Las negociaciones climáticas alcanzan un nuevo punto crítico

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Las negociaciones climáticas alcanzan un nuevo punto crítico

El Acuerdo de París sobre cambio climático, histórico en muchos aspectos, dejó el detalle de muchas cuestiones claves que se analizarían para más adelante. Ese momento ya ha llegado y los líderes políticos, funcionarios, empresas y activistas estarán durante la próxima quincena en Katowice, Polonia, para la COP24 que decidirá sobre muchas de las reglas para implementar las críticas reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero, necesarias para prevenir un cambio climático catastrófico.

Una serie de informes recientes ha aumentado la presión sobre las conversaciones. En octubre, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) sostuvo que los países tendrían tiempo hasta el 2030 para evitar los peores efectos del cambio climático y pidió “cambios rápidos, de gran alcance y sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad”, que requerirán una inversión global de USD $ 2.4 billones de dólares al año.

La semana pasada, un informe de la ONU descubrió que la brecha entre los países en cuanto a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y el lugar en el que deberían estar, es mayor de lo estimado anteriormente. Este informe advirtió que las emisiones no alcanzarán su punto máximo para el 2030, incluso si los países cumplen plenamente los compromisos asumidos en virtud de lo establecido en el Acuerdo de París.

De acuerdo con las reglas

Las dos tareas centrales que tendrán por delante los negociadores en la ciudad polaca de Katowice, históricamente el corazón de la industria del carbón de ese país, serán acordar reglas sobre la implementación de los recortes de emisiones y entregar una señal política y un plan de trabajo claros para incrementar la ambición climática colectiva en el 2020.

“El Acuerdo de París se decidió en el marco de un enfoque voluntario de abajo hacia arriba y fue bastante ingenioso para ocultar una serie de desacuerdos reales”, dijo Fu Sha, investigador del Centro Nacional de Estrategia de Cambio Climático y Cooperación Internacional de China.

El llamado “reglamento de París” explicará cómo los países planifican, implementan y revisan su progreso individual en la reducción de emisiones, y cómo rastrear y movilizar el apoyo financiero y técnico para que los países en desarrollo reduzcan las emisiones y se adapten a los impactos del clima. La transparencia es vital para proporcionar los medios y la confianza política con el fin de comprometerse a una mayor acción en el 2020.

Uno de los aspectos más controvertidos del reglamento será cómo se abordarán las diferencias en el desarrollo económico de los países. El acuerdo antecesor al pacto de París, el Protocolo de Kioto de 1997, tenía diferentes reglas destinadas a los países en desarrollo y a los ya desarrollados, pero esto tuvo que cambiar ya que países como China, India y Brasil se han convertido en grandes emisores de CO2.

“El reglamento tendrá que hallar el equilibrio correcto entre un enfoque común para todos los países, como el de la transparencia, con la discreción nacional y una necesidad de flexibilidad para los países en desarrollo con capacidad limitada”, dijo David Waskow, director de la iniciativa internacional sobre el clima en el Instituto de Recursos Mundiales con sede en los Estados Unidos.

De hecho, durante las conversaciones sobre el clima de Bangkok en septiembre, que se programaron después de que las conversaciones en Bonn en mayo no lograran un progreso suficiente en el reglamento, Estados Unidos bloqueó una oferta de China y sus aliados sobre las diferentes reglas para los países desarrollados y en desarrollo, de acuerdo con el sitio web británico Climate Home.

Sin embargo, otros observadores consideran que el liderazgo de cada país es más importante que el reglamento. “Los reglamentos son importantes, pero es fácil sobreestimar su relevancia porque el proceso de París es, por diseño, descentralizado: depende de los países y regiones tomar la iniciativa en promesas de acción y en compromisos para asumir seriamente la problemática del clima”, dijo David Victor, copresidente de la Iniciativa Cross-Brookings sobre Energía y Clima del centro de análisis Brookings Institution.

Las posibilidades de que casi 200 países estuvieran de acuerdo con todos los elementos del reglamento eran escasas, dijo Victor, por lo que para ellos era más importante demostrar la acción del cambio climático y, así, crear normas que otros fueran capaces de seguir.

Tensiones geopolíticas

El liderazgo se presenta como algo poco probable por parte de varios de los grandes emisores.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha mantenido su postura de retirarse del Acuerdo de París a pesar de un informe emitido por su propia administración que afirma que el cambio climático le costará a los Estados Unidos cientos de miles de millones de dólares en vidas perdidas, empleos y daños a la propiedad.

El recientemente electo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, también ha anunciado que se retirará del pacto, y en Australia, el nuevo primer ministro Scott Morrison dijo que no implementará las reducciones de CO2 ni tampoco proporcionará financiamiento para el clima.

Sin embargo, los analistas tienen la esperanza de que las recientes tensiones geopolíticas sobre el cambio climático no descarrilen las conversaciones, sino que terminen generando un rol de fortalecimiento para China como líder.

Carlos Rittl, secretario ejecutivo del Observatorio del Clima, una red de grupos de campaña brasileños, considera que China podría ejercer su influencia sobre Brasil, dada su inversión en el país. “China es un socio comercial muy importante para Brasil. Es posible estimular a Brasil a participar, aunque no parece ser algo que uno pueda prever con este nuevo gobierno“, dijo.

Guo Hongyu, analista del clima de la ONG Greenovation Hub, dijo que esperaba que el informe del IPCC impulse a China a seguir haciendo propuestas constructivas, en particular a través del proceso del Diálogo Talanoa, que se estableció en las conversaciones para estimular el debate sobre soluciones concretas.

“China puede utilizar este mecanismo para intercambiar lecciones y experiencias adquiridas durante su transición con bajas emisiones de carbono, particularmente, en los campos de finanzas verdes, energías renovables, eficiencia energética y construcción de redes. Esto proporcionará la base y la confianza para objetivos climáticos más ambiciosos basados ​​en un inventario global”, sostuvo.

China ha sido muy activa en el Diálogo de Talanoa, según Guo Xiaofeng, primer secretario del Departamento de Tratados y Leyes del Ministerio de Asuntos Exteriores de China. “Durante este proceso, hemos alentado a los grupos de expertos chinos, ONG y organismos gubernamentales a participar mediante el envío de propuestas a la secretaría y en la asistencia en los diálogos”, dijo.

En última instancia, el hecho de que las economías de muchos países, incluida la de China, estuvieran ahora alineadas con la agenda de bajas emisiones de carbono, significaba que existía un compromiso primordial para hacer que el acuerdo de París funcionara, según Camilla Born, asesora principal de políticas del centro de análisis ambiental E3G.

“El clima es un área donde China puede contribuir y hacer más. Depende de que el multilateralismo prospere y en la que desea que el Acuerdo de París funcione, y en la que que su imagen también funcione para que pueda contrarrestar parte de la contención que está ocurriendo en otras áreas como el comercio”, argumentó.

De hecho, apenas 48 horas antes de que comenzaran las conversaciones, en los márgenes de la cumbre del G20, China se unió a Francia y al secretario general de la ONU, António Guterres, para lanzar una declaración en la que reafirmaba su “fuerte apoyo” al Acuerdo de París como “un proceso irreversible y una brújula por una fuerte acción climática”.

Li Shuo, oficial senior de política del clima y energía en Greenpeace China, afirmó que la declaración destacó el interés político continuo de China por utilizar la agenda climática y ambiental para obtener beneficios geopolíticos.

“Es positivo que la tensión comercial actual no distraiga a China de su agenda ambiental internacional, sino que incita a Beijing a volver a alinearse con otros socios con ideas afines para avanzar en la agenda global sobre clima y biodiversidad”, dijo.

Este artículo fue publicado originalmente por chinadialogue.

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