Energía

Un incendio arrasa un icónico proyecto petrolero entre Venezuela y China

La tragedia del proyecto de extracción de petróleo muestra el declive de una relación económica problemática
<p>El presidente de Sinovensa, Alberto Bockh, y el vicepresidnete para América de CNPC, Chen Jintao, inspeccionan la planta Jose de Sinovensa. Foto: <a href="http://www.pdvsa.com/index.php?option=com_content&amp;view=article&amp;id=9225:alianza-china-venezuela-apunta-a-incrementar-la-produccion-de-hidrocarburos-de-petrolera-sinovensa&amp;catid=10:noticias&amp;Itemid=5&amp;lang=es">PDVSA</a>.</p>

El presidente de Sinovensa, Alberto Bockh, y el vicepresidnete para América de CNPC, Chen Jintao, inspeccionan la planta Jose de Sinovensa. Foto: PDVSA.

En la madrugada del domingo 26 de abril, en plena cuarentena por el Covid-19, inició un gigantesco incendio que consumió por varios días los tanques y tuberías de Complejo Operacional Morichal, en plena Faja Petrolífera del Orinoco, en el sur oriente de Venezuela. Allí opera desde hace 13 años la empresa mixta Sinovensa, con capital chino y venezolano.

Para que esa chispa de soldadura cayendo sobre áreas verdes se convirtiera en un incendio forestal “de proporciones inimaginables”, como lo calificó Eudis Girot, director ejecutivo de la Federación Unitaria de Trabajadores Petroleros, se conjugaron varios factores: la falta de mantenimiento de los pastizales aledaños, los pocos recursos que tenían los bomberos de la planta y los frecuentes derrames de crudo en los alrededores que nunca fueron limpiados, dijeron media docena de trabajadores petroleros a Reuters.

Todos ellos son evidencia de la decadencia de uno de los proyectos de inversión más emblemáticos del gobierno venezolano, desde el gobierno de Hugo Chávez primero y luego el de su sucesor Nicolás Maduro, y de las expectativas puestas sobre su relación económica con China.

Sinovensa: parte del inicio del sueño petrolero de Venezuela con China

Durante los primeros años de su gobierno, en sus largas giras por Europa y Asia a finales de los años noventa en busca de nuevos inversores y de diversificar las relaciones comerciales de Venezuela, Chávez promocionaba la orimulsión, una tecnología local que permitía convertir el petróleo ultrapesado en un combustible ideal para las plantas termoeléctricas a un precio más bajo que el del carbón.

Este acercamiento llevó a la firma de los primeros acuerdos petroleros con China en 1999 y a una serie de promesas de crecimiento económico. En la primera visita de Chávez a Beijing se firmó un memorando para crear un comité mixto de energía, un tratado para la protección de inversiones, se dio el primer crédito para exportaciones del Banco de Desarrollo de China y un acuerdo para construir viviendas.

Dos décadas después, la mayoría de esos proyectos no se terminaron o nunca iniciaron. La única excepción parecía ser Sinovensa, considerada como una de las “empresas salvadoras” por producir hoy unos 105 mil barriles de petróleo al día, en medio de una muy mermada producción venezolana que en abril apenas rayó los 700 mil barriles diarios. Es decir, de ella depende una séptima parte de la producción petrolera del país.

Ese epíteto de empresa salvadora viene del reportaje “Ni los chinos pudieron con la (mala) gestión petrolera del chavismo” publicado el 26 de abril por la organización anticorrupción Transparencia Venezuela, que hace un repaso de los acuerdos entre China y Venezuela que naufragaron en un abismo de corrupción. Solo había, para Transparencia, un par de excepciones: Petroboscán en el estado de Zulia y Sinovensa.

A clapped out truck at Sinovensa's Jose plant, in Venezuela
Camiones en la planta de Jose de Sinovensa en mal estado. (Imagen: Irwing Morillo)

La promesa de la orimulsión

Todo empezó mezclando petróleo y agua. La empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) estableció la empresa Bitúmenes del Orinoco (BITOR) en 1988 para la producción de orimulsión, una tecnología que lograba una mezcla carburante a partir de 70% de petróleo y 30% de agua.

Venezuela vendía este combustible que se obtenía de la Faja Petrolífera del Orinoco, ubicada al norte del caudaloso río, para plantas eléctricas a Japón, Canadá e Italia. Los ingenieros y científicos venezolanos consideraban este invento como la joya de la corona petrolera del país.

Con la llegada de los primeros acuerdos firmados por Chávez con China, se fundó en 2001 Orifuels Sinoven, un joint venture entre BITOR, la estatal China National Petroleum Corporation (CNPC) y su filial Petrochina Fuel. La empresa obtuvo un área de 11 kilómetros cuadrados para perforar 75 pozos que permitirían sacar 90 mil barriles de crudo al día en el Campo Morichal. Mediante un oriducto de 330 kilómetros, llegaría hasta el Complejo Industrial Petroquímico José Antonio Anzoátegui (Jose) en el oriente de Venezuela, para su transporte a China.

El según módulo de la planta de orimulsión de Jose se empezó a construir en 2003 con la intención de producir 125 mil barriles diarios del combustible, obtenidos al agregar agua a los 90 mil de crudo. Así China se garantizaba la totalidad de la orimulsión para su generación eléctrica, mientras Venezuela obtendría ingresos por 2.200 millones de dólares en los primeros 20 años de concesión.

En 2006 la orimulsión fue abandonada en Venezuela por ser un “mal negocio”, según anunció el entonces ministro de Energía y Petróleo, Rafael Ramírez. El argumento oficial fue que mezclar crudos extrapesados con otros más livianos daba una valorización de mercado mucho más alta que la orimulsión. El anuncio fue hecho después que se filtrara que la tecnología había sido vendida a China, que por su uso debía seguir pagando regalías.

Ante el fracaso, la estatal china CNPC aceptó asociarse con la Corporación Venezolana de Petróleo (CVP) en una nueva empresa llamada Petrolera SinoVenezolana (Sinovensa), en la que los venezolanos conservaban el 64,25% de las acciones.

Gracias a un par de decretos presidenciales, Sinovensa podía seguir explotando los pozos petroleros asignados y decidió invertir en una planta de mejoramiento de ese crudo extrapesado que elevaría su calidad al restarle viscosidad y acidez. Ese crudo mejorado permite producir gasolina y gasoil, hace más fácil su transporte por tuberías y produce menos corrosión en las refinerías. La mezcla de crudos producida en la Faja Petrolífera, el Merey 16, es muy solicitado en refinerías asiáticas.

Ese acuerdo tampoco terminó bien. Desde septiembre de 2019, Venezuela no envía los 350 mil barriles de crudo diario que se comprometió para pagar los 50 mil millones de dólares de deuda, la Faja Petrolífera del Orinoco tiene cuatro mejoradores paralizados y el incendio amenaza con dejar fuera de servicio al último existente.

No fue el único efecto. Para evitar las sanciones que estableció la Oficina de Control de Activos en el Extranjero (OFAC) de Estados Unidos contra el gobierno venezolano, desde septiembre de 2019 la CNPC paralizó su producción en el país. Esto incluía tanto las operaciones de Sinovensa como las de su filial de ingeniería, Huanqiu Contracting & Engineering Corporation (HCG), que también acusaba la falta de pago de parte de Sinovensa de más de 50 millones de dólares.

Tremenda deuda

rubbish and materials in bad conditions at Sinovensa's José plant
Se puede observar basura en la planta de José de Sinovensa. (Imagen: Irwing Morillo)

En 2013, el Banco de Desarrollo de China (BDC) se comprometió a enviar 4.015 millones de dólares con un tasa de variables entre 1% y 8,5%, más una fija de 5,8%, para la expansión de la planta de mejoramiento de crudo de Jose que opera Sinovensa, con el objetivo de llevar la producción diaria de 105 a 230 mil barriles diarios. Las obras las realizaría Huanqiu Contracting & Engineering Corporation (HCQ).

Según el Reporte de Deuda 2016 de PDVSA, el último disponible en su página web, que tampoco ha vuelto a publicar sus estados financieros ni estadísticas económicas, la petrolera estatal venezolana recibió en 2015 699 millones de dólares y otros 1.256 millones en 2016 para Sinovensa, préstamos que debería terminar de pagar en 2023.

A finales de 2018, PDVSA aceptó reducir su participación en Sinovensa de 64,25% a 54,35% para honrar parte del financiamiento. El monto de la transacción es desconocido. Entonces la vicepresidenta Delcy Rodríguez viajó a Beijing para la XVI Reunión de la Comisión Mixta de Alto Nivel China-Venezuela, para pedir que se acelerara un nuevo préstamo de 5 mil millones de dólares. El presidente de la estatal china a nivel mundial, Zhang Jianjua, voló a Caracas una semana después para concretar la venta del 9,9% de las acciones.

Increíblemente, tanto Rodríguez como el presidente de PDVSA, el general Manuel Quevedo, dijeron que el suministro de crudo de Venezuela a China estaba garantizado porque Sinovensa había “aumentado su producción” de 70 mil a 110 mil barriles diarios. Omitían que el proyecto de una década antes era incrementar a 230 mil barriles.

Zhang y el general Quevedo inspeccionan los avances de la planta de mejoramiento de crudo y encienden parte de la maquinaria. “Esto es un escenario digno de la cooperación entre China y Venezuela, que impulsa los acuerdos firmados en el país asiático para el beneficio de nuestros pueblos”, dijo Zhang. El presidente de Sinovensa, Alberto Bockh, añadió que la obra “marca un hito en el sistema de expansión para elevar la producción y la confiabilidad”.

El propósito era incrementar las exportaciones totales de crudo a China a 1 millón de barriles por día, al lograr el aumento de la producción de Sinovensa hasta los prometidos 165 mil barriles.

Pero ni esta inspección, ni las visitas del presidente y el vicepresidente de CNPC América en julio y abril de 2019 lograron levantar la producción o acelerar las obras de expansión a las que tanto dinero había sido destinado.

Sinovensa: corrupción y cárcel

Un mes después de la última visita del directorio chino, el presidente de Sinovensa, Alberto Bockh, fue detenido por la Dirección de Contrainteligencia Militar junto a varios gerentes. Fueron acusados de delitos de peculado doloso propio, concierto de funcionarios con contratistas, ecuación de procedimiento licitario o falsa alegación y asociación para delinquir por operaciones de desviación de fondos y falsas contrataciones en la Faja Petrolífera del Orinoco.

Según el reportaje de Transparencia Venezuela, de los 25 mil millones de dólares prestados por China para proyectos conjuntos, 15 mil habían sido desviados, muchas veces para financiar la importación de bolsas CLAP. El hecho de que estos recursos terminaran destinados al programa gubernamental de entrega de alimentos subsidiados a las familias venezolanas más necesitadas, que también han sido fuente de tramas de corrupción, como reflejan los 27 reportajes del medio de periodismo de investigación Armando.Info. Esto habría llevado a la desconfianza de los chinos y a su supervisión directa de los proyectos.

En abril de 2019 Bockh se había reunido con Chen Jintao, fundador de Orifuel Sinoven y vicepresidente ejecutivo para América de la CNPC. El directivo venezolano admitió en una inspección conjunta que los hurtos habían producido el retraso de la producción pero que, gracias a una nueva vigilancia del Ejército venezolano, estos eventos habían disminuido.

Las denuncias de los sindicalistas mostraba una realidad distinta: no sólo continuaban los hurtos sino que eran perpetrados por los militares. Así lo denunció Iván Freites, secretario general del Sindicato de Trabajadores Petroleros y Gasíferos, que detalló que la mayoría de trabajadores habían renunciado. “No tienen ni agua potable, no hay comida en los comedores, no tienen transporte, salen de sus casas y dejan a sus familias sin comida”, le dijo al diario El Nacional. Las fotografías mostraron un deplorable estado de maquinarias, equipos e instalaciones.

Los efectos del fuego arrasador

El 27 de abril, cuando según el sindicalista Eudis Girot una chispa de soldadura cayó sobre la maleza sin cortar alrededor del Complejo Morichal, se produjo el gran incendio que obligó a los trabajadores a desalojar.

Según el sindicalista, las llamas destruyeron cuatro kilómetros de tuberías y varios tanques de almacenamiento, provocando una falla eléctrica generalizada y paralizando el transporte de crudo desde la Faja Petrolífera del Orinoco. No solo pararon su actividad los pozos petroleros, sino también las plantas donde se separa el crudo de la arena y la sal.

Los tanques, al no poder bombear el crudo extraído hacia la planta, se rebosaron durante cuatro días, un incidente grave que Girot describe como frecuente. Según denunció, la falta de inversión y mantenimiento, así como la presión de los gerentes por producir petróleo, han llevado a frecuentes derrames. Todo el episodio, advirtió, puso en peligro parte importante de la producción petrolera del país al dejar fuera de servicio a Sinovensa, responsable de unos 70 mil barriles al día.

El 4 de mayo, la agencia Reuters no sólo corroboró los distintos incendios forestales que afectaron a pozos petroleros de Chevron, Repsol y Sinovensa, sino que constató que la producción nacional sigue cayendo después de estos incidentes.

Ni el gobierno de Venezuela ni el de China dijeron una palabra sobre la crisis que golpea a su proyecto conjunto más ambicioso.