inundaron México a causa del NAFTA.

Pero, por supuesto, los países de la región se encuentran comprensiblemente temerosos a la hora de negociar cualquier cosa con un gobierno que los ha denigrado y ha calificado a sus ciudadanos de «malos hombres» o mucho peor.

Con respecto a China, pocos días después de las elecciones publicó un nuevo Libro Blanco llamando América Latina y el Caribe una «tierra de vitalidad y esperanza». El plan promete implementar los compromisos anteriores sobre comercio e inversión, pero sin las restricciones estadounidenses en términos de desregulación y convocatoria.

China ha prometido incrementar el comercio con la región en 500.000 millones de dólares y la inversión extranjera a 250.000 millones de dólares para el 2025. Y para demostrarlo, los dos bancos de desarrollo de China, el Banco de Desarrollo de China y el Banco de Exportación e Importación de China, ahora proveen de forma anual el mayor nivel de financiamiento para el desarrollo de América Latina y representa la combinación del Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y la Corporación Andina de Fomento (CAF).

Además de los préstamos bilaterales, China también dispuso 35.000 millones de dólares en plataformas financieras multilaterales para América Latina. Los 20.000 millones de dólares del Fondo de Inversión para la Cooperación Industrial China-ALC y el Fondo de Infraestructura China-América Latina constituyen dos nuevos organismos de financiación establecidos en 2015 y China aportó otros 5 mil millones de dólares al Fondo de Cooperación China-América Latina, establecido en el 2014.

Y la semana pasada, cuando el presidente Trump intimidaba a México en un intento por el pago del muro entre ambos países, China se convirtió en un negociador clave con México. El 2 de febrero, México anunció que motores JAC (un fabricante de automóviles chino) instalará una planta de 212 millones de dólares en Hidalgo que podría crear unos 5.500 puestos de trabajo en México.

A diferencia del fin del siglo XX, hoy los latinoamericanos tienen otra opción en China. Dicho esto, América Latina tendrá que estar a la altura de las circunstancias. Mientras que el comercio y las inversiones chinas en la región ayudaron a estimular el crecimiento económico de 2003 a 2013, también acentuaron la desindustrialización de muchas de las economías de la región a través de la importación de bienes manufacturados chinos más baratos. Además, el apetito de China por el petróleo y los minerales latinoamericanos aumentó la degradación ambiental y los conflictos sociales en toda la región.

América Latina cuenta con una serie de instituciones regionales sólidas en el CAF – Banco Latinoamericano de Desarrollo y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe que podrían trabajar con la  Comunidad de los Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que se encuentra en una posición más débil, para asegurar así que el plan de compromiso con China para la región genere un nivel de crecimiento a largo plazo de una manera ambientalmente sostenible y socialmente inclusiva.

Desafortunadamente, a menos que haya una corrección de rumbo en la política estadounidense, parece ser que por lo menos durante un tiempo – les corresponderá a los propios gobiernos latinoamericanos establecer una relación más constructiva con un gobierno chino que parece más que dispuesto a llenar el vacío potencialmente abandonado por los Estados Unidos.

Ese artículo se publicó originalmente en Latin America Goes Global