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Cobre, pragmatismo y ambiente: la historia de las relaciones Chile-China

Chile fue el primer país sudamericano en estrechar lazos con China. Ahora, la relación está entrando en una nueva fase de cooperación e inversión ecológicas
<p>Inauguración de un centro de investigación agrícola chileno-chino cerca de Santiago de Chile en 2017. Esta iniciativa conjunta busca desarrollar técnicas de mejora genética y prevención de plagas en verduras y frutas (Imagen: <a href="https://flic.kr/p/XJmd3Z">Claudio Aguilera</a> / <a href="https://www.flickr.com/people/minagri/">Ministerio de Agricultura de Chile</a>, <a href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc/2.0/">CC BY-NC</a>)</p>

Inauguración de un centro de investigación agrícola chileno-chino cerca de Santiago de Chile en 2017. Esta iniciativa conjunta busca desarrollar técnicas de mejora genética y prevención de plagas en verduras y frutas (Imagen: Claudio Aguilera / Ministerio de Agricultura de ChileCC BY-NC)

Hace más de 50 años se establecieron las relaciones diplomáticas entre China y Chile, uniendo a dos países separados por casi 20.000 kilómetros de océano. Chile fue la primera nación sudamericana en alcanzar objetivos clave en las relaciones con China, y el líder chino Xi Jinping ha hablado sobre su “relación especial“. Ahora, ambos países están entrando en una nueva fase de cooperación e inversión ecológicas que parece que los acercará aún más.

De 1970 a 2001: inicios culturales

En 1952, el muralista chileno José Venturelli viajó a China para asistir a una conferencia. Se enamoró del país, al que regresó en numerosas ocasiones, y donde murió en Beijing en 1988. Socialista convencido y partidario de Mao Zedong, habría trabajado como diplomático informal de China en América Latina y en la promoción del maoísmo en la región durante los años cincuenta y principios de los sesenta. Con la esperanza de consolidar los intercambios entre ambas naciones, Venturelli cofundó en los años 50 el Instituto Cultural Chileno-Chino de Santiago, junto con el poeta Pablo Neruda y el futuro presidente socialista del país, Salvador Allende (1970-1973).

Fue bajo el liderazgo de Allende cuando Chile se convirtió en el primer país sudamericano en reconocer y establecer relaciones diplomáticas con la República Popular China, el 15 de diciembre de 1970. Un año más tarde, en la 26ª Asamblea General de las Naciones Unidas, celebrada en Nueva York, Chile exigió la “restitución de los legítimos derechos de la RPC”, respaldando la exitosa readmisión de China en la ONU.

“La primera fase de la relación Chile-China estuvo marcada por los lazos culturales, pero también hubo intercambio de favores diplomáticos”, explicó Andrés Bórquez, coordinador del programa de estudios asiáticos del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile. “La dictadura de Pinochet acabó con todo eso con su fuerte discurso anticomunista, pero paradójicamente ni Chile ni Beijing cortaron lazos, conscientes de la importancia de la relación”.

Imagen en escala de grises del pintor chileno José Venturelli, su esposa Delia Baraona y Mao Zedong conversando
El pintor chileno José Venturelli (centro) y su esposa Delia Baraona (izquierda) reunidos con Mao Zedong en Beijing en 1951. Durante su carrera, Venturelli habría trabajado como diplomático informal de China en América Latina, al parecer promoviendo la cultura china y el maoísmo (Imagen: Eva Siao / Archivo de la Fundación José Venturelli)

Cuando Chile sufrió su sangrienta ruptura democrática, tras el golpe de estado del general Augusto Pinochet en 1973 que derrocó al gobierno de Allende, y su gobierno dictatorial que duró hasta 1990, las relaciones sobrevivieron a pesar de las ideologías opuestas con el entonces líder chino Deng Xiaoping (1978 – 1989). Los lazos comerciales con Chile comenzaron a forjarse cuando Deng trató de modernizar la economía china, con una creciente demanda de materiales como el cobre.

Desde el punto de vista diplomático, Chile se mantuvo firme tras la política de “una sola China” y recibió a cambio apoyo para su reivindicación antártica, correspondido en 1984 cuando le permitió a China construir su estación de investigación de la Gran Muralla en una porción de la península antártica reclamada por Chile.

Los 2000: materias primas y libre comercio

En diciembre de 2001, Chile apoyó abiertamente la adhesión de China a la Organización Mundial del Comercio y se convirtió en el primer país latinoamericano en hacerlo. Además, reconoció expresamente a la RPC como “economía de mercado” durante la visita en 2004 del secretario general del Partido Comunista Chino, Hu Jintao, a la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) celebrada en Santiago.

Este enfoque dio sus frutos. En 2005, Chile se convirtió en el primer país en firmar un acuerdo de libre comercio con la República Popular China. Sólo la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) lo había hecho con anterioridad, ya que sus países firmaron un acuerdo como bloque en 2002. El TLC entró en vigor en 2006, lo que permitió a Chile aprovechar al máximo la pujante demanda asiática de materias primas, especialmente cobre, y aprovechar el TLC con Corea del Sur firmado en 2003, así como el saludable comercio con Japón.

57.200 millones de dólares

El valor total del comercio entre China y Chile en 2023, según el Ministerio de Asuntos Exteriores de Chile. De esta cifra, 37.400 millones de dólares corresponden a exportaciones de Chile, lo que lo convierte en uno de los pocos países de América Latina con superávit comercial con China.

En 2005, China fue el tercer mayor mercado de exportación de Chile: el país sudamericano exportó mercancías a través del Océano Pacífico por un total de más de 4.800 millones de dólares. El comercio total entre ambos países ese año fue de 8.000 millones de dólares. En 2010, había aumentado a más de 27.200 millones de dólares. En 2023, alcanzó los 57.200 millones de dólares, según datos del Ministerio de Asuntos Exteriores chileno. En 2009, con el comercio como eje indiscutible de la relación binacional, China se convirtió en el principal socio económico de Chile.

“El mercado chino es crítico para Chile, lo que fomenta una cierta dinámica de dependencia que es evidente en toda la región, pero es particularmente pronunciada en Chile”, dijo Margaret Myers, directora del Programa Asia y América Latina de la organización Inter-American Dialogue.

La dependencia de Chile de China se ha manifestado a través de sus relaciones comerciales y más allá. En 2022, China fue el destino del 39,4% de las exportaciones chilenas, incluido alrededor del 70% de todas sus exportaciones de cobre. Las exportaciones agrícolas y de productos del mar de Chile a China también han aumentado constantemente en los últimos años. Más recientemente, la profundización de los lazos en los sectores de la energía y la tecnología ha generado preocupación por la mayor independencia de Chile de su principal socio comercial, e incluso el presidente Gabriel Boric ha expresado cautela sobre los posibles riesgos de dicha dependencia.

Para Guo Cunhai, coordinador del Centro de Estudios sobre China y América Latina, con sede en Beijing, “el pragmatismo es la piedra angular” de las relaciones China-Chile. “El presidente Xi Jinping dijo que la relación China-Chile es precursora de las relaciones China-América Latina y un modelo de cooperación Sur-Sur”.

La década de 2010: más comercio, inversiones y Covid

Las relaciones comerciales pragmáticas entre los dos países han estado a menudo acompañadas por una ofensiva diplomática. Todos los presidentes chilenos desde 1990 han visitado China al menos una vez. Entre 2015 y 2019, el ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, visitó Chile en cuatro ocasiones. Chile es el único país de América Latina cuyos presidentes han participado en las tres cumbres de la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, tras su adhesión en 2018.

Xi Jinping y la ex Presidenta de Chile Michelle Bachelet en una alfombra roja al pie de una escalera
El líder chino Xi Jinping y la expresidenta chilena Michelle Bachelet en una ceremonia durante su visita a Beijing en 2017. Durante su mandato, Bachelet se esforzó por atraer más inversiones extranjeras a Chile, especialmente de China (Imagen: Wang Ye / Alamy)

“El comercio ha sido el motor de esta relación”, dijo Jorge Heine, embajador de Chile en Beijing entre 2014 y 2017. “Ningún país [de América Latina] envía una mayor proporción de sus exportaciones a China, pero lo que se había rezagado era la inversión china en Chile”.

Cuando Heine fue enviado a Beijing en 2014, la presidenta chilena Michelle Bachelet le encomendó la tarea prioritaria de aumentar la inversión extranjera directa. Mientras que las empresas chinas invertían decenas de miles de millones de dólares en Brasil, Perú, Ecuador y Argentina, Chile apenas podía presumir de sus esfuerzos.

“A principios de la década de 2010, Chile estaba entre los 15 principales destinos de inversión extranjera directa del mundo, pero se planteaba por qué no atraía inversión china”, explicó Ignacio Tornero, que trabaja con empresas chinas y chilenas a través de su consultora East Consulting. “Una de las razones era que no había mucha experiencia en China en inversiones en el extranjero: estaban acostumbrados a tratar de gobierno a gobierno, pero empezaron a darse cuenta de que enviar representantes más jóvenes para que resolvieran el panorama normativo local era clave para hacer negocios en Chile”.

La mayoría de los expertos destacan la incansable labor del organismo comercial chileno ProChile en China para promover las inversiones y establecer vínculos entre las empresas de ambos lados del Océano Pacífico.

Pronto empezaron a llegar grandes negocios. Según un informe publicado por Diálogo Interamericano en enero, Chile no figuraba entre los 10 principales destinos de la inversión china hasta hace 10 años, cuando llegó al final de la lista. Desde 2018, ha sido el primer destino en América Latina y el Caribe para la inversión extranjera directa china, con más del 90% de estas inversiones en los sectores de minería y energía en la actualidad.

En 2016, la Corporación Estatal China de Inversión en Energía compró la empresa de energía Pacific Hydro, anteriormente de propiedad australiana, con sus 1.000 millones de dólares en activos en Chile, y en 2018, Tianqi Lithium compró el 24% de SQM, el principal productor de litio de Chile, a un accionista canadiense por 4.000 millones de dólares.

Este último acuerdo agitó las aguas. Las autoridades chilenas retrasaron el acuerdo por temor a que las conversaciones a puertas cerradas pudieran provocar pérdidas de ingresos fiscales. El embajador chino Xu Bu lanzó una advertencia y comentó que esto podría afectar a la relación de Chile con China; incluso fue llamado a Beijing en respuesta. Finalmente se acordó que los empleados de Tianqi no formarían parte del consejo de administración de SQM ni tendrían acceso a información sensible.

Xu Bu, ex embajador chino en Chile, frente a un micrófono
Xu Bu, ex embajador chino en Santiago, en una reunión de la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso de Chile en 2018. Dos años después, un grupo de diputados presentó un proyecto de ley para exigir la aprobación de dos tercios del parlamento para cualquier proyecto propuesto por empresas estatales extranjeras, por el temor de que China estuviera “comprando Chile” (Imagen: Cámara de Diputadas y Diputados de Chile / FlickrCC BY-NC-ND)

Desde el retorno de Chile a la democracia en 1990, “ha habido un principio fundacional de no discriminación en función de las nacionalidades de las empresas en Chile, junto con una reticencia a tomar decisiones políticamente motivadas”, dijo Zara Albright, doctoranda que estudia las relaciones Chile-China en la Universidad de Boston.

Sin embargo, en 2020, miembros del parlamento chileno de todo el espectro político advirtieron ominosamente que China estaba “comprando Chile”. Un proyecto de ley presentado al Congreso por una comisión de asuntos económicos habría requerido dos tercios del Parlamento para aprobar cualquier proyecto de inversión extranjera por parte de empresas estatales, pero nunca avanzó en la legislatura.

Bórquez afirma que aún no existe un consenso político sobre el aumento de la inversión china en Chile, ya que algunos sectores piden que se examinen las posibles inversiones para evitar el dominio de sectores clave, mientras que otros prefieren que se respete la historia chilena de no discriminación.

Chile ha tenido una relación muy fuerte con Estados Unidos y China y, hasta ahora, ha conseguido equilibrar eso muy bien
Jorge Heine, ex embajador de Chile en Beijing

También surgieron otros temores en el norte. En medio de una campaña estadounidense para excluir al gigante de las telecomunicaciones Huawei de los proyectos tecnológicos mundiales, un plan para conectar la ciudad chilena de Valparaíso y Shanghái mediante un cable submarino de fibra óptica fue archivado después de que el entonces secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, visitara Chile en abril de 2019 para expresar su preocupación. El ex presidente Sebastián Piñera incluso había visitado Shenzhen, el centro tecnológico de China, en 2019 para buscar acuerdos similares.

“Tradicionalmente, Chile ha tenido una relación muy fuerte con Estados Unidos y China”, explicó Heine. “Hasta ahora, Chile ha conseguido equilibrar eso muy bien, y no veo ninguna razón por la que no pueda seguir haciéndolo en el futuro”.

La década de 2010 llegó a su fin con la pandemia de Covid-19, durante la cual Chile dependió en gran medida de China para el suministro de mascarillas, respiradores y equipos de protección personal. Se aseguró el acceso temprano a las vacunas producidas por el laboratorio chino Sinovac Biotech, mucho antes de que estuvieran disponibles en otros lugares, lo que ayudó al país a alcanzar la quinta tasa de vacunación más alta del mundo.

Actualidad y a futuro: ¿Socios verdes?

Tras cumplir 50 años de relaciones diplomáticas en 2020, Chile y China inician una nueva etapa en su relación. La expansión de las infraestructuras de energías renovables, el hidrógeno verde y la minería del litio ofrecen nuevas áreas de colaboración, comercio e inversión.

Cuando el presidente Gabriel Boric visitó China en octubre del año pasado, se estableció una hoja de ruta para la relación. Su ministro de Asuntos Exteriores, Alberto van Klaveren, firmó 13 acuerdos para ampliar la relación bilateral, modernizando los lazos con un memorando de entendimiento en el que se hablaba de desarrollo sostenible y promesas de energía verde.

“Chile tiene enormes ventajas en el desarrollo de la energía solar, eólica y del hidrógeno, mientras que China es líder mundial en tecnología de energías limpias: ambas partes tienen un gran potencial de cooperación en el desarrollo ecológico”, declaró Guo Cunhai.

Grupo de personas trajeadas de pie detrás de un atril en una plaza al aire libre
El presidente chileno Gabriel Boric y sus ministros realizan declaraciones oficiales durante su visita a Beijing en octubre de 2023. Los dos gobiernos firmaron 13 acuerdos bilaterales, incluidos compromisos en materia de energía verde y un memorando de entendimiento sobre desarrollo sostenible (Imagen: Ministerio de Obras Públicas de Chile / Flickr, CC BY-NC-SA)

Chile cuenta con abundantes recursos energéticos renovables a un precio muy competitivo, lo que lo convierte en un lugar ideal para la producción de hidrógeno verde, tecnología que China está desarrollando activamente. La capacidad solar instalada de Chile se ha más que triplicado desde 2018, alcanzando más de 9 gigavatios a finales de 2023, mientras que la capacidad de energía eólica alcanzó los 4,8 gigavatios.

“Hay expectativas de que la Unión Europea pueda ser un actor importante en el futuro con Chile en el hidrógeno verde, pero China también está muy interesada en los avances en ese espacio”, dijo Rebecca Ray, investigadora académica senior de la Iniciativa Global China en el Centro de Políticas de Desarrollo Global de la Universidad de Boston. “Puede que la postura de Chile en torno al pragmatismo y la no discriminación juegue a su favor, pero sin duda existe una complementariedad natural entre las ambiciones de China y Chile en el espacio de la transformación verde.”

Chile tiene ambiciosos planes en infraestructuras sostenibles, incluida la ampliación de puertos, aeropuertos y trenes, mientras que China posee una vasta experiencia en la construcción y financiación de este tipo de proyectos.

La tecnología de transmisión de ultra alta tensión de las empresas eléctricas chinas ―líneas eléctricas que mantienen la tensión a largas distancias― podría ser crucial para que Chile transporte la energía generada en el desierto de Atacama, en el norte del país, zona con un potencial de energía solar líder en el mundo, a los centros de población situados más al sur. En 2020 se firmó un acuerdo entre la mayor compañía eléctrica del mundo, la china State Grid-SGID, y la empresa CGE, principal distribuidora de energía de Chile, por 3.000 millones de dólares. En 2023, el 57% de la red nacional de Chile era de propiedad china.

Otras tecnologías verdes y minerales son vitales para que la relación avance. Dado que Chile alberga alrededor del 44% de los yacimientos de litio conocidos en el mundo ―material fundamental para la tecnología de las baterías, cuyas cadenas de suministro dominan las empresas chinas―, las empresas han puesto sus ojos en las salinas del norte del país.

En enero de 2022, el fabricante chino de vehículos y baterías BYD ganó una de las cinco licitaciones de explotación de litio en Chile, y afirmó que quiere fabricar baterías eléctricas en el país, un paso crucial ya que el país sudamericano busca añadir valor a sus exportaciones. Tianqi, por su parte, está presionando para aumentar su participación en SQM.

China también ha contribuido notablemente a los esfuerzos por ecologizar el sector del transporte en Chile. Santiago tiene la mayor flota de autobuses eléctricos de todas las ciudades fuera de China, con vehículos cargados con baterías de litio suministrados por las empresas chinas BYD, King Long y Yutong. La electromovilidad sigue siendo un foco de atención tanto para los esfuerzos chilenos en materia de energía verde como para las exportaciones chinas.

Los diplomáticos y empresarios chinos, dijo Myers, “han trabajado duro para promover la inversión china en determinados sectores en Chile, y eso incluye la transición energética. China debe invertir en estos sectores para ser competitiva en el futuro”. Además, opinó sobre porqué el país sudamericano es tan importante para China: “Chile es receptor del comercio y la inversión en estos sectores relacionados con la alta tecnología y la innovación, por un lado, y por otro es una parte clave de la cadena de suministro que los alimentará. Esa es otra razón por la que hemos visto este auge de interés”.

Chile ha firmado más acuerdos de cooperación con China que ningún otro país sudamericano. Para atenuar los temores de dependencia, también intenta diversificar sus socios exportadores con un nuevo TLC con Indonesia y la UE, y tiene un acuerdo comercial preferencial con India, en vigor desde 2007.

“Mi sensación es que la relación se va a profundizar en cuanto a la inversión china en sectores como la electromovilidad y las infraestructuras, sobre todo a través de licitaciones públicas”, dijo Bórquez.

Se avecinan nuevos proyectos de infraestructuras en colaboración en esta línea. Entre las licitaciones recientes ganadas por contratistas chinos figuran dos tramos de la autopista Ruta 5, una nueva línea de metro para Santiago, y un hospital en la ciudad norteña de Coquimbo.

“Para Chile, el principal desafío es cómo añadir más valor al cobre y al litio que envía a China”, afirmó Heine. “Si eso ocurre, sería un verdadero cambio en el juego”.